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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2005

En memoria de lvaro Cunhal
La campesina y su general

Rmy Herrera
Rebelin

Traducido para Rebelin por Juan Vivanco


Fue en septiembre pasado, en 2004, en Serpa, en el sur de Portugal. Se haban cumplido treinta aos despus del primer abril de libertad, en esa tierra rida y rebelde donde florecieron los Claveles que llevamos en el corazn.

Acabbamos de salir, mil, quiz ms, de ese anfiteatro, rojo como nuestra esperanza. Acabbamos de aclamarle, en pie, de gritar al comps con l: A luta continua, a luta continua...

Yo me haba limitado a darle un libro que unos camaradas ilustres, Miguel Urbano Rodrigues, Henri Alleg, Isabel Monal, Georges Labica, Samir Amin y otros haban escrito meses antes.

De ese momento ha quedado una foto, de ese momento del que hablamos, una foto tomada por John Cattalinoto, en la que se nos ve a unos cuantos mirndole como se mira a un hermano mucho ms curtido y, sin embargo, tan cercano.

Fue all donde de repente vi a esa mujer, vieja, minscula, endeble, encorvada bajo el peso de su vida campesina, vestida de negro, con un pauelo negro en la cabeza y un bastn negro en la mano.

Se acercaba despacio, pasito a pasito, en silencio, hasta que lleg a su lado y se detuvo. Ella tambin le miraba como se mira a un hermano de la misma edad y, sin embargo, tan lejano. Le estaba esperando.

Alguien le ayud tomndola del brazo, le invit a acercarse, alguien dijo simplemente:

Camarada Vasco, estaba esperando para hablar con usted.

La mujer avanz hacia l. Los dos se sentaron en el reborde de un pilar, delante del anfiteatro.

Ella le murmur:

Me enter de que iba a venir aqu esta noche, y he venido. He venido para darle las gracias por haber cambiado nuestra vida con la revolucin.

l la escuchaba, inclinado hacia ella, y le estrechaba la mano entre las suyas.

La mujer haba recorrido muchos kilmetros desde su pueblecito del Alentejo para venir a verle. Haba esperado a la puerta del anfiteatro. En toda su vida, nunca haba entrado en un lugar semejante. Se haba quedado all esperando, todo el tiempo, hasta que alguien la vio, tan pequea.

Haba recorrido ese camino para hablar con l, muchos aos despus. Para decirle lo que tena que decirle: obrigada. Por haber dado la tierra a los campesinos, por haber dado pan a su familia, por haberles sacado a todos de la nada de las dcadas de fascismo, largas como la muerte.

Estaba all para decirle, al odo, que su viejo corazn de mujer no haba olvidado, que en su pueblo nadie le haba olvidado, para expresarle la gratitud de los humildes, para decirle que el pueblo que se haba alzado con l no haba olvidado la revolucin.

Estuvieron hablando un buen rato, y sus murmullos se perdan en el fragor de la muchedumbre. Hablaron de esa revolucin detenida, que otros se encargarn de reanimar, que renacer cuando otros hroes, tan valientes como ellos, vuelvan a alzarse contra la nueva barbarie.

Estaban all, tranquilos, como dos iguales. La campesina y su general. Si alguien pregunta: la revolucin, por qu? contestamos: por esto, por todo esto tambin. As era el general Vasco Gonalves.

lvaro Cunhal y l lucharon juntos. l y lvaro Cunhal se fueron juntos. Y nosotros estamos aqu, estamos todos aqu para decir: camaradas, a luta continua, a luta continua...

Y pienso en lo que nos dijo Chvez una vez. Sobre esa mujer de un barrio de Caracas que slo tena la madera de su cama para cocinar, pero an le quedaban nimos para abordar a su presidente y decirle:

Chvez, aguanta ah firme, que nosotros nos mantendremos firmes!




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