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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2013

Anlisis del nivel de huelgas en el Estado espaol en el periodo 2007-2012

Miguel Sanz Alcntara
Marxismo Crtico


En su artculo del nmero 2 de esta revista, Angie Gago haca una radiografa de la clase trabajadora del Estado espaol, as como de su reaccin general y la de sus organizaciones bsicas de lucha los sindicatos a los efectos de la crisis. Con este artculo queremos complementar su anlisis a travs de una contextualizacin en el tiempo del nivel de las huelgas durante los ltimos cinco aos y mostrar que, lejos de la visin pesimista reinante en la izquierda, la clase trabajadora no ha mantenido una actitud pasiva. Al contrario, encontramos un tendencia gradual, con subidas y bajadas, al aumento de las luchas laborales.

El anlisis de la tendencia de la clase trabajadora hacia la lucha o la pasividad en la crisis es central para comprender lo que est ocurriendo. Aunque las estadsticas de conflictos laborales slo muestran una parte de la explicacin, y sta debe ser complementada con un anlisis poltico, resulta un apoyo importante a la hora de conocer cmo se trasladan las luchas sociales del 15M, por ejemplo y la batalla poltica entre diferentes actores (sindicatos, gobierno, oposicin, etc.) al terreno laboral. En este artculo estudiaremos principalmente el movimiento de los trabajadores y trabajadoras desde el punto de vista de las huelgas recogidas por las estadsticas, e intentaremos conectar estos datos con una visin ms global de lo que ocurre fuera del mbito de la lucha en los centros de trabajo.

Sobre los indicadores

Para el anlisis del nivel de luchas laborales hemos utilizado algunos parmetros estadsticos bsicos, como por ejemplo el nmero de huelgas, el nmero de participantes en estas huelgas y el nmero de jornadas de trabajo perdidas por causa de ellas, en trminos generales y en datos desagregados por sector y rama de actividad. La combinacin de estos parmetros (ms otros indicadores derivados) permite hacerse una imagen aproximada del nivel de luchas laborales en un periodo concreto. Cada parmetro tiene unas implicaciones concretas desde el punto de vista de la organizacin, la activacin de sectores de trabajadores y el dao generado a los empresarios con la actividad de huelga.

El nmero de huelgas muestra el nivel general de lucha, la cantidad de colectivos de trabajadores que se encuentran inmersos en conflictos. Por su parte, un alto o bajo nmero de participantes indica el nivel general de personas implicadas en la huelga. Un nivel alto de participantes indica que las huelgas estn siendo secundadas y que se est implicando a centros de trabajo que agrupan a muchos trabajadores. Un mismo nmero de huelgas puede representar situaciones muy diferentes si se introduce este parmetro. Por ejemplo, en el ao 1978 hubo 1.128 huelgas registradas con casi cuatro millones de participantes, mientras que para las 1.125 huelgas que se registraron en 2009, hubo tan slo 650.000 personas. Por lo tanto, puede decirse que los niveles globales de participantes en las estadsticas muestran, entre otros hechos directos, el impacto social de las convocatorias de huelga.

Respecto al volumen de jornadas no trabajadas, es un dato que nos permite por un lado medir la tendencia hacia huelgas ms o menos duraderas, pero tambin nos mide el dao productivo y econmico que se infiere a los jefes y capitalistas. Representa el nmero de jornadas efectivas que cada trabajador que secunda una huelga deja de producir o prestar su servicio. Es un indicador que tambin refleja el nivel de combatividad y organizacin entre los trabajadores, tanto a nivel de empresa como general, y explica mejor que el nmero de huelgas cul es el nivel de movilizacin.

Otras consideraciones

Estos indicadores estadsticos no son puramente objetivos, pues se fundamentan en la recopilacin de datos realizada por el Estado y la Patronal, principalmente. Las cifras pueden estar sesgadas en funcin de que a cada actor le interese resaltar o disminuir el nivel de lucha laboral en cada momento (en especial el nmero de huelgas y de participantes). En cualquier caso, la utilizacin de estos indicadores permite destacar las tendencias generales, que es lo que nos interesa para el objetivo de este artculo.

Por otra parte, aqu analizaremos, a falta de otras fuentes, los conflictos laborales que tienen como expresin nicamente la huelga. Por este motivo debe considerarse que la conflictividad laboral recogida por los datos estadsticos que utilizaremos no reflejan directamente otros modos de lucha como la manifestacin, las marchas, encierros y protestas varias que se realizan fuera del horario laboral por parte de los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, la huelga suele ser la expresin ms dura de los conflictos laborales y tambin la que refleja mayor determinacin para la lucha por parte de las plantillas de las empresas y centros de trabajo. Por eso debe interpretarse que la conflictividad laboral es mayor de la que reflejan las estadsticas, pues es muy habitual que por cada huelga la plantilla haya realizado antes, despus o durante, otras expresiones de protesta. Adems, no todos los conflictos laborales llegan a tomar la forma de huelga y se ganan o pierden antes que los trabajadores decidan hacerla.

Por ltimo, destacar que con este artculo no se pretende transmitir una visin economicista de la lucha de clases. Es decir, el conflicto laboral cotidiano es la expresin ms directa del enfrentamiento entre la clase trabajadora y los jefes entre el trabajo y el capital, entre el proletariado y la burguesa contempornea, si se quiere, pero no es la nica expresin de la lucha entre clases, que tambin se desarrolla en los mbitos poltico, social e ideolgico, adems del econmico que nos ocupa. Por otra parte, en momentos concretos la huelga puede vehicular demandas esencialmente polticas, como pas durante los aos 70 y la transicin o, a un nivel mucho ms bajo, durante 2003 con los paros laborales contra la Guerra de Irak. Pero, aunque la lucha sea esencialmente econmica, se interrelaciona con los otros campos de una forma compleja y rica. La lucha de clases, como accin global de la clase trabajadora y el resto de clases, est mediada por factores polticos, ideolgicos, organizativos, institucionales, de experiencias sobre victorias y derrotas, conflictos internacionales, etc. El objetivo ltimo que perseguimos es ofrecer un anlisis general de los primeros aos de la crisis y sobre la disposicin actual para la lucha por parte de la clase trabajadora a travs de la huelga, que es una herramienta central y enormemente indicativa de la conciencia de clase, pero no la nica.

La tendencia general del nmero de huelgas y la respuesta a la crisis

Para contextualizar la poca en que nos encontramos partiremos de la dcada de los 70. Es muy cierto que la lucha laboral y las huelgas se dieron tambin, aunque de una forma mucho menos intensa, en las dcadas anteriores del rgimen franquista, pero entendemos que el punto lgido que representan las luchas obreras de los aos 70 permiten entender con mayor claridad de contraste lo ocurrido durante las dos ltimas dcadas del siglo XX y la primera del XXI.

Entre 1976 y 1979 la clase trabajadora vive una serie de movilizaciones muy intensas y su nivel de huelgas, adems de ser muy alto, involucran cada ao siempre a ms de tres millones de trabajadores y trabajadoras. El nmero de jornadas de trabajo perdidas por las huelgas alcanza cifras que nunca ms se volvern a alcanzar si no es a travs de las huelgas generales ya en periodo plenamente democrtico: entre 11,5 y 19 millones de jornadas perdidas por ao. Estos cuatro aos registran 16 millones de huelguistas y las jornadas no trabajadas representan 60 millones, que equivalen a ms de la mitad de las jornadas no trabajadas computadas en todas las huelgas laborales de los siguientes 25 aos1. Esto permite hacerse una idea del nivel de combatividad del movimiento obrero durante la transicin2, pero tambin del bajo nivel relativo de luchas en el que nos encontramos desde entonces.

Para la contextualizacin que nos interesa de la poca actual, pueden establecerse dos grandes periodos en lo referente al dato general del nmero de huelgas. Un primer periodo que abarca desde 1976 hasta principios de la dcada de los 90, en la que todos los aos, a excepcin de 19863, se supera el millar de huelgas; y un segundo periodo a partir de 1994 hasta 2008 en el que siempre se queda por debajo de esta cifra. Con esta divisin general en dos periodos (reflejada en la tabla) podemos hacernos una idea del lento declinar de la combatividad laboral en el Estado espaol, que tiene su punto ms bajo en los ltimos aos del siglo XX y los primeros del XXI.

Entre 1997 y 2006 el nmero de huelgas se sita por debajo de 800, con 705 de media. Si tomamos como referencia esta cifra del millar de huelgas, podremos ver que desde el inicio de la crisis econmica la clase trabajadora del Estado se ha acercado al nivel de conflictos laborales anterior a la dcada de los 90. Este aumento del nmero de huelgas no se ve reflejado en el nmero de participantes y en el volumen de jornadas perdidas, lo que indica que aunque crece el nmero de conflictos, las huelgas involucran a menos gente y son menos duraderas que en la dcada de los 80 cuando tambin se rebasaba el millar de conflictos anuales. En cualquier caso, una primera observacin al nmero de huelgas desmiente que la reaccin de la clase trabajadora a la crisis haya sido la de la pasividad. Como se analizar ms adelante, los aos 2008, 2009 y 2010 recogen un pico de luchas que comienza a decrecer desde finales de 2010 y durante 2011, aunque con una tendencia a la recuperacin en 2012 que deber confirmarse cuando se publiquen ms datos.

Este primer anlisis del nmero de huelgas y la tendencia en la que se enmarcan no puede hacernos olvidar el estallido de las huelgas generales, que son picos de lucha que sobresalen de la trayectoria de fondo. En el Estado espaol existe un excepcional nivel de movilizacin sindical en torno a cuestiones de poltica econmica, reformas laborales, pensiones, etc. a travs de la huelga general. Tanto la huelga general de 1988 como las de 1994 y 2002, denotan una enorme disposicin para la solidaridad por parte de la clase trabajadora del Estado. Son movilizaciones de los que trabajan para proteger a los trabajadores y pensionistas del futuro. Por tanto, en el anlisis de la combatividad deben incluirse las huelgas generales y en qu medida son secundadas, pero debemos diferenciarlas de la tendencia general del nmero de huelgas, que muestran la actitud cotidiana y la disposicin general para la lucha de trabajadores y trabajadoras, y representan por tanto de una forma ms clara el nivel general de combatividad.

Crisis, modelos y pautas

Se ha escrito mucha literatura acadmica sobre la relacin entre los ciclos econmicos y el nivel de huelgas y sobre la influencia del desempleo y la combatividad obrera. Aunque evidentemente existen tendencias generales y el desempleo es un elemento que disciplina a la clase trabajadora para que no luche, la realidad es que para el Estado espaol no existen unas pautas fijas demasiado claras1 respecto a conflictividad laboral y ciclos econmicos. El Estado espaol s sigue las mismas tendencias que el resto de estados de su entorno respecto al decaimiento de la lucha desde los aos 70, pero tambin ha conservado niveles de conflictividad relativos ms elevados: Existe una gran capacidad movilizadora del sindicalismo espaol y un gran nmero de trabajadores y trabajadoras implicados en huelgas. As, si nos fijamos en la tasa media de movilizacin sindical en la dcada 1996/7 -2004/5 [nuestra poca de referencia como ms baja en luchas laborales] la tasa espaola (seguida de la italiana) queda muy por encima del resto de pases2.

Segn la literatura acadmica (y en parte el sentido comn) la conflictividad laboral y el nmero de huelgas crecen en periodos de bonanza econmica, en los que los trabajadores y trabajadoras se sienten ms seguros y confiados para emprender batallas por mejoras y conquistas laborales. Por el contrario, en pocas de retroceso econmico y crisis los trabajadores tienden a retraer sus luchas por miedo a perder su empleo. El desempleo y otras medidas como la reforma laboral tienen un efecto directo sobre la disposicin para la lucha de los trabajadores como veremos, pero tambin median, a veces con mayor intensidad, otros factores ideolgicos y organizativos que pueden contrarrestar estas tendencias, especialmente la actitud de los sindicatos. En este sentido, es llamativo que durante los aos 1996-2002 en los que se registraron tasas de crecimiento econmico entre el 2,4 y el 5%, es cuando menor nmero de huelgas se han producido en el periodo de los ltimos 35 aos3. Al mismo tiempo, en plena poca de recesin como la que vivimos, con tasas negativas de crecimiento, se est registrando un aumento de los conflictos laborales. Estos ejemplos parecen contradecir las pautas acadmicamente establecidas respecto al nmero de huelgas, por lo que debemos poner en duda cualquier modelo que intente explicar la lucha obrera de forma mecnica, sin tener en cuenta las tendencias y contratendencias mltiples de diferente naturaleza que condicionan la evolucin de las huelgas.

El paro es sin duda un elemento desmovilizador, cuyo efecto es difcil de medir pero que marca su presencia. Esto queda claro, como se ver ms adelante, en el retroceso de las huelgas en el sector privado a partir de 2010 y en el cambio de la motivacin de los conflictos ya a partir de 2008. Los altos ndices de desempleo presentes en el Estado espaol inducen una enorme presin concreta en los centros de trabajo para evitar no slo las huelgas, sino cualquier expresin de protesta, pertenencia a un sindicato u otra iniciativa bsica de organizacin de la plantilla. Por eso a los indicadores de conflictividad se le debe sumar el plus de combatividad que significa protestar y hacer huelga cuando existe la presin de ms de seis millones de parados, y no hay ningn indicador que pueda reflejar esta valenta de clase.

La crisis transforma el carcter de la lucha4

A excepcin de los aos 1991, 1992 y 1993, en los que se produjo una recada en la crisis econmica, desde mediados de los aos 80 existe una predominancia de las motivaciones para la huelga relacionadas con la presin para la negociacin de los convenios5. Esta motivacin, junto a otras relacionadas con la obtencin de mejoras fuera del convenio y con problemas relacionados con la organizacin y los sistemas de trabajo, indican una disposicin ofensiva en la mayora de las huelgas (hablamos de tendencia ofensiva de las huelgas, lo cual no quiere decir una disposicin ofensiva general de la clase trabajadora, como por ejemplo la vivida los meses siguientes a la muerte de Franco). Una de las tendencias que destacan desde 2007 a 2012 es el cambio progresivo de las motivaciones para la huelga desde posiciones ofensivas a defensivas. De esta forma, desde 2008 es perceptible que la motivacin principal que siempre haba sido la presin para obligar a negociar al empresario o la presin durante la negociacin del convenio, comienzan a disminuir de forma acusada. En 2006 y 2007 aproximadamente entre el 40 y el 50% de las huelgas tienen motivaciones claramente ofensivas, y menos del 30% representan huelgas de carcter ntidamente defensivo. A partir de 2008 se produce una subida acusada de las huelgas que se producen por expedientes de regulacin de empleo e impago de salarios, y ya el crecimiento de estas motivaciones no para de aumentar (aunque la de los ERE se estabiliza despus de 2010) para prcticamente invertir la tendencia en 2011. Para ese ao y 20126 las huelgas ofensivas han cado al 20% y las defensivas representan ms del 50%, y dentro de ellas, las huelgas por impago de salarios representan casi el 30%. Es decir, la crisis bloquea las aspiraciones de mejora y fuerza a las plantillas a emprender la lucha para defender lo que se posee hasta el momento.

Una primera conclusin de estos datos al contrastarlos con las cifras anteriores a la crisis, es que aunque haya un nivel bajo del nmero de conflictos, estos pueden tener un carcter principalmente ofensivo y reflejar una gran confianza en la lucha de secciones importantes de los trabajadores. Mientras la crisis y el desempleo no llegan, puede conservarse esta tendencia y las victorias laborales en huelgas ofensivas tienen el efecto de inducir ms huelgas con este carcter ofensivo. Sin embargo, el efecto de los despidos, los recortes salariales y el empeoramiento general de las perspectivas econmicas puede hacer que no disminuya el nmero de huelgas incluso que aumente, pero s que se transforme el carcter de stas, como de hecho viene pasando en el Estado espaol.

En segundo lugar, de esta progresin hacia lo defensivo en las huelgas y de la evolucin general que estamos analizando, tambin podemos ver cmo la llegada de la crisis no produce en los primeros aos ningn estallido de luchas, sino ms bien al contrario, una lenta aceptacin de la situacin y de la reversin de las circunstancias. Como veremos, es despus de la primera fase de decaimiento y no a la entrada de la crisis cuando comienza a darse un despertar ms acusado de la resistencia laboral, con caractersticas de rabia y desesperacin. Ya para 2012 estamos viviendo el estallido de algunas huelgas indefinidas que estn resultando victoriosas.7

En ltimo lugar, cabe destacar que durante la dcada de los 80 y principios de los 90 exista un nivel relativamente elevado, en comparacin con la dcada del 2000, de huelgas de solidaridad. Al inicio de la crisis, en 2007, estn registradas por el Ministerio de Trabajo cinco huelgas de solidaridad, que cuentan con una participacin bastante elevada en relacin al nmero de trabajadores convocados (ms de 12.000 trabajadores en 2006 y 18.000 en 2007 secundando estas huelgas). En 2008 las huelgas de solidaridad son slo dos, en las que se convoca a menos de 3.000 trabajadores y son secundadas por poco ms de 500 personas. En 2009 las huelgas de solidaridad son diez,pero apenas consiguen movilizar a 2.600 trabajadores. El ao 2010 que es verdaderamente un punto de inflexin de la lucha laboral en la crisis y que analizaremos ms adelante no se registra ya ni una sola huelga de solidaridad, mientras que en 2011 se convoca una y la participacin es nula. Para 2012, aun no se dispone de datos en este sentido.

Las huelgas de solidaridad son una parte nfima del conjunto del nmero de huelgas, pero pueden representar un buen indicador directo de la confianza en la movilizacin y el carcter ofensivo o defensivo de las huelgas del periodo.

De la resistencia en el sector privado al pblico: la ofensiva antiobrera de 2010

Uno de los elementos ms llamativos del aumento de las huelgas durante la crisis ha sido el cambio del eje de la resistencia desde el sector privado de la economa hacia el sector pblico. Quizs es constatable para cualquier activista de la izquierda el enorme protagonismo que estn alcanzando las luchas en el sector pblico durante los dos ltimos aos, pero es mucho menos conocida la resistencia que han llevado a cabo los trabajadores del sector privado y dentro de ellos el ncleo duro de los trabajadores industriales al inicio de la crisis, y cmo esta resistencia fue doblegada, como veremos, por la accin del Gobierno, la patronal y la ayuda de la pasividad de los grandes sindicatos. Antes de proceder al anlisis de los datos de huelgas, realizaremos algunas consideraciones sobre las caractersticas de los sectores privado y pblico de la economa.

Lo primero a indicar es que el sector privado de la economa representa el grueso no slo del volumen de riqueza generada, sino tambin el grueso del nmero de huelgas cada ao desde los aos 70. Por lo general tambin involucra a masas mucho mayores de trabajadores y trabajadoras que las luchas del sector pblico. Y, sobre todo, generan un volumen de jornadas no trabajadas por la accin de la huelga mucho mayor que el sector pblico. En consecuencia, producen un dao econmico mucho ms alto. Por ejemplo, en 2007, los trabajadores del sector privado fueron responsables de ms del 80% de las huelgas, involucraron a 254.012 trabajadores frente a los 67.093 del sector pblico, y generaron 821.694 jornadas de trabajo perdidas frente a las 176.171 del sector pblico, de un total de 1.182.782.

Por su parte, el sector pblico cuenta con centros de trabajo medio mucho ms grandes que los privados, por lo que para un mismo nmero de huelgas es capaz de movilizar a masas laborales ms amplias que la economa privada. Los sectores ms movilizados histricamente dentro del sector pblico han sido siempre la educacin y las empresas pblicas de servicios, que conjuntamente ocupan entre el 70 y el 80% de las convocatorias de huelga en el sector pblico, tanto en el periodo anterior a la crisis como desde 2007.

Al inicio de la crisis, durante 2007 y 2008, se va produciendo un crecimiento del nmero de huelgas en el sector privado (el Ministerio de Trabajo registr 611 y 643 respectivamente). Paralelamente se produjo un crecimiento de las huelgas en el sector pblico, pero de magnitudes menores (126 y 154 para cada ao). En 2009 se produce, sin embargo, una cada de todos los parmetros de huelga en el sector pblico y en el conjunto del sector servicios (que agrupa a empresas y administraciones pblicas pero tambin privadas) y el grueso del sector privado ve crecer todos sus indicadores. Cuando se pasa a un anlisis desagregado de los sectores de la economa privada en lucha durante el ao 2009 llama la atencin el hecho de que es el ncleo de trabajadores industriales los que lideran esta ofensiva. En concreto, los sectores de la metalurgia, la industria de bienes de equipo, la industria automovilstica, la industria alimenticia, la fabricacin de productos minerales, la instalacin y reparacin de maquinaria, abarcan por s solos el 50% de todos los trabajadores en huelga de los sectores no agrarios de la economa. Estas empresas concentran el poder industrial del Estado espaol y representan los sectores de trabajadores ms masivos (especialmente la metalurgia), por delante de cualquier sector de la economa pblica y los servicios.

Mencin aparte requiere la minera que todava en 2009 no ha entrado en escena y cuenta con un escaso nmero de huelgas y la construccin. 2009 ser el ltimo ao en el que el sector de la construccin que ha representado uno de los sectores histricamente ms combativos del sindicalismo en el Estado tenga un nivel significativo de huelgas y trabajadores movilizados8.

Esta ofensiva del ncleo de trabajadores industriales de 2009 conllev la prdida de ms de 1.200.000 jornadas de trabajo en sectores altamente intensivos en la produccin de riqueza. La explicacin reside en un giro brusco de la actitud de la patronal, que frente al empeoramiento ya manifiesto de las perspectivas econmicas, se niega al cumplimiento de la revisin salarial acordada en multitud de convenios y obliga a los sindicatos a emprender una serie de movilizaciones.9 Las direcciones de CCOO y UGT son responsables por este motivo de la movilizacin en sectores concretos como la metalurgia, pero la puesta en movimiento de este masivo colectivo de trabajadores industriales espole la movilizacin en otras industrias. Esto prueba la importancia de sectores estratgicos de trabajadores, cuya posicin en el sistema productivo y peso econmico les hacer servir de ejemplo para la movilizacin de otras secciones de trabajadores.

Con esta ofensiva, los sindicatos obligaron a la patronal a cumplir lo acordado en trminos de revisin salarial para muchos convenios colectivos. Pero inmediatamente aceptaron en la mesa de negociacin, durante el primer semestre de 2010, la introduccin de medidas de flexibilizacin interna en las empresas10. La direccin de los sindicatos utilizaba as de nuevo la fuerza de movilizacin de las bases sindicales para reforzar su papel de garante de la concertacin social, en lugar de empujar hacia posiciones ms intransigentes en el contexto de empeoramiento econmico por la crisis. De esta forma, mientras se llega a acuerdos con la Patronal, el Gobierno del PSOE introduce a las puertas del verano de 2010 su reforma laboral, que supone un retroceso drstico frente a la proteccin de los despidos y en su indemnizacin, a travs de la figura del despido objetivo. Esta reforma laboral se enmarcaba ya en el giro de la poltica del PSOE hacia los mandatos de la troika de reduccin del dficit y polticas antiobreras.

El efecto de la reforma laboral, que ser contestada con la huelga general de septiembre de 2010, es una inmediata paralizacin de la lucha en el sector privado. El desempleo creciente (que para finales de 2010 casi alcanza los cinco millones) y la reforma laboral juegan un papel estrictamente disciplinante de la mano de obra y sus efectos quedan ntidamente reflejados en las estadsticas de huelga. Si a esto le sumamos la desmoralizacin provocada por la huelga del sector pblico de junio de 2010 y la huelga general del 29 septiembre de 2010 (que tuvieron un seguimiento aceptable pero no consiguieron sus objetivos de paralizar las medidas del Gobierno), podemos explicar el retroceso de la lucha durante el siguiente ao 2011, que alcanza en los parmetros del nmero de huelguistas y jornadas de trabajo perdidas nmeros excepcionalmente bajos. La tendencia creciente de movilizacin que haba hecho crecer la lucha en los servicios en 2008 y haba tenido un espectacular crecimiento en 2009 en la industria queda totalmente cercenada tras la introduccin de la reforma laboral, que en combinacin con los factores que se han descrito, da una dimensin ms indita de utilidad para la clase dominante de esta medida legislativa. De esta forma, el nmero de huelgas en 2010 desciende ligeramente (por encima de las 1.100 segn la Patronal y casi 1.000 segn el ministerio de Trabajo) pero el nmero de participantes en las huelgas y el volumen de jornadas perdidas se reducen a la mitad que en 2009: 340.801 personas implicadas en huelgas frente a las 653.483 de 2009; 671.523 jornadas perdidas frente al 1.290.852 del ao anterior.

En 2010, sin embargo, aumentan ligeramente las huelgas y todos sus indicadores para el sector pblico. Pero el privado, como se ha dicho, queda paralizado. La tendencia creciente de lucha en sectores como la metalurgia queda plenamente destruida ya para 2011, al igual que la de otros sectores industriales como el automovilstico, al tiempo que se va produciendo un aumento progresivo del nmero de centros pblicos inmersos en conflictos. A finales de 2011, la lucha en el sector de la Educacin se estanca, pero slo tras toda una serie de movilizaciones, -las ms importantes localizadas en Madrid- donde los trabajadores y trabajadoras estn visiblemente influenciados por el movimiento 15M. Las luchas de septiembre de 2011 de la Educacin en Madrid reflejarn la primera influencia directa del movimiento 15M sobre un sector entero de trabajadores, que reproduca sus mtodos de organizacin asambleas masivas y abiertas y una clara disposicin para la lucha que rebasaba los lmites de la burocracia sindical. Estas luchas no tendrn resultados positivos, haciendo que entrado el curso baje drsticamente el nivel de movilizacin. En 2011 tambin entra en accin la sanidad, sector que no ha visto parar de crecer sus movilizaciones tampoco durante todo el ao 2012 y representando quizs el colectivo de trabajadores ms ofensivo en la etapa actual de la crisis. Las huelgas de la sanidad contra las privatizaciones en Madrid estn resultando un desafo importante contra el Gobierno regional del PP y estn sirviendo como impulso e inspiracin para los trabajadores y trabajadoras sanitarias en muchas partes del Estado, adems de haber conseguido victorias parciales importantes como la del Hospital La Princesa. En la sanidad el nivel de radicalizacin est resultando especialmente elevado (aunque muchos de esos rasgos no queden recogidos por las estadsticas) y se estn movilizando sectores y sindicatos que hasta ahora estaban fuera de los colectivos tradicionalmente sensibles a los recortes en el gasto pblico. Las ocupaciones de hospitales en Catalunya, por otra parte, estn demostrando, como se explicar ms adelante, la permeabilidad de sectores como la sanidad y la educacin hacia el ambiente de movilizacin social general.

Entre 2009 y 2011 se produce por tanto el cambio del protagonismo en la lucha desde el sector privado al pblico, gracias en parte a la fuerte ofensiva del Gobierno del PSOE contra los trabajadores del sector privado a travs de la reforma laboral, pero tambin por la entrada en escena de los trabajadores de la educacin, la sanidad y las administraciones pblicas, envueltos todos ellos por el ambiente general de movilizacin que est relacionado directamente con el surgimiento del 15M y por la ofensiva de los recortes en el gasto en los servicios pblicos. Por su parte, la relacin de las direcciones sindicales durante la segunda legislatura del PSOE entre 2008 y 2011 ha sido siempre tendente al entendimiento y la concertacin, tanto con el Gobierno como con la Patronal. En cierto modo, a la hora de explicar las luchas durante la primera etapa de la crisis no podemos dejar de tener en cuenta este factor.

2012 ver tambin la activacin de otros de los sectores ms simblicos del movimiento obrero: la minera, que pasa de prcticamente no tener huelgas desde el inicio de la crisis a movilizar a todos los efectivos de la extraccin del carbn e industrias asociadas, con efectos sociales importantsimos. La huelga general de la minera contra los recortes de las ayudas al sector ser otro ejemplo de cmo un colectivo relativamente pequeo de trabajadores puede convertirse en fuente de inspiracin y solidaridad para amplios sectores sociales, no slo desde el punto de vista laboral. Durante los meses de las luchas de la minera muchos activistas del 15M se encargaron de organizar la solidaridad con este movimiento, y la llegada de la marcha minera a Madrid fue un acontecimiento obrero de carcter histrico. Consigui generar un ambiente en el que, a los pocos das, diferentes colectivos de funcionarios y empleados pblicos se movilizaron de forma espontanea contra los recortes, cortando calles y manifestndose en puntos importantes de la ciudad de Madrid.

A pesar de que no se dispone de muchos datos aun sobre conflictividad laboral en 2012, es evidente que las dos huelgas generales vividas en los siete meses desde el 29 de marzo al 14 de noviembre representan un hecho sin precedentes en el historial de movilizacin de la clase trabajadora del Estado. A pesar de que, como hemos explicado, desde 2010 las luchas en el sector privado de la economa han sufrido una paralizacin importante, la convocatoria de huelga general del 29M cont con un seguimiento mayor que la exitosa huelga del 2002 contra el decretazo del PP (tras la que el Gobierno Aznar retir la mayor parte de su reforma). La huelga general del 2010 contra la reforma laboral del PSOE, por su parte, supuso la primera huelga general del periodo democrtico que se saldaba con una clara derrota. Ello tambin ha podido suponer un efecto desmoralizador para los trabajadores y trabajadoras que, sumado al desempleo y la reforma laboral, han perfilado la paralizacin de la lucha en el sector privado de la economa que hemos descrito ms arriba.

A pesar de esto y de no haber vivido un estallido de huelgas durante el pasado ao 2012, la presin social hizo inevitable que la direccin de CCOO y UGT tuviera que llamar a una nueva huelga general, tanto en marzo como en noviembre. Si bien el paro y la reforma laboral bloquean las luchas en muchos centros de trabajo, los altos ndices de seguimiento de las dos ltimas huelgas generales (con entre ocho y doce millones de trabajadores y trabajadoras secundndolas)11 muestras la disposicin de muchos sectores a dar una respuesta solida a las polticas de austeridad que, en muchos casos, podran ir ms all de donde la estn dejando las direcciones sindicales. La tendencia decreciente de la lucha que se produjo desde finales de 2010 y 2011 se ve contrarrestada as por las dos huelgas generales del ao 2012 y su seguimiento, que indican una recuperacin de la tendencia creciente de lucha. Por otra parte, estas huelgas generales han ayudado a dar confianza a sectores especialmente los ms precarios que encuentran muchas dificultades para movilizarse por s mismos.

Conclusiones y perspectivas

Es evidente que la clase trabajadora del Estado espaol ha respondido a la llegada de la crisis y los paquetes de medidas neoliberales de una forma no pasiva, con un aumento significativo de la lucha durante 2008 y 2009 y un retroceso, tras la ofensiva de los Gobiernos del PSOE y el PP, desde mediados de 2010 y, sobre todo, segn las estadsticas oficiales aunque no las de la Patronal, durante 2011. En general no puede hablarse de un nivel elevado de luchas laborales pero s de una tendencia al aumento del nmero de conflictos con la llegada de la crisis, una paralizacin posterior, y una nueva tendencia de crecimiento apoyada en huelgas ms duras en el sector privado y en la movilizacin del sector pblico, que debe ser confirmada con los datos de 2012. Esta afirmacin se opone a la sensacin general de desmovilizacin permanente e invariable que muchos activistas sociales esgrimen a la hora de esquivar el debate sobre la importancia de la movilizacin laboral en la lucha contra la crisis. Por otra parte, y como ya se ha ido reiterando a lo largo del artculo, con ms de seis millones de parados, dos reformas laborales absolutamente antiobreras y un nivel de sindicalizacin que no supera el 15%, es muy destacable que el nivel de luchas haya aumentando en los cinco aos que llevamos de crisis. En parte, las causas deberan ser buscadas fuera del mbito laboral, y es que el Estado espaol lleva viviendo casi dos aos un proceso de radicalizacin social creciente, que ha tenido como principal expresin el estallido del movimiento 15M, y su evolucin hacia espacios derivados como Rodea el Congreso o la lucha contra los desahucios. La relacin e influencia del 15M sobre el movimiento obrero dara para todo un artculo (o una serie de ellos), pero es evidente que a nivel ideolgico el impacto del 15M ha sido muy importante. Sin embargo, la influencia directa sobre colectivos de trabajadores ha sido muy desigual. Tal como han mostrado los pocos estudios sobre composicin del 15M en sus primeros momentos12, la mayora de los trabajadores implicados en la ocupacin de las plazas y en las primeras asambleas masivas pertenecan a un extracto laboral precario y no al sector de trabajadores estables, manuales, mayoritariamente albergado en el sector privado de la economa. Asimismo, y como ya se ha explicado, la permeabilidad de sectores como la sanidad y la educacin al ambiente de agitacin social es mucho mayor (por la naturaleza de estos trabajos) de lo que puede serlo en los trabajadores y trabajadoras de los sectores industriales, mucho ms aislados en su espacio de trabajo de los acontecimientos sociales.

Las ltimas elecciones autonmicas en Galicia, Pas Vasco y Catalunya que se est poniendo en marcha en proceso tambin de radicalizacin poltica adems del social, con alternativas antineoliberales y anticapitalsitas alcanzando apoyos electorales hasta ahora inditos. La gente que trabaja en las empresas no es inmune a estos dos procesos interrelacionados de radicalizacin social y poltica que hemos descrito, y por eso la resistencia en las empresas va a seguir una tendencia creciente. Las estadsticas de huelga analizadas en este artculo muestran que estamos en un cambio de tendencia respecto al principio de la dcada y, aunque necesitaramos una serie de aos ms larga para afirmarlo con rotundidad, todo indica a que estamos entrando en un ciclo de auge de la movilizacin laboral, con subidas como las de 2008 y 2009 y bajadas como las de 2010 y 2011, pero tendente al aumento, como marca la recuperacin de 2012 y las dos huelgas generales de ese ao. Asimismo, durante los aos de crisis hemos visto un aumento de la afiliacin sindical, lo que respalda la tendencia de aumento de la resistencia en las empresas13. Un incremento de las luchas obreras que marque una ruptura con la tendencia anterior implica la posibilidad de consolidar una nueva capa de activistas sindicales forjados en la movilizacin, algo sumamente relevante dado el proceso de burocratizacin y bajada de la combatividad que hemos vivido durante las tres ltimas dcadas en el panorama sindical.

Desde un plano ms organizativo y desde el punto de vista de la izquierda anticapitalista, la intervencin en las luchas laborales es una tarea inaplazable. La tendencia de luchas de 2012 es a que sigan aumentando las movilizaciones en el sector pblico, con la sanidad y la educacin como vanguardias de la lucha contra los recortes. Estos dos sectores, que son al mismo tiempo los ms permeables al ambiente de agitacin social, son enormemente dinmicos y la intervencin directa por parte de la izquierda social y las organizaciones y espacios anticapitalistas es relativamente sencilla. Los ejemplos de hospitales ocupados y la interrelacin entre activistas sociales, sindicalistas, 15M y las mareas estn llevando a un sostenimiento creciente y a una radicalizacin de estas luchas. Pero, como se ha dicho ms arriba, el grueso de la economa est albergada en el sector privado, mucho ms alejado de la permeabilidad social que presentan los sectores pblicos. Se hace necesaria una radicalizacin tambin en esta area de la economa si queremos no slo frenar el recorte de derechos laborales y los despidos, sino tambin articular un frente de resistencia que consiga poner freno a la ofensiva neoliberal contra el 99%. El revs de la lucha sufrido en 2010 y 2011 parece retraerse, y durante 2012 la industria est volviendo a recuperar la iniciativa de huelga. Pero es imprescindible articular un frente de esas secciones de trabajadores y trabajadoras ms combativas en todos los sectores, y para la izquierda social y anticapitalista ser muy difcil hacer esto sin una intervencin en los sindicatos, que es el espacio bsico de organizacin de la clase trabajadora y donde se puede incidir sobre sectores importantes de la economa privada. Las movilizaciones de 2009 demuestran que es posible luchar si los sindicatos se ponen a ello. Se hace necesario por tanto aumentar al mximo la presin sobre las estructuras sindicales para aumentar la resistencia. Esa es la tarea central de la izquierda transformadora en materia laboral para los prximos aos.

Fuente: http://enlucha.wordpress.com/

Notas

 

1. Miguel ngel Garca Calavia, 2008: Las huelgas laborales en el Estado espaol (1976-2005). Arxius de Cincies Socials. N. 18, junio. Todos los datos estadsticos de este epgrafe hasta 2004 estn tomados de este artculo.

2. Para conocer el movimiento obrero de la Transicin y la lucha poltica de aquellos aos, recomendamos Mike Eaude, 2009: La Transicin: movimiento obrero, cambio poltico y resistencia popular, Barcelona. En lucha.

3. Es muy posible que esa excepcin se deba a que ese ao las estadsticas del Ministerio no incluan a Euskadi, que estuvo fuera de las estadsticas de huelga desde 1986 a 1990. Catalunya tambin lo estuvo entre 1983 y 1985. Miguel Jurez et al. V informe sociolgico sobre la situacin social en Espaa. Fundacin Foessa. p. 351.

4. David Luque et al., 2008: Un anlisis regional de la actividad huelgustica en Espaa, Revista Espaola de Investigaciones Sociolgicas (REIS). N. 124, p. 115.

5. Andrew Richards, 2008: El sindicalismo en Espaa. Laboratorio de Alternativas. Citado en Angie Gago, 2012: La clase trabajadora hoy y la lucha contra la crisis, La Hiedra, enero-abril 2012.

6. Angie Gago, 2012: Declive o revitalizacin de los sindicatos? Un estudio de las estrategias de los sindicatos mayoritarios espaoles frente a las medidas anticrisis (2008-2012). Trabajo de fin de Master en Poltica y Democracia. UNED. Plantea que este periodo responde a una estrategia de concertacin social manifiesta por parte de las direcciones de CCOO y UGT.

7. Todos los datos de este epgrafe y los siguientes han sido obtenidos del Anuario estadstico del Ministerio de Trabajo y los informes de conflictividad laboral de la CEOE.

8. Miguel ngel Garca Calavia, 2008: Las huelgas laborales en el Estado espaol (1976-2005). Arxius de Cincies Socials. N. 18, junio. P. 107.

9. De 2012 slo se dispone del avance estadstico del Ministerio de Trabajo que abarca de enero a septiembre de 2012 y contiene muchos menos datos que los del anuario.

10. Ver la huelga en Capgemini y en el sector informtico: http://www.enlucha.org/site/?q=node/18091 y http://www.enlucha.org/site/?q=node/18119

11. En 2007 hubo una explosin en la dureza de las huelgas en la construccin para quedar en 2008 totalmente paralizada a nivel de movilizacin. Lo ocurrido con este sector, de importante repercusiones para amplios sectores de trabajadores jvenes, es un ejemplo triste de cmo el estallido de una burbuja especulativa puede destruir completamente la lucha laboral en aquel sector sobre el que se sustenta.

12. Angie Gago, 2012: Declive o revitalizacin de los sindicatos? Un estudio de las estrategias de los sindicatos mayoritarios espaoles frente a las medidas anticrisis (2008-2012). Trabajo de fin de Master en Poltica y Democracia. UNED. p. 26-30.

13. Acuerdo para el Empleo y la Negociacin Colectiva 2010, 2011 y 2012.

14. Segn los mismo sindicatos y las conclusiones de los estudios realizados por Economistas frente a la crisis (www.economistasfrentealacrisis.com)

15. Kerman Calvo Borobia et al., 2011: Especial 15M. Laboratorio de Alternativas. Coleccin Zoom Poltico. p. 7-8.

16. La afiliacin de los sindicatos baja en Europa pero crece en Espaa, 03/10/2010. www.publico.es



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