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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2013

Las bases sociales para una propuesta programtica democrtica-republicana (y II)

Manuel Monereo
Rebelin


En el artculo anterior expuse, muy sucintamente, los resultados de un estudio realizada por la Fundacin del BBVA Values and Worldviews en base a una encuesta hecha en diez pases de la Unin Europea. Ahora intentar sacar algunas conclusiones que considero pertinentes para, por as decirlo, el debate de las izquierdas sobre nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro.

La primera cosa a subrayar es que una parte claramente mayoritaria de la opinin pblica europea rechaza las polticas neoliberales y defiende con mucha fuerza el Estado social. Para decirlo con ms precisin: para las mujeres y los hombres que viven en la Unin, los derechos sociales y laborales son un componente central de la ciudadana democrtica y de su dignidad como personas.

Una segunda cuestin a sealar es que se produce una hondsima crisis de representacin, una enorme sima, entre dicha ciudadana y las elites polticas, econmicas y mediticas que ejercen realmente el poder. Las personas no tienen dudas: los poderes existentes trabajan por y para el poder econmico-financiero y los polticos estn a su servicio. As de claro, y por eso una parte significativa de la ciudadana, sobre todo en el sur, est profundamente insatisfecha del funcionamiento de nuestras democracias. Aqu tampoco cabra equivocarse demasiado: las gentes critican, al menos por ahora, la democracias existentes porque la soberana popular manda poco o nada y porque las instituciones democrticas son cada vez ms subalternas e impotentes ante los poderes facticos.

Hay un tercer dato, de valoracin ms compleja y sutil, con de consecuencias polticas de mucho calado; me refiero, a la valoracin de eso que se ha dado en llamar economa de mercado. El asunto se podra exponer del siguiente modo: la ciudadana acepta la economa de mercado sabiendo que es la causante principal de las desigualdades sociales, por lo reclama un Estado responsable y garante de los derechos sociales e implicado fuertemente en su control y funcionamiento. Se dira que la opinin pblica, ms all de los lmites tradicionales de la izquierda y derecha, est por un programa de orientacin fuertemente socialdemcrata, sobre todo en Espaa.

Se podra continuar pero nos llevara, seguramente, demasiado lejos, sobre todo, si se compara con otras encuestas, como la reciente de la cadena SER. Insistir en lo siguiente: lo que nos dice el estudio que comentamos es que en las consciencias de las personas hay un rechazo fuerte a las polticas dominantes y una aspiracin a otras ms justas e igualitarias. Es decir, nos sealan disponibilidades, horizontes y perspectivas para otros proyectos, en momentos de mucho sufrimiento y depresin social. De ah, al voto o al compromiso poltico sostenido va un trecho difcil, muy difcil, de recorrer.

Pasar de la disponibilidad a la accin y al compromiso exige un proyecto claro, creble socialmente y polticamente solvente. No basta solo propuestas o consignas, hace falta fuerza organizada, capacidad, conectar y crear imaginarios sociales que impulsen a la accin, que combatan la resignacin y el pesimismo. En definitiva, las personas no solo deben pensar que tenemos razn, ms an, deben creer y luchar por nuestro proyecto: la nica forma de hacerlo viable polticamente.

En nuestras especficas condiciones eso exige, al menos, tres condiciones: (a) una propuesta programtica que conecte con las aspiraciones, necesidades y preocupaciones de las mayoras sociales, es decir, un discurso alternativo ; (b) construir una proyecto poltico y una alternativa electoral que por su carcter, amplitud y coherencia unitaria movilice el imaginario ciudadano para mostrar no solo que se quiere sino que se puede, que hay fuerza real cambiar las cosas desde las necesidades de las personas; (c)situarse claramente en el conflicto social, impulsar las demandas, acompaar las luchas y convertirse en instrumento de los movimientos sociales.

La clave, al final y al principio, reside en la capacidad colectiva para situarse bien en el momento histrico donde se vive. La transicin poltica, en muchos sentidos, ya ha comenzado. En el centro la lucha entre reforma y ruptura. En el fondo: la cuestin del poder en sentido fuerte, es decir, cambiar para que todo siga igual o democratizar realmente el poder econmico, poltico y meditico-cultural.

Por eso, aqu y ahora, de lo que se trata es de construir la Alternativa Democrtica como fuerza poltica y electoral de las mayoras sociales, con el objetivo explicito de disputarle la hegemona al partido nico del Rgimen. Hablar en serio de la 3 republica significa eso: una nueva clase dirigente capaz de impulsar un proyecto de pas al servicio de hombres y mujeres libres e guales, comprometido con la justicia y haciendo de la emancipacin social el norte de la vida pblica.

Tampoco en esto debemos engaarnos: la tarea ser dura y los obstculos muchos. Hablar de Revolucin Democrtica es sealar con precisin la radicalidad y la hondura de los cambios a realizar y la necesidad de construir una pasin colectiva que de sentido a la vida y se oponga a la noche neoliberal. El asunto es tan viejo como el mundo: cuando las clases subalternas se organizan en torno a un proyecto de vida, se convierten en una fuerza material y crean poder.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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