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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2013

Notas sobre la insolencia
Una rplica al cinismo

Arturo Borra
Rebelin


Puede que nuestro objetivo no sea otro que () hacer aparecer en la prctica una lnea divisoria entre los que quieren ms de lo que existe y los que ya no quieren ms (1). Ese ms es de otra especie; es un suplemento que, cualitativamente, exige una sociedad que no se resigne a los escombros.

Hay que decidir entonces en esa lnea divisoria: a cada instante, tenemos que optar entre asaltar el orden del mundo o defenderlo. Quien declara no optar ya ha optado por su defensa: toma partido por los que, en las condiciones del presente, gozan los privilegios de su existencia.

El antagonismo no es electivo. La escalada que vivimos es de tal magnitud que nadie puede sustraerse a sus efectos. En una situacin histrica semejante, lanzarse hacia aquello que parece inatacable es una apuesta de vida. Que las posibilidades de cambio social no estn aseguradas no nos exime de movernos hacia un horizonte que exige ms no slo de los otros, sino tambin de nosotros mismos.

El riesgo de quedar atrapado es irreductible: Es sabido que esta sociedad firma una especie de paz con sus enemigos ms declarados cuando les ofrece un sitio en su espectculo (2). La catstrofe diaria del capitalismo nos desafa a no retroceder ante ese riesgo.

Nunca murieron tantos seres humanos como en la actualidad, a pesar de que las condiciones tcnicas para evitarlo sean inditas. La masacre pasa desapercibida slo a quien cierra los ojos. No hay que buscar demasiado para encontrar cadveres detrs de las grandes fortunas.

Se puede mirar hacia otra parte. Hacer del goce una justificacin para el autismo o convertir la resignacin y el conformismo en religin oficial. Declarar los sueos en bancarrota, en nombre de un realismo que alza como infranqueables los lmites del mundo actual. Rerse de los utopistas denunciarlos por totalitarios, burcratas de lo imposible. Sospechar incluso cualquier proyecto que no se contente con lo menos, esto es, ingeniera social local, poltica reformista, sacrificio graduado.

Como saben los situacionistas, no se trata de plantear frmulas revolucionarias generales. El lenguaje formulaico, al uso, es parte del espectculo de nuestros amos. Seuelos para los desprevenidos. La prctica del cambio se gesta en una pluralidad de agentes sociales, sin centro unitario. Lo que desafa lo espectacular no es un nuevo guionado, sino la ruptura activa de la lgica de los papeles: la prctica de lo imprevisible.

Eso no niega la necesidad de una articulacin poltica de nuestra voluntad, a travs de un proyecto emancipatorio que no significa nada distinto a una anticipacin abierta de la instancia decisiva de la praxis. O, si se prefiere, el borrador colectivo para no claudicar ante lo inaceptable.

Incluso si el fuego nos devora, qu otra salida podramos imaginar que no sea dar vueltas en la noche? Cuando a plena luz del da el horror no espanta, la oscuridad puede ser una forma de guarecerse para luchar. No hay reposo ni reconciliacin. Si llaman inmadurez a la negativa a dejar de cuestionar lo heredado, nuestra decisin ms razonable es aceptar la condena y resistirnos a la normalidad de lo siniestro.

No vamos a negar que nuestra incompetencia para respetar el buen sentido es mxima. Demasiados sujetos competentes sostienen la actual estructura del mundo. Estamos por ello desmantelados, girando sin saber ya qu hacer? Nada de eso: el incendio de lo visto podra ser una buena respuesta. La invencin de otra cotidianeidad, el itinerario abierto de una poltica nocturna que se abre paso hacia lo excluido.

La osada poltica consiste ante todo en mantener abierta la pregunta por el deseo colectivo mientras nos desplazamos. Ante la obscenidad cnica convertida en moneda de cambio, la rplica es la insolencia knica: el sabotaje a una economa del clculo, el desafo a la racionalidad del dominio que exhibe con buenos modales su potencia homicida.

Contra el pensamiento inocuo volver a pensar. Querer ms es una declaracin de guerra a la idiotez convertida en norma moral. Es comprensible que alguien pregunte: no somos ya irrevocablemente imbciles? Puesto que no estamos fuera de nada, la pregunta se hace tanto ms irrenunciable. Incluso si no pudiramos escapar de esta imbecilidad del todo, el deseo de una salida sera tanto ms imprescindible.

Tampoco cabe esperar nada fuera. Crear grietas es nuestro camino poltico. Cercados por una membrana cada vez ms asfixiante, horadar su superficie es cuestin de vida, de otra vida (y no de slo de mera supervivencia). El encierro no previene de nada sino que asla de la alteridad.

Tampoco vendr nadie. Los desposedos no vern restituida la justicia en una experiencia mesinica. El fin del mundo se aplaza a cambio de continuas catstrofes. La promesa slo nace de estos escombros. Es la que alzan los albailes de lo imaginario. No hay desencanto: contra el discurso de la seduccin, tampoco tenemos que aceptar la futilidad del mundo. Si morar es parte de la trampa, nosotros nos lanzamos al exilio. Horadamos el baldo en el que se amontonan los desechos.

En una poca en la que el cinismo es hegemnico, la insolencia es una actitud infrecuente: cuestionar la autoridad y las jerarquas, al fin y al cabo, exige una osada intelectual y tica ms bien atpica, incluso en una multitud de intelectuales y acadmicos reducidos a expertos del orden y a una infinidad de artistas convertidos en coleccionistas de minucias. En efecto, () la insolencia es esa libertad que podemos expresar cuando nos liberamos de los vnculos que nos atan, una trascendencia que slo se puede vivir durante un cierto tiempo, el que necesita lo real para atraparnos (3).

No bastar, desde luego, con ser insolentes. Cuestionar lo que hay de mstico en la autoridad y de criminal en lo institucional es asumir un compromiso que exige un trastocamiento de lo real antes de que lo real (la prepotencia de los poderosos) nos atrape. Sospechar lo que hoy se inviste de un aura respetable forma parte de una inslita prctica de libertad. Llegados a este punto, hay algo ms insolente hoy da que una demanda de justicia que no se contente con obtener un sitio en el espectculo?


Notas:

  1. Debord, Guy (2000): In girum imus nocte et consumimur igni, Anagrama, Barcelona, p. 48.

  2. Debord, Guy, op.cit., p. 53.

  3. Meyer, Michel (1996): La insolencia, Ariel, Barcelona, p. 134.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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