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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2013

Documentos histricos de Punto Final
Defendamos nuestro derecho al socialismo

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


CMO SE GEST EL GOLPE DE ESTADO

Defendamos nuestro derecho al socialismo

Los textos que se publican en estas pginas corresponden al N 182 de Punto Final (24 de abril de 1973). La edicin completa se puede consultar en www.pf-memoriahistorica.org

En la pasada edicin de PF (PF N 181) llambamos la atencin sobre los sntomas de crisis que se advertan a partir de un pronunciamiento de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), que incitaba abiertamente a la sedicin contra el gobierno de la Unidad Popular. La Sofofa -repetimos- es quizs el organismo ms representativo de la burguesa productora. De all la importancia de sus opiniones que, en los hechos, se convierten en orientaciones y directivas para sus partidos polticos, el Demcrata Cristiano y el Nacional.

La lnea marcada por la burguesa a travs de su portavoz, la Sofofa, se tradujo en hechos inmediatos.

LA LEGITIMIDAD DEL GOBIERNO

Ya observbamos que la batuta enarbolada por la Sofofa hizo cantar en primer trmino al ex presidente Frei, que en declaraciones a un peridico italiano afirm: Estamos en el camino al totalitarismo de tipo marxista. Luego entraron a la arena los dems gladiadores reaccionarios para tomar parte en el juego estratgico diseado por la burguesa. El Partido Nacional lanz una declaracin: Ante el desenfreno poltico del gobierno no caben ya sino decisiones excepcionales y recursos extremos. Slo as se evitar que la cubanizacin de Chile se torne irreversible. Agreg -con la altanera propia de la clase que representa- que el PN estudia y revisa en estos momentos la legitimidad del gobierno que nos rige, adems de anunciar sin ambages que procedera que (el Congreso) declare que el actual gobierno ha incurrido en ilegitimidad de ejercicio, lo cual eximira a los chilenos de la dependencia tirnica a que pretende someterlos(1).

El presidente del Partido Demcrata Cristiano, Renn Fuentealba, y otros dirigentes, por su parte, dieron a conocer el documento poltico aprobado por el consejo plenario nacional de ese partido. Luego de declarar que el PDC es un movimiento revolucionario que lucha por una sociedad fundada en el humanismo comunitario: socialista, democrtica y pluralista, el documento admite que el gobierno de Allende conserva todava cierta capacidad operativa, pero que sus errores permiten que una oposicin fuerte sea capaz de vencerlo por medios democrticos. Pero agrega que el PDC llama a los chilenos a tomar plena conciencia de lo que significa la amenaza antidemocrtica representada por el gobierno. En aplicacin de su ya conocida ambigedad y desapego a los principios, el PDC anunci que no tendra inconvenientes en concertar acciones comunes con fuerzas polticas del gobierno o de la oposicin.

ANTICOMUNISMO DEL PDC

Voceros de Izquierda -particularmente del Partido Comunista- elogiaron varios das esa posicin socialista, democrtica y pluralista del PDC, su nimo de dilogo, y su decisin de dejar extinguirse la CODE. Sin embargo, esa actitud siempre alerta a destacar cualquier gesto de buena voluntad del PDC, por ms ambiguo que sea, tuvo otra vez un brusco y amargo despertar.(2)

Todava no se secaba la tinta del diario El Siglo que divisaba en el PDC un posible aliado tctico, cuando el consejo nacional de ese partido entreg una declaracin que La Prensa titul en primera pgina: El PC es partido de vende patrias. Fuentealba, por su parte, atac personalmente al presidente Allende, dicindole lo que nunca nadie se haba atrevido: Creo que la actitud del presidente Allende frente a estos ataques es actitud innoble e impropia de un hombre que se dice hombre.(3)

Dos cuestiones hicieron perder el paso socialista y dialogante al PDC: la revelacin de los 20 millones de dlares que Estados Unidos aport a la campaa presidencial de Frei en 1964 (campaa que dirigi Fuentealba), y los decretos de insistencia que el gobierno envi a la Contralora, obligando a ese organismo a aceptar la requisicin de 41 industrias. Esto ltimo, sin duda, fue lo que llev a la indignacin del PDC y PN a su grado ms alto. Acatando servilmente la orientacin de la Sofofa, ambos partidos anunciaron que podran acusar constitucionalmente y destituir a todo el gabinete del presidente Allende. Eso engendrara una crisis poltica de envergadura. Fuentealba hizo adems un comentario vitrilico: que no pudieron dictarse los decretos de insistencia mientras las fuerzas armadas estuvieron en el gabinete. Segn Fuentealba, ellas se oponan y, en cambio, compartan la exigencia democratacristiana de que el traspaso de industrias al rea social se hiciera mediante leyes despachadas por el Congreso, institucin dominada por el PDC y el PN.

EL REPLIEGUE DE LA ENU

El proyecto de la Escuela Nacional Unificada (ENU) produjo una reactivacin de sectores como las fuerzas armadas y la jerarqua de la Iglesia Catlica que haban permanecido relativamente neutrales. Ambas en la crisis de octubre, por ejemplo, actuaron ms bien como rbitros.

En el saln de conferencias del Ministerio de Defensa Nacional, ante los comandantes en jefe del ejrcito, Marina y Aviacin y 60 altos oficiales por cada rama de las FF.AA., el ministro de Educacin, Jorge Tapia, explic el 11 de abril el proyecto de la ENU. El clima fue adverso al proyecto y la oposicin castrense estuvo encabezada por el director general de los Servicios de la Armada, contralmirante Ismael Huerta Daz. Se trata del mismo oficial naval que fue ministro de Obras Pblicas en la primera fase del pasado gabinete UP-generales y que renunci a ese cargo en discreto desacuerdo con el gobierno, lo cual trascendi convenientemente a la prensa derechista. Esta vez tambin los peridicos reaccionarios tuvieron oportuna y amplia versin de lo tratado sobre la ENU, a puertas cerradas, en el Ministerio de Defensa, adems de una copia de la extensa intervencin del contralmirante Huerta.

En esencia su perorata -aplaudida, segn se dice, por los oficiales asistentes-, constituy un venenoso ataque al rea de propiedad social y una cerrada oposicin a la reforma de la enseanza. Segn el contralmirante Huerta: El proyecto ENU desde el comienzo y en todo su texto, habla del proceso de transicin al socialismo y, obviamente, tiende a preparar a la ciudadana para vivir en un Estado socialista. Ahora bien, en todos los pases socialistas del mundo y de la historia, las FF.AA. se han transformado en un elemento poltico. Despus de una cita de Lenin! agreg: fue el ejrcito el que se opuso al triunfo del comunismo en Alemania (1919) y en Espaa (1936), preguntndose: Cul ser el futuro de las FF.AA. chilenas cuando se nutran de un pueblo educado en una doctrina socialista para la construccin de una sociedad socialista, moldeada su personalidad en los valores del humanismo socialista?(4).

Los obispos catlicos, por su parte, que tambin estuvieron relativamente desactivados en la crisis de octubre, se pronunciaron condenando el proyecto de la ENU.

Estos hechos llevaron al gobierno a postergar la aplicacin de ese proyecto que, aun con limitaciones, era un real desafo al predominio de la ideologa burguesa en la educacin. Presionado por las FF.AA. y por la Iglesia Catlica, el gobierno anunci que la ENU quedar para mejor oportunidad y que ser el Congreso, dominado por la oposicin, el que finalmente decidir mediante un proyecto de ley los principios normativos y directrices del nuevo sistema educacional.

NUEVAS TAREAS REVOLUCIONARIAS

Hasta aqu nos hemos limitado a una relacin de hechos. Pretendemos probar que el curso del proceso est corroborando que tambin para el caso chileno son vlidas las previsiones que sobre la conducta de la burguesa -que jams ha entregado pacficamente el poder- han hecho los maestros de la teora revolucionaria.

Aun en un pas como Chile, donde la democracia burguesa ha echado firmes races, resulta imposible la transicin enteramente pacfica del capitalismo al socialismo. El proletariado est obligado -como en su momento lo estuvo la burguesa-, a aplicar un cierto grado de violencia organizada y metdica para asaltar las posiciones fortificadas del sistema que se pretende reemplazar.

En abstracto, esto no lo refuta ninguno de los partidos chilenos que se rigen por el marxismo-leninismo. Pero en la prctica, algunos suelen relegar esa premisa a un segundo plano. Anteponen a la preparacin revolucionaria de la conciencia y la organizacin de las masas, los mtodos y las palabras de la socialdemocracia parlamentaria.

Aunque tales mtodos persiguen la transformacin por dentro del Estado y, en rigor, deberan tericamente traspasar progresivamente a manos proletarias el control del poder, lo cierto es que en la realidad -como est ocurriendo en Chile- su fracaso demuestra la validez del camino que ense Lenin. Las tesis de Kautsky no slo fueron sepultadas tericamente hace medio siglo -aunque pugnan por reaparecer bajo nuevos ropajes-, sino que yacen bajo la lpida de la experiencia victoriosa del proletariado de todos los pases socialistas.

No obstante, la coyuntura no est como para una indigestin poltica provocada por un atracn de discusin ideolgica. Y no es tampoco nuestro propsito contribuir a ello, sin perjuicio de defender que la prctica de los revolucionarios se ajuste severamente a una poltica de principios.

En PF creemos que se estn cohesionando los factores de una crisis ms grave que la de octubre del 72. Basta observar el prolijo trabajo que despliegan las fuerzas reaccionarias en su intento de demostrar la ilegitimidad del gobierno. Esta ha sido la cantera poltica que los partidos burgueses y las instituciones bajo su control (Parlamento, tribunales, Contralora y medios publicitarios) han venido trabajando con lgica persistente. Su objetivo es provocar la cada o el desplome del gobierno. Eso tiene un significado distinto -aunque logra el mismo propsito- que derrocar al gobierno mediante un zarpazo gorila. De all que el PDC, a travs de sus publicistas, se permita refutar -y hasta tirar las orejas- a la tctica abiertamente fascista de Patria y Libertad. En el marco de una poltica de oposicin desde la base, intentando movilizar masas, y apoyndose en resortes institucionales, el PDC quiere provocar la muerte natural del gobierno y que en el acta de defuncin conste que muri de una ofensiva democrtica.

RECLAMAMOS LA UNIDAD REVOLUCIONARIA

El cuadro de la crisis de octubre se ve agravado por la activacin de sectores de las FF.AA. y de la Iglesia Catlica que aparecan presuntamente neutrales en la lucha de clases. A esto hay que sumar el deterioro de la situacin econmica. Es evidente que encararemos un invierno crtico. Estos factores combinados llevan a una necesaria conclusin: al margen y a pesar de diferencias ideolgicas por ahora insuperables, que trazan una lnea divisoria en el seno de la propia clase trabajadora, existe la necesidad objetiva de encontrar un punto de acuerdo que permita hacer frente al enemigo comn. Lo que reclamamos es un grado elemental de homogeneidad en la Izquierda. La contrarrevolucin no slo puede ahogar en su cuna una experiencia liberadora que sufre enormes debilidades y que ha cometido numerosos errores. Puede, adems, y eso es lo que pretende, arrasar con toda la organizacin de masas, que es el fruto ganado por los trabajadores en largos aos de difciles luchas. Puede, ciertamente, retrasar quizs por cuanto tiempo la conquista del poder por el proletariado.

Esto es lo que hay que medir a la hora de intentar (o dejar de hacerlo) un nuevo esfuerzo por la unidad de los revolucionarios. En el seno del gobierno confluyen tendencias obreras, pequeoburguesas y burguesas(5). Ello hace difcil -si no imposible- trazar una estrategia coherente, desde un punto de vista de clase, para avanzar hacia el poder. Pero es posible, en cambio, coordinar en forma independiente y a la vez paralela al gobierno, una alianza de clase que permita a los partidos que dentro y fuera de la Unidad Popular luchan por el socialismo, enfrentar en conjunto algunos momentos tcticos de la lucha de masas.

No queremos escribir en clave. Concretamente nos estamos refiriendo a los partidos Socialista, Comunista, Mapu y MIR. Existen diferencias entre ellos y, en su conjunto, con el MIR. Ms all de las frases de buena crianza sobre la unidad, est la conciencia de que esas diferencias -que a veces llegan a grados de hostilidad abierta- existen y son reales. Pero todos, en conjunto, representan a la mayora de la clase obrera, de los campesinos, los pobladores y los estudiantes. A ellos hay que sumar la Izquierda Cristiana que, si bien no es un partido marxista-leninista, apoya el objetivo histrico de la clase obrera, y sectores del Partido Radical que tambin aportan su contribucin.

En absoluto pensamos en acuerdos superestructurales, aun cuando opinamos que las relaciones entre esos partidos y el MIR deben llevarse en un plano que excluya el clandestinaje que permite condenar pblicamente a quienes en privado se consulta y reconoce como revolucionarios honestos.

Nuestra proposicin (que por lo dems ya es una realidad en algunos planos especficos), est dirigida a la base. Tanto en octubre como en otras situaciones, la clase trabajadora impuso a la superestructura poltica la unidad revolucionaria de facto . Se trata de convertirla en una poltica permanente y de reforzar los pasos que conduzcan a ese propsito. Levantamos esta proposicin dirigida a la conciencia de los revolucionarios que estn en las filas de diversos partidos, para enfrentar con xito a la contrarrevolucin y para asegurar la posibilidad de avanzar en la construccin del socialismo. Hay que bloquear la erosin que produce el sectarismo en el movimiento de masas. Hay que enfrentar y desarmar ahora, unidos, al enemigo. Hay que imponer una poltica de clase apoyada por el conjunto de los revolucionarios. Los sacrificios ideolgicos que hoy se hagan se podrn recuperar centuplicados cuando la lucha de los trabajadores tome el impulso irresistible que podra darle la conduccin coordinada de quienes de verdad se proponen hacer la revolucin. Un grado mnimo de unidad, por ltimo, no excluye la lucha contra el reformismo ni contra presuntas o reales desviaciones de Izquierda, aunque las encuadra en el marco de un adecuado realismo poltico, frente a la amenaza del enemigo de clase.

MANUEL CABIESES DONOSO

Notas:

(1) El Mercurio , 14 de abril, 1973.

(2) El Siglo del 15 de abril de 1973, bajo el ttulo: Frei impuso una vez ms su poltica dentro del PDC, se vio obligado a reconocer que la faz progresista del PDC no es ms que una careta, nada ms que palabras y buenas intenciones de algunos en determinados momentos.

(3) La Prensa , 12 de abril, 1973.

(4) La Segunda , 12 de abril, 1973.

(5) Voto poltico del XXIII Congreso del PS. La Serena, enero de 1971.

RECUADRO

Carta de Prats a Punto Final  

Punto Final -a travs de nuestra compaera Mara Eugenia Saul- solicit el 5 de abril de 1973 una entrevista con el general Carlos Prats Gonzlez, comandante en jefe del ejrcito. Se le someti a un cuestionario que abarca diversos aspectos de inters sobre el rol que cumplen las fuerzas armadas. Al mismo tiempo, se dio a conocer al general Prats que PF se propona realizar una serie de crnicas y reportajes sobre este tema, estimando sumamente valioso incluir en forma prioritaria una entrevista al comandante en jefe del ejrcito. Asimismo, anteriormente, PF haba intentado, sin xito, entrevistar al ministro de Defensa Nacional, Jos Toh Gonzlez. A raz de la respuesta del general Prats -que publicamos a continuacin- PF dirigi el mismo cuestionario al ministro Toh, en un nuevo esfuerzo por informar ampliamente a nuestros lectores de un asunto de mxima importancia pblica.

La carta del comandante en jefe del ejrcito y ex ministro del Interior, es la siguiente:(*)

Santiago, 10 de abril de 1973

Seorita

Mara Eugenia Saul

Presente

Seorita periodista de Punto Final :

Ayer me impuse de su nota y cuestionario de fecha 5 de abril.

Le agradezco su deferencia de informarme del inters que tiene la direccin de Punto Final en abordar el tema Los militares y el poder civil, en torno al cual se pedir la participacin de diversas instituciones, inicindolo con una crnica del ex senador don Ral Ampuero.

En cuanto a su peticin de que d respuesta al cuestionario que me enviara, le ruego me excuse de hacerlo, por el momento, ya que sus preguntas sobre Seguridad Nacional y sobre Independencia o dependencia de las Fuerzas Armadas del sistema capitalista, siendo las de mayor inters, inciden en temas de poltica militar, que correspondera abordar al escaln poltico, a travs de su ejecutor, que es el seor ministro de Defensa Nacional, en funcin de lo que denominamos el debido conducto regular.

Las preguntas referidas al Ejrcito como institucin, que podran aparecer como de mi directa incumbencia, tienen tambin un carcter extensivo a las tres instituciones armadas y algunas de ellas inciden en materias tcnicas clasificadas y no meramente de sociologa militar, que son las que procede debatir pblicamente.

Junto con disculparme de nuevo, por no estimar adecuado acceder por ahora a sus deseos, le aseguro que seguir con especial atencin el debate pblico en que esa revista involucrar al sector militar de la sociedad chilena.

Saluda atentamente a Ud.,

CARLOS PRATS GONZALEZ,

general de Ejrcito,

Comandante en Jefe.

(*) Publicada en Suplemento de PF 182, de 24 de abril de 1973.

Publicado en Punto Final, edicin N 779, 19 de abril, 2013

 

www.puntofinal.cl

www.pf-memoriahistorica.org



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