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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2013

Hombres que tiran puertas a patadas: tiranos dentro y fuera de Estados Unidos

Ann Jones
TomDispatch.com

Traduccin del espaol para Rebelion.org de Atenea Acevedo


Imaginemos la siguiente escena: un hombre, el cuerpo recubierto de tatuajes, irrumpe en el saln de una casa que no es la suya. Increpa al enemigo. Ladra rdenes. Lanza al enemigo contra una silla. Luego contra una pared. Se planta en medio de la habitacin, las piernas separadas, los puos a punto de estallar, los msculos tensos, el rostro retorcido en un grito de ira. Los tendones de su cuello saltan impelidos por la intensidad de su aterradora actitud. Persigue al enemigo hasta la habitacin vecina, bloquea su huida, lo agarra y zarandea, usa su propio cuerpo para acorralarlo y doblarlo contra un mueble. Grita ms rdenes: el enemigo puede elegir entre acompaarlo al stano para una charla en privado y recibir una autntica paliza ah mismo. Atenaza las manos alrededor del pescuezo del enemigo con intenciones de ahorcarlo. Ahorcarlo? No, ahorcarla: el enemigo es una mujer.

El invasor no es un soldado estadounidense al frente de un ataque sorpresa contra una aldea afgana en medio de la noche; el enemigo tampoco es un annimo afgano cabeza de familia. Este combatiente, este guerrero no es sino un muchacho de Ohio de nombre Shane. Qu hace? Algo que tantos hombres encuentran estimulante: dominar a su novia con una fuerte dosis de violencia que consideramos inocua al llamarla domstica.

Unos cuantos datos bsicos nos permiten advertir que Shane es un depredador bastante habilidoso. Por qu, si no, habra un hombre de 31 aos posar su atencin en una bonita joven de 19 y dos hijos, uno de 4 y una de 2, esta ltima igualmente bonita y posible blanco de ataque? Qu novia ms vulnerable podra haber encontrado, quin sino Maggie, una mujer an adolescente, abandonada, que llevaba dos aos criando sola a sus pequeos mientras su esposo combata en Afganistn? La guerra haba separado a la familia y dejado a Maggie sin respaldo financiero, sintindose ms sola que nunca.

Si pensamos en la manera en que Shane agredi a Maggie veremos que bien podra tratarse de un soldado al frente de un ataque sorpresa dedicado a aterrorizar a una familia de civiles afganos a media noche para obtener informacin sobre algn peligroso talibn, real o imaginario. Hasta donde sabemos, el lejano esposo de Maggie, un soldado, podra estar haciendo exactamente lo mismo que Shane en el saln de un hogar afgano y no solo recibira una paga quizs se ganara una medalla. El comportamiento bsico es bastante parecido: un abrumador despliegue de violencia que hace patente la superioridad de su fuerza. La tctica: conmocin y pavor. El objetivo: controlar el comportamiento, la vida misma del blanco designado. La mentalidad: la conviccin de que se tiene el derecho de decidir el destino de una criatura subhumana. El lado oscuro: el miedo y la brutal ira de un perdedor asustado que impone su podredumbre a quien se le cruce.

En cuanto al enemigo designado, as como el excepcionalismo estadounidense afirma la superioridad de este pas sobre todas las dems naciones y culturas en la Tierra, e incluso sobre las leyes que rigen las relaciones internacionales, la misoginia (en la que tanto abreva Estados Unidos ltimamente, desde los campos de entrenamiento militar hasta la entrega de los Oscar o los ataques polticos frontales contra el derecho de las mujeres de controlar sus propios cuerpos) reafirma, incluso en tipos tan patticos como Shane, la superioridad innata masculina sobre una especie de objeto al que es habitual dirigirse con toda clase de obscenidades.

La militarizacin de nuestra cultura, de por s militarizada, se ha agravado desde el 11-S. La identidad oficial del pas, tal como se representa en nuestro sistema poltico y en el estado de seguridad nacional al que estamos sometidos, es plenamente masculina, paranoica, bravucona, hermtica, ambiciosa, agresiva y violenta. Los lectores familiarizados con el tema de la violencia domstica reconocern en estas palabras la tpica descripcin del golpeador estadounidense promedio que gusta de propinar palizas a su esposa: asustado, pero enojado y agresivo, y con la conviccin de poseer el derecho absoluto de controlar ya sea a una mujer o a un pequeo y devastado pas como Afganistn.

Atando cabos

En el siglo XIX John Stuart Mill consigui atar los cabos entre la violencia domstica y la violencia internacional. No us el trmino violencia domstica, absurdamente tibio y falto de carcter de gnero, sino tortura de esposas o atrocidad. Reconoci que la tortura y la atrocidad eran prcticamente lo mismo, independientemente del lugar donde ocurrieran da igual si es Guantnamo en Cuba, la provincia Wardak en Afganistn o un dormitorio o stano en Ohio. En un escrito de 1869 contra el sometimiento de las mujeres, Mill seala que el hbito de la tirana y la tortura de esposas entre los varones ingleses estableci un patrn que marcara el ejercicio de la poltica exterior. El tirano en el hogar se transforma en el tirano en la guerra. El hogar es el campo de entrenamiento para las grandes batallas libradas en el exterior.

Mill estaba convencido de que, en los albores de la historia, los hombres fuertes haban recurrido a la fuerza fsica para esclavizar a las mujeres y a la mayora de los dems hombres. Sin embargo, le pareca que en el siglo XIX la ley del ms fuerte haba quedado atrs (al menos en Inglaterra) como principio regulador de las relaciones internacionales. Se haba abolido la esclavitud y solo segua practicndose en casa, aunque las mujeres no eran abiertamente esclavizadas, pero permanecan sometidas a sus esposos. Este sometimiento, deca Mill, era el ltimo vestigio de la arcaica ley del ms fuerte e inevitablemente habra de desaparecer conforme los hombres razonables reconocieran su carcter brbaro e injusto. En cuanto a su propia poca, escribi ya nadie profesa la ley del ms fuerte y en lo que respecta a la mayora de las relaciones entre seres humanos, a nadie se le permite practicarla.

Bueno, hasta los feministas se equivocan de vez en cuando. No es raro que las cosas cambien para empeorar: pocas veces la ley del ms fuerte ha gozado de tanta popularidad como hoy en Estados Unidos. Todos los das algn congresista afirma que este es el pas ms importante del mundo porque tiene el mayor podero militar de la historia, y hace varios perodos presidenciales que el mandatario en turno insiste en que el ejrcito estadounidense es la fuerza de combate ms sobresaliente en la historia del planeta aunque prcticamente nunca gane una guerra. En todo caso, pocos cuestionan ese primitivo parmetro, la ley del ms fuerte, como medida de la menguante civilizacin estadounidense.

La guerra contra las mujeres

En trminos generales, Mill tena razn en algo: la tirana dentro del pas es el modelo de la tirana ejercida en el exterior. Lo que tal vez no advirti fue la perfecta reciprocidad de una relacin que perpeta la ley del ms fuerte dentro y fuera de las fronteras.

El ejercicio de la tirana y la violencia a gran escala allende las fronteras intensifica su incidencia dentro del pas. A medida que la militarizacin estadounidense perdi la brjula a partir del 11-S, legitim la violencia en contra de las mujeres en el territorio nacional, donde los republicanos obstruyeron la reautorizacin de la Ley de Violencia contra las Mujeres (originalmente aprobada en 1994) y las consecuencias que enfrentaron los famosos que agredieron pblicamente a sus novias no fueron ms all de un diluvio de tweets solidarios de sus fans tambin mujeres.

Las invasiones estadounidenses en el extranjero tambin han legitimado la violencia dentro del propio ejrcito. Se calcula que 19.000 mujeres soldado fueron sexualmente agredidas en 2011, y se desconoce cuntas han sido asesinadas por compaeros soldados que, en muchos casos, eran sus esposos o novios. Hay gran cantidad de documentacin sobre la violencia infligida a las mujeres en el ejrcito, desde violaciones hasta asesinatos, pero la cadena de mando se ha encargado de encubrirla sistemticamente.

Por otra parte, la violencia en contra de las civiles en el pas no siempre se reporta o toma en cuenta en las estadsticas, de manera que su alcance real pasa inadvertido. Los hombres prefieren preservar la ficcin histrica segn la cual la violencia en el hogar es un asunto privado, debida y legalmente oculto detrs de una especie de teln. As se mantienen la impunidad y la tirana masculinas.

Las mujeres nos aferramos a una ficcin que nos hemos credo: que hay ms equidad de la que la realidad demuestra. En lugar de confrontar la violencia masculina, todava optamos por culpar a las mujeres y las nias que son vctimas de ella, como si se hubiesen colocado voluntariamente en esa situacin. Si as fuera, cmo explicar el disonante hecho de que al menos una de cada tres soldados estadounidenses sea sexualmente agredida por un superior masculino? Sin duda eso no es lo que las estadounidenses tienen en mente cuando se apuntan a la Fuerza Area o a la Infantera. De hecho, muchas adolescentes se apuntan de manera voluntaria al ejrcito justamente para escapar de la violencia y la agresin sexual que padecen en sus hogares o en las calles.

No se me malinterprete: los militares no son los nicos que aterrorizan a las mujeres ni lo hacen de manera excesivamente peculiar. La guerra generalizada contra las mujeres en Estados Unidos se ha intensificado en muchos frentes dentro de nuestras fronteras a la par que en el extranjero. Esas guerras en el exterior han costado miles de vidas civiles que no figuran en las estadsticas, muchas de las vctimas son mujeres y nios que han sufrido atrocidades que haran palidecer las batallas privadas de guerreros domsticos como Shane en Estados Unidos. Sin embargo, subestimar el poder del arsenal de los tipos como Shane en nuestro microcosmos estadounidense sera un error. Las estadsticas indican que el arma ms comnmente empleada para matar a una esposa es un revlver de posesin legal; por otra parte, si se trata de una novia, lo que realmente entusiasma a un hombre es matarla a golpes.

Unas 3.073 personas murieron por los ataques terroristas contra Estados Unidos el 11-S. Entre esa fecha y el 6 de junio de 2012 murieron 6.488 soldados estadounidenses en combate en Iraq y Afganistn, elevando el saldo de la guerra contra el terror dentro y fuera de las fronteras a 9.561 muertes de estadounidenses. En el mismo perodo, 11.766 mujeres fueron asesinadas en el pas a manos de sus esposos o novios, militares o civiles. El hecho de esta cifra supere a la anterior es un indicador del alcance y la furia de la intensidad de la guerra contra ellas, una guerra que amenaza con prolongarse mucho ms all del momento en que la retorcida guerra contra el terror haya pasado a la historia.

El cuadro completo

Pensemos en Shane, parado en medio del anodino saln de una casa en Ohio, vociferando como un chiquillo caprichoso y demandante. Dicen que trataba de ser una buena persona y hacerse un futuro como cantante en una banda de rock cristiano; sin embargo, al igual que el soldado de combate en una guerra en el exterior que sigue el mismo patrn, recurre a la violencia para darle sentido a su vida y cumplir con su misin.

La nica razn por la que sabemos de Shane es que el azar llev a una fotgrafa a la escena en cuestin. Sara Naomi Lewkowicz decidi documentar la historia de Shane y su novia Maggie por solidaridad con su situacin como ex convicto recientemente liberado, pero todava preso del estigma que acompaa a quienes han pasado por la crcel. Una noche Shane estaba en el saln zarandeando a Maggie y Lewkowicz hizo lo que cualquier buen fotgrafo de guerra como testigo de los hechos: no solt el disparador de la cmara. Esa accin, por s sola, funcion como una especie de intervencin y quizs salv la vida de Maggie.

En medio del jaleo, Lewkowicz tuvo el valor de arrancar del bolsillo del pantaln de Shane el celular que un rato antes le haba prestado. No se sabe si le pas el telfono a alguien ms o ella misma marc el 911. La polica arrest a Shane y una sagaz oficial advirti a Maggie: Debes saber que l no va a parar. Nunca paran. Por lo general solo paran cuando te dejan muerta.

Maggie actu de manera inteligente. Rindi una declaracin en la comisara y Shane volvi a la crcel. Las extraordinarias fotografas de Lewkowicz fueron publicadas en la seccin Lightbox del sitio de la revista Time el 27 de febrero con el ttulo Photographer As Witness: A Portrait of Domestic Violence ( La fotgrafa como testigo: un retrato de la violencia domstica ).

Las imgenes son extraordinarias porque la fotgrafa es muy buena y porque el sujeto que capta su atencin rara vez se cruza con una cmara. A diferencia de las fotografas de los corresponsales de guerra en Iraq y Afganistn, la tortura de esposas tiene mayormente lugar entre cuatro paredes, no es anunciada ni registrada. Las primeras fotografas de este tipo de tortura que aparecieron en Estados Unidos fueron las icnicas imgenes de Donna Ferrato, quien document la violencia ejercida contra las mujeres en su propio hogar.

Como Lewkowicz, Ferrato lleg a la tortura de esposas por azar: en 1980, mientras cumpla su labor como fotgrafa de una boda, vio cmo el feliz marido golpeaba a su flamante esposa. Sin embargo, los editores de fotografa son tan renuentes a revelar la realidad de la privacidad del hogar que aun cuando Ferrato se convirti en fotgrafa de la revista Life en 1984 y decidi continuar con el mismo tema nadie, ni siquiera Life, quiso publicar las desconcertantes imgenes de su autora.

En 1986, seis aos despus de haber visto por primera vez la agresin con sus propios, el Philadelphia Inquirer public algunas de sus fotografas sobre la violencia contra las mujeres; el trabajo le vali el Premio Robert F. Kennedy al Periodismo en 1987 por una cobertura extraordinaria de los problemas que enfrentan las personas marginadas. En 1991, Aperture, editorial de distinguidos libros de fotografa, hizo pblica la reveladora obra de Ferrato con la edicin de Living with the Enemy ( Viviendo con el enemigo ; tuve el honor de escribir la introduccin). Desde entonces, sus fotografas han sido ampliamente reproducidas. Time us una imagen de Ferrato en una portada de 1994, cuando el asesinato de Nicole Brown Simpson llam brevemente la atencin a lo que la revista denomin una epidemia de violencia domstica y Lightbox present una pequea retrospectiva del trabajo de la artista en el tema de violencia domstica el 27 de junio de 2012.

Ferrato cre una fundacin para ofrecer sus fotografas a grupos de mujeres de todo el pas a fin de exponerlas en actos de recaudacin de fondos para refugios y colectivos de servicios locales. Estas exposiciones tambin han ayudado a sensibilizar a la poblacin estadounidense y sin duda han contribuido a la formulacin de procedimientos policacos menos misginos, procedimientos capaces de devolver a sujetos como Shane a la crcel.

En su da, las fotografas de Ferrato constituyeron pruebas incontrovertibles de la violencia que hay en nuestros hogares, una violencia rara vez reconocida y nunca antes vista a plena luz. No obstante, hasta el 27 de febrero pasado, cuando las imgenes de Sara Naomi Lewkowicz fueron publicadas en Lightbox apenas dos meses despus de haber sido captadas gracias a la intermediacin de Ferrato, solo contbamos con el trabajo de esta veterana artista. Haca y hace falta mucho ms, as que sobraban las razones para que la obra de Lewkowicz fuese aclamada por sus pares del gremio y por las mujeres del mundo.

Lejos de ello, la mayora de los ms de 1.700 comentarios en Lightbox reprochaban a Lewkowicz no haber soltado la cmara y ocuparse de sacar a la alterada hija de dos aos de Maggie de la habitacin o poner fin por s misma a la agresin. (Hace falta aclarar que detener el combate no es competencia de los fotgrafos de guerra?)

Maggie, la vctima de este delito, tambin fue severamente criticada por los lectores: por salir con Shane, por no haber previsto que era un tipo violento, por engaar a un marido del que la separ la guerra en Afganistn e, inexplicablemente, por ser la responsable de los hechos. En una resea de los comentarios publicada por Columbia Journalism Review, Jina Moore concluye: Hay algo en lo que parecen coincidir todas las crticas: el nico adulto en la vivienda que no es responsable de la violencia es aquel que la ejerce.

Solo paran cuando te dejan muerta

Parece que quienes observan estas fotografas (imgenes que reflejan con precisin la violencia que tantas mujeres padecen cotidianamente) encuentran fcil ignorar o incluso elogiar al iracundo hombre detrs de todo el asunto. De igual modo, muchsimas personas encuentran cmodo ignorar la violencia que, siguiendo rdenes, infligen masivamente los combatientes estadounidenses a mujeres y nios en zonas de guerra en el extranjero.

La invasin y la ocupacin de Estados Unidos en Iraq causaron el desplazamiento de millones de personas por todo el pas o su exilio forzado. Las cifras relativas a las violaciones y otras atrocidades son devastadoras; lo s bien, pues entre 2008 y 2009 estuve en Siria, Jordania y Lbano, y convers con muchas refugiadas iraqus. Adems, las mujeres que se quedaron en Iraq hoy viven sometidas a un rgimen islamista conservador con gran influencia del gobierno iran. En el rgimen anterior, secular, las iraqus eran consideradas las mujeres con vidas ms progresistas en el mundo rabe; hoy afirman vivir como sus ancestras hace cien aos.

En cuanto a Afganistn, mientras los estadounidenses se jactan de haber logrado que las mujeres volvieran al trabajo y las nias a los colegios, no se habla de los miles de mujeres y nios desplazados dentro del pas, muchos de ellos a campos provisionales en las afueras de Kabul, donde 17 pequeos murieron congelados en enero pasado. La ONU ha informado de 2.754 muertes de civiles y 4.805 civiles heridos como consecuencia de la guerra tan solo en 2012, en su mayora mujeres y menores de edad. En un pas sin Estado capaz de contar cadveres, sin duda podemos suponer que las cifras no se corresponden con la realidad. Un funcionario de la ONU declar: La tragedia es que la mayora de las mujeres y nias afganas fueron asesinadas o resultaron heridas mientras realizaban sus actividades cotidianas. Miles de mujeres en ciudades afganas han sido forzadas al denominado sexo de supervivencia, tal como sucedi con las iraqus que consiguieron huir en calidad de refugiadas hacia Beirut y especialmente Damasco.

Eso es lo que busca la violencia de los hombres contra las mujeres: convertirlas en el enemigo. La guerra misma es como un hombre tatuado y vociferante, plantado en medio de la habitacin o en otro pas, haciendo valer la ley del ms fuerte. Es como presionar el botn reset de la historia, un botn que invariablemente garantiza que las mujeres se vean sometidas a los hombres de manera cada vez ms terrible. Es una razn adicional, para cierto tipo de hombre, que hace de ir a la guerra algo tan disfrutable y divertido como torturar a la esposa en los entraables viejos tiempos.

Ann Jones es historiadora, periodista, fotgrafa y columnista habitual de TomDispatch. Cronista de la violencia contra las mujeres en Estados Unidos, ha publicado varios libros sobre el tema, entre ellos la obra clsica feminista Women Who Kill (1980) y Next Time, Shell Be Dead (2000). En 2002 viaj a Afganistn para trabajar con mujeres. Es autora de Kabul in Winter (2006) y War Is Not Over When Its Over (2010).

Nota: las imgenes a las que hace referencia el artculo se pueden ver en este enlace:

http://lightbox.time.com/2013/02/27/photographer-as-witness-a-portrait-of-domestic-violence/#1

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175663/ .



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