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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2013

La marcha del 9 de abril
tica y esttica del dolor

Luz Marina Lpez Espinosa
Rebelin


Tal como estaba avisado y previsto, este nueve de abril de 2013 se celebr en las principales ciudades colombianas, a iniciativa del nuevo Movimiento Poltico y Social Marcha Patritica, una movilizacin ciudadana que hiciera de pronunciamiento incontestable a la manera de un mandato popular del pueblo soberano, para llevar a buen puerto las negociaciones de paz que el gobierno del presidente Juan Manual Santos adelanta con la guerrilla de las FARC en La Habana, Cuba.

Lo cierto es que la Marcha por la Paz como se la conoci, super en mucho las ms optimistas expectativas. Y para frustracin de los pequeos pero muy poderosos crculos de la ultraderecha nacional encabezada por el ex presidente lvaro Uribe Vlez, en slo Bogot y partiendo de clculos matemticos serios, ms de un milln de personas se volcaron a las calles en el ms apotesico pronunciamiento ciudadano que haya habido nunca en el pas: ms de un milln marchando todo el da, muchos despus de haber cubierto largas y fatigosas jornadas desde las ms distantes regiones. Todos, dando un lapidario No! al mencionado ex presidente, que haba agitado personalmente y a travs de su influyente crculo de aduladores, la consigna dada al pueblo de no ratificar con su presencia ese acto por tratarse de una como siempre- iniciativa del terrorismo en inters exclusivo suyo.

Hablando como analista poltica, el apotesico acto de este nueve de abril es un indicador que debera significar el entierro poltico de Uribe Vlez como orculo de una parte significativa del pas, el fin de sus pretensiones de caudillo. No otra cosa lo impone tan abismal divorcio con el sin discusin principal inters popular del momento: el xito de la negociacin de paz con la guerrilla, una paz hay que acotarlo porque lo demanda la multitud en todas partes, con justicia social.

Fue grandioso lo vivido el martes 9 de abril hay que reiterarlo. Por motivos muy significativos. Esa abigarrada y tenaz muchedumbre que march en claro apoyo al proceso de paz con las FARC., agit mediante las ms originales y expresivas formas dramatizaciones, danza, fotografa, escritos, poesa, canto y msica- sus ms sentidas aflicciones. Hubo una tica y una esttica profunda y dolorida, que desde el arte y la vida expres la verdad del sufrimiento. Del que se ha victimizado a millones con excusa de la confrontacin.

Vida, verdad y arte fueron entonces los marchantes principales. Y no puede dejarse escamotear el dato cardinal que ellas referan: que los oprobios denunciados aludan fatalmente a algo que es baldn para el gobierno y el poder militar dominante, el relato de los hijos desparecidos, los hijos torturados, los hijos muertos, los masacrados. Pero no a manos de la fatalidad ni del acaso, sino del Estado; ejrcito y polica principalmente. Ninguna expresin vimos denunciando agravios similares por parte de la guerrilla y clamando justicia. Al contrario, esos indignados pendones de Sin perdn ni olvido remitan a espantables crmenes de Estado.

Por eso, la inequvoca lectura de la marcha de este 9 de abril no permite fraudes ni falsificaciones como ya desde el mismo momento de su realizacin lo estamos viendo tanto por parte de los medios de comunicacin como del mismo presidente de la repblica -entusiasta marchante cuando vio que el hecho devena arrollador- y del mando militar y policial. Y esta farsa no puede dejarse prosperar. Ella implica una distorsin histrica y mutilar de su proyeccin un suceso de la mayor relevancia para el futuro inmediato del pas y para el bien comn. Estamos hablando de que precisamente el 9 de abril, cuando de manera oficial se celebra en Colombia el da de las vctimas, se pretende escamotear por los mencionados poderes la queja y el drama de los victimizados torpe pleonasmo decir que del Estado-, para presentarlo como da de las vctimas s, pero las causadas por la insurgencia. Absolviendo as, de una parte al Estado por miles de documentados crmenes de lesa humanidad, y de otra, ms irritante an, convirtiendo esta gran marcha y este da en acto de solidaridad con la fuerza pblica causante de las violaciones por las que cientos de miles clamaron.

Entonces este magnfico nueve de abril no fue como burdamente lo quiere presentar el gobierno, homenaje a una nueva categora de victimas que quieren acuar para desaparecer a las verdaderas. Esas son aquellas que en razn de su pertenencia a la fuerza pblica y del riesgo nsito en ello, resultan no vctimas porque esta categora es privativa de la poblacin civil no contendiente agredida por los armados, sino afectados en su vida o integridad por una contingencia del oficio escogido y libremente asumida. Y esta afirmacin no es ideolgica. Es elementalmente conceptual. Acaso el Estado reconoce como vctimas a los rebeldes muertos, mutilados, ciegos, parapljicos? He ah entonces la razn esclarecedora.

Esa espuria lectura oficial, como una burla de la apotesica manifestacin de este nueve de abril, fue lo que hizo el presidente Juan Manual Santos cuando centr su participacin en homenajear y honrar a las nicas vctimas que reconoce: no los dos mil jvenes asesinados en los infames falsos positivos del ejrcito bajo su mando cuando se desempe como ministro de defensa, sino los militares y policas heridos o cados en combate. A quienes es forzoso decirlo, se prodiga toda suerte de reconocimientos y toda clase de indemnizaciones y prestaciones como vctimas del conflicto. De los miles de campesinos asesinados por la fuerza pblica en sus operaciones gnesis, centauro, cndor, orin, espada de honor, etc., nada; de los treinta mil detenidos desaparecidos, nada; de los cientos que reposan en las fosas comunes a resultas de esas operaciones en el Ariari La Macarena, Granada, San Martn, Vista Hermosa, etc.-, nada. Slo olvido y ms olvido.


(*) Luz Marina Lpez Espinosa es integrante de la Alianza de Medios por la Paz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante unalicencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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