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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2013

Lecciones a aprender de la guerra de Iraq

Richard Falk
Al Jazeera

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Despus de una dcada de combates, bajas,desplazamientos masivos, violencia persistente, aumento de la tensin sectaria y de la violencia entre chies y sunes, atentados suicidas peridicos y gobierno autocrtico, parece inevitable hacer una evaluacin negativa de la Guerra de Iraq como una accin estratgica de EE.UU., el Reino Unido y unos pocos de sus aliados secundarios, incluido Japn.

No solo el resultado de desestabilizacin regional incluyendo un aumento maligno de la influencia diplomtica de Irn sino el coste para su reputacin en Medio Oriente asociado a una intervencin imprudente, destructiva y fracasada hacen que la Guerra de Iraq sea el peor desastre de la poltica exterior de EE.UU. desde su derrota en Vietnam en los aos setenta.

Una contabilidad geopoltica semejante ni siquiera considera el dao ocasionado a las Naciones Unidas y al derecho internacional debido aluso de fuerza agresivo en flagrante violacin de la Carta de la ONU, iniciado sin ninguna autorizacin legitimadora del Consejo de Seguridad.

La ONU da su imagen cuando no reforz su negativa a autorizar a EE.UU. y su coalicin, a pesar de gran presin de EE.UU. para lanzar el ataque. Esta falla posterior al ataque se complic debido aque la ONU dio su apoyo a la ocupacin ilegal dirigida por EE.UU. que tuvo lugar posteriormente.

En otras palabras, la Guerra de Iraq no fue solo un desastre desde la perspectiva de la poltica exterior estadounidense y britnica y la paz y estabilidad en la regin de Medio Oriente, sino tambin un serio revs al derecho internacional, la ONU y el orden mundial.

Despus de la Guerra de Vietnam, EE.UU. supuestamente se agobi por lo que los polticos llegaron a llamar el Sndrome de Vietnam. Se convirti para Washington en una clave de las inhibiciones psicolgicas para involucrarse en intervenciones militares fuera de Occidente debido al supuesto rechazo a ese tipo de empresas imperialesdel pblico y el gobierno estadounidense, especialmente entre los militares, a los que se culpaba ampliamentedel el resultado en Vietnam.

Sndrome de Vietnam

Muchos militaristas estadounidenses de la poca se quejaron de que el Sndrome de Vietnam fue el resultado combinado de una conspiracin contra la guerra organizada por los medios liberales y una reaccin a una conscripcin impopular que requera que muchos estadounidenses de clase media combatieran en una guerra que careca de apoyo popular o de una justificacin estratgica o legal convincente.

Los fretros de los jvenes estadounidenses muertos cubiertos por banceras se mostraban en la televisin, lo que llev a reputados belicistas a sostener de un modo algo ridculo que la guerra se perdi en las salas de estar de Estados Unidos. El gobierno hizo ajustes: se aboli la conscripcin, desde entonces se confi en fuerzas armadas de profesionales voluntarios y se hicieron ms esfuerzos para conseguir el apoyo de los medios en las operaciones militares ulteriores.

El Presidente George H.W. Bush dijo al mundo en 1991 inmediatamente despus de la Guerra del Golfo para revertir la anexin iraqu de Kuwait que finalmente nos hemos librado del Sndrome de Vietnam. En efecto, Bush padre estaba diciendo a los grandes estrategas en la Casa Blanca y el Pentgono que el rol del poder militar estadounidenses volva a estar disponible para su uso en todo el mundo.

Lo que mostr la Guerra del Golfo fue que en un campo de batalla convencional, en el escenario de una guerra en el desierto, la superioridad militar de EE.UU. sera decisiva y podra lograr una victoria rpida con un coste mnimo de vidas estadounidenses. El nuevo entusiasmo militarista cre la base poltica para recurrir a la Guerra de la OTAN en 1999 para arrebatar Kosovo del control serbio.

Para asegurar la limitacin de bajas, se confi en el poder areo, que tard ms tiempo de lo esperado, pero que vindic an ms la afirmacin de los planificadores de la guerra de que EE.UU. ahora podra librar y ganar guerras con cero bajas. De hecho, no hubo muertes de la OTAN en combate en la Guerra de Kosovo.

Los planificadores de guerras estadounidenses ms sofisticados comprendieron que no todos los desafos a los intereses de EE.UU. en todo el mundo podan enfrentarse con el poder areo en la ausencia de combate en tierra. La violencia poltica que involucraba prioridades geopolticas tom crecientemente la forma de violencia transnacional (como en los ataques del 11-S) o se situ dentro de las fronteras de Estados territoriales e involucr la intervencin militar occidental destinada a aplastar fuerzas sociales de resistencia nacional.

La presidencia de Bush confundi gravemente esta nueva seguridad propia sobre la conducta de la guerra internacional en el campo de batalla y su antigua nmesis de los das de guerra de contrainsurgencia de la Guerra de Vietnam, tambin conocida como guerra de baja intensidad o asimtrica.

David Petraeus ascendi en las filas de los militares estadounidenses reformulando la guerra de contrainsurgencia en un formato post Vietnam basndose en un enfoque desarrollado por el destacado experto de la guerra de guerrillas David Galula. ste afirmaba que en la Guerra de Vietnam el error fatal se debi a la suposicin de que una guerra de ese tipo estara determinada en un 80% por batallas en las selvas y arrozales y el 20% restante se dedicara ala captura de los corazones y las mentes de la poblacin indgena.

Galula argument que las guerras de contrainsurgencia solo se podran ganar si se inverta esa frmula. Eso significaba que un 80% de las futuras intervenciones militares de EE.UU. se dedicara a los aspectos no militares de bienestar social: restaurar la electricidad, suministrar proteccin policial para la actividad normal, construir escuelas y dotarlas de personal, mejorar el saneamiento y el servicio de basura y suministrar atencin sanitaria y empleos.

Afganistn, y luego Iraq, se convirtieron en los campos de ensayo de esas lecciones de construccin de la nacin de Vietnam, solo para revelar a travs de sus prolongados, destructivos y costosos fracasos que se haban aprendido las lecciones equivocadas.

Estos conflictos eran guerras de resistencia nacional, una continuacin de las luchas de independencia contra la dominacin colonial centrada en Occidente. Sin que importara si la matanza era complementada por programas sociales y econmicos sofisticados, todava involucraban un desafo pronunciado y letal por intereses extranjeros a los derechos de autodeterminacin que inclua la muerte de mujeres y nios iraques y la violacin de sus derechos ms bsicos mediante la mecnica, inevitablemente dura, de la ocupacin extranjera.

Tambin result imposible separar el 80% planificado del 20% ya que la hostilidad del pueblo iraqu contra sus supuestos libertadores estadounidenses se demostraba una y otra vez, especialmente ya que muchos iraques que colaboraron con los ocupantes resultaron corruptos y brutales, provocando la sospecha popular e intensificando la polarizacin interior.

El error fatal cometido por Petraeus, Galula y todos los propugnadores de la contrainsurgencia que han seguido ese camino, es que no han reconocido que la resistencia popular se moviliza cuando los militares estadounidenses y sus aliados atacan y ocupan un pas no occidental especialmente en el mundo islmico y comienzan a dividir, matar y controlar a sus habitantes,

Es precisamente lo que ocurri en Iraq, y los atentados suicidas hasta la fecha sugieren que los terribles modelos de violencia no se han detenido ni siquiera con el final del papel directo de EE.UU. en los combates.

EE.UU. fue culpable de una mala interpretacin fundamental de la Guerra de Iraq, evidenciada ante el mundo, cuando George W. Bush declar teatral y prematuramente el 1 de mayo de 2003 la victoria desde la cubierta del portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln, con el tristemente clebre letrero que proclamaba misin cumplida claramente visible detrs del podio mientras el sol se pona sobre el ocano Pacfico.

Bush celebr ese malentendido al suponer que la fase de ataque haba sido toda la guerra, olvidando la ms difcil y prolongada fase de la ocupacin. La verdadera Guerra de Iraq, en lugar de terminar, estaba a punto de comenzar, es decir, la violenta lucha interna por el futuro poltico del pas, dificultada y prolongada por la presencia militar de EE.UU. y sus aliados.

Esta secuela de contrainsurgencia de la ocupacin no se decidira en el tipo de campo de batalla en el cual se enfrentan contingentes militares ordenados, sino ms bien a travs de una guerra de desgaste librada por fuerzas interiores iraques que atacaban por sorpresa, apoyadas por voluntarios extranjeros opuestos a las tcticas de Washington. Una guerra semejante tiene un comienzo tenebroso y un fin incierto, y es, como en Iraq, como result ser antes en Vietnam, un cenagal para las potencias intervencionistas.

Crimen contra la paz

Cada vez hay ms razones para creer que el actual dirigente iraqu, Maliki, se parece ms al estilo autoritario de Sadam Hussein que al supuesto rgimen liberal constitucional que EE.UU. pretenda establecer antes de partir y que el pas se orienta hacia una lucha continua, incluso a una desastrosa guerra civil.

La guerra de Iraq fue una guerra de agresin desde el comienzo ya que, sin mediar provocacin,se utiliz la fuerza armada contra una Estado soberano en una situacin que no era defensica. LosTribunales de Crmenes de Guerra de Nremberg y Tokio declararn despus de la Segunda Guerra Mundial que una guerrade agresin semejante constituye un crimen contra la paz y proces y castig como criminales de guerra a los dirigentes polticos y militares supervivientes de Alemania y Japn.

Podemos preguntar por qu George W Bush y Tony Blair no han sido investigados, acusados y procesados por su participacin en la planificacin y realizacin de la Guerra de Iraq. Como nos ense hace tiempo el cantante de folk Bob Dylan, la respuesta est En el viento, o en lenguaje ms directo, los motivos de una impunidad semejante concedida alos dirigentes estadounidenses y britnicos es un obsceno despliegue de geopoltica, sus pases no fueron derrotados y ocupados, sus gobiernos nunca se rindieron, y semejantes fallas (o xitos) estratgicos estn exentos del escrutinio legal.

Estos son los dobles raseros que hacen que la justicia penal internacional tenga ms que ver con la poltica del poder que con la justicia global.

Tambin existe la cuestin de la complicidad de pases que apoyaron la guerra con despliegues de tropas, como Japn, que envi 1.000 miembros de sus unidades de autodefensa a Iraq en julio de 2003, para ayudar en actividades de no combate de la ocupacin. Ese tipo de accin constituye una violacin evidente del derecho y la moralidad internacional.

Tambin es inconsecuente con el Artculo 9 de la Constitucin japonesa. Se combin con el apoyo diplomtico de Tokio, de principio a fin, a la Guerra de Iraq dirigida por EE.UU. y el Reino Unido. No debera producir alguna consecuencia adversa semejante historial de participacin?

Parece que por lo menos Japn debera revisar la idoneidad de su participacin cmplice en una guerra de agresin y en qu medida eso disminuye la credibilidad de cualquier pretensin japonesa de respaldar las responsabilidades de la calidad de miembro en la ONU. Por lo menos da al pueblo japones la oportunidad de una introspeccin nacional para pensar en qu tipo de orden mundial lograr mejor la paz, la estabilidad y dla ignidad humana.

Hay lecciones que aprender de la Guerra de Iraq? Creo que existen. La leccin abrumadora es que en este perodo histrico de intervenciones de Occidente fuera de su mbito, especialmente cuando no las autoriza el Consejo de Seguridad de la ONU, pocas veces logran sus objetivos declarados.

De un modo ms amplio, la guerra de contrainsurgencia que involucre un enfrentamiento fundamental entre fuerzas invasoras y ocupantes occidentales y un movimiento nacional de resistencia no se decidir sobre la base de pura superioridad militar. Sino ms bien por la dinmica de la autodeterminacin asociada con la parte que tenga las credenciales nacionalistas ms verosmiles, que incluyen la voluntad de persistir en la lucha por mucho que dure,y la capacidad de capturar la razn moral ms elevada en la continua lucha por el apoyo pblico interior e internacional.

Solo podremos tener alguna esperanza de que se estn aprendiendo las lecciones correctas de la Guerra de Iraq cuando presenciemos el desmantelamiento de muchas de las ms de 700 bases militares en el extranjero repartidas por el mundo reconocidas por EE.UU. y veamos el fin alde las repetidas intervenciones militares de EE.UU. en todo el mundo.

Hasta entonces habr ms intentos por parte del gobierno de EE.UU. de corregir los errores tcticos que afirma que explican los fracasos del pasado en Iraq (y Afganistn), e indudablemente se propondrn nuevas intervenciones en los prximos aos, llevando probablemente a costosos nuevos fracasos y a nuevas controversias de por qu? combatimos y por qu perdimos.

Es poco probable que los dirigentes de EE.UU. reconozcan que el error ms bsico es el propio militarismo, por lo menos hasta que sea cuestionado por fuertes fuerzas polticas antimilitaristas que actualmente no existen en la escena poltica.

* Richard Falk es Profesor Emrito de Derecho Internacional en la Universidad de Princeton y Distinguido Profesor Visitante de Estudios Globales e Internacionales en la Universidad de California, Santa Brbara. Es autor y editor de numerosas publicaciones a lo largo de cinco dcadas, y recientemente editor de El Derecho Internacional y el Tercer Mundo: reformulando la Justicia (Routledge, 2008).

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/03/2013361029140182.html

rCR



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