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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2013

A propsito de la muerte de Margaret Thatcher
Seremos de hierro ms duro que el de la dama

Andy Robinson
La Vanguardia


Yo era joven (ms o menos 20 aos) cuando Margaret Thatcher puso en marcha con resolucin frrea las imprescindibles reformas estructurales a principios de los ochenta tan necesarias para sanear la economa britnica y flexibilizar un rgido mercado de trabajo que, ya sabe usted, protega a un segmento privilegiado de la fuerza de trabajo, hombres de abultada barriga que beban pintas de cerveza cuando deban estar trabajando. O para adelgazar a un estado obeso (bloated, sola decir ella) tras aos de socialismo y keynesianismo insostenible; y reestablecer el incentivo de trabajar en un sistema de proteccin social infiltrada por tramposos minusvlidos nada patriticos que no entendan en qu consista un buen da de trabajo duro. O privatizar las esclerticas empresas pblicas en sectores como el ferrocarril lastradas por sindicatos reaccionarios e insolidarios con otros de su misma clase. La dama de hierro tambin hizo lo necesario para impulsar la nueva economa de los servicios, en lugar de esas viejas manufacturas de empresas anacrnicas como el automvil Rover, los astilleros Cammel Laird en Birkenhead, o los aviones de Havilland que realizaban actividades industriales que jams podan ser viables en una economa avanzada del siglo XX. La hija del tendero fortaleci la gran City de Londres a travs de los aos del big bang que elimin todas esas superfluas normas y reglas para el sector bancario y financiero, que tanto aporta al bienestar de nosotros britnicos.

En aquel entonces yo, y casi todos mis amigos, reaccionamos con pavor y rabia contra el necesario programa de regeneracin nacional de la dama de hierro. Eramos unos hooligans naifs sin cultura democrtica pese a ser del pas de Winston Churchill quizs por la deriva socialista de la enseanza pblica. O quizas tena que ver con crecer en Liverpool, una ciudad an bajo la sombra de los sindicatos todopoderosos, nada representativos de las verdaderas aspiraciones de la clase baja y media britnicas, deseosas de trabajar y mejorarse. Aquellos sindicatos eran grupos de inters gremial que defendan salarios y condiciones laborales imposibles de mantener en la era de la globalizacin. Los estibadores organizados del puerto, por ejemplo, que se oponan a reformas necesarias como la casualizacin de la mano de obra descargadora, una imprescindible recuperacin de los valores victorianos de trabajo duro y mano de obra flexible que, un siglo antes, haban convertido Liverpool en el gran puerto del imperio. Nosotros, jvenes engaados por troskistas de Militant Tendencies, estbamos convencidos de que lo que haca la seora Thatcher se trataba de un salvaje atentado contra todos los derechos sociales, laborales y democrticos logrados a lo largo de siglo y medio de luchas y de legislacin progresista en el Reino Unido desde los aos de las primeras asociaciones de trabajadores, el primer sistema de pensiones, la sanidad y la enseanza pblica y redes pblicas de apoyo social finalmente sistematizadas por el informe Beveridge de 1942, puesto en marcha al final de la Segunda Guerra Mundial por los laboristas de Clement Attlee. Ingenuos e indisciplinados, salimos a al calle a protestar, a veces , con mucha violencia, por ejemplo, durante aquella huelga de los mineros retrgrada en 1984. Defendamos a quienes se pelearon con la polica en las calles de Brixton, Toxteth, y Bristol en los lamentables disturbios de la under class de 1982 y luego contra el impuesto poll tax, tan necesario para cuadrar las cuentas del estado. Perseguimos a diputados tories a veces hasta sus casas como autnticos gamberros inconscientes de la gran tradicin de la democracia britnica, tan civilizada comparada con pases que apenas conocan las libertades como Espaa. Yo recuerdo una vez en el lobby de la London School encontrarme con Francis Pym el ministro de Defensa que haba coordinado la heroica respuesta a los generales argentinos en las islas Falkland. Y yo en aquel entonces era tan hooligan y carente de espritu democrtico que le grit. Pym! y cuando me mir , aad. Youre a bastard! A quien le puede extraar que los patriotas de la National Front y el British Movement saliesen con palos y pancartas que rezaban Youre going the right way to traitors gate (vais bien encaminados a la puerta de los traidores) cuando hicimos aquella deplorable marcha anti guerra en 1982 desafiando a la valiente dama? Nos comportbamos ms como anarquistas espaoles en aquellos aos que como sujetos britnicos formados con el ejemplo de grandes instituciones como la Cmara de los Comunes y los Lores, y la noble City londinense con sus venerables beefeatersy merchant banks (bancos de inversiones) y sus ejecutivos con bombin y trjaes a rayas pin stripe.. Sin olvidar a la magnfica Reina Isabel tan admirada como la seora Thatcher ( que en algun momento adoptara tambin la primera persona plural we de la monarca), una sociedad que entenda y aun entiende que la nacin debe tener su referente por encima del ciclo electoral. Imagnese aquella letra de los Sex Pistols, God save the queen , the fascist regime!que hasta lleg al nmero uno de los cuarenta principales debido a nuestra perversin cultural juvenil, patologa que pronto seria corregida con la ayuda de Mrs Thatcher. En aquel jubileo para conmemorar el aniversario 25 de Elizabeth II, bamos con chapas lamentables y violentas que decian Stuff the jubilee!

Ahora, como residente de la Espaa de Mariano Rajoy y del Partido Popular apoyado en su programa de necesarias reformas estructurales y de flexibilizacin laboral por la disciplina de los mercados de bonos y del Bundesbank alemn, s que todo eso era y es imprescindible para competir en la economa global . Entiendo que no se puede tolerar que jvenes salgan a la calle e intimiden a los valientes polticos que defienden la necesidad de que quienes, (gracias a la generosidad liberalizadora de los discpulos espaoles de la dama de hierro y de su programa de privatizacin de viviendas pblicas) hayan comprado una vivienda con hipoteca, sean responsables y reembolsen todo al banco. Ya entiendo la importancia para pases como Espaa ahora del heroico ejemplo de la dama de hierro y su lucha contra la cultura de la dependencia y contra los estafadores de familias sin trabajo -muchas de ellas inmigrantes- que pretenden robar a nuestros contribuyentes cobrando pensiones y prestaciones. Ahora s que Mrs. Thatcher no destruy una sociedad y una economa sino que regener una Gran Bretaa entonces en decadencia, necesitada de violentos ajustes estructurales. Ahora s , verdaderamente great de nuevo, la Gran Bretaa compite a en la economa global. Y este mismo reto ahora lo afrontan -basandose en el ejemplo de la great lady- sus discpulos del barrio de Salamanca, vestidos, quizas por respeto y admiracin, del mismo blazer ingls con escudo de Kings College, portando el mismo juego de palos de golf que los que sola llevar el entraable marido de la seora Thatcher, Dennis.

No haga caso, pues, a nadie que ponga en duda que la dama dejase una economa saneada y competitiva. No haga caso a quienes quisieran mancillar su herencia destacando la prdida enorme de cuota de mercado de las empresas exportadoras britnicas pese a una libra permanentemente floja; o la destruccin de la base manufacturera britnica; la dependencia de la economa de una corrupta lite financiera cuyo negocio se fundamenta en los trucos tributarios de un camuflado paraso fiscal y una ausencia de regulacin preventiva que, en el 2008, hundi la economa mundial. No haga caso a quien destaque los constantes problemas por la balanza de pagos britnica; una economa cuya salud depende de un sector de la vivienda voltil y de un enorme endeudamiento privado; el cero crecimiento britnico registrado desde hace cinco aos y el miedo a una recesin triple dip (de tres bajones) o una deuda pblica que crece como la espuma pese a la austeridad salvaje y tipos de inters muy bajos. No hagan caso a socilogos que resalten el duro impacto social y cultural de un aumento de la desigualdad de renta sin igual en Europa en los 20 aos de Thatcher y gobiernos tory post Thacher. Ni la concentracin de la pobreza infantil en familias sin trabajo cuyo coste presupuestario persistente ahora justifica la final solution de recortes definitivos de sus prestaciones sociales. No se deje llevar por las primeras impresiones cuando coja un tren britnico. No haga caso a periodistas como Martin Wolf en un Financial Times que ya no es lo que erao Larry Elliot, de The Guardian en su nuevo libro Going south, que describe un declive imparable desde los aos Thacher .

Ahora que entiendo que era necesario aniquilar aquel pueblo para salvarlo; desmantelar la economa y la sociedad britnica para prepararla para la dura competencia global del siglo XXI, entiendo tambin lo que se esta haciendo en Espaa en esta gran oportunidad que otros llaman crisis. Pero, quisiera hacer alguna matizacin respecto a los mtodos de la dama de hierroaplicados en un rgimen de cero flexibilidad cambiaria, y ortodoxia macroeconmica como la zona euro. Lo digo tras mantener una conversacin la semana pasada con Patrick Minford, ex asesor econmico de Mrs Thatcher en los aos ochentadespus de una conferencia en la Fundacin Rafael del Pino de Madrid. Minford advirti que aunque los cerebros econmicos del thatcherismo, en aquel entonces, saban que haca falta ser duro, muy duro para romper a esos intereses creados sindicales y esa cultura de la dependencia, no le pareca nada aconsejable ser tan dursimo como el gobierno espaol en el contexto de la crisis del euro. Mi posicin siempre ha sido la siguiente: haz una fuerte devaluacin que cree un entorno de crecimiento y esperanza y luego ya puedes hacer las tareas pendientes, dijo. Aplicar soluciones thatcherianas sin disponer de herramientas macroeconmicas para reactivar la economa, como una divisa que puede devaluarse, una poltica monetaria expansiva o recortes de impuestos, es muy peligroso, me advirti Minford. Aguantar la sociedad?, pregunt. Los economistas thatcherianos, prosigui, infravaloramos hasta dnde estn dispuestos a llegar en Europa sin tirar la toalla. Recuerda un poco al militar que posiciona las tropas con el ro atrs para que no haya posibilidad de retirada. Ni la seora Margaret TINA (There is no alternative) cerrara todas las vias de escape, vino a decir. Aunque no haya masacre en la orilla del ro, supondr aos dcadas de estancamiento y paro. Va a ser una historia de terror. Ms austeridad, bajo crecimiento y cada vez mas regulacin, prosigui. Es decir que, Minford quizs se senta honrado de ser uno de los padres intelectuales de los thatcherianos del PP: Muy bien que Espaa y la europeriferia quieran seguir a la dama de hierro en sus reformas, con toda esa disciplina victoriana y blazeres de Oxford! Jolly well done! Pero, cuidado amigos espaoles, habra aadido. Porque hacerlo en la periferia encorsetada y deprimida de la zona euro sin crecimiento, sin herramientas de expansin macroeconmica y sin la posibilidad de aprovechar devaluciones para suavizar el trago venenoso de la austeridad, lo que se avecina va a ser aun ms doloroso, ms desesperanzador,ms violento, para los espaoles de lo que fue en el Reino Unido en los ochenta. Es algo que creo que siempre entenda Margaret Thatcher, me dijo Minford. "Que para hacer las reformas, hace falta la esperanza".

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/diario-itinerante/?p=1822



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