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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2013

Sobre los malos tratos del ejrcito espaol a prisioneros en Irak
Vergenza y frustracin

Manuel Pardo de Donlebn
Rebelin


Estoy indignado y avergonzado. Lo que el vdeo difundido hace unos das revela me resulta repugnante. Un grupo de militares espaoles pateando salvajemente a prisioneros en Irak revela el nivel ms bajo de degradacin a que puede conducir la sensacin de impunidad y desprecio por la condicin humana de personas que se sienten amparadas por la fuerza de las armas.

Que esta supuesta guerra no era tal es algo que sabamos desde el principio. Era, simplemente, ir a la zaga del ejrcito de los poderosos, haciendo de ridculos comparsas para prestarle apariencias de legitimidad a ese atropello histrico. Nunca la ciudadana espaola estuvo tan de acuerdo en algo: aquella aventura iba contra todos los principios de una guerra justa y jams debi emprenderse. Por desgracia, la lgica de los poderosos y sus inestimables medios de persuasin han conseguido extender una persistente neblina que ciega el entendimiento de las personas cabales; y un sistema de administrar justicia dirigido ms contra los pobres que contra los poderosos, no parece dispuesto a darnos la satisfaccin de ver a sus responsables respondiendo ante ella de semejante crimen.

Pero esto es algo de lo que se ha escrito infatigablemente durante aos. La desgraciada muerte del periodista Jos Couso y la imposibilidad de hacer que sus autores comparezcan ante la justicia espaola, dicen bien a las claras del sometimiento de nuestra soberana a la lgica del poder de nuestros supuestos aliados.

Y ahora, esto. Despus de presentarnos la aventura iraqu como un paseo militar para restaurar la democracia y el imperio de la ley en ese desgraciado pas, despus de machacarnos con la propaganda de que nuestras tropas eran amadas, admiradas y agradecidas por su habilidad y tacto para poner orden sin violencia, para repartir paz y prosperidad entre ellos, descubrimos el lado oscuro de las cosas. Ya hace aos que Amnista Internacional reclam explicaciones al Gobierno sobre el paradero de prisioneros, sobre lo inaceptable de su transferencia a potencias de las que hubiera indicios razonables de practicar la tortura y exigi investigaciones imparciales sobre los testimonios presentados. Como era de esperar, la respuesta fue que las tropas espaolas actuaban con el ms escrupuloso respeto del derecho internacional humanitario y que nada haba de reprochable en su actuacin.

El vdeo divulgado hace evidente lo que se haba venido denunciando y, lo que es ms grave, su ocultacin deliberada y culpable. Porque aqu no se trata de cuatro o cinco desaprensivos que dan una paliza a prisioneros. Resulta para alguien concebible que en un calabozo de una base en zona de guerra puedan unos militares perpetrar semejante paliza, sin que los superiores jerrquicos estn enterados? Ahora se nos reitera el firme compromiso con las leyes de la guerra de las unidades militares en combate. Pero resulta evidente que, al menos en este caso, se trata de algo que no puede suceder, el 4 Convenio de Ginebra lo prohbe taxativamente. Y el Ministerio de Defensa o el Estado Mayor del Ejrcito pueden jurar por lo ms santo que es algo que ninguno de los mandos que pasaron por Diwaniya conocan, pero simplemente, no se sostiene. Hay unos autores materiales de los que dirn que es imposible averiguar su identidad. Pero hay responsables hacia arriba, hacia muy arriba, que con absoluta certeza saban que eso estaba pasando. Hasta dnde llega la escalada de ocultacin es difcil de saber, pero resulta muy preocupante la primera reaccin del Ejrcito asegurando que ninguno de los jefes de los contingentes destacados en Irak tiene ni tuvo constancia y ni siquiera sospecha de que se infligieran malos tratos a prisioneros.

Tan preocupante como, a juzgar por el testimonio del periodista Gervasio Snchez, la sublime indolencia de las ms altas jerarquas e instituciones, que consideraron que no haba nada que investigar. Y ello a pesar de las reiteradas advertencias de ste sobre las demoledoras consecuencias sobre la credibilidad de nuestras Fuerzas Armadas, si algn suceso de este tipo llegara a conocerse algn da.

Y esto es lo que ha sucedido y, por mucho que espabilaran ahora, el dao est hecho. Qu es lo que deben pensar nuestros compatriotas sobre la actitud de sus militares ante la tortura? Por desgracia, el nivel de degradacin moral que se ha ido extendiendo muy poco a poco me hace pensar que para muchos, esto forma parte de las cloacas del sistema, de las cosas que no queda ms remedio que hacer, aunque no pueda reconocerse.

Todava recuerdo cuando, durante el viaje de instruccin a bordo del Elcano, se produjo un robo en el sollado de marinera: supimos que el autor confes tras la paliza que le propin un cabo de la dotacin, por orden del mando. Aquello me produjo un autntico choque emocional y result un paso adicional en mi progresivo descubrimiento de las miserias y la abyeccin moral del modelo de ejrcito al que me haba incorporado poco antes. La muerte del dictador y la consiguiente transicin me animaron a continuar en l en la esperanza de su transformacin en un ejrcito democrtico. En el nuevo discurso oficial, los valores de respeto a los derechos humanos se han publicitado hasta la saciedad como permeando la moral y la prctica cotidiana de nuestras Fuerzas Armadas.

Un hecho como este revela que, por desgracia, no ha sido as. Y si hay mucho de reprochable a los individuos que cometen tales abusos, es ms preocupante que toda una institucin y los poderes a los que sirve no hayan hecho nada por modificar las conductas de tales individuos, con el mensaje contundente e incuestionable de que eso es intolerable y objeto de las ms duras condenas.

Esta es mi vergenza, la de pertenecer a unas fuerzas armadas que conservan muchos de los resabios del ejrcito franquista y son incapaces de manifestar con hechos una adhesin sincera a los valores democrticos y humanistas, ms all de unas cuantas, espordicas, proclamas retricas. Y mi frustracin, la de contemplar cmo las instituciones pretendidamente emanadas de la voluntad popular son incapaces de corregir esta insoportable deriva.

Manuel Pardo de Donlebn, Capitn de Navo de la Armada, en la Reserva

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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