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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2013

Que Dios y la Patria os lo demanden...

Susana Merino S.
Rebelin


Todas, casi todas o la mayor parte de las dramticas circunstancias que tanto de forma prevista como imprevista vive la sociedad, son consecuencia directa o indirecta de las decisiones polticas absolutamente inconsultas o, lo que es peor, decididamente contradictorias con las promesas electorales de los gobernantes. Las recientes inundaciones tanto como las reiteradamente sufridas a lo largo de dcadas por las poblaciones de la capital y del gran Buenos Aires son el resultado inexcusable de la ignorancia, la desidia, el menosprecio por el bienestar de los mandantes sumados a la codicia, la ambicin y el inters individual de los sucesivos funcionarios que han desempeado cargos electivos o no en todos los estamentos del gobierno.

Nos sorprenden los acontecimientos y nos conmueven las catstrofes que golpean material y espiritualmente a grupos cada vez ms numerosos de poblacin. Se suceden las quejas, los reclamos, la indignacin aunque se ponen tambin de manifiesto, es cierto, los aspectos ms valiosos de los que es capaz el gnero humano, la solidaridad, la generosidad, la capacidad de hermanarnos con los que sufren. Sin embargo siempre e indefectiblemente queda en suspenso sine die y sin que ni siquera se mencione la mayor de las causas que originan estas situaciones: la responsabilidad de quienes en el ejercicio del poder pblico contribuyeron por accin u omisin a su desencadenamiento.

Es decir, yace olvidada o tal vez ahogada por el mismo vrtigo hdrico y las urgencias del momento la nica y ms genuina garanta de una sana convivencia social: la justicia. Nadie piensa en identificar a los culpables como se hara en cualquier otro crimen de menor magnitud, porque esto tambin es un crimen, un verdadero magnicidio, no porque se trate de un rey o de un jefe de Estado, sino porque se trata de un enorme ataque a los sectores ms vulnerables de la sociedad, a los que contribuyeron en mayor grado a la entronizacin de esos dirigentes que traicionndolos luego generan las condiciones que los conducen a esta especie de condena colectiva de larga, reiterada e impredecible duracin.

Surgen algunas voces que sealan la responsabilidad de los agentes inmediatos, de quienes se hallan desempeando actualmente tareas de gobierno, pero los que estn hoy no estarn maana y sus culpas se diluirn en una nebulosa que los ocultar en los pliegues ms recnditos de la historia. Como ha sido siempre. A quienes hay que buscar, sealar y juzgar es en primer trmino a todos los que los precedieron. Resulta muy cmodo delegar en Dios y en la Patria la administracin de justicia con la seguridad de que esa justicia nunca llegar para aqullos que no cumplieron su deber, o lo que es peor an, procedieron a enriquecerse y a gozar de prebendas y privilegios sobre la base del engao, de la mentira, de la especulacin y de las espaldas de los contribuyentes que confiaron en ellos.

Quines sino los emprendedores con la aquiescencia y beneplcito de los funcionarios de turno han venido interviniendo en el territorio durante los ltimas cinco o seis dcadas para que cada vez sean ms graves las consecuencias provocadas por las lluvias torrenciales. Es as como en la capital se ha incrementado la densidad urbana sin ampliar los desages pluviales, impermeabilizando el suelo y reduciendo las reas verdes capaces de absorber el excedente de agua que escurre por la superficie, construyendo en su lugar playas de estacionamiento subterrneas y eliminando los pulmones de manzana y por lo tanto su condicin de espacios permeables, impermeabilizacin a la que tambin colabora la red de bases de hormign de los edificios de gran altura que contribuyen a impedir el normal escurrimiento de las aguas o su penetracin en el subsuelo. De acuerdo con los conocimientos tcnicos disponibles estas consecuencias fueron siempre previsibles pero los dirigentes polticos y los inversores han preferido invertir en lo que redita a sus propios intereses y no a los de la poblacin.

En las zonas periurbanas en cambio el crecimiento acelerado de la regin sin la adopcin de normas de planificacin del territorio basadas en sus condiciones geogrficas ha conducido no solo a perjudicar a grandes contingentes poblacionales, sino tambin a que los costos sean finalmente pagados por el conjunto de la sociedad, exigiendo la realizacin de obras que no contribuyen a la solucin de los problemas puesto que por lo general no se concentran en modificar o eliminar el origen de los daos, sino solo en paliar temporalmente las consecuencias.

No siempre se omiti contemplar los riesgos de poblar zonas anegadizas como lo muestra un Decreto de 1949 en que se describen los problemas que puede generar el incremento de los loteos urbanos cuyo planeamiento y solucin debe prever el poder pblico sin embargo poco tiempo despus, en 1953, ese Decreto fue en gran parte derogado respondiendo a los ataques de los interesados directos, es decir, de los loteadores que vean perder su negocio y aunque en el nuevo decreto persiste la prohibicin de ofrecer lotes sin infraestructura, nadie se preocup de impedir la aparicin de loteos clandestinos en zonas inundables.

Segn algunos estudios realizados en el rea metropolitana a nadie, ni especialmente a las autoridades locales preocupa demasiado elaborar Cdigos de Ordenamiento Urbano de modo que las decisiones quedan al albur de la discrecionalidad de los funcionarios que eximen o convalidan la aplicacin de normas improvisadas segn su inters o conveniencia, de manera que todo se resuelve a espaldas de la ciudadana cuyos perjuicios tambin, directa o indirectamente, est luego obligada a asumir.

De manera que volviendo a la idea original es menester que sea tambin la sociedad la que de algn modo asuma la funcin de ese Dios o de esa Patria que evocan los juramentos tradicionales de los polticos y de los funcionarios, nicos responsables de las estresantes situaciones a las que en definitiva condenan a la poblacin. Pero no solamente a los actuales, ya que dichos problemas como se puede advertir son la sumatoria de cientos de sucesivas sancionables conductas administrativas y polticas cuyos verdaderos responsables han pasado a integrar un silencioso y casi hermtico pasado. Pero que no lo es tanto si nos decidimos a acudir a los archivos, los expedientes, la prensa y comenzamos a seguirles el rastro a esos todava ignorados autores de las criminales situaciones a que nos han conducido sus como mnimo irresponsables decisiones o en la mayor parte de los casos sus seguras y corruptas connivencias con el poder econmico.

Si la sociedad no se decide de una vez por todas a exigir rendicin de cuentas a su dirigencia poltica y a condenar fehacientemente sus reprobables conductas, si sigue aceptando que se diluyan en el pasado todas las responsabilidades sobre consecuencias que se tornan indefinidamente permanentes o que se agravan an ms con el correr de los aos, ser muy difcil lograr que los nuevos gobernantes, fueren del color poltico que fueren no se dejen seducir por el atractivo del dinero con el cque, en todos los niveles, el capitalismo compra conciencias y procederes. Y sern las generaciones futuras las que, cada vez ms se vean enfrentadas a caticas situaciones e inimaginables prdidas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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