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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2013

El derecho de autodeterminacin al servicio de los poderosos

Ren Naba
Renenaba.com

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


El discurso disyuntivo occidental

Salvo error u omisin, parece que los palestinos y los saharauis son los dos ltimos pueblos del mundo destinados a permanecer bajo una dominacin de tipo colonial. Debido sin ninguna duda al discurso disyuntivo occidental respecto a un principio fundamental del Derecho Pblico Internacional, el derecho de los pueblos a la autodeterminacin, queparadjicamente se ve burlado constantemente por sus promotores.

A pesar de su carcter intocable, dicho principio sufre una aplicacin arbitraria sometida a las coyunturas circunstanciales hasta el punto de convertirse en una variable de ajuste en funcin de los intereses de las grandes potencias occidentales que durante mucho tiempo dominaron la geoestrategia mundial. As, el principio es vlido en un momento y un lugar determinado y no aplicable en otros lugares y otros momentos.

El conflicto del Sahara occidental en realidad sufre la misma amarga experiencia que el conflicto palestino. El derecho a la autodeterminacin, principio bsico del conflicto, padece la flexibilidad de su aplicacin. Pleno de vigor y justificacin cuando se trata de promover en el escenario internacional a entidades alineadas con los intereses de los pases occidentales, paradjicamente se rechaza y se combate cuando se trata de erradicar cualquier veleidad nacionalista o independentista de los Estados que estn fuera del mbito de la influencia occidental.

Un estudio diacrnico que comparase los datos espacio-temporales de este asunto revelara un comportamiento que escapa a la racionalidad inmediata y contradice la justicia ms elemental.

La constatacin es asombrosa: En la poca de su presidencia (2000-2008), Georges Bush declar que estaba cansado de esperar diez aos a que Kosovo obtuviera su independencia. Como por ensalmo, justo despus de ese reclamo amoroso, un golpe de varita mgica, que no proceda de la magia sino de la impostura, confera a Kosovo su independencia, ya que esa concesin formaba parte de un proyecto ms amplio dirigido a rematar el desmembramiento de la antigua Federacin Yugoslava, un obstculo importante para la expansin de la economa occidental en Europa Central.

Fue el mismo caso de Sudn del Sur, un nuevo Estado petrolero y amigo de Israel en el curso del Nilo. Un dato nada despreciable cuando se perfila una guerra por en agua en la zona debida a los cambios climticos.

As el derecho de autodeterminacin ha establecido dos microestados Kosovo y Sudn del Sur- como jalones de la hegemona occidental frente al auge de China y su soslayo de Europa para acceder a frica.

Por otro lado encontramos dos casos, el del Tbet y el de los kurdos, excepcionales. En el caso del Tbet, Estados Unidos se enfrenta a un objetivo situado en la esfera geoestratgica de China; y en el segundo caso, el de los kurdos, a un aliado estadounidense, Turqua, la avanzadilla de la OTAN en el flanco sur.

En el caso del Tbet, Estados Unidos alienta las reivindicaciones de los autonomistas tibetanos y se cuida de moderar el poder de China en su patio trasero. El apoyo occidental al Dalai Lama es un instrumento de presin a utilizar como moneda de cambio de las concesiones diplomticas o econmicas chinas.

En cuanto a los kurdos, subcontratistas ejemplares de Estados Unidos en la invasin estadounidense de Irak en 2003, que se consideraban capaces de conseguir un estado como recompensa de su colaboracin, no lo han logrado debido a la hostilidad de Turqua hacia un proyecto que podra desestabilizarla debido a la presencia de un fuerte sentimiento irredentista kurdo en su territorio.

La solucin intermedia suscrita por los kurdos una zona ampliamente autnoma en el norte del Kurdistn iraqu-, que si a ellos les satisface parcialmente a los estadounidenses les encanta absolutamente, ya que ese enclave engloba los ricos campos petroleros de Kirkouk y adems est vinculado econmica y militarmente a Israel.

Es una solucin provisional. Muchas personas, en Ankara y en Washington, tienen la ambicin de constituir una entidad kurda independiente sobre las ruinas de Siria en el norte del pas, en la zona de Jisr al houghour, con la anexin del Kurdistn iraqu, proporcionando as al Estado kurdo una salida al mar. Los disturbios de Siria, que sin duda estn justificados por los abusos del poder baasista, se alimentan desde el exterior con un objetivo aadido: solucionar de paso la cuestin kurda por medio del desmembramiento de Siria, como fue el caso de Alexandrette y Lbano.

Kosovo esper 10 aos para su independencia, pero Palestina espera desde hace 65 aos sin que su suerte conmueva a los occidentales.

Por qu ese doble rasero? Ms all del tributo compensatorio de Occidente por el genocidio judo y de las consideraciones bblicas, Israel se halla ubicado no por casualidad- en la interseccin de la orilla asitica y la orilla africana del mundo rabe, el punto de unin de la ruta continental de las Indias y la ruta martima, la cuenca siria-palestina y su prolongacin egipcia en el punto de convergencia de las vas de agua de Oriente Prximo (Jordn, Oronte, Hasbani y Zahrani), y de los yacimientos petroleros de la pennsula Arbiga.

La existencia de Israel, debido a su posicin geogrfica, rompe estratgicamente la continuidad territorial del espacio rabe. Para desgracia del pueblo palestino, que paga los platos rotos de la empresa de deslocalizacin del antisemitismo recurrente de la sociedad occidental, y para ms desgracia de los rabes, que se ven despojados de la posibilidad de constituir una masa crtica con influencia en las relaciones internacionales.

Pero lo que es bueno para Kosovo y Sudn del Sur parece que no lo es para Palestina ni para el Sahara occidental. El ostracismo tampoco es casual: los palestinos se enfrentan a Israel y los saharauis a Marruecos, el principal aliado de tapadillo- de los israeles.

No est de ms sealar en este contexto que Kosovo e Israel son los dos nicos pases del mundo creados por una decisin unilateral. Esas independencias se concedieron en funcin de intereses estratgicos. Seguramente el conflicto del Sahara no durara tanto si no sirviera para atizar y debilitar a dos pases en beneficio de la estrategia hegemnica occidental, tanto estadounidense como francesa, en la zona; y sobre todo si no constituyera un excelente estmulo de las industrias armamentistas.

Un estimulante conflicto presupuestario en beneficio de las industrias de armamento

Marruecos est entre los pases africanos que dedican ms esfuerzo presupuestario al armamento. Casi 2.800 millones de euros se dedican anualmente al ejrcito marroqu, lo que representa el 15% del presupuesto del pas, es decir, el doble del de sanidad. Las necesidades militares de Marruecos absorben el 5% de su PIB, lo que le coloca en el top 20 de los pases que ms gastan en armas. Tambin, si tenemos en cuenta el crecimiento del PIB, Marruecos gasta ms de siete millones de euros diarios en defensa. Entre las grandes compras figuran dos escuadrillas de F-16 adems de la modernizacin de 27 Mirage F-1 francs por 400 millones de euros, una fragata francesa Fremm por 470 millones de euros, tres helicpteros estadounidenses CH-47D por 93,4 millones de euros, cuatro aviones de transporte tctico C-27J Spartan de Italia por 130 millones de euros y 1.200 blindados espaoles por 200 millones de euros.

Argelia es el segundo importador de armas del continente, detrs de Sudfrica, segn el informe 2010 del SIPRI, Instituto Internacional de Investigacin para la Paz, con sede en Estocolmo. Argelia dedica de media el 3% de su PIB anual a los gastos militares, lo que supuso en torno a 4.500 millones de euros en 2011.

La firma de Argelia de un contrato de compra de sesenta aviones de combate a Rusia en 2006 suscit inmediatamente una reaccin de Rabat, que emprendi la modernizacin de su flotilla de Mirages F-1 anticuados y la firma de un contrato faranico de aviones F-16 con Lockheed Martin con la bendicin de Washington y la ayuda tecnolgica israel.

El presupuesto militar argelino crece en torno a un 10% anual. De esta forma ambos pases asignan sumas colosales al sector de la defensa, lo que los coloca en los primeros puestos de inversores en el sector militar en trminos presupuestarios.

El enfrentamiento entre Argelia y Marruecos: un conflicto de dos memorias

Marruecos dispone de dos ventajas incomparables en su enfrentamiento con Argelia. Con Jordania, Marruecos es el mejor aliado soterrado de Israel en el mundo rabe. Su corruptora diplomacia de la Mamunia frena cualquier veleidad intelectual crtica por parte de la clase poltica francesa, ya que Marruecos es el destino favorito del personal poltico francs, o al menos de una cuarentena de personalidades de primer plano que lo utilizan como su lugar de vacaciones parasitarias a cuenta del principado. El expresidente Jacques Chirac en Taroudant, en el sur del pas, el exdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss Kahn y el escritor meditico Bernard Henry Lvy tambin son habituales. Nicols Sarkozy, siendo presidente de la Repblica, pas las vacaciones de Navidad de 2009 y 2010 en la residencia real de Jinane Lekbir (el gran jardn), a tres kilmetros de Marrakech. Su antigua rival socialista de 2007, Sgolne Royal, tambin se aloj all en 2010 con su compaero Andr Hadjez, en un palacio de Ouarzazate, en el sur del pas. Criado en parte en Agadir, Dominique Strauss Khan posee un ryad, una mansin de lujo situada en Marrakech, donde pasa algunos das de vacaciones por las fiestas.

Tambin Jean Louis Borloo eligi el reino marroqu como destino de vacaciones en 2010, as como el matrimonio Balkany, Isabelle y Patrick, alcalde de Levallois y cercano a Nicols Sarkozy. La lista es larga. Rene a Herv Morin (y 18 miembros de su familia en el hotel Es-Saadi de Marrakech), Brice Hortefeux y naturalmente Philippe Douste Blazy, antiguo ministro de Asuntos Exteriores que fue objeto de un escndalo.

La afluencia de esos turistas peculiares divierte a la prensa marroqu. Las invitaciones especiales son la carta de triunfo del arsenal diplomtico del reino de Marruecos para seducir a los polticos franceses. La prctica se ha erigido en poltica de Estado. Se denomina diplomacia de la Mamunia, nombre del clebre palacio de Marrakech, propiedad del Estado marroqu, que acoge desde siempre a las mayores celebridades del planeta. Desde que Yves Saint Laurent y Pierre Berg lanzaron la moda de los ryads, esos lujosos escondites en el corazn de las medinas marroques, una verdadera oleada gala invade Marruecos. Ms de 5.000 residentes franceses, la mayora jubilados, lo eligieron como domicilio tras la difusin en 1999 en la cadena de televisin M6 de una emisin de la serie Capital vantant, Los encantos de Marrakech, Tnger, Esauira, Fez o Agadir. Pero si Marruecos se ha convertido en un destino privilegiado de los franceses, es sobre todo por los amigos del rey, algunos con vnculos genealgicos, como Elisabeth Guigou, Dominique de Villepin, Rachida Dati o Eric Besson.

Pero la tribu Marruecos se extiende mucho ms all de estos personajes vinculados al pas. Es, por as decirlo, tentacular. De Bernard-Henri Lvy a Thierry de Beauc, numerosos dirigentes polticos, jefes de empresas, intelectuales mediticos y celebridades del espectculo tienen en Marrakech o en sus alrededores una segunda residencia.

El pas ms bello del mundo, como proclama la propaganda de la Oficina de Turismo marroqu, se convierte as en un lugar de cita culto para la clase poltica francesa, donde casi sera posible celebrar un Consejo de Ministros durante las fiestas de fin de ao, como seal irnicamente un poltico francs.

En muchos casos, el encanto extico del pas constituye tambin el arma secreta de la influencia marroqu en las altas esferas del ministerio francs de Asuntos Exteriores. Esas vacaciones, aunque sean privadas, claramente son ocasiones para establecer contactos especiales a precios de amigo en zonas de recreo dirigidas por personas prximas al poder y son prcticas corrientes. Esas delicias, por otra parte, tambin se aplican sistemticamente a los VIP de la Repblica.

La Mamunia es la carta de triunfo de esta poltica de seduccin del Makhzen, el poder feudal marroqu. Todos reciben las atenciones particulares que sabe desplegar Marruecos para sus huspedes de marca. Sin embargo las torpezas de Michle Alliot-Marie (MAM) en Tnez con el negociante Aziz Miled podran anunciar el final de una tradicin que antes no se rechazaba.

Acrbata de vanguardia de la estrategia occidental en frica, brazo armado de Arabia Saud para la proteccin de regmenes denostados como el del strapa zaireo Mobutu, en el marco de Safari Club, ese rey de las crceles y el terror que se arroga todas las licencias, que se burla de la soberana francesa ordenando el secuestro de Mehdi Ben Barka, el lder carismtico de la oposicin marroqu, en pleno centro de Pars con la complicidad de los servicios franceses, el que ridiculiz al ms ilustre dirigente Francs, Charles De Gaulle, sin embargo se ve promocionado como un paraso en la tierra bajo el ojo vigilante del Grupo de Ojuda conducido por Maurice Lvy, el patrn de Publicis, el gran grupo de comunicacin francs. Marruecos basa su derecho en el papel de base de repliegue del Estado francs asignado al reino por los estrategas occidentales en el apogeo de la Guerra Fra en el caso de un nuevo enfrentamiento francs frente al empuje sovitico.

Pero ese reino soberano es un pas servil. El Comendador de los Creyentes no manda en su estrecho, el de Gibraltar, que garantiza la unin estratgica del ocano Atlntico con el mar Mediterrneo, como lo demuestra el incidente del islote Perejil.

Se injerta as sobre el conflicto de Sahara un asunto particular, un conflicto de dos memorias. Dos pases que no accedieron de la misma forma a la independencia y no fueron sometidos a la misma trayectoria colonial.

La historia de Argelia se ha hecho en el dolor. Mucho antes del abrasamiento de las cuevas de Tora Bora en Afganistn en 2001, Bugeaud y sus soldados haban abrasado toda Argelia. La historia argelina es mucho ms dolorosa de lo que nunca lo fue la historia marroqu aunque solo sea por su duracin y por la imposicin del Cdigo del Indgena en Argelia, uno de los principales factores de la aculturacin argelina que produjo como reaccin un nacionalismo quisquilloso, particularmente en lo que concierna a Francia.

132 aos de colonialismo en Argelia frente a 36 de protectorado francs en Marruecos, es decir, cuatro veces ms. Y para remate Stif, el smbolo de la victoria de la Segunda Guerra Mundial, ahogado en sangre; una guerra de independencia de ocho aos con su cortejo de un milln de muertos y un lobby de pies negros argelinos, es decir, de antiguos colonos franceses en Argelia -sin parangn en Marruecos ni en ninguna de las antiguas colonias francesas- explican y justifican la extrema reactividad argelina a cualquier atentado a su soberana o a los principios impulsores de la dinmica de la guerra de liberacin nacional.

La historia marroqu no fue tan tremenda. Es cierto que existi la guerra del Rif, pero el protectorado francs sobre Marruecos dur infinitamente menos que el colonialismo francs en Argelia y su manifestacin fue mucho ms suave debido a la complacencia de una fraccin del trono, en particular el Glaoui de Marrakech.

Al conflicto de la construccin de la memoria entre ambos pases se superponen sus orientaciones divergentes tanto en el plano internacional como en el plano interno. Uno de los dramas del mundo rabe reside en el hecho de que los dos monarcas ms cultivados de su generacin Hassn II de Marruecos, licenciado en Derecho por la universidad de Burdeos, y Hussein de Jordania, licenciado en la Academia Militar britnica de Ssndhurst- en vez de practicar la modernidad para promocionar sus pases y a sus pueblos instrumentalizaron dicha modernidad al servicio de un absolutismo retrgrado.

La balcanizacin del mundo rabe y la necesidad de un umbral crtico

Como una herida abierta que recorre su espritu, el mundo rabe est sufriendo una balcanizacin cuyo desgarro ms reciente, en 2011, fue la amputacin de Sudn del Sur, burlando el principio de inviolabilidad de las fronteras nacidas de la descolonizacin.

Anteriormente fueron la amputacin de Palestina por medio de la implantacin de una entidad occidental, Israel, en la articulacin de la ribera africana con la ribera asitica del mundo rabe; la disociacin de Lbano y Siria; la amputacin del distrito de Alexandrette de Siria y su anexin a Turqua y finalmente la separacin de Kuwait de Irak y la de Transjordania (la actual Jordania) de Cisjordania.

Fuente de debilidad frente a las grandes agrupaciones de su vecindario inmediato, como la Unin Europea, la fragmentacin del mundo rabe debera conducirle a trabajar en pro de la unin y no de la divisin.

La creacin de un conjunto homogneo resolvera el problema del Sahara occidental por medio del acuerdo y la cooperacin, con el fin de tender una pasarela entre los dos grandes pases del Magreb central, Argelia y Marruecos, en vez de mantener un absceso de fijacin que impide cualquier proyecto panrabe.

La creacin del Gran Magreb no puede seguir siendo una utopa. Debe concretarse, como sea, para consolidar la zona mediterrnea, primera etapa hacia la construccin de una agrupacin formada por Irn, Turqua, Irak, siria, Lbano, Palestina, Argelia, Marruecos, Egipto, Libia y Sudn. Un conjunto de 500 millones de habitantes equivalente a la estructura de los 27 pases de la Unin Europea que congregue a los sunes y chies, cristianos y musulmanes, rabes, turcos, iranes, bereberes y kurdos en un mosaico humano creativo, no una guerra interna destructiva.

A este respecto est fuera de toda lgica que un convoy humanitario procedente de Europa hacia Gaza dependa de una autorizacin conjunta de Argelia, Marruecos, Libia y Egipto.

Se cierra una era y se abre otra. Ms all del punto infectado maliense debido a la talibanizacin del Sahel por la proliferacin del septentrin maliense, la confederacin debe ser el objetivo principal para oponerse a las tendencias centrfugas de la zona, atizadas por las particularidades regionales, los empecinamientos y el chovinismo religioso.

El asunto libio

La legtima satisfaccin por la cada de un dictador no puede ocultar el desastre estratgico provocado por el hundimiento de un pas situado en la unin entre el Mashreq y el Magreb y su ubicacin bajo el paraguas de la OTAN, el enemigo ms implacable de las aspiraciones nacionales del mundo rabe.

Gran actuacin estratgica comparable en su magnitud a la invasin estadounidense de Irak en 2003, el cambio de rgimen poltico en Libia, bajo los bombazos de los occidentales, parece destinado en primer lugar a neutralizar los efectos positivos de la Primavera rabe en cuanto que Libia era para la Alianza Atlntica el gendarme absoluto de las reivindicaciones democrticas de los pueblos rabes.

42 aos despus de que los expulsaran de la base estadounidense de Wheelus AirField-Okba Ben Nafeh (Trpoli) y de la base inglesa de Al Adem-Abdel Nasser (Bengasi), los anglosajones volvieron a poner el pie en Libia para convertirla en su principal plataforma de operaciones contra las revoluciones rabes, la zona de subcontratacin por excelencia de la lucha contra la inmigracin clandestina con destino a Europa Occidental, la sede secreta del comando africano para vigilar el Magreb y la lucha contra el AQMI en el Sahel.

En esta nueva configuracin, parece que Libia y Marruecos deben hacer el papel de las dos mandbulas de una tenaza destinada a encerrar a Argelia.

La diversificacin de las fuentes de armamento de Argelia con Alemania (14.000 millones de dlares en 10 aos), el Reino Unido e Italia, adems de China y Rusia, no es suficiente. El inmovilismo conllevara la condena de Argelia. 50 aos despus de la independencia, la generacin de los muyaidines llega al final de su prestacin.

So pena de marginacin, de paralizacin del pas, de necrosis de la reivindicacin saharaui, Argelia debe acompasarse con los nuevos equipos dirigentes de su entorno y reactivar su antigua relacin estratgica con el Egipto de la poca del tndem Nasser-Boumediene, con el fin de estabilizar Libia y prever los efectos centrfugos de las rivalidades internas y favorecer la convergencia con el levantamiento de protesta marroqu para un nuevo enfoque de la resolucin del conflicto del Sahara.

En el flanco del sur de Europa atrapado en las redes de la globalizacin, se levanta ahora un mundo rebelde en su viejo coto de caza, una zona que Europa quera convertir en parapeto estratgico contra la penetracin china en frica, la zona de externalizacin de la poltica de la lucha contra la inmigracin salvaje rabe-africana.

Tras la Primavera rabe de 2011, el mayor reto del mundo rabe sera llevar la dinmica reformista a las monarquas rabes curiosamente marginadas de la protesta, en particular las petromonarquas del Golfo, el foco del integrismo y la regresin social, que por otra parte se encuentran entre los principales aliados de Marruecos en el conflicto de Sahara Occidental y al mismo tiempo son aliados objetivos de Israel en el enfrentamiento con los palestinos.

La resolucin del conflicto palestino y del conflicto saharaui parece que deben pasar por el reequilibrio de las relaciones interrabes y por la ubicacin defensiva de las petromonarquas, preludio de una modificacin radical de sus alianzas internacionales, en particular su lealtad incondicional a Estados Unidos, el protector de Israel.

En la dcada de 1970, mientras Lbano serva de guerra de derivacin al proceso de paz egipcio-israel, la presin recay sobre Siria y Argelia con el fin de romper la determinacin de estos dos focos principales del Frente rabe de rechazo a las actuaciones israeles y estadounidenses en la zona. La crisis cardaca del presidente sirio Hafez Al Assad en 1976, en pleno asedio del campo palestino de Tall el Zaatar en el barrio este de Beirut, pareci abrir una rendija a un nuevo reparto de las cartas a escala regional. El restablecimiento del presidente sirio seguido de la enfermedad fatal del presidente argelino Houari Boumediene en 1979-1980, privilegi la desestabilizacin dirigida a Argelia mediante el financiamiento de un proselitismo islmico por parte de fondos saudes.

El alineamiento de la dinasta wahab con la coalicin occidental anti-Sadam Hussein distendi un poco los vnculos entre los islamistas argelinos y sus patrocinadores saudes, pero sin acabar por ello con la dinmica de la guerra interna que arras Argelia durante 10 aos y que supuso su marginacin del mbito de la diplomacia rabe regional.

El mismo esquema parece reproducirse con la constitucin de un parapeto petromonrquico contrarrevolucionario por la adhesin de Marruecos y Jordania, los dos grandes aliados de Israel, al Consejo de Cooperacin del Golfo.

Salvo que se resuelva como un hecho consumado, el bloque republicano rabe debera vigilar para crear las condiciones de un Fukushima poltico sobre las monarquas rabes, en particular Arabia Saud, el corazn nuclear del integrismo mundial y foco absoluto de la regresin social, con el fin establecer una relacin de fuerzas favorable a una resolucin del conflicto del Sahara occidental y los dems puntos de disputa interrabe.

Y para los saharauis que saquen su problema del encierro para sensibilizar al respecto a todo el mundo rabe. Ya que No se puede conseguir una victoria poltica sin una victoria cultural previa (Antonio Gramsci).

 

Fuente: http://www.renenaba.com/le-droit-a-lautodetermination-une-variable-dajustement-conjoncturelle/

 


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