Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-05-2013

Nicaragua
De colapsos y realidades en el sandinismo

Carlos Fonseca Tern
Rebelin


El verde se est secando

y el viento sur se demora,

pero yo sigo esperando

que lleguen cantando

la lluvia y mi hora.

Yo slo soy un viga

amigo del jardinero

con la pupila en el da

que llegar el aguacero

Silvio Rodrguez


...El enemigo tratar de penetrar la organizacin, nuestras filas mismas, a travs de personas que pueden hacerse pasar por sandinistas, para ms adelante provocar escisiones mediante grupos de sandinistas democrticos.

Carlos Fonseca Amador.

(Obras, t. I, p. 173, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1981).

 

Recientemente Dora Mara Tllez hizo extensas declaraciones a la revista nicaragense Envo, que han sido ampliamente divulgadas en diversos medios electrnicos europeos. En dicha exposicin, Dora Mara se refiere al surgimiento de su actual partido, el Movimiento Renovador Sandinista y a la actualidad de Nicaragua y del sandinismo, as como a lo que ella considera son las razones por las cuales no se puede considerar revolucionario al Frente Sandinista de Liberacin Nacional (incluso, dice ella que el FSLN colaps). Uno de sus planteamientos, tratando de explicar las diferencias internas en el FSLN que dieron lugar al surgimiento de su actual partido, el MRS, es que en el gran debate que se abri con la derrota electoral surgi un elemento clave, que es el que ms ha influido en la situacin actual. Ese debate se centr en las causas de la derrota, en cul sera la actuacin del sandinismo en la oposicin y en la demanda de democratizacin del partido.

El debate de los noventa tuvo un eje central que no es mencionado por Dora Mara. Ese eje central no era la derrota electoral, ni la nueva estrategia, ni la democracia; era un eje ideolgico, sobre todo programtico: la vigencia del socialismo y el antimperialismo, los mtodos de lucha, y un tema ideolgico estaturario: el tipo de partido. Finalmente, en el gran enfrentamiento que se dio en la histrica Segunda Sesin Extraordinaria del Primer Congreso en mayo de 1994, concebido para dirimir la controversia existente, prevaleci evidentemente lo ideolgico (programtico y estatutario), pasando el tema de la democracia interna a un distante segundo plano. Las dos grandes agrupaciones que se formaron (la Izquierda Democrtica Sandinista encabezada por Daniel Ortega y la corriente promovida por Sergio Ramrez, inicialmente conocida como de las mayoras por un documento que publicaron sus promotores donde planteaban sus criterios sobre cmo volver a ser mayora en la sociedad ) se aglutinaron alrededor de la controversia programtica e ideolgica, y no de la relacionada con la democracia, tema que sigui debatindose en un plano secundario y a lo interno de las dos grandes agrupaciones sealadas. En otras palabras, lo que defina en cul de los dos grandes grupos se ubicaba cada quien era lo ideolgico y no lo poltico, es decir la posicin de cada quien respecto a la vigencia del socialismo y el antimperialismo, los mtodos de lucha y el tipo de partido que debamos ser.

Lo programtico y lo ideolgico, cuyo debate prevaleci en la crisis interna del sandinismo a inicios de los noventa, son ignorados totalmente por Dora Mara, y no porque padezca de amnesia, sino porque ella y su micropartido, el Movimiento Renovador Sandinista, sostienen la tesis de que la contradiccin principal en Nicaragua no es entre izquierda y derecha, sino entre democracia y dictadura. Nuestro planteamiento, el del FSLN, es que mientras existan los antagonismos de clase la contradiccin principal en la realidad social ser siempre entre revolucin y contrarrevolucin, entre izquierda y derecha, entre socialismo y capitalismo, entre nacin e imperialismo. La tesis de los renovadores sobre la contradiccin principal tiene como objetivo justificar su apoyo en las ltimas tres elecciones en Nicaragua, a los candidatos ms retrgrados de la derecha, los candidatos de la oligarqua y el imperialismo, apoyados abiertamente por Estados Unidos. La estrategia poltica seguida por Dora Mara y los renovadores en los ltimos aos ha sido diseada en la Embajada Norteamericana en Nicaragua, donde sin cuidarse las apariencias, se renen ellos con frecuencia. Curiosa manera de permanecer apegados a los orgenes histricos del sandinismo y a las ideas de Sandino. El gran debate a inicios de los aos noventa no fue pues, si se elega o no a los dirigentes, quines y cmo los elegan, o qu poder tendra cada organismo electo en el FSLN, sino la persistencia o no de la identidad revolucionaria del FSLN puesta de manifiesto mediante la proclamacin del socialismo como el sistema por el cual luchamos los sandinistas, la definicin del trmino socialismo a raz del derrumbe sovitico, la vigencia del antimperialismo en la accin del sandinismo, la pertinencia o no de tal o cual forma y/o mtodo de lucha en dependencia de tales o cuales objetivos a alcanzar, la necesidad o no de que el FSLN se mantuviera como un partido de vanguardia, es decir un partido cuyo fin es la conduccin poltica de una lucha revolucionaria y de un proyecto de construccin social, y en caso de una respuesta positiva, cmo deba asumirse ese papel en trminos organizativos a la luz de los aspectos negativos en la anterior experiencia del modelo que estaba colapsando en la Unin Sovetica coincidiendo con la prdida del poder poltico por el sandinismo en Nicaragua o por el contrario, si estos criterios ya eran obsoletos y se impona la necesidad de que el FSLN pasara a ser un partido electoral de tipo tradicional, un partido como cualquier otro o como los dos partidos (liberal y conservador) que se haban turnado en el poder a lo largo de la historia de nuestro pas. Esos eran en realidad los grandes temas; el tema de la democracia en nuestas filas apenas tuvo cierta relevancia en una coyuntura muy al inicio, cuando se debata si los miembros de la Direccin Nacional del FSLN deban ser electos a partir de candidaturas individuales o de candidaturas colectivas; fuera de eso, el tema de la democracia interna estuvo cada vez ms relegado, pero no por la voluntad de alguien, sino porque as lo determinaba una realidad en la cual lo que estaba en juego no era la democracia en Nicaragua, sino la Revolucin. Segn la versin de Dora Mara, la preocupacin de los revolucionarios nicaragenses al ser desplazados del poder y en plena debacle del socialismo sovitico, mientras toda la izquierda mundial debata la vigencia del socialismo y el marxismo, era qu tan democrticos o autoritarios ramos y no qu tan vigente era nuestro proyecto revolucionario, y qu ajustes deban hacrsele a ste en caso de considerarse que tuviera vigencia. Es decir, la misma tpica discusin que las circunstancias mencionadas impusieron en las filas de toda la izquierda y en todos los pases; no fuimos una excepcin en este sentido, y nadie poda serlo en el movimiento revolucionario frente a semejante situacin, de la misma forma en que ningn ser humano podra ser indiferente ante el fin del mundo.

En el marco de esas polmicas, Dora Mara y el MRS (a los que tan preocupados se les ve ahora por la pureza revolucionaria del FSLN) optaron por la prohibicin de la palabra socialismo en nuestro Programa, alegando a coro con todos los claudicantes del mundo, que el socialismo y el marxismo haban sido superados por la historia y que el capitalismo era el nico horizonte civilizatorio posible; plantearon que el antimperialismo haba pasado a ser otra pieza terminolgica en el museo arqueolgico de la teora poltica, porque sencillamente (se atrevi uno de ellos a proclamar) el imperialismo haba dejado de existir. De igual manera, los renovadores (como se comenzaran a denominar poco despus) decan que la nica manera legtima de actuar en el escenario poltico e histrico a partir de entonces era la participacin poltica en lo que ellos asumieron como las instituciones democrticas por excelencia: las del modelo poltico liberal. Cualquier cosa que significara o implicara la posibilidad de confrontacin fsica de algn tipo (es decir, violencia) para alcanzar objetivos polticos o sociales, pasaba a quedar proscrita en el nuevo cdigo de valores asumido por quienes ya no vean la violencia en la explotacin y la opresin, sino en la respuesta a ambas por parte de los explotados y oprimidos. En cuanto al tipo de partido, Dora Mara (que ahora se proclama contraria a los partidos tradicionales) y todos los renovadores, planteaban que la concepcin de vanguardia ya no se corresponda con la realidad y que por tanto, debamos pasar a ser un partido al viejo estilo de los tradicionales, que en nuestro pas se conocen como paralelas histricas (liberales y conservadores), en aras de lo cual planteaban la eliminacin del carcter permanente de nuestras estructuras y del estatus de militante. Recuerdo con nitidez cuando un compaero en el Congreso Departamental de Managua, ante una propuesta de los que en ese entonces eran los futuros renovadores, intervino en el plenario para hacer ver que stos estaban proponiendo hacer del FSLN un partido de correligionarios, trmino usual entre liberales y conservadores para referirse a sus compaeros de partido. Los futuros renovadores hablaban incluso, de renunciar a la bandera roja y negra de Sandino, lo cual hicieron enseguida cuando organizaron su propio partido, el MRS, adoptando una bandera anaranjada porque es un color alegre, explicaron en aquel momento.

Curiosamente, los primeros que nos articulamos como grupo de opinin dentro del FSLN fuimos los entonces conocidos como ortodoxos, a partir de un pronunciamiento suscrito por veintinueve miembros de la Asamblea Sandinista Nacional (que era de ciento veinte miembros) en el que llambamos a un distanciamiento del FSLN respecto al primer gobierno de derecha en los aos noventa, el de Violeta Barrios de Chamorro, encargado entre otras cosas de las privatizaciones neoliberales en Nicaragua. Digo curiosamente, porque a pesar de que el Secretario General del FSLN estaba con nosotros, el hecho de que debiramos agruparnos en una corriente de opinin indica que la poltica adoptada en ese entonces por el FSLN era contraria a nuestras posiciones, producto de una correlacin de fuerzas dentro de los organismos de direccin del partido que como queda visto, casi nunca nos era favorable. La necesidad planteada por nosotros en el pronuciamiento al que hago referencia, de un viraje en la poltica seguida hasta ese momento por el FSLN repecto a su relacin con el gobierno, surga de que el sandinismo estaba siendo percibido hasta cierto punto como cmplice de las polticas neoliberales, producto de la cercana entre ambos, explicable para enfrentar a un sector de la derecha que en ese momento se presentaba como el ms radical el liberalismo, la fuerza que en otro momento haba dirigido Somoza y que resucitaba bajo el liderazgo de Arnoldo Alemn, pero injustificable en vista de que, en aras de no perder fuerza dentro de la institucionalidad democrtico-burguesa, esa poltica de arreglos con el gobierno nos alejaba de la principal fuente de fortaleza poltica para cualquier partido revolucionario, que es la vinculacin con las luchas y realidades del pueblo. Incluso recuerdo que en ese pronunciamiento nuestra afirmacin ms polmica fue que el dilogo, como mtodo de lucha, estaba agotado. Por el contrario, los futuros renovadores defendan lo que en ese entonces se conoca como el cogobierno entre el sandinismo y el sector de la derecha cuya figura ms visible era Violeta Barrios de Chamorro y cuya verdadero dirigente era el yerno de sta y Ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo (casado a su vez con una hija de la entonces Presidenta, que tambin es madre de la esposa del actual Presidente del MRS, Edmundo Jarqun, quien en esa poca era diputado del FSLN y uno de los ms notorios idelogos de los renovadores; a propsito de los gobiernos familiares de los que tanto se queja Dora Mara, tema sobre el que volver luego).

Respecto a los grandes temas en debate y vinculados con el Programa y los Estatutos del FSLN, nuestra posicin era que precisamente debido a la crisis de la izquierda, en ese momento ms que nunca se haca necesario proclamar nuestra identificacin por principios (se nos conoca tambin como los principistas versus los pragmticos o futuros renovadores) con el socialismo como nica alternativa frente al sistema socioeconmico y poltico contra el cual luchamos, que es el capitalismo y su actual modelo neoliberal. Pero precisbamos que nuestro modelo socialista deba ser distinto del que colaps en la Unin Sovitica y que una de las diferencia fundamentales en correspondencia con la nueva poca en que vivamos era la forma de socializacin de la propiedad, la cual haba sido concebida como sinnimo de estatizacin y ahora el nfasis deba estar en el ejercicio directo de la propiedad por los trabajadores. Afirmbamos tambin que el antimperialismo era inseparable de la esencia del sandinismo, cuyo surgimiento est precisamente en la lucha revolucionaria y antimperialista de Sandino, a propsito de lo cual es oportuno sealar que los renovadores se han sumado a la campaa ideolgica de la derecha, de presentar al principal hroe de nuestra historia simplemente como un patriota, pero no como un revolucionario, con lo que se pretende despojar a nuestra Revolucin de su principal referente poltico, que es el contenido revolucionario de la lucha de Sandino, de lo cual existen abundantes pruebas en los hechos histricos que protagoniz y en el extenso material escrito que nos leg.

Acerca de Sandino, dice Dora Mara que si hubiera seguido las mismas tesis del orteguismo habra pedido la presidencia o algunas jefaturas polticas. Pues Sandino en determinado momento, durante las negociaciones de paz que hizo con Sacasa, pidi efectivamente la jefatura poltica de buena parte del Norte nicaragense, y en una ocasin escribi: Nuestro ejrcito se prepara para tomar las riendas de nuestro poder nacional.1 Sandino, al igual que el FSLN y Daniel Ortega, negoci; incluso, igual que hicieron en algn momento Daniel Ortega y Arnoldo Alemn, se tom una foto con el primer Somoza, de quien incluso se hizo compadre. Y tuvo tambin, cmo que no, sus detractores por lo que hizo, que fueron los comunistas de escritorio en Mxico. Y negoci, porque era un hombre con una gran visin poltica, la cual le permiti entender lo indispensable que eran esas negociaciones en las circunstancias posteriores a la expulsin de las tropas norteamericanas de Nicaragua.

Volviendo al asunto de la controversia en los noventa, adems de nuestra posicin frente a los temas del socialismo y el antimperialismo, los ortodoxos (como ramos conocidos en ese entonces) encabezados por Daniel Ortega plantebamos que ninguna forma ni mtodo de lucha podan ser excluidos por principios, sino nicamente por razones tcticas, y precisbamos que la lucha violenta se legitimaba por el carcter violento de la ofensiva neoliberal que pretenda usurpar sus propiedades a los beneficiarios de la reforma agraria y a los trabajadores que reivindicaban su derecho a la propiedad en el contexto de las privatizaciones, as como tambin se legitimaba la violencia en la lucha callejera por la naturaleza violenta de las medidas gubernamentales que pretendan cercenar los derechos sociales del pueblo, que haban sido reivindicados por la Revolucin. Pero tambin dejbamos claro que en las condiciones histricas nuestras, la recuperacin del poder poltico slo era posible por la va electoral en el marco de la democracia burguesa, muy a pesar nuestro pero coincidiendo todos en esto, que contrario al caso nuestro, estaba muy en correspondencia con el culto que los renovadores rendan (y rinden hoy ms todava) al modelo poltico democrtico burgus, por muy mojigatos que ahora se presenten al respecto, a propsito de lo cual hay que sealar un hecho histrico del que ellos fueron protagonistas, debutando con su actual denominacin poltica, ya que fue esa su primera gran actuacin pblica como renovadores, en el transcurso de la cual fue que decidieron abandonar las filas del FSLN y formar su propio partido. Me refiero al ahora olvidado Pacto de 1995 entre los diputados renovadores (que eran casi todos los diputados sandinistas en aquel momento; es decir, los que haban llegado al parlamento con los votos del FSLN, pero que luego renunciaron a nuestro partido, mas no a su escao parlamentario) y los que pertenecan a los partidos minoritarios de la derecha, aunque en diferentes momentos y aspectos de ese Pacto participaron tambin el partido de gobierno en ese entonces y los liberales de Arnoldo Alemn, que an no tenan en el parlamento una representacin que se correspondiera con las dimensiones alcanzadas por ellos como fuerza poltica, ya que esto sucedi despus de la eleccin de ese parlamento, lo cual unido a la renuncia al FSLN de la mayor parte de sus diputados, cre el escenario subrealista de un parlamento donde la mayor parte de los supuestos representantes del pueblo pertenecan a partidos polticos diminutos o incluso fantasmagricos (cosas de la democracia representativa), tan as que en las elecciones del ao siguiente (las de 1996) esos micropartidos obtuvieron una cantidad de votos tan insignificante que casi todos quedaron sin representacin parlamentaria y los que la lograron, slo obtuvieron una representacin mnima, a pesar de que gracias a ese Pacto los partidos pequeos, que lo hicieron a su medida aprovechando la inslita situacin de su predominio parlamentario, tenan la ventaja de que sus candidatos podan ser electos con muchos menos votos que los cantidatos postulados por los partidos mayoritarios (trecientos y quince mil votos respectivamente, para ser exactos, como mnimo requerido para quedar electos).

El Pacto en cuestin (protagonizado por los renovadores y los partidos minoritarios de la derecha tradicional) consisti (adems de lo ya dicho, que qued consignado en la Ley Electoral) en una reforma constitucional que abarc decenas de artculos, as como reformas de fondo a la Ley Electoral y acuerdos sobre candidaturas a cargos electos por el parlamento, para los cuales se postularon los propios diputados que participaban en el Pacto; todo un festn que hizo parecer juegos de nios los viejos pactos libero-conservadores de la poca somocista, con la diferencia de que las partes en el Pacto de los noventa no eran mayora. Otra cosa importante es que para hacer semejante cantidad de sensibles reformas no hubo consulta alguna con ningn sector, a pesar de que se estaba reformando una Constitucin para cuya elaboracin se haban hecho, en plena guerra de los aos ochenta, una enorme cantidad de los que entonces se llamaron Cabildos Abiertos, con amplia participacin de los ciudadanos. Se necesitaran muchas pginas para describir el contenido de ese Pacto de los noventa, as que me concentrar en tres cosas ms, aparte de las ya mencionadas: el establecimiento de un porcentaje mnimo obligatorio para ganar las elecciones presidenciales y una segunda vuelta entre los dos primeros lugares en caso contrario, la prohibicin de la reeleccin presidencial ms de una vez o en perodos consecutivos y la obligatoriedad del voto calificado en el parlamento para elegir magistrados y dems cargos. Esta ltima decisin de los firmantes del Pacto en cuestin oblig a sandinistas y liberales a negociar nombres para cargos de magistrados y contralores, lo cual fue demaggicamente cuestionado por los pactistas del noventa que haban hecho lo mismo cuando tuvieron la correlacin de fuerzas para ello, y cuya intencin era que las dos grandes fuerzas polticas (sandinistas y liberales), al no tener los votos suficientes segn los errneos clculos de renovadores y compaa, tuvieran que pedir votos de los partidos pequeos a cambio de cargos para stos; de igual manera que la segunda vuelta electoral fue establecida por renovadores y resto de pequeos partidos para poder venderse al mejor postor una vez que ninguna de las dos grandes fuerzas obtuviera el porcentaje requerido para ganar una eleccin presidencial en primera vuelta. Es decir, como la correlacin de fuerzas no hizo necesario que los renovadores y resto de autores del Pacto de los noventa fueran parte de las negociaciones para candidaturas a cargos electos por el parlamento, ellos condenaron (por hacer lo que ellos no podan, pero tambin queran) a las dos nicas fuerzas polticas que podan negociar (y deban, pues de lo contrario era imposible elegir magistrados y dems cargos, ya que ningn candidato habra tenido los votos suficientes). Haciendo alarde de descaro, los pactistas de los aos noventa condenaran luego el Pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemn, lo cual no fue freno para que ellos mismos a la vuelta de la esquina, se aliaran en diferentes momentos, con las dos fuerzas a las que ellos peyorativamente haban llamado pactistas: Con el FSLN en las elecciones presidenciales de 2001, y desde 2008 apoyando a los candidatos de la fuerza de derecha que tuviera mayores posibilidades electorales, llegando a ofrecer en 2011 la primera candidatura de diputado a Arnoldo Alemn, quien rechaz la oferta. Los Acuerdos entre el FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista de Alemn tambin recibieron crticas desde adentro, pero por razones distintas a las de los renovadores y la derecha no liberal. Dora Mara habla de alianzas del FSLN con los liberales de Alemn; ha habido acuerdo entre adversarios (correctos o no, eso no viene ahora al caso), y partiendo de que somos fuerzas opuestas, distinto a lo que ha hecho el MRS, que ha ido incluso ms all de una simple alianza con la derecha (alianza que nunca ha hecho, repito, el FSLN): el MRS ha quedado como un simple apndice de la derecha ms retrgrada del pas, la derecha oligrquica de origen conservador, y el actual Presidente del MRS corri en las elecciones de 2011 como candidato a Vice-Presidente por el Partido Liberal Independiente, cuyo candidato presidencial (quien lo escogi a l personalmente con la vana ilusin de atraer votos sandinistas) es quizs el ms reaccionario de cuantos han competido en eleccin alguna en la historia de Nicaragua, incluyendo a los Somoza y haciendo excepcin (tal vez) del caudillo conservador Emiliano Chamorro. A eso llamo yo colapsar. En cuanto a las restricciones a la reeleccin, tenan como objetivo sacar a Daniel Ortega del juego poltico, como tambin hicieron los renovadores en curiosa alianza con el PLC de Alemn, en plena campaa electoral de 1996, a punta de maniobras descaradas y arbitrariedades evidentes, excluyendo a varios candidatos presidenciales que les estorbaban y aprovechando para ello su control del Poder Electoral, cuyos magistrados eran electos por ellos en el parlamento, y aunque los de entonces ya haban sido electos aos antes, los sandinistas eran todos renovadores. Los dems pertenecan a los partidos pequeos de la derecha que haban hecho el Pacto con el naciente MRS, pero ste ya no se ali ms con ellos, porque en esas elecciones eran rivales en la conquista del voto considerado como de centro, favoreciendo entonces por esta razn a los liberales.

Volviendo al debate entre ortodoxos y renovadores de cara a la Sesin Extraordinaria del I Congreso, llevada a cabo en mayo de 1994, nosotros ramos partidarios de reafirmar el carcter de vanguardia del FSLN, en vista de la necesidad de una direccin poltica para la lucha revolucionaria por la reconquista del poder y para la posterior instauracin de nuestro modelo socialista. Sin embargo, considerbamos que deban hacerse cambios importantes en la manera de funcionar que tenamos en los ochenta. Ya desde 1990 se haba establecido el libre ingreso en las filas del FSLN, que antes era restringido. El cambio promovido por nosotros a mediados de los noventa fue que la militancia pasara a ser opcional, es decir que no fuera la direccin del partido quien seleccionara a los militantes, sino que los miembros del FSLN optaran por cualquiera de las dos categoras (militantes y afiliados), una vez que supieran la diferencia entre ambas, que era el mayor nivel de compromiso y disciplina. Con el paso del tiempo esto tuvo nuevas modificaciones, que no vienen al caso en este momento; lo que quiero precisar ahora es que los renovadores (cuya lder se muestra hora tan preocupada por el segn ella desaparecido carcter revolucionario del FSLN) planteaban que debamos ser como los otros partidos, que se activan para las elecciones, sin dirigentes a tiempo completo, sin estructuras permanentes, y con estructuras similares a las de los partidos tradicionales. Todo un partido de correligionarios.

Pero como se ha visto ya, la polmica y las diferencias que dieron origen a lo que poco despus sera el MRS no se reducan a cuestiones tericas o a la discusin del Programa y los Estatutos del FSLN, sino que inclua asuntos prcticos estratgicos para el pas. Precisamente la discusin que marc el inicio del enfrentamiento entre los dos grandes bloques dentro de la Asamblea Sandinista Nacional fue acerca de una propuesta de los futuros renovadores, que consista en una ley para la regulacin de las privatizaciones de los servicios pblicos, con el argumento de que al ser sta inevitable, lo nico que poda hacerse era ponerla bajo algn control. Frente a ello, recuerdo muy claramente cuando Daniel Ortega dijo que era mejor una privatizacin de los servicios pblicos enfrentada a nuestra frrea oposicin a la misma en el parlamento y en las calles, que una privatizacin quizs un poco mejor ejecutada precisamente a raz de su legitimacin por quienes estamos ideolgicamente opuestos a ella, a lo cual aada que el problema no era la manera en que se estaba privatizando, sino la privatizacin misma; y que la corrupcin no estaba en las malas intenciones de los individuos que estaban llevando a cabo aquella gran operacin gansteril que fueron las privatizaciones, sino en el hecho mismo de que stas se estuvieran haciendo, ya que su esencia era pasar a manos privadas lo que era de toda la sociedad, y peor an en el caso de los servicios, convertir en negocio los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el agua, la energa elctrica y las telecomunicaciones. As naci el MRS: pactando a la vieja usanza del somocismo, por prebendas y a espaldas del pueblo; excluyendo a toda persona o fuerza poltica que fuera un obstculo en las ambiciones de poder de los participantes en el Pacto; traicionando los principios revolucionarios al renunciar al socialismo y al antimperialismo; y bendiciendo las privatizaciones neoliberales de los servicios pblicos. Esa acta de nacimiento fue completada con el fraude electoral perpetrado contra el FSLN en las elecciones de 1996 a favor de Arnoldo Alemn, con las boletas electorales tiradas en los cauces de Managua y miles de impugnaciones y pruebas presentadas por el FSLN, a diferencia de las elecciones posteriores en que ellos, junto a toda la derecha, nos acusaron de fraude sin prueba alguna y sin impugnaciones de las Juntas Receptoras de Votos por sus fiscales. La Presidenta del Consejo Supremo Electoral en 1996 era la renovadora Rosa Marina Zelaya, cuyo marido, Samuel Sampers, fue el nico diputado del MRS electo en aquella oportunidad por la aplicacin arbitaria hecha por ella misma de un mtodo para definir a quin entre los candidatos renovadores le corresponda ese escao, razn por la que ese diputado pas a ser conocido en los corrillos de la chismologa poltica nicaragense como el diputado consorte (a propsito del nepotismo que tanto se nos critica, y con lo cual seguir luego).

Algo interesante sobre todo esto que estoy diciendo es su verificabilidad por cualquiera que investigue en los peridicos de izquierda de esa poca en Nicaragua (El Nuevo Diario y Barricada), que estn al alcance de quien visite cualquier hemeroteca en nuestro pas. Dicho sea de paso, ambos medios informativos pasaron a manos de los renovadores, siendo posteriormente recuperado uno de ellos (Barricada), en una situacin que ya era de quiebra irreversible por el manejo administrativo que haba tenido y por la retirada de casi todos sus anunciantes, que eran las empresas en manos de la burguesa, a la cual recin ingresaban los renovadores (que por ser los cuadros de ms alto nivel en el FSLN tenan en sus filas a la vez, a la mayor parte de quienes aprovecharon tal posicin para abusar de los bienes del Estado y del patrimonio del FSLN en lo que se conoci como la Piata, que luego de forma cnica, ellos utilizaron junto con toda la derecha para atacar al FSLN). A propsito, es importante sealar la razn por la que los cuadros sandinistas de ms alto nivel en los aos ochenta renunciaron luego al FSLN para fundar el MRS. Los que se fueron del FSLN no fundaron el MRS porque hubieran sido previamene excluidos, sino al contrario: ellos se fueron por su propia voluntad del FSLN para organizar el MRS, una vez que fueron derrotados, tanto en la discusin del Programa y los Estatutos como en la eleccin de autoridades internas. Dora Mara se refiere a que muchos simplemente dejaron de hacer militancia activa porque fueron excluidos, en unos casos, y en otros porque tenan que buscar de qu comer. Segn esta lgica, los miles de militantes del FSLN que se mantuvieron haciendo trabajo poltico y organizativo en nuestras filas, dedicando a ste gran parte de su tiempo, tenan su vida resuelta. Ella dice que solamente los diputados del perodo entre 1990 y 1997 (casi todos renovadores) y Daniel Ortega se quedaron haciendo vida poltica, porque l tena recursos y ellos, un salario para el debate poltico. El desprecio que siente Dora Mara por la militancia de base es tal, que ignora su existencia misma y la de una legin de cuadros improvisados que ocuparon el lugar de quienes se fueron, sin necesidad de un salario para el debate poltico. Ella olvida, muy a su conveniencia, que el nico partido poltico en Nicaragua que siempre ha contado y cuenta con una gran cantidad de militantes dispuestos a darlo todo a cambio de ninguna rebribucin individual, es el FSLN; no pudiendo decir lo mismo el MRS ni los dems partidos de la derecha en Nicaragua, lo cual dice bastante acerca de en qu lado quedaron los revolucionarios en el sandinismo: con el FSLN o con el MRS, que nunca pudo levantar cabeza porque all todo el que hace poltica pide un salario. Distinto es que el FSLN, por el carcter permanente de sus estructuras (derivado de su condicin como partido de vanguardia que trabaja todo el tiempo en la conduccin poltica del proceso revolucionario), necesite tener cuadros polticos a tiempo completo (aunque ni siquiera al regresar el FSLN al gobierno volvi a tener nunca la cantidad de polticos profesionales que hubo en sus filas en los aos ochenta).

Sobre los supuestos excluidos, Dora Mara dice que los cuadros intermedios terminaron siendo los grandes culpables de todo. Y en todas partes les volaron la cabeza a todos, luego de afirmar que la corriente encabezada por Daniel Ortega insisti en tratar de retrasar o frenar el proceso de democratizacin interna del partido. Nada ms falso. La verdadera democratizacin del FSLN se dio cuando, luego de ser derrotadas las posiciones de los renovadores en el Congreso Extraordinario de 1994, el FSLN llam, en una decisin sin precedentes en partido revolucionario alguno, a todos los nicaragenses que quisieran ingresar a las filas del FSLN, a inscribirse para elegir a los delegados de las estructuras de base del partido a las Asambleas Sandinistas Municipales, que a su vez eligen a los organismos de direccin municipales y a los delegados municipales que van a las Asambleas Sandinistas Departamentales, en las cuales se elige a los organismos de direccin departamentales y a los delegados que asisten a la Asamblea Sandinista Nacional (ahora esta Asamblea est integrada por los Secretarios Polticos Municipales, electos en sus respectivas Asambleas Sandinistas), y se estableci en los Estatutos que los delegados al Congreso fueran electos directamente en la base, siendo el Congreso el mximo rgano de decisin del FSLN, donde se elige a la mxima direccin, incluido el Secretario General, y se definen el Programa y los Estatutos. Fue producto de ese proceso, que los famosos cuadros intermedios quedaron fuera de todos los cargos (mas no fuera de la estructura del FSLN, pues no hubo en todo aquel proceso de los aos noventa una sola expulsin); y quedaron fuera de los cargos porque fue esa la voluntad de los sandinistas de base, que no quisieron votar por ellos, y fue as que en todo caso, por las posiciones claudicantes de esos cuadros, las bases en un acto legtimamente democrtico les volaron la cabeza.

Por otra parte, nadie hizo de esos cuadros los culpables de derrota alguna; al contrario: Ellos, muchos de los cuadros intermedios en la dcada de los ochenta, quisieron convertir a la Direccin Nacional del FSLN (y ms especficamente a Daniel Ortega) en el gran chivo expiatorio de la derrota electoral, pero no lo lograron. Al contrario, qued en evidencia que sus posiciones derechizantes (en aquel entonces reformistas o socialdemcratas, ahora abiertamente neoliberales igual que ha sucedido con toda la antigua socialdemocracia en el mundo entero) haban sido determinantes en el rumbo que tom la Revolucin Sandinista en los aos ochenta, cuando se dej pasar la mejor oportunidad en la historia de Nicaragua para hacer un cambio profundo en el sistema poltico, y en lugar de instaurarse la nueva institucionalidad revolucionaria con el poder en manos de las clases populares, se instaur un modelo poltico democrtico representativo que luego, impidi al sandinismo defender con mayor efectividad desde la oposicin, las conquistas revolucionarias. Sus posiciones claudicantes de renuncia al socialismo y al antimperialismo, as como al carcter de vanguardia del partido, fueron las que los pusieron en evidencia ante la base sandinista. Casi todos los ministros, los dirigentes del FSLN a todos los niveles y los diputados electos en 1990 se pasaron al MRS, porque cuando el poder revolucionario no es ejercido directamente por el pueblo, los revolucionarios que lo ejercen dejan de usarlo como instrumento de transformacin revolucionaria de la sociedad, y terminan siendo ellos, en cambio, transformados en instrumentos del poder como un fin en s mismo, cuya esencia es reaccionaria, toda vez que surgi con la explotacin y la opresin, con el objetivo de legitimarlas y perpetuarlas.

El mrito de Daniel Ortega no fue haberse quedado al frente del FSLN y andar del timbo al tambo, como dice Dora Mara que l ha pretendido, sino haberse puesto al frente de la defensa de los principios histricos del sandinismo, de las posiciones ideolgicamente revolucionarias en momentos que eran de desbandada generalizada en las filas de la izquierda, tanto en Nicaragua como en el mundo entero. Ya Daniel Otega se haba hecho, muy a su pesar, un buen perfil como el pragmtico y moderado de la Direccin Nacional en los aos ochenta, de modo que para l lo ms fcil en los noventa hubiera sido quedar bien con los dueos de la verdad y del buen gusto, de la moral y las buenas costumbres, como hicieron los renovadores que de inmediato comenzaron a ser alabados por la derecha, que los presentaba tal como ellos queran: como los sandinistas buenos o los que a pesar de ser sandinistas, son buenos; los sandinistas democrticos (fenmeno que como indica la cita escogida como encabezado de este artculo, ya haba sido previsto como una posibilidad por Carlos Fonseca; el hecho de que no fueran infiltrados del enemigo es lo de menos, pues en todo caso actuaron como tales, que no es la situacin actual, cuando ya actan como el enemigo mismo). El mrito de Daniel Ortega es haber apostado por las ideas revolucionarias en el peor momento por el que stas han pasado, pagando el costo de aparecer como el ortodoxo fundamentalista, electoralmente impresentable segn los criterios oficialmente aceptados como razonables, incalificable por tanto para cualquier candidatura, renunciando as a la imagen de hombre moderado dentro del sandinismo, tan oportuna para los nuevos tiempos de predominio poltico e ideolgico de la reaccin a nivel nacional e internacional. Cuando en los ochenta la moda era ser radical, l fue el moderado; cuando la moda fue ser moderado, l fue el radical. O como bien lo grafica un elocuente dicho machista, a l le toco siempre bailar con la fea porque as lo escogi, porque es de quienes prefieren hacer lo que creen correcto y no lo que les va a proporcionar el poder y gloria, contrario a los que queran volver a las mayoras (tal como deca la proclama que fue su acta de nacimiento) a costa de los principios revolucionarios.

Cuando Dora Mara habla de vnculos en los frentes de guerra y de los que andaban en los frentes de guerra olvida que Daniel Ortega fue el fundador del Frente Norte, que fue el primero de los frentes de guerra y que surgi de la guerrilla segoviana nacida de las acciones guerrilleras dirigidas personalmente por l, que comenzaron con las emboscadas a los convoyes de la Guardia Nacional en la Carretera Panamericana entre Dipilto y Ocotal, la ms exitosa de las operaciones militares de octubre de 1977, mencionadas por ella como el inicio del contacto a gran escala entre el FSLN y las masas populares, lo cual tampoco es as en realidad, pues ya para entonces el prestigio del sandinismo era grande, as como las simpatas que por l sentan amplios sectores populares, sobre todo a raz del Pacto que hiciera el lder opositor conservador Fernando Agero con el dictador Somoza, el cual radicaliz a favor de la lucha armada librada por el sandinismo, el creciente sentimiento antisomocista en el pueblo nicaragense, lo que haba quedado de manifiesto con la reaccin popular ante la toma de la casa de Jos Mara Castillo en diciembre de 1974. Por otra parte, ya el FSLN antes de la ofensiva de octubre de 1977 tena un trabajo poltico y organizativo muy amplio con la poblacin en los barrios pobres de las ciudades con fuerte presencia estudiantil universitaria como el caso de Len y Managua, o de comunidades indgenas afines a la lucha revolucionaria, como en el caso del mismo Len y de Masaya, para el apoyo popular a la guerrilla en la montaa; trabajo previo realizado por el Frente Estudiantil Revolucionario, brazo juvenil universitario del FSLN, sin el cual habran sido inconcebibles los procesos insurreccionales posteriores. Dora Mara dice las cosas de la forma en que las dice porque tiene el objetivo deliberado e inconfesable de restar mritos a la trayectoria revolucionaria de Daniel Ortega, de modo que quien no conoce la historia del FSLN y ve lo que dice una legendaria guerrillera, puede llegar a pensar que el actual principal dirigente sandinista es casi un advenedizo oportunista, ignorando que Daniel Ortega est entre los primeros dirigentes de mximo nivel en el FSLN cuando se integr a ste casi en el momento mismo de su fundacin y pas a la clandestinidad a la edad de diecisiete aos, siendo poco despus uno de los que han ingresado ms jvenes a la Direccin Nacional, cuando el promedio de vida de un militante clandestino era de aproximadamente seis meses. Tampoco puede adivinar quien ve el fingido menosprecio de Dora Mara hacia Daniel Ortega, que ste fue el Jefe de la guerrilla urbana en los aos sesenta y que estuvo siete aos encarcelado en las mazmorras de la dictadura.

Dora Mara, dirigente de un partido que tiene como Presidente a un empleado del Banco Interamericano de Desarrollo y cuyos cuadros polticos dirigen ONGs financiados por el Banco Mundial, reprocha al FSLN su supuesta gran afinidad con ste y con el FMI, a los cuales antes atacbamos (ahora son sus pofis, dice ella), y que lo mismo sucede con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Debo aclarar que el FSLN ha mantenido siempre el mismo discurso y la misma conducta respecto a los organismos financieros internacionales y a los tratados de libre comercio promovidos por Estados Unidos y Europa. El FSLN siempre se opuso y se sigue oponiendo a estos organismos y al TLC con Estados Unidos (razn por la que dicho sea de paso, fue criticado en su momento por reconocidos dirigentes del MRS), pero cuando ste fue discutido en la Asamblea Nacional no tenamos los votos suficientes para impedir que se aprobara, y en cuanto al Tratado de Libre Asociacin con Europa (que Dora Mara no menciona), slo lo aceptamos hasta que fueron incorporadas todas las clusulas que exigamos, y que cambiaron totalmente el carcter del mismo, a tal punto que ya los propios gobiernos europeos haban perdido el gran entusiasmo inicial, por razones obvias. El TLC, pues, es una herencia de la poca en que gobernaban los mismos grupos de derecha que ahora son apoyados por el MRS, y que cuando negociaban con los organismos financieros no slo les aceptaban todo a stos, sino que aumentaban la dureza de las medidas econmicas recetadas por ellos, mientras ahora en las negociaciones con los organismos financieros el FSLN ha logrado que Nicaragua pase de ser uno de los pases con ms imposiciones del FMI, a ser uno de los que tienen que cumplir menos imposiciones de este tipo. Lo temporalmente inevitable de las negociaciones con el FMI se debe a que stas son una condicin impuesta por los europeos para entregar a Nicaragua su mal llamada cooperacin, que representa un alto porcentaje de nuestro Presupuesto anual. Pero una meta estratgica y pblicamente presentada como tal por nuestro gobierno es librarnos del FMI. Es curioso que cuando el FSLN negocia sin ms remedio con estos organismos, es condenado por ciertos grupos como aliado del FMI; pero cuando el FSLN marca su posicin (como sucedi no hace mucho), denunciando las imposiciones que el FMI pretende aplicar (lo cual sirve de presin mientras las negociaciones se estn dando), se nos dice que como nicaragenses, estamos mordiendo la mano que nos da de comer. Porque en la oposicin antisandinista hay una contradiccin fundamental: Unos dicen adversarnos porque somos extremistas de izquierda, y otros porque no somos de izquierda, aunque en lo que ya es el colmo de la incoherencia, estos ltimos al quedar en evidencia atacndonos en alianza con la derecha ms reconocida como tal, se justifican con la ya mencionada tesis de que actualmente en Nicaragua, la contradiccin entre democracia y dictadura est por encima de la existente entre izquierda y derecha.

A propsito de esto, Dora Mara dice que en Nicaragua actualmente hay una dictadura. Y ante el cuestionamiento de que en nuestro pas actualmente no hay represin violenta (ni siquiera y ni por asomo a los niveles de los gobiernos neoliberales, calificados como democrticos por ella y todos los que califican al actual gobierno de dicatorial), argumenta que el xito de una dictadura es no tener necesidad de garrotear, y afirma que los Somoza no siempre estuvieron matando gente en las calles, que eso slo fue en los momentos de crisis dura y, en especial, en los dos ltiimos aos. La derecha (y los renovadores son de derecha desde que nacieron como tales) llama dictadura a todo modelo poltico que atente contra los principios de la democracia representativa. Por ejemplo, una acusacin que se ha hecho siempre al FSLN para acusarlo de dictatorial (y que, meses despus de la derrota sandinista de 1990, los entonces futuros renovadores aceptaron, golpendose el pecho, como una de las causas de aquella derrota) ha sido la confusin Estado-Partido. Nosotros pensamos que mientras no hayamos cambiado el sistema poltico, los espacios institucionales con presencia sandinista sern trincheras revolucionarias de la lucha de clases y de la lucha poltica como manifestacin suya, lo cual ciertamente, implica la confusin Estado-Partido. Pero siendo esto un argumento para decir que en Nicaragua hay una dictadura, tambin lo sera para decir que en los ochenta en nuestro pas hubo una dictadura; es decir, cuando los actuales renovadores que hoy nos acusan de ser una dictadura ocupaban los ms altos cargos polticos y gubernamentales. Sin embargo, la tendencia entre los renovadores y la disidencia sandinista en general es a idealizar los aos ochenta, para decir que lo de entonces s fue una Revolucin, y no lo de ahora. Y que lo de ahora es una dictadura, y no lo de entonces.

As, por ejemplo, Dora Mara dice que la Revolucin Sandinista () cambi profundamente el diseo de esta sociedad. Como ya se ha dicho, en los aos ochenta no se instaur un sistema poltico que institucionalizara el cambio revolucionario que se estaba dando; por tanto, el cambio profundo que ciertamente ocurri no logr cambiar realmente el diseo de esta sociedad, porque si de algo se trata la dimensin poltica de la sociedad, es precisamente de su diseo. Yo agregara una pregunta aqu, a aquellos que desde distintas posiciones descalifican al FSLN en la actualidad como un partido que no es revolucionario y en cambio, consideran que s lo era en los aos ochenta: si todo de lo que ahora se nos acusa tambin se nos acusaba en los ochenta, cules de las cosas que se hicieron en los ochenta no se estn haciendo ahora? La respuesta es fcil: las confiscaciones. Quieren los renovadores o incluso, otros disidentes sandinistas que pretenden estar a la izquierda del FSLN, que confisquemos? Evidentemente, no hay quien est pidiendo eso en este momento en Nicaragua, porque todo el mundo est claro de que las confiscaciones tuvieron razn de ser en aquel momento, pero no ahora; de lo que no todo el mundo est claro es de que la redistribucin de la propiedad hecha por el FSLN en los cohenta mediante las confiscaciones, cre un sector popular en la economa que logr sobrevivir parcialmente a los dieciseis aos de neoliberalismo, que eso hace posible ahora la titulacin masiva de propiedades a nombre de las cooperativas, los pequeos productores en general y los habitantes de los barrios populares, convirtindose as stos en sujetos de crdito dentro de la lgica actual de la economa, y que es gracias a eso que ahora no necesitamos confiscar para ser revolucionarios. Yo ira ahora an all con mi pregunta: Qu es lo que no est haciendo el FSLN y que debera hacer para que los super revolucionarios que dedican la mayor parte de su tiempo a hacer causa comn con el imperialismo atacando al sandinismo gobernante, nos consideren dignos de llamarnos revolucionarios? Tengo bastante tiempo de estar esperando ansiosamente una respuesta a esa pregunta. Pero nadie la da, porque nadie la tiene. Al contrario, se pueden mencionar cosas que se estn haciendo ahora y no se hicieron en los ochenta, habindose podido hacer entonces. Por ejemplo, ahora se est instaurando el Poder Ciudadano, que es el primer paso para la construccin del nuevo sistema poltico que institucionalice el cambio revolucionario y es por eso que en esta su segunda etapa, la Revolucin Sandinista no slo se encuentra nuevamente en marcha, sino que se est profundizando.

Otra cosa que dice Dora Mara en esta misma lnea es que actualmente hay una Polica poltica (), al servicio del engranaje de poder de una familia, para luego sostener que se trata de una Polica que diseamos para que estuviera al servicio de la comunidad, de la ciudadana, y que de hecho estuvo durante aos. No s si se referir a los aos ochenta, en que la Polica y el Ejrcito estaban al servicio de la Revolucin y por tanto, del FSLN. Difcilmente, pues para ellos (los renovadores) eso ahora es un pecado mortal. Seguramente entonces se refiere Dora Mara a los aos de la llamada profesionalizacin de la Polica y el Ejrcito, en que ambos rganos armados (y sobre todo la Polica, por cierto) fueron utilizados por la derecha gobernante para reprimir al pueblo y ambas instituciones debieron resistir en condiciones tan adversas semejante situacin para poder preservarse y llegar hasta el retorno del sandinismo al poder. Por lo dems, Dora Mara sabe que no es cierto que el somocismo asesinara slo en sus dos ltimos aos. En el somocismo ser sandinista era prohibido y el castigo era la muerte; ella lo sabe mejor que yo. Ahora, en cambio, hasta hay quienes se llaman a s mismos somocistas y nadie les hace nada; y hasta aparecen en marchas y dems actividades polticas junto a los renovadores, incluyendo a la misma Dora Mara, que ahora pretende en vano recuperar su virginidad ideolgica.

Bajo ese mismo formato poltico viejsimo de acusar al FSLN de instaurar una dictadura, Dora Mara levanta la desgastada bandera del fraude, usada por toda la derecha mundial contra todos los gobiernos no afines a los intereses del imperialismo norteamericano, y se pregunta: Si el orteguismo fuera mayoritario, para qu necesitara robarse las elecciones? Segn todas las encuestas (sin excepcin) hechas en elecciones y fuera de ellas en estos aos, efectivamente el FSLN o si se prefiere, el orteguismo, es mayoritario. Da la casualidad de que los resultados electorales coindicen con todas esas encuestas, y los que nos acusan de fraude no impugnaron casi ninguna Junta de Votacin en ninguna de las elecciones segn ellos fraudulentas (habiendo fiscales de ellos en casi todas las Juntas), y ni siquiera tomando como ciertas las irregularidades sealadas por ellos se podra poner en duda el resultado de la ms reciente eleccin presidencial, en que la diferencia fue aproximadamente de 30 puntos porcentuales, a pesar de lo cual ellos siguen poniendo en duda ese resultado. Tomando en cuenta el fraude, dice Dora Mara, el primer objetivo es cambiar el sistema electoral. Ser que quieren volver al sistema que inventaron ellos en el Pacto de los noventa, cuando un candidato de un partido minoritario poda quedar electo con trescientos votos, mientras uno de un partido mayoritario necesitaba quince mil? Ser que quieren volver a ese sistema en el que teniendo los renovadores la presidencia del Consejo Supremo Electoral, se cometi (all s, con impugnaciones y sobradas pruebas) uno de los ms escandalosos fraudes en la historia democrtica de Nicaragua, que fue el de las elecciones de 1996, con menos de la mitad de la diferencia porcentual que hubo entre el FSLN y su ms cercano rival en las elecciones presidenciales recin pasadas? Incluso, poco antes de aquel fraude haba renunciado a su cargo el Presidente del Consejo Supremo Electoral, Mariano Fiallos Oyanguren (a quien nadie puede acusar de orteguista) alegando que no haba condiciones jurdicas mnimamente aceptables para una competencia justa y transparente.

Siempre en lo mismo, Dora Mara aade el infaltable ingrediente del nepotismo, acusando a Daniel Ortega de instaurar todo un rgimen de poder familiar. Yo pregunto: Cuntos miembros de la familia Ortega Murillo son ministros? Diputados? Magistrados acaso? En los aos noventa, siendo Sergio Ramrez Jefe de la Bancada Sandinista en el parlamento, haba dos diputados ms que eran familia cercana suya: Su fallecido hermano Rogelio y su hija, Mara (ambos excelentes cuadros y compaeros honestos, debo aclarar; y con mritos propios para ocupar ese lugar, adems independientemente de que hubiesen estado a favor de los renovadores ). En esa misma poca la entonces Presidenta Violeta Barrios de Chamorro nombr a toda una legin de familiares suyos en altos cargos en todos los poderes del Estado, porque como bien hizo ver alguien en algn momento, a falta de un partido no le quedaba otra opcin que confiar en su familia, siendo ella adems, una ama de casa por excelencia. Arnoldo Alemn y su hija eran diputados al mismo tiempo, en el perodo presidencial de Enrique Bolaos. Incluso en los aos ochenta la derecha atacaba a Daniel Ortega alegando que haba nepotismo porque siendo l Presidente, su hermano era el Jefe del Ejrcito, sabindose de sobra que ambos tenan sus propios mritos sin que nada tuviera que ver, por tanto, el parentesco con el cargo. Igual cosa sucede con lo nico a lo que puede aferrarse el ataque al FSLN en la actualidad respecto a este tema: el hecho de que Rosario Murillo sea Coordinadora del Consejo de Comunicacin y Ciudadana, desde donde de ms est decirlo ha demostrado su singular capacidad e inteligencia, que ya antes haba mostrado en otros mbitos de la actividad pblica, sobre todo en la cultura y el arte. Pero es que el problema del nepotismo no es el hecho en s de que personas con vnculo familiar ocupen altos cargos gubernamentales y/o estatales, sino que la razn por la cual ocupen esos cargos sea ese vnculo familiar, y es evidente que ese no es el caso de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pues es de sobra sabido que ella fue Jefa de Campaa del FSLN por sus propias cualidades y que por tanto, aunque Daniel Ortega no hubiera sido candidato presidencial y luego Presidente de la Repblica, ella podra estar ocupando la misma responsabilidad que actualmente ocupa, o bien cualquier otra de alto nivel en el Gobierno o en cualquier Poder del Estado.

No conforme con su diatriba, Dora Mara llega a un nivel alucinante de agresividad que roza con lo criminal cuando se atreve a hacer un (no tan) solapado llamado al magnicidio, al decir: Lo que en 1995 no estaba completamente claro en el Frente era que Daniel Ortega no se detendra. Que Daniel Ortega estaba dominado por su afn de concentrar ms poder. Y no se detuvo. Es ms: no se ha detenido. Ni se detendr por su voluntad. Habr que detenerlo () Mientras Daniel Ortega est vivo ser candidato a la Presidencia. Cambiar Daniel Ortega y decidir ser democrtico y volver a sus principios? No, va a morir en su ley.

Interesante, no? Habr que deternerlo Mientras Daniel Ortega est vivo ser candidato Va a morir en su ley. Luego, para completar su cuadro macabro, Dora Mara insina la posibilidad de la oposicin armada cuando dice: Cul es la ventaja de optar por la va cvica en estas circunstancias? Y lo repito: en estas circunstancias, para a continuacin referirse a esas ventajas, que no vienen al caso aqu; lo que quiero hacer ver es su deliberado nfasis en el trmino en estas circunstancias, dando a entender que eventualmente, la va cvica podra sustituirse por la va armada.

Dora Mara habla de gente agotada de hacer fila en el partido para que le den una beca, un trabajo, la matrcula. Todo el que tiene un mnimo contacto con la realidad en Nicaragua sabe que para otorgarse los innumerables beneficios de los programas sociales gubernamentales, a nadie se le pregunta su filiacin poltica. Recurre tambin Dora Mara a la queja usual de la oposicin, de que los recursos de la cooperacin venezolana no entran al Presupuesto General de la Repblica. Hay day dos razones para ello, y Dora Mara las conoce bien: Primero, si algo hemos aprendido los sandinistas es que en un sistema pluripartidista nadie puede asegurar la mayora parlamentaria ni el control del gobierno por tiempo indefinido, y el Presupuesto se aprueba en la Asamblea Nacional, lo cual significa que incluir la cooperacin venezolana en el Presupuesto implicara eventualmente, poner en manos de la derecha el destino de esa cooperacin, cuya razn de ser es el avance de un proceso de transformacin social opuesto al orden de cosas que esa derecha defiende. Por otra lado, una de las cosas que han permitido al FSLN garantizar muchos beneficios sociales y programas para la reactivacin y consolidacin del sector popular en la economa a pesar de las restricciones fondomonetaristas, es que gran parte de esas inversiones no se reflejan en el Presupuesto como gasto social, que es una mala palabra para los organismos financieros internacionales.

Dando continuidad a su idea de que el FSLN fue un grupo aislado durante casi toda su existencia en la poca de la lucha contra la dictadura somocista (lo cual ya se ha refutado aqu antes), Dora Mara se pregunta cmo esa minora (que eso s, en efecto lo era) se convirti en un factor revolucionario; y se responde: Porque haba sostenido el punto y porque supo hacer un planteamiento en el momento de la crisis, pretendiendo de esta forma y con indecente audacia, comparar lo que hizo el FSLN en aquel entonces con lo que est haciendo ahora el MRS, que segn reconoce ella (porque no tiene de otra), es una fuerza minoritaria (por tanto, incapaz de ganar elecciones; absurdo que reclame entonces por fraude). Pero los que de verdad sostuvieron el nico punto revolucionario que deba sostenerse en la peor poca imaginable para el movimiento revolucionario en el mundo entero, fueron los militantes del FSLN que cuando ella y todos los renovadores se fueron, cuando nadie (empezando por los renovadores) quera saber nada de revolucin ni socialismo, cumplieron con esa misin con la dedicacin del viga amigo del jardinero en la cancin de Silvio Rodrguez, que cuando el verde se secaba y el viento del Sur se demoraba, segua esperando que llegaran cantando la lluvia y su hora, con la pupila puesta en el invisible da en que llegara el aguacero; el mismo que ya lleg para infortunio de los que creyeron el jardn perdido para siempre e insisten en esa idea sin que de manera alguna puedan enterarse de que el jardn slo se perdi en la percepcin de ellos, tan maltratada por la prdida de la capacidad de creer en el ser humano y por tanto de saber que es posible alcanzar la felicidad para toda la humanidad si se crean las condiciones adecuadas para ello. Si esa prdida del jardn que se secaba fue para siempre en su conciencia, de ellos depende. Hubo varios que volvieron a creer, a soar y a luchar. Cualquiera puede hacerlo, si se lo propone. Y espero me comprendan si fui muy duro, ya que segn puede comprobarse, no fue por mi gusto.

Nota:

1 Sandino, Augusto C., Ob. Cit., t. II, p. 245.

Carlos Fonseca Tern. Secretario Adjunto de Asuntos Internacionales, Frente Sandinista de Liberacin Nacional

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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