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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2013

Torturas, ocultaciones y cintas de videos

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Est en nuestra memoria la foto impdica de las Azores (Durao Barroso, por cierto, no quedaba lejos de la Criminal Trinidad Imperial. Estaba en su lugar, sigue en l).

Est adems la foto del rancho y aquellos sucios pies, de uno y otro, encima de la mesa. Como chulos de playa.

Estn tambin las declaraciones de aquel ministro portavoz aznarista de derecha extrema. Espaa juega ahora en la Champions dijo riendo a carcajadas con miles de muertos a sus espaldas.

Habra que sumar a lo anterior los silencios de Trillo y Bono. No saban nada, nada supieron. Nunca se enteraron de lo sucedido. El resto fue silencio.

Tampoco los mandos miliares llegaron a sospechar nada por supuesto. Confiaban en sus subordinados, en todos ellos.

Estuvieron tambin las manifestaciones ciudadanas antimilitaristas de millones y millones de personas. En todo el mundo, tambin en nuestro pas de pases. Gregorio Lpez Raimundo se emocionaba hablando de ellas. La distancia entre gobernantes y ciudadanos fue inconmensurable. Como ahora mismo.

Han pasado diez aos, la muerte y la destruccin han sido alimento diario en Iraq, y mientras tanto se nos ha dicho una mil y veces que las fuerzas militares espaolas eran todo un modelo para el pas y un referente de la marca Espaa. Un orgullo para todos. Fuerzas de paz, nunca de guerra ni de barbarie

Luego han ido llegando noticias. El asesinato de Couso y la actitud servil de nuestros gobiernos; la colaboracin institucional en vuelos secretos y no tan secretos; retiradas de aqu y apoyos e intervenciones por all.

Y lo sucedido: torturas a detenidos, soldados que se jactan de que uno de ellos est muerto, la barbarie instalada en sus mentes y en sus actuaciones. Arcadas, vmitos. La abyeccin, la infamia, en el puesto de mando de las aventuras imperiales. Como suele ocurrir

Alguien puede sorprenderse?

Por qu hemos tardado diez aos en conocer lo sucedido?

Nadie saba nada de todo aquello?

Alguien puede creerse ese cuento?

Qu nos esperbamos? Qu los chicos de la CIA, del ejrcito imperial y de cuerpos criminales afines fueran los nicos malos en esta pelcula de holocaustos que ha ocasionado la destruccin de un pas, millones de refugiados, centenares de miles de muertos y la anulacin de toda esperanza para un pueblo?

Son las virtudes esenciales, se nos dice en ocasiones, de la civilizacin occidental, de la Era humanista del Capital, de las compasivas intervenciones humanitarias. La historia gira siguiendo las agujas del mismo reloj de explotacin y terror. Seamos prcticos, no seamos quimricos: el petrleo tiene su precio. A quin puede importarle algunas torturas y unos pocos muertos ms?

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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