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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2013

Es el escrache democrticamente intolerable?

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para Jordi Mir, que nos ense de todo ello tiempo atrs.

 

Un presidente de gobierno, que apenas habla y cuando lo hace supera con frecuencia las mayores cotas concebibles de insustantividad, disertando sobre las acciones profundamente antidemocrticas de los activistas de las PAH. Una delegada gubernamental, Cifuentes es su apellido, clon impecable e incluso superador de doa Esperanza Aguirre, intentando desprestigiar al movimiento relacionndolo con rectificacin posterior formulada en susurros- con ETA, HB y la lucha callejera. Dirigentes populares tildando de nazis a los miembros de uno de los movimientos sociales populares ms importantes de los ltimos aos. Una secretaria general-popular, Cospedal Thatcher, esgrimiendo su muy conocida batera de insultos rancio-conservadores, peineta incluida, intentando desprestigiar ante la opinin pblica las Plataformas de Afectados siguiendo consejos de algn docto cortesano servil. Un portavoz del grupo mayoritario en el Congreso, Alfonso Alonso, escribiendo una carta a sus correligionarios en la que comenta que algunos compaeros y sus familias han sufrido situaciones de acoso que no debemos pasar por alto, al tiempo que se muestra totalmente incapaz de entender el acoso y derribo de familias trabajadoras que han sido expulsadas de sus viviendas, arrojadas a la calle y al slvense quien pueda, por no poder hacer frente por despidos laborales y/o estafas con clusulas abusivas, nunca por desidia- sus pagos hipotecarios. Don Pons, por supuesto, ponindose las botas castrenses y ordenando, con mando en plaza., posicin de firmes a la ciudadana crtica. Doa Rosa Dez haciendo una defensa cerrada, y muy pro domo sua, de la clase poltica a la que pertenece con tanta entrega y dedicacin y desde tiempos casi inmemoriales. Una conocida poltica institucional, supuestamente de izquierdas, nmero dos de su partido, doa Elena Valenciano, que despus de recordar apenada que ella sabe bien, muy bien, que la gente lo est pasando muy mal, gira rpidamente hacia su brazo conservador, siempre tan a mano, y afirma vale la pena no olvidar sus palabras- que no se puede promover la violencia y el acoso a gente a la que se ha votado (es decir, sus amigos del PPSOE), y s, en cambio, por lo que parece, ejercer violencia y acoso (aunque sea un poco doloroso) a familias trabajadoras desesperadas a las que ella misma poco ayud cuando su partido diriga -o jugaba a dirigir o deca que diriga- nada menos que el timn de la nave del Estado borbnico, sabiamente orientado en la cspide por el suegrsimo del yernsimo y su entraable amiga Frau Wittgenstein (Ay di el autor del Tractatus levantara la cabeza!).

Y as siguiendo. Conclusin? Es fcil, muy fcil. Que lo estamos haciendo muy bien, pero que muy bien. Que la PAH -una vez ms!- ha tocado, est tocando puntos esenciales de este sistema poltico-econmico en descomposicin. Que los movimientos sociales crticos nos estn dando a todos una autntica leccin que no debemos olvidar, mostrndonos y recorriendo caminos que vale la pena transitar junto a ellos

El gran maestro e historiador Josep Fontana seal recientemente que estamos viviendo una poca en la que los miembros de las clases dominantes estn ms sosegados, tranquilos y seguros de su fuerza y poder que nunca. Jams soaron una situacin as, tan a su gusto y medida, en estos dos ltimos siglos. Se trata de corregir la situacin; lo estamos intentando. La PAH est enseando que es posible derribar estos muros.

Veamos algunos vrtices poltico-culturales de la situacin a propsito de los escraches:

Llamamos coaccin a ejercer fuerza o violencia contra alguien para obligarle a que diga o ejecute algo contra su voluntad. Tambin al poder legtimo del Derecho para imponer su cumplimiento o prevalecer sobre su infraccin. En Biologa, coaccin es la interaccin ecolgica de dos o ms especies que conviven en un biotipo.

Dejemos al lado la segunda y tercera acepcin. No vienen al caso. El escrache es una coaccin antidemocrtica? Equivale a ejercer fuerza o violencia contra alguien para obligarle a que diga o haga algo en contra su voluntad?

No, no lo parece. El escrache, ha sealado Escudier [1], es una forma de protesta que consiste en acudir a un lugar pblico o no tan pblico (no es fcil presionar en ciertos mbitos protegidos, en su propio terreno, en territorio comanche para la ciudadana) donde trabaje o se mueva un responsable poltico servil, un empresario desalmado, un ex torturador o incluso algn asesino poltico que ande suelto y escondido, y llamar pblicamente la atencin con la percusin de algunos instrumentos, con algn que otro testimonio oral airado, con pancartas de denuncia o, puestos en materia, cantndole las cuarenta a capela cuando sea imprescindible (y lo es en numerosas ocasiones). No parece muy exagerado, no parece que sea ningn atentado y menos, desde luego, un atentado violento y antidemocrtico. Alguien ha salido lesionado? Algn familiar de los interesados ha sido ingresado por traumatismo fsico o psquico? Alguien ha sido arrojado fuera de su vivienda, a la p. calle como diran algunos? Alguien les ha machado, tomando pie en doa Fabra, con un que se jodan? No es razonable denunciar lo que debe ser denunciado usando los resquicios posibles, incrementando dos dcimas y media el desasosiego de gentes acomodadas que ven las corridas sociales sangrientas desde la barrera, con sombrero y con cuentas abultadas para protegerse del sol, los desahucios, el desempleo, las desigualdades y del mal tiempo? Van a seguir viviendo en el mejor de los mundos posibles mientras gran parte de la ciudadana vive en la peor de las pesadillas sociales?

Teniendo en cuenta sus antecedentes ms prximos, su excelente balance democrtico y popular en Amrica Latina en la denuncia de criminales y cmplices [2], no parece que el escrache sea un procedimiento que merezca ser desdeado ni permita una crtica por principio. Ni de entrada ni de salida. No sera razonable, justo, prudente, democrtico e incluso urgente ir a los alrededores del seor Boi Ruiz, el Atila neoliberal de la conselleria de Salud de la Generalitat de Catalunya, estn donde estn, y contarle e incluso gritarle, a l y a los suyos, que tambin parecen estar sordos, ciegos y muy felices de conocerse a s mismo y sus privilegios, el enorme sufrimiento que est ocasionando entre sectores muy vulnerables de la ciudadana, los que no son de lo suyos, ni de sus amigos confortablemente situados, ni tienen acciones en sus corporaciones amigas con moqueta y aire acondicionado mientras decrementan sustantivamente la atencin y los recursos destinados a los usuarios de la sanidad pblica?

Un lector de Pblico se expresaba sobre la experiencia argentina de los escraches en trminos que vale la pena recordar. Los escraches comenzaron en su pas, sealaba, cuando ni el Poder Ejecutivo, ni el legislativo ni el judicial dieron respuesta al reclamo de la ciudadana para sancionar a tantos y tantos responsables de la dictadura cvico militar. Esos tres poderes se mostraron cmplices de lo ocurrido al negarse a investigar y sancionar. En el derecho romano, recuerda, exista una figura denominada "muerte civil". En ella el sujeto careca de los derechos del resto de los ciudadanos. Los escarches, prosigue, buscaron y buscan visibilizar ante los vecinos a los responsables de tanto dolor e imposibilitar su disfrute en los espacios en que se mezclaba con el resto de la ciudadana. An hoy es posible ver que si un genocida an en libertad asiste a un restaurante/tienda/espectculo, y es detectado por otro asistente, ste anuncie a viva voz la presencia del primero y gran parte de los asistentes amenazan retirarse si el genocida no lo hace. Para la sociedad argentina, concluye el lector de Pblico, los escraches han ayudado a impedir el manto de silencio que se pretenda implantar (Y en Espaa? Ay, Espaa! Pongamos que hablamos de la transicin-transaccin y de la memoria y el olvido histricos).

Por lo dems, y el punto no es marginal, ha habido entre nosotros alguna reaccin, no las ya esperadas, que ha podido sorprender por su singular razonamiento y por la atalaya crtica desde la que estaba formulada.

Fernando Savater escriba sobre el tema el pasado lunes en ese diario del que es tan amigo [3]. Lo haca en estos trminos. Que el ejercicio de la poltica necesita una revisin a fondo en muchos pases europeos entre ellos, desde luego Espaa es una evidencia que apenas cabe discutir. Bien por ahora. Los representantes electos dan a menudo la impresin de formar una casta cerrada sobre s misma, impermeable a todas las demandas populares difciles de encauzar segn las rutinas burocrticas, expertos en disculpar los errores propios agigantando los ajenos y para quienes siempre lo que se hace es lo nico que puede hacerse, por mucho sudor y lgrimas que cueste a la sufrida ciudadana. Mejor si cabe. Pero la docilidad resignada (o desesperada) de esta parece a punto de acabarse. Hay grupos muy dinmicos que quieren hacerse or saltndose a los habituales intermediarios y que estn dispuestos a llevar a las calles los debates que se echan en falta en el Parlamento. No est mal, nada mal.

Va a ser cada vez ms corriente, vaticina don Fernando, que los ciudadanos reclamen directamente a sus representantes y les expongan sus quejas, con maneras mejor argumentadas o ms tumultuosas. Eso s, seala el amigo de Cioran sin venir mucho a cuento, que una cosa es ser escuchados y otra ser obedecidos (como resulta evidente para todos sin necesidad de sealarlo). Los representantes electos, prosigue, no escribe los polticos porque polticos son tambin, para lo bueno y lo malo, quienes les interpelan obviando don Fernando diferencias de calado, de mucho calado, incluso distancias aos-luz entre unos y otros, deben tomar en consideracin las voces ciudadanas apremiantes que les llegan, aunque no sea por el conducto reglamentario. Aunque no sea, repito, por conducto reglamentario deben tomar en consideracin esas vindicaciones. Parece justo.

Bien, bien en general hasta aqu. Pero llega Mr Hyde y entonces, el estudioso de Schopenhauer, seala que tienen que decidir de acuerdo con su leal saber y entender pues para eso fueron votados por mucha ms gente de la que suele manifestarse, olvidndose, como resulta evidente para l mismo y para todos, que muchos votantes de esos representantes electos desconocen sus oscuras intenciones en numerosos casos y, sobre todo, los intereses corporativos y finalidades afines que esos mismos representantes suelen defender con ahnco y compensaciones, arrojando programas y palabras de campaa al archivo de los gestos intiles y teatrales. La poltica, dicen, es realismo sucio.

Aade don Fernando por su parte: Que se vean escarnecidos en sus vecindarios, coaccionados con simulacros de linchamiento y se intimide a sus familias no solo es democrticamente intolerable sino que arroja sombras de sospecha sobre la espontaneidad de los que protestan. Las comillas de espontaneidad, nada inocentes, son suyas, de don Fernando, y la exageracin y falsedad de la descripcin lleva su firma, sin que el catedrtico de tica argumente por qu resulta democrticamente intolerable presionar (es decir, gritar y denunciar) a gentes con poder que actan antidemocrticamente y agreden, ellos s, sin miramientos y sin simulacros (aunque, eso s, a distancia y apretando botones de votaciones) a gentes muy desprotegidas que viven situaciones que estn a siglos-luz de su privilegiada situacin. Qu deberan hacer estos ciudadanos? Enviarles una carta corts y muy, pero que muy filosfica? Intentar dictar una conferencia en el rellano de sus domicilios sobre las razones profundas del mal y la injusticia? Promover un curso de argumentacin sobre el hroe y su tarea mientras no tienen lo mnimo para ir tirando y buscan refugio en casas de amigos o en viviendas sociales?

No acaba aqu la cosa, no acaba aqu la carga muy-culta de la cultivada caballera savateriana. Quienes se desgaitan, prosigue, diciendo que si no se les hace caso no hay democracia son poco de fiar.Poco de fiar! Por qu? Pues porque la democracia consiste tambin en procedimientos, garantas y respeto institucional: lo dems es demagogia y populismo, o sea democracia basura. Lo dems, lo que no sea procedimientos, garantas y respeto institucional, es democracia basura? Pero no haba sealado lo contrario don Fernando quince lneas arriba? Debemos y podemos respetar, como soldados de un Ejrcito imperial, unas instituciones ciegas, y sus procedimientos anexos, ante el sufrimiento de sectores sociales muy pero que muy vulnerables? Lo dems es basura? Incluso las sentencias del Tribunal europeo de Justicia? Quines han acordado, quienes respetan de hecho, esos procedimientos, esas garantas e intervienen en la arena poltica siguiendo ese supuesto respeto institucional? Qu bien vive don Fernando! Qu alejado est de todas estas situaciones desesperadas!

La guinda final est a la altura de los pasos citados del artculo. El que crea, seala el autor de la tica para Amador, que una buena causa justifica malos modos [malos modos!] debe recordar que abre la puerta a que sean empleados para otras menos de su gusto. Por ejemplo -son de don Fernando las ilustraciones- para abolir la despenalizacin del aborto (por qu no dir nada de las enormes presiones del Opus y de grupos prximos en Nafarroa a los mdicos para que se declaren objetores?) o la doctrina Parot, quiz para reivindicar la pena de muerte. Es una cuestin de malos modos, de descortesa, de falta de educacin? De verdad de la buena don Fernando?

La sentencia final de la nota est a la altura del profundo conservadurismo poltico-cultural de alguien que de joven coquete con el anarquismo y escribi en contra de las patrias y a favor de Spinoza: Bienvenida la participacin ms amplia y enrgica de los ciudadanos, no de los borrokas. El paso, sin duda, es un ejemplo de procedimiento poltico-lingstico impecable, corts, afable y respetuoso! Mejor imposible! Qu buenos modos, qu procedimientos tan exquisitos los usados por don Fernando!

Pero no todo, afortunadamente, lo estn llenado este tipo de declaraciones y reflexiones.

Jordi Mir, el gran discpulo de Francisco Fernndez Buey, excelente conocedor de los movimientos sociales alternativos, ha recordado cosas tan bsicas como la siguiente: Nuestra sociedad es ms sensible a la alteracin del orden que a la violencia estructural, como la pobreza, cuando el verdadero sufrimiento lo padecen los afectados por la crisis, el desempleo y los desahucios. Ada Colau ha rematado el argumento: Nos estamos volviendo locos y hemos dejado de ver el conjunto. El lmite no lo han traspasado los ciudadanos sino la praxis bancaria y los gobiernos que les inyectan dinero pblico mientras la gente se tira por la ventana. Jaume Funes, por su parte, ha recordado oportunamente al mejor Hegel, el que gustaba a Heine: La legalidad es un concepto construido. Lo legal debe ser legtimo y lo legtimo debera hallar un cauce de legalidad. Y no siempre es as; tambin ste es un mbito en construccin.

Sugerencia final: si los polticos institucionales, conservadores y no tan conservadores, suelen estar y actuar al servicio de poderosos centros corporativos y grandes grupos financieros dispuestos a casi todo menos a modificar sus prcticas de extorsin, no deberamos extender las molestias, estos malos modos al decir de don Fernando estas quejas democrticas crticas, intolerables para los que suelen defender leyes y rdenes injustos e intolerables, a los representantes ms conocidos de esos centros sin alma y sentimientos y deseos irrefrenables e insaciables de rapia, explotacin y expropiacin popular? Parece razonable. Nos va la justicia, la dignidad y nuestra misma proteccin en ello.

PS: Un ejemplo sobre desahucios y solidaridad a tener muy en cuenta [4]. Vernica Del Ro Ferreira tendra que haber abandonado hace pocos das el piso en el que viva desde que en 2008 fue desahuciada de su vivienda por no poder hacer frente a la hipoteca. Su suegro, que la haba acogido junto con su hija de nueve aos, tambin tuvo que dejar la casa. La Xunta de Galicia le retir la ayuda para el alquiler que tena desde haca cinco aos.

Llegada la fecha del desalojo, a esta joven madre solo se le presentaba la posibilidad de instalarse en el hostal Amrica, con cargo al Ayuntamiento. Las trabas eran muchas. A pesar de que le haban ofrecido ayuda para el traslado de sus enseres, esa semana -con muchos festivos- no iba a ser posible. Estaba tambin el almacenaje de sus cosas mientras se hospedaba en el hostal. La alternativa era el local de la Asociacin Vecial de Esteiro. A Vernica no le pareca muy apropiado tener sus pertenencias alli. Aunque agradeci el ofrecimiento.

Es aqu donde entra Mara, una vecina de Ferrol que, tras haberse enterado del caso, contact con un peridico gallego para llegar a la afectada. Mara le ofreci la posibilidad de contratarle el alquiler de un piso Vernica no puede: carece de nmina o pensin y sufragarle el importe durante un ao. Vernica, agradecida, consider que el piso era muy grande para ella y su hija. Buscan otras alternativas. Tienen de plazo hasta el domingo, fecha en la que la joven tiene que entregar las llaves de su vivienda actual.

Mara, que no quiere que se publique su nombre real ni el de su marido, ha declarado. Somos un matrimonio de pensionistas que, gracias a Dios, estamos a cubierto, porque tenemos nuestro piso, y queremos arrimar el hombro a quien lo necesita. Es muy triste que la gente se quede en la calle. La Cocina Econmica y Critas hacen una extraordinaria labor, seala, pero hay mucha gente sin techo que necesita de la ayuda de todos. Resta importancia a su gesto. Es lo que debemos hacer, porque todos necesitamos encontrar un corazn amigo que te ayude a salir de los baches. Esos son los valores que hay que cultivar.

Vernica confa en que no sea necesario prolongar la ayuda un ao. Su compaero se march hace una semana a trabajar a Madagascar. Pronto podr aportar dinero a la familia. Como en los viejos tiempos de silencio y emigracin forzada.

Notas:

[1] http://blogs.publico.es/escudier/2013/03/como-distinguir-un-escrache-real-de-uno-falso/

[2] Y por qu nunca en Espaa con polticos franquistas y torturadores policiales y especies racionales y no racionales afines, incluyendo, por ejemplo, mdicos (juramento hipocrtico no transgredido) al servicio de la Ley, el Orden, la barbarie y el sufrimiento?

[3] Fernando Savater, Democrticamente intolerable, El Pas, 23 de marzo de 2013, p. 34.

[4] http://www.diariodeferrol.com/articulo/ferrol/un-matrimonio-asume-un-alquiler-para-la-joven-madre-que-se-quedo-sin-vivienda/20130327011125038973.html

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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