Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2014
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2013

Muchos nombres para una sola realidad
Cuentan con nosotros para la paz?

Camilo de los Milagros
Rebelin


El 9 de abril, da oficial de las vctimas del conflicto, no fue posible acordar en la ciudad de Pereira el acto institucional por la paz con las marchas programadas por sindicatos, estudiantes y organizaciones sociales. Los vampiros del establecimiento realizaron un evento en la plazoleta de la Gobernacin con acompaamiento de autoridades locales y mandos militares, mientras la izquierda hizo una movilizacin por el centro de la ciudad. Terrible pero real fue la irona de los periodistas locales: Ni para eso se ponen de acuerdo.

En Bogot, por destreza de encantamiento meditico, la movilizacin de miles de ciudadanos llegados de todas partes para exigir lo mismo de siempre, logr una visibilidad indita. Tal vez porque el Presidente Santos la incluy en la baraja de su pker poltico? Un 9 de abril dnde marcharon los mismos que en octubre durante las movilizaciones de respaldo a los dilogos de La Habana eran peligrosos colaboradores del terrorismo, slo que ahora como el Presidente y el Alcalde de Bogot iban con ellos, la polica no reparti la avalancha de palos que acostumbra, sino que se sum a la caravana. Qu rpido cambian de opinin mi General Palomino, el doctor Santos y los peridicos en ste pas.

Lo curioso es que ms all del consenso por terminar con la confrontacin armada, no existan puntos de concordancia entre ninguna de las partes. En la Casa de Nario se habla de una paz equivalente a prosperidad econmica, con tranquilidad paradisaca para inversionistas y multinacionales. Una paz en todo sentido ms barata al gran capital que el financiamiento a largo plazo del conflicto: simple relacin costo y beneficio. Entre los cuarteles se habla de victoria, no de paz. Si los militares entienden por victoria la aniquilacin total de la insurgencia, es que no han aprendido nada desde cuando el bandolero liberal Jos del Carmen Tejeiro, pasada la guerra de los mil das, se burlaba de la tropa robando los calzones a los antepasados del actual Ministro de Defensa, literalmente, sin echar un tiro.

Para las gentes del comn que en abril del ao anterior pintaron de indignacin la Plaza de Bolvar en Bogot, la paz significa el fin de las masacres y los operativos militares, el cese de la persecucin contra cualquier disidencia, la necesidad de reconocer que el combustible del conflicto tiene su origen en una estructura social infame, de usurpacin, de hambre, de exclusin, de explotacin sin vergenza y sin frenos.

Otros -algn ex presidente con vocacin de pandillero, reconocidos narcotraficantes y honorables propietarios rurales- hacen lo imposible, e incluso ms, por impedir que se avance siquiera un milmetro en revertir el medio siglo de sangre y despojos en el que estamos metidos, esta espiral de brutalidad y salvajismo. Siempre habr a quin convenga que las cosas sigan como estn.

Muy lejos de Bogot y ms de La Habana, por San Isidro, un casero de mil campesinos desplazados que no tiene calles ni atencin de salud, sin transporte ni servicio de alcantarillado, dnde la gente hace sus necesidades en bolsas plsticas y come mal siete das de cada semana, la esperanza en este proceso de paz se me fue a la mierda. All sin duda se entiende algo diferente sobre la paz y la violencia. La ltima se siente a cualquier hora, sin presencia de armas ni detonaciones. Los potreros de miles de hectreas que aprisionan el casero acogen vacas obscenamente gordas, vergonzosamente tranquilas. Esta calma apacible es el significado de la paz? Son haciendas y ganaderas de familias terratenientes del Valle del Cauca, de barones electorales de la zona y de narcotraficantes que cualquiera escuchara nombrar en los noticieros.

Pregunto cmo se pobl San Isidro y me dicen que la gente empez a llegar desplazada -y sigue llegando- a invadir los terrenos pblicos de la antigua va del ferrocarril desde los tiempos de la violencia bipartidista, cuando mataron a Gaitn. Un 9 de abril de 1948. Esta guerra la empezaron los mismos que no quieren ahora que se termine.

En San Isidro, Joanna ha enterrado 3 de sus 10 nios. Muertos de hambre. Roberto tiene 68 aos y todava no sabe escribir Roberto. Franklin vive en un rancho con piso de barro, paredes de barro, calles de barro y techo de chatarras: su cielo es de oxido, su mundo de fango. Mara Emilia no tiene zapatos para sus pies, ni juguetes para sus travesuras. Amparo recoge basuras para poder comer. Su vecina se prostituye. As desde siempre y para siempre.

Estos son todos sinnimos de violencia.

Los nios de San Isidro marcharn el primero de mayo a Pereira, una ciudad que muchos nunca han visto aunque aparecen dentro de sus estadsticas oficiales. Llevarn una pancarta de colores que dice San Isidro: Cuenten con nosotros para lo de la paz. Esta frase tiene varios sentidos posibles. Refleja el anhelo de las vctimas de construir un pas normal dnde no se utilice la excusa de la confrontacin para negar derechos y libertades a los ms pobres. Pero tambin puede leerse como advertencia: sin resolver el conflicto social, sin tener en cuenta a los eternamente humillados y ofendidos, no habr solucin real a la violencia.

La gran paradoja de estos das es que el fin del conflicto sea una realidad cada vez ms deseable, y al mismo tiempo, materialmente imposible. Cuentan con nosotros para la paz?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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