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(Argumentos para la lucha)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2013

Los derechos siempre se ganan o se pierden en el pulso poltico. Y una forma clara de ese pulso, hoy, son los escraches
Escraches, la democracia que nos han robado

Juan Carlos Monedero
Pblico.es


"Si un perro flauta me acosa por la calle, le arranco la cabeza", dice un diputado del PP. Si por molestarte en la calle mereces ver tu cabeza arrancada del tronco, cul es la pena proporcional por dejarte sin trabajo? Y por no poder pagar el colegio de tus hijos? Y por perder la casa en la que has metido todos tus ahorros durante los ltimos diez aos? Y por endeudarte de por vida aunque adems hayas perdido la casa? Y por perder el acceso a la sanidad, a la universidad, a una pensin, al seguro de desempleo?

Los que dieron el golpe de Estado en 1936 dijeron que los movi el amor a Espaa. Pero de Espaa, como dijo Franco, les sobraba la mitad de los ciudadanos. Que eran espaoles. Que estn todava enterrados en zanjas y cunetas. Desde la patronal nos dijeron que nos furamos a trabajar a Laponia. Una parte importante de los jvenes le ha tenido que hacer caso. Los de siempre. Nunca han existido dos Espaas. Eso siempre ha sido una mentira. Hay una Espaa mayoritaria y una minoritaria con mucho poder, capaz de acercar a su bando a una parte de la mayora. El miedo hace el resto. En la Espaa de ellos siempre estn los mismos. Desde los Reyes Catlicos y su Inquisicin. Por eso, el PP no necesita arrancarle la cabeza a los ltimos que pusieron el miedo en su bando. Estn ah, hechas tierra y vergenza para nuestra democracia.

El poder, sobre todo, posee eficaces herramientas para amedrentar a una parte importante de la ciudadana. Medios de comunicacin, iglesias, puestos de trabajo, presencia social, ritos, cultura y el Hola. Un diputado dice que no le tiembla la mano para volver a ejecutar disidentes. Antes eran rojos. Ahora, como ya no hay Unin Sovitica, son perros flauta. El miedo, y los nombres, siempre los han administrado ellos. Y exhumar asesinados, expropiar unos carritos de la compra, decirles en el portal de su casa que nos estn arruinando la vida y la del futuro, cuestionar la monarqua o recordarles que estn robndose el pas que dicen que aman, les hace caer en una angustia existencial, propia de quien nunca ha tenido la sensacin de sobrar en ningn lado.

La dureza de la respuesta del PP a los escraches es muy lgica. La derecha entiende siempre muy rpido las cosas del poder. La legitimidad del sistema poltico espaol est en cuestin. Cuando los esclavos dejan de interiorizar su condicin, el amo ya no puede dormir tranquilo. El PP lo sabe: lo que ayer era permitido, ahora no lo es. Aunque lo sigan diciendo las leyes. Haban puesto al mismo nivel cosas que no se pertenecen. La Constitucin, las leyes, los jueces, los policas y el portero de su casa les saludaban como personas importantes. Pero han surgido nuevas preguntas. Por qu no permitimos un diputado que defienda la pederastia o la ejecucin de las minoras o la lapidacin de las herejes o adlteras lo perseguiramos hasta debajo de las piedras, porque la democracia tiene derecho a defenderse, pero permitimos un diputado que est a favor de los desahucios? Ese es el cambio. Y es lo que les pone de los nervios. Es una lucha poltica. Si podemos perseguir a los que roban nuestra tranquilidad, estn en peligro. Estamos escribiendo nuevas reglas del juego. Y los que siempre han sido dueos del tablero se asustan.

Los escraches son reformismo. Pero hasta el reformismo asusta. De ah la ridiculez de comparar escraches y terrorismo. Recuerdan Pisarello y Asens que "los escraches son una accin informativa, que se ha de hacer "de manera totalmente pacfica" y sin "importunar a los vecinos". Tambin se estipula que deben realizarse en das laborables y en horario escolar, de modo que los nios nunca sean interpelados. Los casos personales se intentarn explicar sin insultos ni amenazas. Se evitarn ruidos o molestias innecesarios y se procurar ser amables con quienes trabajan en comercios y con los transentes. No todas las antiguas reglas han perdido su sentido. Slo aquellas que nicamente sirven a unas minoras privilegiadas. Pero la situacin poltica est tan podrida que hasta las reglas mnimas de la democracia les estn sobrando.

El escrache es una forma de desobediencia civil. Cumple las tres reglas que marc Habermas para que sea tal y no caiga en otras formas de desobediencia que carecen de legitimidad: son pacficas, lo que se reclama tiene carcter universal no se reclama en exclusiva para uno mismo, sino para todos y se est dispuesto a asumir las consecuencias de los propios actos. La desobediencia civil es una vlvula de seguridad democrtica. Surge cuando las demandas sociales van por delante de las leyes y del comportamiento poltico institucional. Las leyes que ayer nacieron para defender a los polticos del acoso de los monarcas absolutos -inviolabilidad, inmunidad, fueros especiales- se han convertido hoy en formas de privilegio. Si en Espaa tuviramos una Constitucin como la alemana, hace tiempo que el Tribunal Constitucional tendra que haber llamado al derecho de resistencia o habra declarado fuera de la Constitucin a, cuando menos, los dos ltimos gobiernos del Reino de Espaa. Por qu los jueces son tan solcitos para algunas cuestiones y, en cambio, han tolerado la ruina del pas consumada por Zapatero y Rajoy? No cabra situar en la inconstitucionalidad a dos partidos, PSOE y PP, que han dinamitado el carcter social de nuestro pas recogido en el artculo 1 de la Constitucin?

Escriba en otro lugar que vemos con pasmo que lo que estaba prohibido, ahora est permitido sueldos desorbitados, sacar dinero del pas, vaciar instituciones, usar informacin privilegiada, y que lo que estaba permitido derecho a manifestacin, libertad de expresin, derecho de reunin estn, de facto, prohibidos. Vemos que desaparecen las garantas de reparto de la riqueza social y aumentan las desigualdades; que los polticos que gestionan la transferencia de renta desde las clases medias y bajas a los ricos tienen la llave de la puerta giratoria que les permite un futuro cmodo en las grandes empresas; que cualquier tipo de protesta pasa a ser criminalizada por esos polticos que estn gestionando ese robo de los de abajo hacia los de arriba (llevando a suelo patrio lo que antes se haca entre continentes). "Por la mitad de lo que estos estn haciendo yo me he pasado diez aos en la crcel", dice el brker de Wall Street , la pelcula de Oliver Stone, viendo a nuestros actuales dirigentes. Y eso que no saba ni lo de la Infanta, ni lo del coche en el garaje de Ana Mato, ni lo de la escritora fantasma de Mulas, ni lo de los sobres del PP. Cuando lo ilegtimo se convierte en legal, nace el momento de la desobediencia. En Amrica Latina se preguntan a qu est esperando Europa.

Los escraches son nuevas reglas del juego para una nueva partida democrtica. Y tienen la misma oposicin que en su da tuvo el sufragio universal, el derecho a huelga o a manifestacin. El escrache es un dilogo directo con los "mandatarios" que se convierten otra vez, gracias a ese acto de dilogo forzado, en "mandatados". Que es lo que siempre han sido, aunque el abandono de la conciencia democrtica le dio la vuelta a los papeles. Los escraches tenemos que entenderlos como la actualizacin en el siglo XXI de la rendicin de cuentas democrtica, de la exigencia del cumplimiento cabal de los programas electorales (o la convocatoria de nuevos comicios), de la reclamacin de comportamientos acordes con la soberana popular, de la renovacin de la construccin de la voluntad popular ms all de la distancia que marcan los partidos, de la reivindicacin de la honestidad en el ejercicio de los cargos pblicos.

Djenme repetirlo: los escraches son el penltimo intento amable de un pueblo que quiere hacerse escuchar. Con los escraches, el escenario, en cualquier caso, se clarifica: los diputados que no soporten la cercana de los electores, que se marchen. En democracia, es el pueblo el que manda. Aunque expresarnos as parece devolvernos a un lenguaje que se hablaba en tiempos arcaicos. Quieren seguir manteniendo los polticos la impunidad? Quieren trabajar para otro seor que no es el pueblo y que nadie les demande por su traicin? Va a convertirse la poltica en un negocio paralelo al desmantelamiento de los sistemas de previsin social?

La salida fcil es decir que los escraches son una forma de amedrantamiento que pertenece a los regmenes fascistas. Se equivocan. Las tensiones entre sectores sociales pertenecen a todos los regmenes que mantienen desigualdades. Quin sin que se le caiga la cara de vergenza va a defender que un escrache es ms violento que un desahucio, que un despido, que un corralito, que el cierre de la universidad y las urgencias, que una mentira electoral, que las machadas de los antidisturbios, que las multas por ejercer la democracia?

Los que estn en contra de los escraches son los que estn a favor de otras formas de protesta que ya no cambian nada. El mismo diputado del PP que vota en contra de la ILP, es decir, el mismo diputado que construye "fascismo social" expulsando de la ciudadana a una parte importante de los espaoles y espaolas, dice que los escraches se emparentan con las seales pintadas por los nazis en las tiendas de los judos. Es al revs: son ellos los que nos cuelgan la estrella en el pecho negndonos el sustento, la vivienda, la salud. Esa democracia que defienden slo existe en sus discursos. Hace tiempo que se ha ido.

Igual que Israel se comporta con los palestinos con maneras de nazis, el neoliberalismo est haciendo de nuestros pases un enorme campo de concentracin enmascarado en formas democrticas. Una queja que no es oda no tiene efectos democrticos. Por eso los escraches estn devolviendo la democracia perdida o quiz, incluso, estn permitiendo el advenimiento de la democracia que nunca hemos tenido. La democracia se gana siempre en la confrontacin. Por eso dijo Fraga que la calle era suya. Los derechos siempre se ganan o se pierden en el pulso poltico. Y una forma clara de ese pulso, hoy, son los escraches. Es normal que el PSOE, el PP, UPYD, CIU o el PNV estn en contra. Tan evidente como que hay que regresar a los lugares donde nacieron los partidos. A la calle. Los escraches ya han empezado a marcar el camino.

Juan Carlos Monedero es profesor de ciencia poltica en la Universidad Complutense

Fuente: http://www.publico.es/453525/escraches-la-democracia-que-nos-han-robado



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