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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2013

Una nacin en desarrollo?

Manuel Acua Asenjo
Rebelin


UN RECUERDO SOBRE LAS CLASES SOCIALES

Causa sorpresa, a menudo, constatar el rechazo que produce a la representacin poltica de las clases dominantes (y a un sector importante de quienes dicen serlo de las clases dominadas) el empleo de la palabra clase. Y es sorprendente que el propio sector empresarial no lo haga sino, por el contrario, recurra constantemente a ese vocablo para expresar sus ideas. Hace un tiempo atrs recordaba, en uno de mis artculos, la manifiesta aspiracin que tena la empresa sueca Ericsson de transformar a sus colaboradores en parte de la clase mundial. Las referencias a las clases que se establecen en el servicio del transporte de personas (aviones, barcos y trenes, principalmente) no parecen ser, en modo alguno, molestas para los seores que integran la representacin poltica nacional. Antes bien, las ignoran.

Podemos suponer que una de las razones de este rechazo radica en la circunstancia que dicho vocablo nos coloca frente a un sujeto incmodo, que es Karl Marx, a quien muchos tericos de la derecha (y tambin de la izquierda) consideran superado e, incluso, anticuado. En realidad, Marx pertenece solamente al siglo 19; es un personaje que no parece ser tan antiguo como Platn o Aristteles, respetados y jams calificados de anticuados; es ms contemporneo nuestro, an, que el cristianismo, con ms de dos mil aos de antigedad, y cuya actualidad se mantiene constante. Lo cual nos lleva a concluir que estamos frente a un mero prejuicio. En primer lugar. Pero, en segundo, es un concepto que divide e impide hablar de globalidades: exige referirse exactamente a cada uno de los actores dentro de una formacin social y precisar el rol que desempean dentro de la misma. Si se aceptaran las clases sociales no podra hablarse simplemente de conceptos globalizantes como lo son estado, nacin, pas, patria, en fin. Necesariamente debera hacerse referencia al punto de vista desde el cual se emite la opinin, vale decir, si es desde el punto de vista de las clases dominantes o si lo es desde el punto de vista de las dominadas. Por lo que podramos concluir estimando a esta ltima como la verdadera razn que impide hablar de clases sociales; la anterior debera considerarse tan slo como excusa. Parece, sin embargo, existir otra. A ella nos referiremos en el curso de este anlisis.

Cualquiera sea el concepto que de clases se tenga, lo cierto que stas se fraccionan. Por eso, tambin lo hace la de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo, ms corrientemente llamada clase de los empresarios. Dividida de acuerdo al volumen de capital que poseen sus fracciones, puede distinguirse entre grandes, medianos y pequeos empresarios; y, de conformidad a la labor que han adoptado como propia en el curso de la rotacin del capital, tambin es posible distinguir entre industriales, comerciantes y banqueros. En realidad, las clases sociales pueden dividirse en mltiples fracciones. Y subdividirse. Pero aquellas que deciden dominar a las dems, cualquiera sea el nmero de fracciones a que den origen, al operar dentro de una formacin social capitalista, siempre se unirn para conformar un bloque en el poder pues, de otro modo, no podran gobernar; menos, an, dominar.

Al interior de todo bloque en el poder, las pugnas de unas por imponerse sobre las dems se intensifican; al fin, tan slo una de esas clases o fracciones de clase termina ejerciendo la hegemona sobre el conjunto de todas ellas. Esta clase o fraccin de clase puede o no tener intereses a largo plazo; en todo caso, la conduccin que ejerce sobre el conjunto social y el resto de las clases y/o fracciones de clase dominante que integran el bloque en el poder, arrastra al conjunto social. El problema que nos atae puede presentarse, de esta manera, cuando los intereses de la clase o fraccin de clase hegemnica son a corto plazo; en ese caso, la prctica poltica que pueda realizar ser armnica a la consecucin de tales intereses y su conducta respecto del conjunto social se manifestar como la de un predador. Por consiguiente, el resultado de la misma puede ser bastante nocivo para la sociedad en su conjunto.

Sirvan las palabras precedentes para introducirnos en uno de los grandes problemas que presentan numerosas economas a lo largo de los aos; entre ellas la chilena. Retrocedamos, un poco, en la historia.

LA IMPOSICIN DE UNA NUEVA FORMA DE ACUMULAR

En 1978, y luego de aprobado por la Junta Militar de Gobierno el plan denominado El ladrillo, comenz a regir en Chile una nueva forma de acumular elaborada por la llamada Escuela de Chicago [i] que se conoci bajo el nombre de economa social de mercado, modelo de Chicago, neoliberalismo e, incluso, consenso de Washington . Consista en un conjunto de medidas que contemplaban, entre otras, la disminucin del tamao del estado, la abolicin de las barreras arancelarias, privilegiar el desarrollo de determinadas sectores de la economa considerados reas con ventajas comparativas, la abolicin de las formas cooperativas, el predominio del mercado como regulador de la economa, el ejercicio irrestricto de la competencia, en fin. En esta oportunidad nos referiremos tan slo a dos de esas caractersticas: a las llamadas ventajas comparativas y al concepto de competencia.

Respecto de la primera de aquellas, el principio era simple: cada nacin tiene recursos naturales cuya explotacin resulta altamente provechosa para la economa local pues no requiere de grandes inversiones como sera el caso si dedicase sus esfuerzos a producir otros bienes. Un pas con largas costas, como Chile, debera desarrollar la industria de la pesca y sus empresarios se haran acreedores de recibir todo el apoyo estatal. La produccin de mercancas que requiere de mayores esfuerzos debera terminar, permitiendo que esos bienes pudiesen importarse a un costo menor. Sin embargo, para poder realizar tales objetivos, debera incentivarse la competencia que haba de ser considerada como motor de los cambios y dinamizadora del mercado.

As, pues, a partir de ese momento comenzaron a desaparecer las industrias nacionales que, a juicio de los sostenedores del modelo, no ofrecan ventajas comparativas. Se acabaron las fbricas de ropa y de vestuario, las fbricas de zapatos, las de vidrio y utilera, las de tiles escolares, en fin. Era ms barato traer todo aquello de Asia o de otras naciones. La industria chilena fue totalmente desmantelada. Lo que se produca sin ofrecer ventajas comparativas deba desaparecer pues resultaba altamente antieconmico. A fin de facilitar el libre trnsito de los productos extranjeros que iran a reemplazar la industria nacional, las barreras aduaneras fueron abolidas. Terminaba, de ese modo, una era que privilegiaba el desarrollo interno; comenzaba otra que conduca a la transnacionalizacin del capital.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

Desde la aprobacin de El ladrillo hasta la poca actual, Chile ha privilegiado el desarrollo de todas aquellas reas que, de acuerdo con los estudiosos, ofrecen ventajas comparativas: pesca, silvicultura, industria extractiva, forestal, etc. Y no puede negarse que le ha ido bien a sus clases y/o fracciones de clase dominantes.

Pero que le vaya bien a las clases y fracciones de clase dominante no quiere decir que le vaya bien al pas, como majaderamente tiende a afirmarlo la generalidad de los medios de comunicacin. Las clases y/o fracciones de clase dominante no son la nacin sino apenas un porcentaje nfimo de quienes viven en su interior; sin embargo, ese porcentaje nfimo de habitantes son quienes dominan: poseen el poder material y espiritual de la misma. Y por ello los medios de comunicacin tienden a asimilarlo a la totalidad de la poblacin. Sin embargo, lo cierto es que la sociedad en su conjunto ha visto separarse cada vez ms los ingresos de quienes dominan respecto de los dominados [ii] . Y aqu viene el problema. Porque es en esta materia donde las clases y fracciones de clase dominante se separan tambin: hay unas que operan en las naciones grandes; otras lo hacen en las naciones pequeas (y no estamos hablando aqu en relacin a la dimensin territorial sino econmica). Y es que existen clases y fracciones de clase dominantes cuyos intereses las ligan estrechamente a la nacin en donde han podido asentarse como tales y otras que esperan solamente la ocasin para emigrar a otros lugares o, simplemente, no tienen conciencia del rol a desempear dentro de la sociedad en donde operan. Y esto es lo grave. Porque, en tal caso, dichas clases y/o fracciones de clase dominante no slo arriesgan su futuro como tales sino el de toda la sociedad en su conjunto.

Dedicarse a producir bienes dentro de las reas que ofrecen ventajas comparativas no es una mala prctica; por el contrario, implica colocar la lgica a la cabeza de las decisiones polticas. Sin embargo, ello exige pronunciarse sobre algo previo. Porque hay dos tipos de mercancas que pueden ofrecerse para su venta al exterior: unas derivan de la llamada industria extractiva, como lo es la produccin de petrleo, cobre y otros elementos de la minera; otras, de recursos que pueden renovarse, como lo es la fabricacin de pulpa en la industria forestal, porque esa pulpa proviene de rboles y los rboles pueden plantarse nuevamente cuando se agotan. En el primer caso, se trata de recursos que no se renuevan, que se agotan y desaparecen; se les llama, tambin, recursos no renovables, al contrario de los otros (segundo caso) que s pueden renovarse, aunque se logre, a menudo, a un alto precio ecolgico. Cuando la produccin conduce a la explotacin indiscriminada de la industria extractiva o a la exportacin de materias primas semi elaboradas o por elaborar deben tenerse en cuenta otros objetivos. Porque un pas no puede estar entregando eternamente productos en bruto creyendo que, de esa manera, va a lograr su despegue econmico. Es ms, el hecho de estar explotando materias primas y exportando bienes semi elaborados o por elaborar puede generar graves situaciones, dependiendo de qu tipo de materias se trata.

Por eso, lo que la lgica aconseja es invertir el retorno que resulta de la exportacin de esos productos a fin de diversificar la industria misma. Porque puede, con el dinero que ingresa de la extraccin del cobre, instalarse una industria anexa destinada a producir bienes derivados de la misma, destinados a abastecer tanto el mercado nacional como el internacional. En Chile existieron ese tipo de industrias como lo fue la empresa Manufacturas de Cobre MADECO y la Industria Chilena de Alambres o INCHALAM. Es cierto que, a menudo, no es posible realizar un esfuerzo en esa direccin por el alto costo que significa instalar empresas de esa envergadura, pero no es menos cierto que tal labor implica resolver la generacin de nuevos empleos y el autoabastecimiento en determinadas reas.

No deja de llamar la atencin la circunstancia que Chile muestre, en este aspecto, una sombrosa similitud con lo que sucediera a Suecia en los albores del siglo pasado. Con una diferencia trascendental: la clase sueca de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo tena objetivos a largo plazo y era nacionalista; estaba interesada en desarrollarse dentro de la nacin, alcanzar en su interior los grandes objetivos que se haba propuesto. Por lo mismo, invirti sus retornos en desarrollar industrias anexas, robustecerlas y transformarlas en las mejores de la zona. A la industria forestal de tala de rboles le sigui la industria de la celulosa; luego, la fabricacin de papel y cartn. Suecia fue grande en esos logros. Y esa misma experiencia aprovech en el desarrollo de actividades vinculadas a los dems rubros. Hoy, con el arma del Premio Nobel en sus manos, su objetivo es el conocimiento y la investigacin. En ese sentido se refiri a este hecho un 13 de enero de 1990 nuestro buen amigo Lionel Kalki Glauser, en una de las ms conocidas casas culturales de Santiago, con las siguientes palabras:

Ahora, en otra poca y esta es otra cosa interesante cuando empez el desarrollo industrial sueco, cul era la base del mismo? Era la industria forestal, la industria martima, la industria minera, la siderurgia. La situacin de partida se parece mucho a la de Chile en este sentido. Y se parece en otras cosas tambin. Pero hoy ya no son esas las bases de la industria. Ahora la base est en el conocimiento, o sea, no est amarrada a los recursos naturales de que el pas dispone [iii] .

En efecto, la industria sueca no se encaden a la explotacin indiscriminada de sus recursos naturales sino se diversific, se hizo autnoma, independiente. Nunca busc un camino propio de superacin sino una forma ms eficiente de emplear los recursos que retornaban de la exportacin de materias primas a la que estuvo obligada en sus primeros aos. Los suecos fueron esencialmente pragmticos. No buscaron la autarqua econmica, sino lo que ms convena a sus clases y/o fracciones de clase dominantes. Pero ese inters estaba ligado indisolublemente al terruo. Y lo consiguieron, como tambin lo hicieron otras naciones europeas que emplearon modelos ms o menos similares.

PREDOMINIO DE LA EXPLOTACIN DE LOS RECURSOS NATURALES

En Chile no ha sucedido lo mismo. Por el contrario: desde la instauracin misma de la nueva forma de acumular hasta la fecha (y ya han transcurrido 35 aos!), el desarrollo de industrias anexas a aquellas que propicia la poltica econmica implantada no ha sido el objetivo de la clase que hegemoniza la conduccin de la sociedad en su conjunto. Una burguesa predadora, vida de engullir plusvalor, ha privilegiado la instalacin de empresas dedicadas a transferir esa mercanca, que principalmente producen las industrias extractiva y forestal, a otras reas (e, incluso, regiones y formaciones sociales). El maana del conjunto social poco o nada les interesa. Han aprendido que, en caso de crisis, basta vender las empresas que poseen, recibir el dinero que les reporta dicha compra y emigrar hacia otras latitudes en donde puedan seguir percibiendo y acumulando plusvalor.

Deprimente panorama del futuro de Chile como nacin? Hace un tiempo atrs, public uno de los peridicos de la capital un listado de las cuarenta empresas que, al 14 de marzo de 2013, haba logrado la mayor capitalizacin en dlares. Las cifras, expresadas en millones de la divisa norteamericana, eran:

1. Falabella US$ 27.567

2. Empresas COPEC 18.948

3. Enersis 18.307

4. Cencosud 17.435

5. Banco de Chile 15.250

6. SQM-B 14.563

7. Banco Santander 13.995

8. ENDESA 13.695

9. LATAM 11.205

10. CMPC 8.053

11. BCI 7.905

12. Antarchile S.A. 7.533

13. Andina-B 5.765

14. AES-Gener 5.401

15. Colbn 5.301

16. CCU 5.239

17. CAP 5.073

18. SM Chile B 5.041

19. ENTEL 4.977

20. Corpbanca 4.835

21. Aguas Andinas 4.634

22. SIC 3.044

23. Sonda 2.965

24. CFR 2.273

25. E.CL 2.270

26. Ripley 2.153

27. IAM 2.109

28. ILC 1.962

29. Parque Arauco 1.843

30. Forus 1.698

31. Concha y Toro 1.552

32. Embonor- B 1.526

33. SM SAAM 1.157

34. BESALCO 1.060

35. SALFA Corp 1.058

36. Vapores 904

37. Cruz Blanca 824

38. Hites 445

39. Nueva Polar 398

40. Paz 208 [iv]

De todas estas empresas, la generalidad corresponde a aquellas que ejercen la labor de transferir plusvalor; jams lo producen. De hecho, la ms grande de todas (Falabella) es una empresa comercial que, como el comn de todas stas, no genera plusvalor, sino lo transfiere. Intentemos, sin embargo, separarlas de acuerdo a la especialidad a la que se dedican.

Siete de las empresas anotadas se dedican a labores bancarias y financieras o, si se quiere, al comercio del dinero; veinticuatro de ellas ejercen el comercio de bienes y servicios y, si consideramos como actividad productiva la generacin de electricidad, el negocio de envasar productos importados y la construccin de viviendas, tan slo nueve de ellas se dedicaran a ese rubro. Resumiendo: siete constituyen la fraccin bancaria de la clase de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo (sin perjuicio de sus nexos internos), veinticuatro pertenecen a la burguesa comercial y slo nueve a la burguesa industrial. Sin embargo, las empresas dedicadas al ejercicio de este ltimo rubro, y que exportan sus productos, lo hacen tan slo respecto de bienes semi elaborados o materias primas.

Esta circunstancia no es casual. Para entenderlo necesitamos volver a los conceptos de clase y fracciones de clase.

IMPORTANCIA DE LA CONDUCCIN HEGEMNICA DEL BLOQUE EN EL PODER

En otro de nuestros artculos hemos sealado que, a diferencia de la anterior, en la actual fase que atraviesa la evolucin del sistema capitalista mundial la hegemona del conjunto social es ejercida, desde el Bloque en el poder, por la fraccin bancaria de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo en estrecha alianza con la comercial. Esta caracterstica es fundamental. Implica que el capital no slo adquiere total y plena independencia respecto de la produccin sino toma el control de la misma a travs de los banqueros y mercaderes, y determina el rumbo que ha de seguir la economa.

El cuadro indicado ms arriba muestra claramente esa tendencia. Las empresas comerciales y bancarias toman el control de la sociedad, dejando reducida la actividad productiva a las industrias extractivas y exportadoras de materia prima. En trminos generales. Porque en Chile siguen existiendo empresas productivas como lo son Carozzi y Luchetti, Compaa de Cerveceras Unidas, en fin. Pero estas empresas no tienen trascendencia para la economa nacional sino en la medida que forman parte de otros conglomerados o grupos econmicos. La fraccin hegemnica dentro del Bloque en el Poder contina siendo la burguesa bancaria en estrecha alianza con la burguesa comercial.

En las sociedades pobres esta situacin se ve ms complicada pues la comparacin juega un importante rol. Los empresarios siempre estn en contacto con otros empresarios; los de los pases pobres lo hacen no solamente entre ellos sino, adems, con los de los pases ricos. Y notan las diferencias que existen en sus formas de vida. Necesitan equipararse a ellos para tratarlos de igual a igual, lo que implica apropiarse de cuotas cada vez ms altas de plusvalor en sus respectivas naciones. Slo de esa manera podrn ingresar a su cofrada y ser tratados a la par. Necesitan, en suma, acumular con mayor rapidez. Por eso no se interesan en desarrollar industrias anexas a las que les brinda la explotacin de sus recursos naturales. Se transforman en burguesas vidas de plusvalor. La nacin a la que pertenecen puede ser considerada, pues, una nacin que jams se desarrollar. Y es que el capitalista criollo necesita acumular a una velocidad inmensamente superior a aquella a que acostumbra hacerlo el capitalista internacional. No se trata, por consiguiente, de un problema entre burguesas tontas y burguesas inteligentes como algunos parecen estimarlo, sino de proyectos diferentes, de intereses distintos, de urgencias que deben ser consideradas para un anlisis ms o menos acertado de lo que ofrece el futuro a determinadas naciones. Y de aqu nacen distintos conceptos de lo que ha de entenderse por desarrollo.

Podemos, as, entender que la imposicin de un modelo como el de economa social de mercado no tiene mayor importancia en este aspecto. Conlleva, s, una tendencia a orientar en el mismo sentido la marcha de la economa de una nacin, pero no es lo fundamental. Son los intereses a corto plazo de los sectores interesados en llevar a cabo ese proyecto lo que conspira contra la aplicacin del modelo.

Lo que provoca esta situacin es la dinmica que conlleva el desarrollo mismo de la sociedad capitalista en su conjunto, en palabras simples, la marcha del sistema capitalista mundial. Porque si la conduccin de la sociedad planetaria es dirigida por la burguesa bancaria y comercial, el desarrollo de la industria nacional en las naciones pobres se hace cada vez ms dificultoso por la aplicacin del nuevo modelo de acumulacin. Las naciones podrn mostrar elevados ndices de crecimiento, buenas tasas de productividad, elevacin del standard de vida, acceso a mejores niveles de vida, en fin; pero todo ser efmero y a corto plazo si no existen empresas dedicadas a producir plusvalor. Las crisis se harn cada vez ms manifiestas.

LA ILUSIN DE LA COMPETENCIA

Los temas precedentemente expuestos nos conducen a formular ciertas reflexiones en torno a la competencia, pilar o viga maestra del modelo neoliberal que, segn sus sostenedores, debera ser el motor encargado de dinamizar el mercado.

La competencia, sin embargo, debera darse (y estamos aqu suponiendo ciertas premisas) en un plano de igualdad para que se pudiese traducir en rebajas de precios que beneficien a los consumidores. Pero eso es una falacia. En la sociedad actual, la competencia se da de manera irregular, como sucede en los sistemas de dominacin. Lo cual no es una novedad. En la guerra, la competencia en igualdad de condiciones se da slo de manera excepcional; son pocas las veces en que se enfrentan grandes combatientes provistos de fuerzas ms o menos similares. En el sistema capitalista actual, las contradicciones se presentan de una manera casi natural: un sector aplasta al otro; el pez ms grande no compite con el ms chico sino, simplemente, lo devora. En la nacin chilena, esta situacin es manifiesta. El pequeo y mediano comerciante o industrial est al servicio de los grandes; puede competir con sus iguales para obtener el cargo de proveedor de las mega empresas, siempre y cuando stas no hayan determinado autoabastecerse. Pero cuando as sucede, no se salvan, siquiera, aquellos que los abastecen. Permtasenos un ejemplo para ilustrar esta afirmacin. El Supermercados Ekono dispona de varios proveedores que permitan a esa empresa ofrecer productos ms baratos al consumidor; entre ellos estaba la Fbrica E!, los productos Acuenta, en fin. Cuando otro de los almacenes gigantes, el Supermercados Lider, decidi adquirir el Ekono procedi a suprimir los proveedores del almacn recin adquirido reemplazndolos por su propia marca Lder, y elevando el precio de todos los productos. La competencia fue ignorada; en este caso se aplast a los proveedores.

Existen grandes empresas que s generan plusvalor, sin lugar a dudas; pero la generalidad de ellas no entrega mercancas completamente elaboradas. Desde este punto de vista, las verdaderas empresas productivas chilenas se encuentran organizadas en forma de PYMES (Pequeas y Medianas Empresas) y se crean para cubrir las necesidades de las grandes empresas industriales, bancarias o comerciales. Se puede decir que, junto con las distribuidoras, las PYMES son contratistas de las grandes empresas pues fabrican quesos, yogurt, aceites, pan, uniformes, frascos, botellas, utensilios, etc.; sin embargo, muchas de ellas solamente importan la materia prima reduciendo su labor al envasado y distribucin de los nuevos productos. La competencia, de la que tanto se hace alarde, deviene as en ilusoria, convirtindose en un buen chiste que narran las clases dominantes, pues se practica tan slo como excepcin: las empresas pequeas no tienen capacidad para competir entre s, sino se preocupan de servir a las poderosas a las cuales se encuentran sometidas [v] .

Entre las grandes, la competencia es una palabra vaca pues cobra actualidad ese viejo refrn segn el cual entre bueyes no hay cornadas. Y eso lo saben perfectamente los economistas que incluso han inventado un nombre para describir ese fenmeno. Los oligopolios no son sino grandes conglomerados que se ponen de acuerdo para cobrar precios ms o menos similares en el mercado. Los acuerdos se hacen, normalmente, sin alardes; pero, aunque muchos advierten lo que sucede, no existe manera de probar esos hechos. Solamente en el bullado caso de las empresas farmacuticas se pudo arribar a un resultado que no ha sido del todo satisfactorio. Lo cierto es que competencia no hay. De lo cual resulta, tambin, un chiste de mal gusto la existencia de un Tribunal de la Libre Competencia integrado por personas pagadas, cuyas remuneraciones y gastos constituyen una carga para el estado y en nada contribuyen a resolver los problemas sociales.

Los grandes almacenes cuentan, como ya se ha sealado, con sus propias empresas productoras. Los supermercados Lider tienen los productos Lider, los Unimarc ha creado los productos Merkat; los Santa Isabel y los Jumbo, almacenes que pertenecen al Consorcio de Horst Paulmann CENCOSUD, fabrican los productos Jumbo, y as sucesivamente. Todos esos productos tienen un precio ms o menos similar. Competencia no hay actualmente y es difcil que la haya en el futuro. Y en el caso de haberla, se dar como en la guerra: el grande se comer al pequeo. De hecho, basta tan slo recordar las reformas introducidas para la implantacin del llamado Transantiago: al principio, eran numerosos los empresarios que se dedicaban al transporte de pasajeros; la implantacin del Transantago provoc una fuerte concentracin y centralizacin de capital. Quedaron aproximadamente 10 empresas operando en el mercado. Hoy lo hacen solamente cuatro.

La situacin descrita se ha mantenido desde el momento mismo en que se instaur la nueva forma de acumular, es decir, en 1978. Y nada hace prever que cambiar. Chile (sus clases y fracciones de clase dominantes) no ha crecido sino vive de la bonanza del cobre. Vive, en otras palabras, porque China ha necesitado del cobre, pero no porque esta nacin surea se haya desarrollado en inteligencia ni porque su industria haya llegado a ser grande merced a la investigacin realizada por sus nacionales. Por el contrario. En Chile, las clases y fracciones de clase dominante viven de la transferencia de plusvalor, no de la produccin del mismo. En suma, se vive de lo que produce el Estado, que es el cobre. Y de la inversin en el exterior que producen los dineros de los trabajadores en manos de las Administradoras de Fondos de Pensiones AFP.

CHILE ES UN PAS QUE SE DESARROLLA Y CONTINUAR HACINDOLO EN LO SUCESIVO?

As, la pregunta del milln es: si quienes dirigen esta nacin deciden no innovar en cuanto a modificar el modelo, es decir, no permitirn que se genere otro tipo de plusvalor que no sea el proveniente de la industria extractiva y exportacin de materias semi elaboradas, cuando esa veta comience a disminuir podremos vivir de la constante transmisin de esa mercanca desde otras naciones a la nuestra? En otras palabras, seremos capaces de vivir del trabajo de los dems y mantenernos como sociedad predadora a lo largo de los aos? Sin duda que podremos hacerlo. Pero slo en la medida que nuestras burguesas establezcan lazos fuertes con sus homnimas de las naciones poderosas. Y eso har que, una vez ms, transformemos nuestra forma de ser, nuestro modo de vida y nos convirtamos todos, tambin, en predadores. Para ello necesitaremos, con toda seguridad, aumentar nuestra capacidad disuasiva (eufemismo que implica adquirir mayor material de guerra) y as desincentivar a nuestros vecinos acerca de la inconveniencia de buscarnos problemas.

La tarea que espera a quienes disputan hoy los cargos que van a quedar vacantes en la escena poltica de la nacin es, pues, complicada: debern pronunciarse si acaso continuarn fijndose objetivos a corto plazo o si, verdaderamente, han decidido sentar las bases de una organizacin industrial propia. Optar por el primer camino implica transformar el concepto mismo de desarrollo tal cual ha venido entendindose desde antao, e indicar que, bajo ese nuevo concepto, s lo habr. Hacerlo por el otro exigir la tarea de organizar la burguesa interna y olvidarse de aquella que se ha ligado al capital transnacional, tarea que puede producir ms de algn dolor de cabeza a los sectores que hoy se disputan el campo de la poltica nacional. Cualquiera de las soluciones propuestas constituir una tarea difcil para los que se preparan para enfrentar los prximos comicios pues debern ejecutarla en medio de las protestas que se avecinan. Lo que nos conduce a reflexionar acerca de los verdaderos motivos que inducen a participar en las justas electorales de fin de ao.

Santiago, marzo de 2013

[i] Los mximos representantes de esta Escuela fueron Milton Friedmann y Arnold Harberger.

[ii] En un artculo publicado en el peridico digital El Mostrador, expresaba, al respecto una investigadora del Taller Sol que entre 1990 y 2011, la brecha en ingresos autnomos entre el 5 % ms rico y 5 % ms pobre en Chile subi de 130 a 260 veces (Casen 1990-2011) y hoy, el 50 % de los trabajadores chilenos gana menos de $ 251.000. Es decir, no todos crecen cuando Chile crece y es ms, unos crecen a costa de otros. (Vase de Karina Narbona: El da de la felicidad y nuestras condiciones materiales de vida, 20 de marzo de 2013)

[iii] Glauser, Lionel Kalki: Ensayos. Coleccin de cuatro documentos y una discusin, Editorial Senda/Senda Frlag i Stockholm, Suecia, 2011 Estocolmo, pg. 95.

[iv] El Mercurio, de 18 marzo 2013, pg. B-1.

[v] Al momento de escribirse este artculo, el gobierno de Sebastin Piera haba mostrado su preocupacin ante el destino de numerosos pequeos y medianos empresarios a quienes las grandes empresas estaban, prcticamente, enviando a la quiebra por el no pago de sus compromisos. El 21 de este mes, Hacienda y la CPC firmaban un compromiso segn el cual las pequeas y medianas empresas seran pagadas n o ms all de 30 das de emitidas sus facturas y 60 das para las grandes. Al da siguiente, Red TV, en su programa Hora 20, indicaba que las pequeas empresas reciban sus pagos de sus clientes luego de 5 meses de haber prestado sus servicios o entregado sus productos. Durante todo ese tiempo, deban pagar impuestos por dineros an no recibidos, pues el simple hecho de facturar los pona en deuda con el Servicio de Impuestos Internos. El empresario Horst Paulmann haba recientemente tenido una disputa con el ministro de Economa Pablo Longueira indicndole que las empresas no podan pagar antes de cuatro meses (Vase, Redaccin: Cumsille critica [ ] El Mostrador, 22 de marzo 2013; Redaccin:Allamand dice que grandes empresas [ ], El Mostrador, 22 de marzo de 2013, etc.)



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