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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-06-2005

Mohamed VI: la perpetuacin del Estado paralelo

Pedro Rojo
Pueblos n 16


Es Mohamed VI digno heredero de su padre Hassan II y su abuelo Mohamed V? Sin duda. En apenas cinco aos de gobierno ha afianzado el majzen, el Estado paralelo que realmente es quien gobierna el pas. Durante este periodo el majzen ha llevado a cabo algunas reformas puntuales; gestos que se han realizado mientras se incrementan los niveles de desigualdad social y pobreza y se mantienen los privilegios arbitrarios de la elite.

En estos aos el majzen ha dado el golpe de gracia a los partidos polticos histricos y ha conseguido que los islamistas moderados capitulen sin condiciones a su juego pseudo-democrtico; ha sabido contentar a Occidente dando bazas a sus aliados sobre las que defender la buena imagen de su amigo marroqu: primeras elecciones limpias y transparentes de su historia (septiembre de 2002); reforma del Cdigo de Familia; creacin de la Instancia Equidad y Reconciliacin para revisar los crmenes del Estado en el pasado, pero sin profundizar, ni sealar a los culpables, ni abarcar las violaciones de los derechos humanos del actual reinado.

Los procesos electorales favorecen al majzen

El golpe definitivo a los partidos que histricamente haban sido la oposicin al rgimen alau se gest en los ltimos aos de reinado de Hassan II, cuando mand formar gobierno al socialista Abderrahaman Youssoufi en 1998. Fue el llamado gobierno de alternancia. Pero tras la muerte de Hassan II, Youssoufi conmut la transicin poltica que deba generar ese gobierno en una transicin monrquica. Su mejor legado fueron las elecciones legislativas de septiembre de 2002. Aunque se registraron irregularidades, la mayora de los partidos polticos, incluido el islamista moderado Partido Justicia y Desarrollo (PJD), principal damnificado de dichas irregularidades, acept los resultados de las elecciones ms limpias de la historia de Marruecos. Elecciones que a pesar de la intensa campaa institucional y de los partidos registraron una participacin del 52 por ciento del censo.

La forma de entender la democracia del monarca le llev a no encargar la formacin del gobierno al lder del partido ms votado (los socialistas de la USFP) sino a Dris Yett, tecncrata que no haba concurrido a las elecciones, pero que haba demostrado fidelidad a la corona gestionando a la perfeccin desde el Ministerio de Interior los comicios legislativos. Las presiones de Palacio y la debilidad de los partidos histricos de la oposicin (USFP e Istiqlal), lograron que stos aceptasen formar parte del nuevo gobierno. Aceptar participar en un gobierno donde no podran implementar los programas por los que les haban votado fue la puntilla para la credibilidad de unos partidos que, dirigidos por viejos dinosaurios de la escena poltica, han claudicado al juego de prebendas que genera el Parlamento, perdiendo definitivamente el vnculo con el pueblo. Sorprendentemente, se dej al PJD como nica fuerza importante de oposicin, facilitando su meterica carrera ascendente, tanto en escaos como en apoyo popular.

Pero los atentados del 16 de mayo de 2003 en Casablanca propiciaron la excusa perfecta para que el circo democrtico del majzen domesticase a los populares islamistas. Tras los atentados, Mohamed VI anunci que se prohibir la creacin de partidos sobre bases religiosas, tnicas, lingsticas o regionales[1]. Bast con estas palabras y alguna presin desde el Ministerio de Interior para que el ala moderada del PJD convirtiese al partido en otro dcil actor de la escena democrtica: se oblig a dimitir al presidente electo del grupo parlamentario del PJD, Mustafa Ramid, de corte ms radical; tambin dimiti como lder de la corriente interna Monotesmo y Reforma, Ahmed Risuni, tras cuestionar el cargo de emir de los creyentes que ostenta el rey; y finalmente se llev a cabo el relevo generacional en la cpula del partido donde Abdelkarim Jatib fue sustituido como secretario general por el moderado Saadedn Ozmani.

Las elecciones municipales de septiembre de 2003 sirvieron para constatar tres puntos:

- La victoria del majzen frente a los partidos polticos, plasmada en la escasa repercusin que tuvieron las elecciones entre la poblacin. El dato oficial de participacin (54 por ciento) es segn todos los observadores exagerado.

- La desacreditacin, y consecuente descalabro electoral, de la USFP como referente poltico. Sin embargo la derrota municipal no ha servido para que Mohamed Yazgui, secretario general que sustituy a Youssoufi, se replantee su permanencia en el gobierno.

- La constatacin de que la campaa de demonizacin que se lanz contra el PJD como instigador intelectual de los atentados de Casablanca no cal en la sociedad marroqu[2], ya que a pesar de presentarse en apenas el 20 por ciento de las circunscripciones fue la segunda fuerza ms votada a poca distancia del Partido Istiqlal.

El rgimen monrquico, con su entramado de intereses econmicos y clientelistas, sali muy reforzado de estos procesos. Mantiene el control real del pas a travs de figuras designadas desde Palacio (gobernadores, prefectos de seguridad, muqadem de barrio, consejeros reales...) con mucho ms poder efectivo que los polticos elegidos democrticamente, meros gestores de las polticas que se les imponen. De esta forma Mohamed VI ha logrado desactivar a la clase poltica, provocando que el pueblo se desvincule de la desacreditada vida poltica. La idea del majzen consiste en que ante la falta de referentes polticos solventes el pueblo apoyar, o al menos se contentar, con la continuidad que representa Mohamed VI.

La oposicin: islamistas y prensa

En un artculo publicado en el peridico Al Usbue[3] se alerta sobre que el peligro en Marruecos no son los integristas, sino la falta de oposicin, de debate, de ideas. Existe la democracia si no hay oposicin? Quiz se le haya escapado al majzen este aspecto en la estrategia de control del pas, o quiz no le parezca relevante. En cualquier caso no va a ser ningn articulista marroqu el que sancione la democratizacin del rgimen. Adems, mientras Mohamed VI siga contando con el respaldo internacional no tiene por qu permitir crticas internas que, adems, encaja muy mal.

El poco halageo balance de derechos humanos de la era Mohamed VI (torturas, detenciones arbitrarias...) no es criticado por sus aliados occidentales ya que se producen en el marco de la intocable guerra contra el terrorismo.

En este ambiente de vigilancia y extremo control destaca la tranquilidad que vive el grupo islamista moderado (ms radical que el PJD) Justicia y Espiritualidad, liderado por el jeque Abdelsalam Yasn. Este movimiento islmico prohibido, pero tolerado por el poder, histricamente considerado como el gran enemigo del rgimen, ha visto cmo la presin de las fuerzas de seguridad descenda tras los atentados de mayo de 2003, cuando los expertos del rgimen se dieron cuenta de que el verdadero peligro islamista no son ellos sino los salafistas y wahabistas radicales que estn detrs de los atentados de Casablanca y Madrid.

Ahora realizan con menos presin su labor de proselitismo a travs de campaas de atencin social y espiritual. Su postura es la nica que se ha mantenido coherente a sus principios sobre el sistema poltico marroqu, habindose quedado como nica oposicin de peso al rgimen, pero sin proyeccin meditica ni parlamentaria. En cada proceso electoral se les pregunta si no estn tentados de entrar en la vida poltica, o de llamar al boicot del mismo, a lo que responden no estar interesados en un juego que no es verdaderamente democrtico, donde los partidos que son elegidos no tienen libertad para implementar sus programas. Esta consistencia en su discurso y su amplia implantacin en la sociedad, merced a su red de asistencia presente en el amplio sector de la poblacin marroqu abandonado por el raqutico sistema social pblico, les configuran como la principal alternativa al majzen.

El inmovilismo del rgimen marroqu, irreconciliable con un horizonte de verdadero desarrollo democrtico, social y econmico[4] ms all de algunas macrocifras e indicadores positivos que no reflejan el estancamiento del pueblo marroqu, sigue generando una falta de confianza en las expectativas, no slo econmicas, que empuja a los marroques a buscar soluciones en la emigracin.

*Pedro Rojo es arabista y director del Boletn de Prensa rabe y Magreb (www.boletin.org ). Este artculo ha sido publicado en la edicin impresa de la revista Pueblos, junio de 2005, pp. 43-44.



[1] Carla Fibla, Marruecos prohibir la creacin de partidos sobre bases religiosas, tnicas y regionales, La Vanguardia, 31/07/2003.

[2] Segn una encuesta realizada para el peridico marroqu Al Ahdaz al Magrebiya, publicado el 11/06/03, y recogido en Boletn de Prensa rabe (www.boletin.org), el 93% de los ciudadanos de Casablanca rechazan el extremismo islamista y no ven en ello una solucin a los problemas del pas.

[3] Lahsen Benhalima, Marruecos en Peligro, Al Usbue, 20/06/03. Recogido en Boletn de Prensa Marroqu (www.boletin.org)

[4] Ver: Mohamed Larbi Ben Othmane, Y a-t-il une vie en dehors du makhzen?, LEconomiste, 26/01/2005. Ver tambin artculo del mismo autor en este nmero de la revista Pueblos.



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