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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-05-2013

La activista de la Marcha Mundial de las Mujeres, Mriam Nobre, afirma que con la actual crisis se refuerza la ideologa de la maternidad
Aunque invisibilizada, la mujer campesina es un agente econmico de primer orden

Enric Llopis
Rebelin


Hay en el mundo ms de 1.600 millones de mujeres rurales, la mayora agricultoras. Segn la FAO, organismo de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentacin, las mujeres producen entre el 60 y el 80% de los alimentos en los pases del sur, y la mitad de todo el mundo, pero no poseen siquiera el 2% de la tierra. Trabajan en el campo, producen los alimentos y los distribuyen, muchas veces sin remuneracin, lo que se aade a las tareas domsticas de las que tambin se ocupan.

La activista brasilea y coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres, Miriam Nobre, ha tomado estas cifras como punto de partida para reivindicar la soberana alimentaria desde una perspectiva feminista, en un acto organizado en Valencia por la ONG Sodepau.

La Marcha Mundial de las Mujeres es un movimiento mundial que rene a organizaciones y grupos que trabajan en la eliminacin de las causas de la pobreza y la violencia que sufren las mujeres. Desde el ao 2000 se movilizan, en acciones internacionales, nacionales y regionales, para pedir justicia econmica, un cambio poltico y social, y que se garanticen los derechos reproductivos de las mujeres, incluida la despenalizacin del aborto.

Uno de los ejes del trabajo de la Marcha es la soberana alimentaria, punto que afecta de lleno a la vida de muchas mujeres. Por ejemplo, reivindican la labor de las mujeres agricultoras, que se reconozca su trabajo, pues en muchas ocasiones son invisibilizadas (lo mismo que ocurre con las trabajadoras domsticas). Sin embargo, matiza Miriam Nobre, este reconocimiento no pretende en ningn caso limitarlas a su condicin de campesinas.

Las mujeres agricultoras gestionan huertos familiares que muchas veces garantizan la supervivencia de la economa domstica. Esta labor, a menudo invisibilizada, implica otras tareas no menos decisivas, por ejemplo, la seleccin de semillas segn los gustos y tradiciones de la comunidad. O el intercambio de stas con los vecinos, con lo que se contribuye a preservar la biodiversidad. Estas prcticas se oponen radicalmente a las de la agroindustria, que, bajo la coartada de una sedicente modernidad, comercializa plaguicidas y semillas transgnicas.

Pero la reivindicacin del aporte de la mujer rural no se para en la produccin. En la defensa de la soberana alimentaria la Marcha Mundial de las Mujeres va un punto ms all. Han de tener acceso a recursos y dinero; poder invertir en la produccin y diversificarla, explica Nobre. Sin embargo, todava hay que sortear grandes dificultades. De entrada, el acceso al crdito de las mujeres, a escala global, es mnimo. Adems, a veces se presentan como intereses familiares en la unidad de produccin agrcola los del esposo, aunque la mujer manifieste otros diferentes.

En el trabajo rural de la poblacin femenina existe mucho saber acumulado. Y muy poco reconocido. La activista brasilea recuerda el caso de una ONG que imparta cursos para mejorar la produccin de caf, pero sin resultados. El caso es que los talleres se impartan a hombres, cuando eran las mujeres de la comunidad quienes se dedicaban al secado y elaboracin de este producto. Adems, la agroecologa plantea (en oposicin al agronegocio) una produccin de alimentos armnica con el medio natural. Pero esta obtencin de alimentos respetuosa, explica Mriam Nobre, no debera darse por un incremento en el tiempo de trabajo de las mujeres. ste es otro de los retos a los que se enfrenta la soberana alimentaria.

La defensa de estos principios incluye, a juicio de Mriam Nobre, la denuncia de determinados procesos de alienacin, no siempre fciles de percibir. Por ejemplo, la alienacin del propio cuerpo: Cuando se le otorga a los mdicos el poder para qu digan qu alimentos son funcionales para nuestro organismo; los discursos en relacin con el colesterol y las pastillas milagrosas, explica la activista. Hemos de rechazar la medicalizacin de nuestras vidas. En sentido contrario, el principio de la soberana alimentaria implica escuchar las necesidades de nuestro cuerpo, recuperar los alimentos de temporada y los productos naturales, locales y obtenidos directamente del campo.

Hay toda una ideologa de rechazo a lo humano y natural. Que exhibe una consideracin maquinal de la personas. Que pretende seres humanos con perfiles de autmata, enajenados de sus emociones y que vivan de espaldas a sus sentimientos. Afirma Mriam Nobre que se niegan las fases de la vida y sentimientos como la tristeza; por qu? No resultan funcionales al sistema; la anorexia, la bulimiaNo son enfermedades individuales sino sntomas de una sociedad enferma, adems, con una marca de gnero muy clara. Precisamente por ello, subraya la activista, uno de los grandes desafos de los movimientos sociales es plantear la batalla a la bioindustria. En toda su extensin. Enfrentarse a las transnacionales que producen desde agrotxicos hasta frmacos. Es como un pulpo con numerosas ramificaciones.

Otro eje en el que opera la Marcha Mundial de las Mujeres es el trabajo domstico. Es bien conocido que de las tareas del hogar, el cuidado de otros miembros de la familia (incluidas las personas dependientes) y la preparacin de los alimentos se encargan bsicamente las mujeres. En poca de crisis, resalta Mriam Nobre, se refuerza esta tendencia. Forzadas por el desempleo, Todava hacen ms cosas en el hogar y emplean ms tiempo en las tareas domsticas. Cmo se legitima esta multiplicacin de la actividad femenina? Segn la coordinadora de la Marcha, no es casual el resurgimiento, en este contexto de crisis econmica, de la ideologa de la maternidad. Segn estos principios, el trabajo en casa se convierte en una supuesta manifestacin del amor que la mujer profesa a la familia; se considera, incluso, que es la expresin de su identidad.

La economa feminista explica el nexo que vincula el trabajo productivo y el reproductivo. El mercado y el estado transfieren las cargas a las mujeres para que el proceso de produccin capitalista contine su desarrollo. Con ejemplos recurrentes y sencillos puede entenderse la idea. Una empresa decide reducir sus costes y que ya no se encargar de la limpieza de la ropa de los trabajadores. Presumiblemente, esta tarea terminarn por realizarla las mujeres en casa. Si es el estado el que recorta gastos, en la sanidad pblica o en guarderas, tambin sern las mujeres quienes seguramente aumentarn el tiempo que dedican a los cuidados familiares.

El cuidado y la reproduccin son esenciales para la humanidad y los llevan a cabo las mujeres; hace falta un reconocimiento expreso; ahora bien, queremos compartir con los hombres estas tareas, que, adems, no pueden constituir nuestra primera identidad. Entre otras razones, porque esto les viene muy bien a los estados (como ocurre con el voluntariado) para ahorrarse inversiones necesarias, explica la coordinadora de la Marcha.

El principio de soberana alimentaria pretende superar estas dicotomas. Entre otras. En Europa se entiende como parte del pasado el confinamiento de la mujer a los roles de madre y ama de casa. Pero las mujeres de Amrica Latina han otorgado a estas funciones, a veces, un sentido poltico. Recuerda la coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de Mujeres la lucha de las compaeras peruanas, cuando no podan comprar la leche al vecino porque se importaba de Europa la leche en polvo. En Argentina, durante los cortes de ruta, las mujeres se encargaban de la preparacin de la comida y a este menester le concedan relevancia poltica. Realizaban un trabajo esencial en las protestas. No queremos desempear los roles de siempre, la casa y la cocina; pero tambin hemos de luchar por su reconocimiento y, ms an, cuando las mujeres los introducen en la batalla poltica, resume Nobre. Son muchas contradicciones que deberemos resolver en la prctica, concluye la activista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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