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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2013

De cmo la Operacin Libertad Duradera se convirti en la Operacin Corrupcin Duradera
La gran estafa de la corrupcin afgana

Dilip Hiro
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Segn se viene ampliamente informado, Washington ha denunciado a voces la corrupcin afgana como uno de los principales obstculos para la misin estadounidense en Afganistn. Pero hay un nico elemento fundamental desaparecido de toda esa rutinaria censura: una explicacin creble de por qu la construccin de la nacin ha fracasado all. Y no me extraa. Para hacer eso, los EEUU tendran que denunciarse a s mismos.

En estos momentos, la corrupcin en Afganistn es inmensa e impregna todos los sectores de la sociedad. En los ltimos aos, los estudios de investigadores, las encuestas de ONG y los informes peridicos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en ingls) han venido reemplazando las meras evidencias anecdticas. Asimismo, contamos tambin con el ndice de Percepcin de la Corrupcin de Transparencia Internacional, entidad que tiene su sede en Berln. El ao pasado situ a Afganistn en el primer puesto, junto a otros dos pases, como los ms corruptos del planeta.

Sin embargo, ninguno de esos documentos expone el hecho ms importante en cuanto se refiere a la corrupcin: que tiene su sede en Washington. De hecho, tiene sus races en la acumulacin masiva de tropas estadounidenses de 2005 en adelante, en la concomitante expansin de bases de operaciones de avanzada, campos y puestos avanzados de combate estadounidenses, de 29 en 2005 a casi 400 cinco aos despus, y sobre todo, en el tsunami de dinero que lleg acompaando todo lo anterior.

El pasado mes, cuando un tribunal afgano sentenci a Sher Jan Farnud y Jalil Ulah Ferosi, presidente y jefe ejecutivo del Banco de Kabul, por saquear sus depsitos en un gigantesco esquema Ponzi, el suceso recibi alguna atencin por parte de los medios. Sin embargo, como caba esperar, el papel fundamental de los estadounidenses en el oscuro pasado del banco estaba desaparecido en combate.

Fundado como compaa privada en 2004, el Banco de Kabul fue aclamado de inmediato por los funcionarios estadounidenses en Afganistn como eje principal del emergente orden econmico de libre mercado en el pas. En 2005, la accin sigui a las palabras. El Pentgono, pagador de las Fuerzas Afganas de Seguridad Nacional (FASN), firm un contrato con el banco para que se encargara de distribuir los salarios de los soldados y policas de las FASN.

A partir de esa actuacin, la incipiente institucin financiera consigui un flujo impresionante de dinero en efectivo. Adems, un apoyo estadounidense tan patente sirvi para generar confianza entre los afganos ricos, que se pusieron rpidamente a hacer cola para depositar all su dinero. A partir de 2006, la creciente afluencia de dinero en efectivo alent a Farnud y Ferosi a empezar a quedarse, para ellos mismos, con la mayor parte de los fondos de los depositantes a travs de empresas de falsa fachada en forma de prstamos sin garanta. As fue como naci el mayor fraude bancario del mundo (calculado como porcentaje respecto al producto interior bruto del pas), con la Embajada estadounidense en Kabul actuando de partera.

Cmo sucedi todo

Existe una conexin estadstica entre las sumas gastadas por Washington en Afganistn y el agravamiento de la corrupcin en esa desventurada nacin. Puede comprobarse en el ndice de Corrupcin de Transparencia Internacional. En 2005, Afganistn ocupaba el puesto 117 entre los 158 pases investigados. En 2007, cuando se vertieron en el pas los dlares estadounidenses, slo dos de entre 179 naciones lo superaban en corrupcin. Desde 2011, permanece a la cabeza del ndice.

Qu cambi entre 2005 y 2007? En la primavera de 2006, la insurgencia talibn haba conseguido ya controlar veinte distritos en la zona sur del pas y estaba desafiando a las fuerzas de EEUU y la OTAN en la estratgica rea de Kandahar. Con una guerra sectaria arrasando en aquellos momentos el ocupado Iraq, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld pens que slo de forma marginal iba a poder incrementar la presencia militar estadounidense en Afganistn.

Esto empez a cambiar cuando Robert Gates se hizo cargo del Pentgono en diciembre de 2006. Comenz reforzando las unidades de combate estadounidenses all. La consecuencia fue que se multiplicaron las bases de operaciones de avanzada, as como los puestos avanzados de combate y los campos militares. El hecho de construir nuevas bases o ampliar al doble las antiguas implic que el Pentgono empezara a conceder contratos a las compaas de construccin locales afganas que no estaban acostumbradas a ocuparse con diligencia de esas tareas. A su vez, estas compaas subcontrataron trabajos con todo aquel que les untaba. La entrada de cada vez ms montones de dlares del Pentgono sirvi para extender la corrupcin.

A continuacin, se vio que era preciso suministrar alimentos, agua, combustible y otras necesidades, as como material blico, a todas esas bases y puestos de avanzada. Adems, el Pentgono aceler su programa para reforzar a las nacientes fuerzas de seguridad afganas asumiendo el coste total del entrenamiento, equipamiento y pagando a su personal, as como construyendo bases y puestos de avanzada tambin para ellas. Como consecuencia, se dispararon los contratos con las compaas de transporte afganas, as como los contratos con grupos afganos de seguridad privada para que protegieran los camiones que transportaban provisiones y materiales en un pas cada vez ms desgarrado por la guerra.

As pues, por supuesto que haba posibilidades para los chanchullos.

Entre 2005 y 2007, cuando las fuerzas de combate estadounidenses en Afganistn llegaron a duplicarse, el presupuesto del Pentgono para la guerra afgana salt de 17.00 millones a 34.900 millones anuales. El personal de las FASN tambin se duplic, de 66.000 a 125.00 entre soldados y policas, aunque a un coste relativamente marginal para el Pentgono. A 16.000 dlares al ao, la carga de mantener a un soldado afgano supone un irrisorio 2% de los 800.000 dlares que cuesta el mantenimiento de su homlogo estadounidense.

Durante ese perodo, las oportunidades de corrupcin aumentaron de forma exponencial. Por qu? En parte porque el Pentgono fue incapaz de proteger los convoyes de suministros de sus contratistas afganos, algo que habra requerido decenas de miles de soldados estadounidenses ms. La distancia entre el principal centro de suministros en la Base Area de Bagram, cerca de la capital Kabul, y la ciudad de Kandahar en el sur, plagada de talibanes, era de unos 450 kilmetros; y el centro talibn en la provincia de Helmand estaba a otros 150 kilmetros de Kandahar. Como Afganistn carece de ferrocarril, la nica va para transportar productos y personas eran las carreteras.

La carretera entre Bagram y Kandahar estaba salpicada de barricadas, cada una controlada por combatientes armados del seor de la guerra dominante en la zona, que recoga un arbitrario impuesto de trnsito. La nica forma que las compaas de transporte tenan para hacer su trabajo era comprar pasaje seguro a los amos de la carretera, teniendo que desprenderse de aproximadamente 1.500 dlares por camin para ir entre Bagram y Kandahar, y otros 1.500 dlares para ir de Kandahar a Helmand. Todo ese dinero proceda de la caja que el Pentgono estaba tan despilfarradoramente repartiendo.

Los seores de la guerra y los contratistas de la seguridad privada, a su vez, sobornaban a los talibanes para que esos convoyes pasaran de forma segura. Por tanto, en resumen, el Pentgono estaba ayudando a financiar a su enemigo para poder hacer llegar los necesarios suministros a sus bases. Adems, en las carreteras seguras, de los controles se encargaban a menudo policas afganos, que a su vez extorsionaban con sobornos amenazando con pasar informacin sobre los convoyes a los talibanes.

Este proceso se convirti en un elemento importante del trapicheo sistemtico a gran escala desencadenado por los 60.000 millones de dlares al ao que el Pentgono estaba gastando en 2009 en su Guerra Afgana.

Despus tenemos los insignificantes sobornos que los afganos de a pie pagan regularmente a funcionarios y policas, que se cobran a cambio de favores o trato preferencial por parte de los funcionarios en los ministerios de servicios pblicos por cosas tan elementales como conseguir una plaza de colegio para un nio, asegurarse una cama en un hospital o conseguir el permiso de conducir o el permiso de construccin. Representan un fenmeno habitual no slo en Afganistn sino tambin por todo el Sur y Suroeste Asitico.

Ignorando la sordidez del sistema financiado por el Pentgono a escala industrial, las ONG y la UNDOC prosiguen con el ritual de cuantificar la corrupcin en el pas encuestando a una muestra de afganos acerca de los pequeos sobornos llamados popularmente bakshish (literalmente, propina)- que pagan a los funcionarios pblicos. Aparecieron con la impactante conclusin de que el 50% de la poblacin pag un soborno en 2012, lo que supuso un descenso desde el 58% del 2009 (el ao de la anterior encuesta).

Una investigacin realizada en 2007 por Integrity Watch Afghanistan (IWA), que se centr en la corrupcin administrativa seal que el total alcanzado por ese tipo de sobornos a nivel nacional era de 1.000 millones de dlares, es decir, menos de la mitad de los 2.160 millones de dlares que el Pentgono desembols en un nico contrato gigantesco bajo la etiqueta de Transporte en la Nacin Anfitriona para llevar los suministros a sus bases.

Cobrando de ms en las fuerzas de seguridad financiadas por el Pentgono

Otra fuente importante de corrupcin sistemtica: el hurto del dinero del Pentgono a travs de los salarios pagados a soldados fantasmas y policas, a los reclutas enrolados en las fuerzas afganas de seguridad que no existan. Aqu, tambin, los fondos de Washington se convierten en la base de la malversacin y corrupcin afgana.

El ndice de analfabetismo entre los soldados y policas afganos llega al 90%, y alrededor de la cuarta parte de esas fuerzas deserta cada ao. Esto ha proporcionados sabrosas oportunidades a los comandantes para rellenar sus listas de soldados con los denominados fantasmas, mantenerlos en sus libros y embolsarse sus salarios. (Merece la pena recordar que esta prctica se extendi de forma similar entre el ejrcito survietnamita durante la guerra de EEUU en Vietnam).

Adems del hurto de salarios, la emprendedora polica y comandantes del ejrcito han hecho dinero volviendo a vender el material blico del Pentgono. Por ejemplo, segn los documentos filtrados por la pgina WikiLeaks, un jefe de polica en la ciudad oriental de Zurmat inform de ficticios enfrentamientos con los talibanes, y despus de que le hubieran repuesto miles de unidades de municin, se las vendi a un comerciante del bazar. Otro comisario de la polica provincial rob alimentos y uniformes, dejando que sus hombres pasaran fro y hambre durante el invierno. Esos hechos llevaron a la creacin de un importante mercado negro con equipamiento militar estadounidense y productos de todo tipo.

En su campaa para ganarse los corazones y las mentes de los campesinos afganos, los responsables del Pentgono entregaron tambin dinero directamente a los oficiales estadounidenses para que financiaran la construccin de pozos, escuelas y clnicas sanitarias en las reas donde estaban destinados. El estrs iba en aumento, con resultados visibles, que fueron en efecto rpidos y visibles: los fondos acabaron por lo general en los bolsillos de poderosos intermediarios rurales con muy escasa supervisin y nula responsabilidad, especialmente cuando el oficial estadounidense implicado abandonaba habitualmente la zona tras una misin relativamente breve.

Despus, la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en ingls) asumi este papel. Al igual que en el caso del Pentgono, la mayor parte del dinero distribuido acab en los bolsillos de los intermediarios locales. Segn determinados relatos, USAID perdi hasta 90 cntimos por cada dlar que gast en ciertos proyectos. Segn un informe del Congreso publicado en junio de 2011, gran parte de los 19.000 millones de dlares de la ayuda exterior que EEUU bombe hacia Afganistn despus de 2001 habra probablemente servido para desestabilizar el pas a largo plazo.

Cantidades asombrosas de dlares de los contribuyentes estadounidenses, destinadas a la ayuda a Afganistn, se gastaron de forma tan rpida y despilfarradora que evadieron todos los controles y garantas contra la corrupcin, de transparencia o responsabilidad que existan sobre el papel. Sin embargo, quienes amasaron sacos y sacos de dlares se encontraron frente a un problema. La subdesarrollada economa de Afganistn de 12.000 millones de dlares una suma que Washington se gastaba en ese pas en un solo mes durante 2011- no ofreca muchas posibilidades para la inversin rentable legtima. Por tanto, la mayor parte de ese efectivo almacenado a escala colosal sali del pas, y grandes partes del mismo terminaron en los bancos e inmobiliarias de los emiratos del Golfo, especialmente en el poco escrupuloso Dubai.

Los diplomticos de EEUU ignoran los trapicheos del Banco de Kabul

El Banco de Kabul recogi la esencia de todo lo anterior en una nica institucin, el invento de un afgano que destac como hombre de recursos. En su entusiasmo por impulsar la fundacin de un ambicioso banco privado, los responsables estadounidenses, desposados con su teologa del libre mercado, pasaron por alto los turbios antecedentes del presidente del Banco de Kabul, Farnud. De etnia uzbeca, se traslad a Mosc durante la ocupacin sovitica de Afganistn en los aos ochenta. Hacia el final de esa dcada, empez un negocio informal de transferencia de dinero o hawala que probara ser muy til para los traficantes de droga que queran enviar su dinero a Afganistn y a la vecina Repblica Socialista de Tayikistn.

Antes de que las autoridades rusas le cerraran el chiringuito por blanqueo de dinero en 1998, Farnud escap a Dubai. Como principal enclave del negocio hawala, que cubra Afganistn, Tayikistn y el subcontinente indio, era el refugio perfecto para l. All, lleg tambin a hacerse famoso como duro jugador de pker.

El ministerio ruso del interior le persigui, pero en 2007, cuando consigui que la Interpol emitiera una orden arresto para l, se haba convertido en el honorable presidente del Banco de Kabul (con su antiguo guardaespaldas, Ferosi, como jefe ejecutivo). Y su banco haba conseguido casi un milln de clientes, incluidos 250.000 policas y soldados de la seguridad afgana. No debe sorprendernos, pues, que el ministerio del interior en Kabul ignorara la peticin de la Interpol. Lo mismo hizo, al parecer, la embajada de EEUU en Kabul.

Cuando estall la noticia acerca de su asombrosa malversacin y manejos tipo esquema de Ponzi, los responsables de la USAID manifestaron sorpresa y conmocin. Tendran que haber estado ciegos y sordos para no haber visto ni odo los sombros rumores acerca de su institucin financiera estrella que haban estado ya girando alrededor de los crculos financieros y diplomticos de Kabul. Sin embargo, no pudieron mantener la charada de la ignorancia una vez que WikiLeaks public los cables de la embajada en Kabul, algunos de ellos de 2009, mencionando las escandalosas transgresiones del banco.

En septiembre del 2010, haban desaparecido del banco casi mil millones de dlares, con Farnud y Ferosi embolsndose 900 millones, de los que una cantidad significativa la invirtieron en casas lujosas en Dubai. El pasado mes, unos pocos periodistas liberales occidentales expusieron la forma en que los jueces afganos haban descartado los cargos ms graves de malversacin, falsificacin y blanqueo de dinero contra Farnud y Ferosi, acusndoles en cambio de abuso de confianza. Sin embargo, ninguno de los periodistas o comentaristas seal el inconveniente hecho de que los responsables estadounidenses haban aprobado entusiasmados la creacin del banco, haban ayudado a aumentar su importancia y a mejorar su flujo de caja, pasando despus por alto las flagrantes fechoras de sus principales fundadores.

En los prximos dos aos, mientras Washington retira sus fuerzas de Afganistn y la situacin sigue all desintegrndose, aparecern sin duda nuevas historias sobre la corrupcin afgana. Por tanto, bien merece la pena recordar el siguiente hecho: que fue EEUU quien inund el pas de militares y fondos de ayuda mientras omita convenientemente cualquier proceso de supervisin, convirtiendo as la denominada Operacin Libertad Duradera en la Operacin Corrupcin Duradera.

Dilip Hiro, colaborador habitual de TomDispatch, ha escrito 33 libros, el ms reciente de ellos es Apocalyptic Realm: Jihadists in South Asia (Yale University Press, New Haven and London).

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175677/tomgram%3A_dilip_hiro%2C_how_the_pentagon_corrupted_afghanistan/#more



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