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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2013

Euro no, euro s y viceversa. Una propuesta

Juan Barredo Zuriarrain y Ricardo Molero Simarro
Rebelin


 

 

Introduccin: El debate sobre el euro:

Hace poco ms de dos aos el economista francs Michel Husson public un artculo en la revista de Socialist Resistance en el que planteaba las lneas generales de una posible estrategia de la izquierda europea frente a la crisis. El ncleo del artculo, sin embargo, estaba dedicado a cuestionar que la salida del euro fuese una solucin a los problemas a los que las clases trabajadoras europeas se estn enfrentando actualmente, una idea defendida por otros economistas como el griego afincado en Londres, Costas Lapavitsas. La respuesta de ste (cuya versin en castellano se puede encontrar aqu ), defendiendo dicha salida como elemento central de una estrategia de izquierdas radical y la posterior contestacin ( aqu en castellano) de la economista turca, tambin afincada en Londres, zlem Onaran provoc que el debate sobre el euro se convirtiese en trending topic de las discusiones entre los intelectuales y activistas de izquierdas europeos.

A pesar de que, como suele ser habitual, dicho debate lleg tarde a nuestras tierras, tambin aqu ha generado una gran controversia. Los argumentos a favor y en contra de la salida del euro han sido profundizados y matizados, de tal modo que ya no es posible dar una respuesta simple a la cuestin. Sin embargo, la cuestin de las propuestas alternativas a poner en marcha, ya sea dentro o fuera de la moneda nica, sigue estando poco trabajada, ms all de lo que tiene que ver con propuestas de carcter ms bien defensivo, como puede ser la de la puesta en marcha de una auditoria de la deuda. En este artculo tratamos de dar las primeras pinceladas de lo que podra ser un mecanismo econmico de integracin alternativo, cuyas lneas generales podran aplicarse tanto a la reforma radical del proceso de integracin europeo a la que algunas posiciones aspiran, como a lo que podra ser la construccin de un proceso de integracin alternativo fuera del marco de la Unin Europea (UE).

Las consecuencias de la entrada en el euro:

Tal y como se ha relatado ya, entre otros muchos sitios, en el libro Qu hacemos con el euro , la puesta en marcha de la moneda nica supuso la renuncia a dos de los instrumentos ms importantes de la poltica econmica de los estados nacionales: por un lado, la poltica monetaria (la capacidad de crear dinero y fijar los tipos de inters del dinero) que fue traspasada al Banco Central Europeo (BCE); y, por el otro, la poltica cambiaria (la capacidad de fijar el tipo de cambio de la propia moneda respecto a otras), que desapareci al fijarse los tipos de cambio definitivos de cada moneda nacional de los pases integrantes de la Unin Monetaria respecto al euro.

La primera renuncia, unida a la adopcin en 1997 del Pacto de estabilidad y crecimiento que impona lmites a los niveles de dficit fiscal (3% sobre el PIB) y deuda pblica (60%) de los pases, y el establecimiento del control de la inflacin como nico objetivo de la labor del BCE, provoc la imposicin de la austeridad como regla de poltica fiscal a seguir por los pases miembros de aqulla. Esto se tradujo no slo en procesos masivos de privatizacin, sino tambin en importantes recortes de gasto pblico y, con ellas, una paulatina prdida de acceso a los servicios pblicos anteriormente garantizados por los estados.

La segunda renuncia hizo imposible, a partir de entonces, que los pases pudiesen corregir sus desequilibrios comerciales externos mediante devaluaciones del valor de su moneda, herramienta utilizada histricamente, aunque no siempre con xito, como medio de mejorar la competitividad externa de las economas. Varios economistas, entre ellos el co-autor del libro Qu hacemos con el euro, Pedro Montes , argumentan que esa imposibilidad de realizar devaluaciones implic que la puesta en marcha de la competencia salarial (y fiscal) a la baja se convirtiese en la herramienta que los gobiernos europeos comenzaron a utilizar para tratar de ganar competitividad. Esto provoc que las medidas de ajuste sobre el salario, entre otras las reformas del mercado de trabajo destructoras de los derechos laborales, fuesen impuestas a lo largo y ancho de Europa. De este modo, se generalizaron lo que los investigadores del grupo Research on Money and Finance (RMF) de Londres (dirigido por el citado Lapavitsas) denominan polticas de empobrecimiento del vecino (tomando prestado el trmino utilizado por Joan Robinson). Algo que ha llevado a que el Premio Nobel Paul Krugman argumente que las polticas de ajuste salarial, tambin llamadas de devaluacin interna, son las nicas que economas como la espaola pueden ahora poner en marcha para ganar competitividad y salir de la crisis.

Sin embargo, otros economistas, como Antonio Sanabria , niegan que la puesta en marcha del euro fuese la causa directa de la imposicin del ajuste salarial. Sanabria argumenta acertadamente que la competitividad internacional no se determina nicamente va precios y que, por lo tanto, los costes laborales no son los que explican la evolucin de las cuotas exportadoras. Para ilustrarlo muestra como la negativa evolucin de los costes laborales espaoles en comparacin con el resto de pases europeos no ha impedido que la cuota exportadora espaola se mantuviese estable. Aunque utiliza errneamente la cuota exportadora espaola en el total mundial, en vez de en el total europeo, como referencia, esto no invalidara, en principio, su planteamiento general. La imposibilidad de devaluar provocada por la entrada en el euro no explicara que el ajuste salarial fuese el medio utilizado por los pases del sur de Europa para ganar competitividad.

Por el contrario, Sanabria seala, al igual que lo hace Gabriel Flores , hacia los contextos polticos concretos de cada uno de los pases europeos como principales factores explicativos de la adopcin de polticas de ajuste fiscal y recorte de derechos sociales y laborales. Segn la explicacin del primero de esos autores, la puesta en marcha de la zona euro habra dado lugar a dos modelos de crecimiento con ajuste salarial. El primero, el de las economas centrales de la UE, como Alemania, se habra basado en el incremento de las exportaciones de mayor valor aadido que habra compensado la depresin de la demanda interna provocada por las citadas polticas. El segundo modelo de crecimiento sera el de las economas perifricas, que crecieron a travs del incremento de la demanda interna hecho posible gracias a que el endeudamiento compens temporalmente la reduccin de la capacidad adquisitiva de las familias.

Aunque ambas explicaciones difieren en la fundamental cuestin de cul fue el motor de estos procesos, coinciden en el anlisis de la dinmica macroeconmica fundamental que sigui a la puesta en marcha del euro: un desequilibrio creciente entre la posicin comercial acreedora del centro y la deudora de la periferia, la cual financi sus dficits externos con los capitales provenientes de los pases centrales. Gracias a ellos la banca y las grandes empresas autctonas promovieron burbujas especulativas (en el caso espaol, en el sector inmobiliario) que les reportaron pinges beneficios. Esto tuvo dos consecuencias: por un lado, una degradacin del tejido productivo de los pases perifricos, que ha sufrido la prdida de su anterior base industrial. Por el otro lado, un proceso de endeudamiento externo creciente, que, al menos en el caso espaol, ha tenido un carcter fundamentalmente privado. A su vez, la socializacin de dicha deuda privada en forma de rescates financieros ha degenerado ahora en el estallido de crisis de deuda a lo largo y ancho de Europa, poniendo en duda la viabilidad del proyecto de la moneda nica.

La regresiva respuesta de la Troika a la crisis:

Dado el carcter neoliberal que el proyecto econmico europeo adopt sino antes, desde los aos 80, no debe extraar en absoluto la respuesta dada por las instituciones europeas a dicha crisis de la deuda de las economas del sur. Las negociaciones entre gobiernos de los pases centrales y de los perifricos de la UE y la falta de legitimidad con que la clase poltica acomete medidas de recorte sobre la poblacin no son ms que las formas que toma la estrategia del capital, cuyos objetivos principales son dos: por un lado, que sea respetada su posicin acreedora y por otro, aprovechar la crisis para abrir nuevos espacios de negocio. No se trata de salvar el proyecto del euro, sino de consolidar un status-quo favorable.

Sin embargo, a raz del desastre econmico y social que estn generando en los pases perifricos las consecutivas medidas dictadas por la Troika, se ha llegado a plantear la necesidad, incluso por el inters de los mismos acreedores, de introducir algunas reformas que alivien, al menos coyunturalmente, el ahogo de aqullos. Por esta razn, dentro de las propias instituciones y gobiernos europeos han surgido voces pidiendo algunas medidas consideradas heterodoxas en relacin a la ortodoxia monetarista impuesta desde la creacin del la moneda nica. As por ejemplo, el BCE puso en marcha hace meses medidas extraordinarias como la compra de deuda pblica en los mercados secundarios para aliviar el alza de los intereses, aunque siempre respetando la mxima prioridad de su poltica anti-inflacionista.

No obstante, los dbiles resultados logrados con esas compras de deuda para evitar el estancamiento del crecimiento han conducido a exigir una profundizacin en la integracin monetaria, con el objetivo de convertir al euro en una zona monetaria ptima a la Mundell. Segn esta postura, el desafo principal al que se enfrentara la UE sera la puesta en marcha de una poltica fiscal europea de relevancia, por medio, primero, del establecimiento de un mecanismo de emisin de deuda a nivel europeo en forma de los denominados eurobonos e incluso la posibilidad de que el Banco Central comprara parte de esta deuda de manera directa. A esta medida podra seguir, adems, la ampliacin del presupuesto europeo con el objetivo de promover una transferencia solidaria recursos de un montante relevante entre regiones (no como hasta el momento) en funcin de sus niveles de desarrollo.

Aunque el eco de sta serie de propuestas se haya multiplicado ltimamente por su carcter anti-crisis, tambin resultaran centrales para promover, a largo plazo, una zona euro ms preocupada en las variables reales que en la rentabilidad sostenida del capital. Sin embargo, la ejecucin de tales medidas no parece, a da de hoy, algo factible dada la rgida institucionalidad construida a nivel estatal y europeo que respalda el modelo neoliberal y protege la pretendida independencia del Banco Central. Y, en todo caso, esas reformas no evitaran en ningn caso la generacin de nuevos desequilibrios intra-regionales, ni la continuacin de las polticas de empobrecimiento del vecino que denunciaba el RMF. Por no hablar del hecho, de que nadie en el establishment ha, ni siquiera, mencionado en ningn momento la posibilidad de renunciar al ajuste salarial como poltica frente a la crisis.

Euro no:

Tal rigidez del modelo de construccin europeo y el marcado carcter regresivo de sus polticas, as como la falta de voluntad institucional real de cambiarlo que, segn economistas como Mark Weisbrot , han convertido a la eurozona en un proyecto de derechas, ha generado en la izquierda un movimiento de respuesta que discute en mayor profundad el modelo de Europa deseado frente a esas insuficientes alternativas planteadas desde el establishment. Es una discusin que trata de ser radical, en dos sentidos. Radical, en primer lugar, en sus propuestas de reforma total de los proyectos estatales y/o europeos. Y radical, adems, porque tales propuestas parten de una revisin y juicio desde las races de la integracin econmica continental.

El objetivo inmediato identificado por la gran parte de las propuestas que aqu presentamos es acabar con lo que es comnmente conocido como La Europa del Capital, de modo que sea posible recuperar el control sobre los instrumentos econmicos necesarios para dirigir de manera democrtica nuestras economas. Una posibilidad que pasa, obligatoriamente, por alterar, si no romper, con las bases de la actual Unin Monetaria. La diferencia entre posiciones radica principalmente en si esa ruptura debe ser unilateral por parte del pas o pases que decidan o se vean obligados a salirse del euro e incluso de la misma UE; o si, por el contrario, es posible una respuesta colectiva de la izquierda europea que logre alterar los fundamentos de la integracin europea desde dentro de la propia Unin.

La primera de las posiciones la salida unilateral ha sido propuesta o al menos insinuada, no slo por la izquierda sino tambin por los miembros de la Troika o incluso por movimientos nacionalistas de ideologa xenfoba. El tipo de alternativa de estos ltimos, basada en diagnsticos diametralmente opuestos a los de la izquierda, provocara escenarios de alta conflictividad internacional y social. Por su parte, si, ante la perspectiva inevitable de futuras quitas de deuda, la salida de la zona euro fuese decidida por la misma Troika, dicha salida degenerara muy probablemente en una mayor intervencin directa en la poltica econmica del pas en cuestin.

Por eso el equipo de RMF insiste en la importancia de que sea el pas deudor el que lleve la iniciativa de hacer el doble movimiento de declarar un impago de la deuda y abandonar la zona euro de manera simultnea. Si este movimiento es comenzado y dirigido por el gobierno del pas saliente en vez de por los representantes de los acreedores, argumentan, se podrn negociar mejores condiciones de rembolso de una deuda externa cuyo valor hay que tener en cuenta que aumentar, dada la necesaria devaluacin de la moneda nacional respecto a la divisa europea. Lo deseable, como indica el equipo de CADTM (Comit por la Abolicin de la Deuda Externa del Tercer Mundo), es que una negociacin de este tipo se realice tras una previa auditoria ciudadana que evale el grado de ilegalidad e ilegitimidad de la deuda privada y pblica exterior acumulada, un planteamiento que es compartido tambin por quienes cuestionan la estrategia de salida del euro.

Otro argumento citado ampliamente para apoyar tal salida por parte de los pases perifricos (que algunos autores plantean como una salida de la zona euro sin dejar de utilizar el euro como moneda circulante) es la recuperacin inmediata de los bancos centrales y todas las herramientas a su disposicin como organismos pblicos al servicio del inters general. Volveran al control del gobierno tanto la poltica de cambio externo, como la poltica monetaria interna, ambas estrechamente relacionadas. De este modo, segn Alberto Montero , la devaluacin antes citada permitira pasar del ajuste largo actual a uno rpido y corto, por medio de un ajuste relativo de precios. Esta cada del valor de la moneda nacional, junto al rol activo del banco central permitira activar un proceso de industrializacin y un alza de las exportaciones, lo que ayudara a reactivar la economa incidiendo positivamente en las variables de tipo real. Eso a su vez sera la base para un proceso de transformacin econmica ms amplia. Adems, en opinin de Jacques Sapir tal reaccin expansiva no se limitara a los pases perifricos, sino que podra beneficiar a pases centrales, como Francia.

Los mismos defensores de la salida unilateral reconocen, no obstante, que la devaluacin trae consigo complicaciones o riesgos, aparte del automtico aumento de la carga de la deuda que conllevara dicha devaluacin. Por un lado, un cierre del grifo del nuevo crdito exterior, por el miedo de las instituciones financieras internacionales. La ventaja es que sta se suplira con la liquidez aportada por el Banco Central. Es ms, el recuerdo de la experiencia argentina que volvi a tener liquidez en el medio plazo podra hacer pensar que este tipo de dificultades no sera determinante.

Ms inquietan, sin embargo, los posibles efectos en forma de inflacin que provocara el encarecimiento de las mltiples importaciones imprescindibles, dado el carcter transnacional de gran parte de los procesos productivos capitalistas. El elevado coste de la energa y los bienes de capital trados del exterior pondran en apuros a cualquier economa en su estrategia de reimpulso de la produccin nacional. No slo eso, sino que dicho incremento del precio de las importaciones podra anular, los efectos positivos sobre la balanza comercial del incremento de las exportaciones hecho supuestamente posible por la devaluacin. Los autores del libro Qu hacemos con el euro res ponden que, si bien estos factores deben ser tomados en cuenta, se podra aprovechar la oportunidad para una reconversin de la economa nacional a travs de unas polticas industrial y energtica activas basadas que ayudasen a una expansin sostenible del aparato productivo interno.

Euro s:

Aunque es tentador pensar que una poltica industrial acertada, unida al escenario cambiario ms favorable permita a los pases multiplicar su esfuerzo exportador, Miren Etxezarreta recuerda los lmites de tal hiptesis para la economa espaola: la necesidad de una demanda exterior, la competencia en precios con otros pases y otros elementos cualitativos a tener en cuenta dada la naturaleza de los productos potencialmente exportables. Estos anlisis podran ser perfectamente extrapolables a otros pases perifricos. En este sentido, Joaqun Arriola que, al menos en el caso espaol, las ltimas dcadas no parecen demostrar una relacin clara entre el tipo de cambio y la evolucin de la balanza comercial.

Es ms, an si hubiera un tipo de cambio que pudiera alentar al despertar industrial del pas saliente del euro, parece bastante arriesgado confiar al mercado la tarea de fijar valor. Sobre todo si recordamos la serie de crisis cambiarias de tipo especulativo sufridas por pases en desarrollo durante las ltimas dcadas. La necesidad de una estabilidad cambiaria conllevara, por lo tanto, necesarios controles de capital, herramienta que, aunque sean perfectamente viables, podran generar dificultades aadidas en su gestin.

Por otro lado, nuestra condicin de pases perifricos de Europa se la debemos a ms factores estructurales que a nuestra pertenencia al Euro. Por lo que es previsible, como ya citamos en un artculo anterior , que a largo plazo, cualquier pas que saliera, buscara de nuevo un anclaje al Euro o a la divisa de la cual dependiera su economa. O incluso peor: si la salida unilateral de la moneda nica tuviera lugar en ms de un pas de manera descoordinada, podramos asistir a una serie de devaluaciones competitivas en varios de ellos que anularan sus efectos positivos (que era lo que originalmente Robinson denominaba polticas de empobrecimiento del vecino). Ante su falta de efectividad, esta estrategia podra acabar dando lugar a una reproduccin de las polticas de ajuste salarial que se tratan de evitar.

Por lo tanto, aunque una respuesta nacional unilateral a la crisis en Europa a travs de una salida del euro le devolvera al pas una serie de importantes instrumentos de poltica econmica; sin embargo, lo hara a un precio elevado en cuanto a mantenimiento de dependencias productivas, financieras y comerciales externas con potenciales efectos desestabilizadores. Adems, no impide a priori que la periferia siga sometida a una dependencia monetaria del euro, ni que las medidas de ajuste salarial se vuelvan a convertir en la solucin dada por los gobiernos a los problemas de competencia externa. Tal y como argumentan quienes se posicionan en contra de esa posicin, el Reino Unido es un ejemplo claro de estas dos realidades. Por un lado, mantiene un tipo de cambio bastante estable con respecto al Euro, a pesar de la fortaleza de la libra esterlina. Adems, como recuerda Husson, ste pas aplica severas medidas de ajuste a pesar de no pertenecer a la zona euro.

Es a partir de la crtica a la iniciativa de la retirada unilateral que autores de la izquierda como las ya citadas Onaran o Etxezarreta y otros como Alejandro Ramrez , Daniel Albarracn o los miembros de Syriza Christos Laskos, John Milios y Euclid Tsakalotos , tambin advierten del riesgo de que las acciones tomen carcter nacional. Detrs de los desequilibrios entre agentes del centro y la periferia estn, para estos autores, las dinmicas y formas propias del capitalismo contemporneo. Por lo tanto, la condicin necesaria para una transformacin econmica es el cuestionamiento de la verdadera esencia de los problemas (la dinmica neoliberal europea impuesta en todos y cada uno de los pases del la UE) y no la forma de stos (el conflicto entre los pases del centro y la periferia de la Unin Monetaria).

La unin de las mayoras sociales de toda Europa en torno a una propuesta de Europa post-capitalista, daran ms fuerza a ciertas demandas inmediatas que ya se estn dando y que serviran como inicio de una transicin a otro paradigma econmico. En este sentido, Onaran identifica cuatro ejes de posibles reformas que contaran ya con un amplio consenso dentro de la izquierda: resistencia contra las polticas de austeridad; reforma del sistema fiscal orientada a lograr un fuerte incremento de su progresividad, junto con la recuperacin de los controles sobre los movimientos de capital; nacionalizacin y control democrtico de los bancos; y, por ltimo, auditora ciudadana y, a travs de ella, impago de la parte ilegtima de la deuda. Las reflexiones de Albarracn evidencian que estas exigencias suponen indirectamente la oposicin frontal a la institucionalidad de la zona euro las Memoranda de Entendimiento, Maastricht y los posteriores pactos por la austeridad, el BCE, rganos polticos europeos , por lo que la fortaleza de una posible alianza de clase internacional resultara ms conveniente que las iniciativas de carcter nacional para cuestionar los pilares de la UE.

Y viceversa:

Ciertamente, es muy sensato tratar de evitar que el debate sobre si euro s, euro no nos despiste de lo que ahora mismo resulta ms urgente: frenar en seco la ultra-regresiva estrategia de salida de la crisis que se est imponiendo en los pases que nos encontramos encadenados por la injusta condena de la deuda. No obstante, renunciar a aprovechar las cada vez ms importantes movilizaciones sociales para lograr un impulso a reivindicaciones de cambios institucionales de calado real que pongan las bases para un proceso de transformacin ms profundo puede acabar derivando en un error histrico.

Es decir, a pesar de no ser el euro el origen de todos los problemas, una posible salida de la moneda nica podra convertirse en la bandera de un proceso de transformacin ms amplio. Esto permitira a la izquierda dejar de evadir sus deberes polticos histricos respecto a la integracin europea, como Montes cree que ha estado haciendo hasta el momento.

Por otro lado, es cierto que es muy difcil vislumbrar un escenario en el que una salida unilateral del euro pudiese convertirse en una alternativa viable, econmica y polticamente, que, a su vez, sirviese de base para la puesta en marcha de un proceso de transformacin social. Sin embargo, igual de difcil parece que la estrategia de transformacin del euro pueda triunfar desde dentro de una institucionalidad tan blindada como la de la UE.

Y, en todo caso, una eventual salida de la moneda nica provocada por la misma evolucin de la crisis de la deuda, algo en absoluto descartable, impone la necesidad inmediata de pensar en alternativas de futuro. Si esta salida viniese inducida desde fuera, es decir, forzada por la Troika (a pesar de que parecen no existir mecanismos legales en los tratados de la UE para llevarla a cabo) las probabilidades de que acabase provocando una profundizacin en el abismo econmico y social al que los hombres de negro estn empujando ya a los pases perifricos sera muy alta.

En ese contexto, la nica manera de evitar la profundizacin en el abismo sera la puesta en marcha de una estrategia de respuesta de carcter internacionalista. En este sentido, Armando Fernndez Steinko propone la creacin de un frente europeo-mediterrneo que podra sumar un peso poltico y econmico suficiente para forzar un cambio de las polticas de austeridad, vincular el pago de la deuda al crecimiento econmico y poner en marcha un plan de inversiones pblicas con capacidad de generar empleo en el marco de la reconversin social y ambiental de todo el Continente.

Para ello, [u]na poltica solidaria tendra que definir una nueva divisin europea del trabajo y revisar las grandes reglas que regulan hoy las relaciones econmicas entre los pases europeos. De acuerdo con Steinko, [l]a cuestin central no es, por tanto, si salirse o no del euro o qu hacer con la deuda. Lo principal es cmo, con qu y con quin crear una estructura econmica y laboral con capacidad de financiar de forma perdurable un orden poltico y social justo, democrtico y sostenible.

Por su parte, aunque la Comisin de Economa de Izquierda Anticapitalista (IA) cree necesario comenzar por [d]ecir no a las lneas polticas neoliberales de la UE, haciendo virar las polticas pas a pas, [a]ntes de plantearse una solucin cualitativamente superior; sin embargo, tambin plantea que una vez que fuera posible (en un escenario menos desfavorable), los gobiernos desobedientes a la UE neoliberal deberan complementar las polticas internas de redistribucin e inversin con polticas de cooperacin internacional (..); pero a rengln seguido tambin de integracin de los aparatos econmicos institucionales, para conformar un rea econmica que, sin dejar de estar abierta al mundo, permita afianzar lazos y apoyos mutuos entre los pases de orientacin alternativa.

Una propuesta:

Como ya explicamos en su momento, para dar forma a un rea econmica de ese tipo sobre la base de unas reglas de integracin alternativas, una posibilidad es tomar como referencia el denominado Plan Keynes , la propuesta del economista britnico John Maynard Keynes que fue rechazada en la Conferencia de Bretton Woods celebrada en 1944. En dicha conferencia se establecieron los pilares del funcionamiento del sistema monetario y financiero internacional posterior a la II Guerra Mundial, basndose en la adopcin del patrn monetario dlar oro y la creacin del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como principales instituciones internacionales encargadas de la regulacin de las relaciones financieras internacionales. Por el contrario, la propuesta de Keynes para reconstruir el sistema monetario que haba estallado como consecuencia de la crisis de los aos treinta (la cual presenta importantes paralelismos con la actual) se basaba en unos principios muy diferentes a los que han guiado la accin de dichas instituciones y posteriormente de la UE desde hace dcadas.

El objetivo del Plan Keynes era la creacin de un sistema monetario, comercial y financiero internacional que, a diferencia de lo que ha ocurrido tanto a nivel internacional, como europeo, promoviese unas relaciones econmicas equilibradas entre los diversos pases que fuesen a formar parte de l. Con esa meta, Keynes planteaba, en primer lugar, la creacin de una moneda internacional, denominada bancor cuya oferta se pudiese ampliar o reducir para contrarrestar las tendencias a la baja o al alza de la demanda, promoviendo as el crecimiento; en segundo lugar, la puesta en marcha de una cmara internacional de pagos donde el resultado de las operaciones de exportacin e importacin de cada pas se compensaran de manera multilateral (es decir, por el montante total de dichas operaciones y no por cada una de ellas); y, finalmente, el establecimiento de un mecanismo estabilizador interno (basado en el cobro de una tarifa sobre los saldos tanto deficitarios, como superavitarios que cada pas mantuviese en la cmara por encima de una cuota mxima establecida previamente) para as asegurar que todos los pases desarrollasen una balanza comercial equilibrada.

Tanto en el sistema econmico internacional de postguerra gobernado por el FMI y el BM, como al interior de la UE, la nica respuesta a las crisis provocadas por los desequilibrios comerciales y financieros de las economas deficitarias ha sido la imposicin a stas de planes de ajuste estructural. Como las dcadas perdidas en frica y Amrica Latina y el actual drama de los pases de la periferia de Europa demuestran, aqullas slo han servido para generar autnticas dislocaciones sociales, mientras que se ahonda en la recesin econmica. Por el contrario, la puesta en marcha, como propona Keynes, de un sistema internacional basado en el establecimiento de mecanismos correctores de los desequilibrios comerciales implicara la corresponsabilizacin de las economas superavitarias en la correccin de los saldos comerciales negativos de las economas deficitarias, promoviendo la expansin, no la contraccin, econmica, productiva y comercial de stas como solucin a sus dficits.

Una propuesta de este tipo se podra encontrar con mltiples obstculos. Entre ellos, hay que tener en cuenta que, al ponerse en marcha en un contexto regional y no mundial, como el que planteaba Keynes, sera necesaria la instauracin de controles cambiarios y sobre los movimientos de capital con el objetivo de eludir tanto ataques especulativos externos, como posibles salidas de capital. Sin embargo, la propuesta presentada tambin podra dar respuesta a algunos de los problemas ms importantes que una salida unilateral del euro planteara a cualquiera de los pases europeos perifricos.

En primer lugar, permitira recuperar tanto el control sobre la poltica monetaria (algo a lo que debera acompaar una recuperacin del control pblico sobre los bancos centrales de los pases que formasen parte del acuerdo), como sobre los tipos de cambio externo (algo que a su vez hara necesaria la utilizacin de otros instrumentos de regulacin de los intercambios exteriores, como los aranceles). Como vimos, el control sobre estos instrumentos tambin se lograra con una salida unilateral del euro. Sin embargo, en este caso se hara en el marco de un proceso de integracin, evitando algunos de los contratiempos provocados por una salida unilateral. Entre ellos, sera posible evitar el desencadenamiento de un proceso de devaluaciones competitivas entre los pases.

En segundo lugar, al comerciar en una moneda o unidad de cuenta comn, la propuesta presentada permitira eludir las restricciones ocasionadas por la falta de divisas externas, como el mismo euro. Para ello, cuanto ms complementarias fuesen las estructuras productivas de los ms pases que pasasen a formar parte del sistema ms independencia comercial y monetaria generaran, ya que una mayor cantidad de necesidades de importacin se podran satisfacer al interior del rea. A esa mayor independencia tambin ayudara la implantacin de un sistema de compensacin de pagos multilateral en el que, en vez de tener que realizar pagos por cada una de las operaciones de importacin, los pases pagaran nicamente el saldo final de su comercio exterior en un periodo de tiempo (tres o seis meses, por ejemplo).

Adems, la utilizacin de mecanismos de reequilibrio como los planteados por Keynes, u otros complementarios (como, por ejemplo, la sobrevaluacin y devaluacin de los tipos de cambio en funcin del signo de los saldos comerciales de cada uno de los pases), ayudara a eludir los desequilibrios comerciales al interior del rea. Pero no slo eso sino que al mismo tiempo tambin obligaran a profundizar en el desarrollo productivo de las economas que formasen parte del acuerdo.

Como en otros lugares:

Ya sea sobre la base de una nueva moneda o sin la necesidad de ella; con nuevas instituciones que lo regulasen o con una reforma de las ya existentes; bajo nuevos acuerdos econmicos internacionales o con lo que tendra que ser una profunda re-negociacin de los ya firmados; un esquema como este podra adoptarse si existe voluntad poltica de ello. As lo demuestran el experimento de la Unin Europea de Pagos puesta en marcha durante los aos cincuenta y la creacin en 2009 del Sistema Unitario de Compensacin Regional de Pagos (SUCRE) por parte de los pases de la ALBA.

Tal y como se explica de manera divulgativa aqu y aqu y de manera ms detallada aqu , el SUCRE se ha basado al igual que el Plan Keynes en, uno, la instauracin de una unidad de cuenta, an no moneda, comn: el sucre; dos, el establecimiento de una cmara de compensacin de pagos en la que compensar los saldos comerciales multilaterales cada seis meses; y, tres, la creacin de un Fondo de reservas y convergencia comercial que captar los saldos superavitarios de los pases que superen un nivel mximo con el objetivo de que sean reinvertidos en proyectos productivos en los deficitarios.

Esta ltima es una novedad fundamental introducida por los pases que forman parte del Sistema para asegurar el logro de una convergencia econmica real. Aunque lentamente (con unos montantes modestos de intercambio comercial y sin haber puesto a funcionar an el fondo de convergencia), este sistema est avanzando en su puesta en marcha durante los ltimos aos, mostrando que es posible transformar la lgica de la competencia y el ajuste, en la de la cooperacin, la complementariedad y la redistribucin, asegurando el desarrollo econmico equilibrado de los pases.

La promocin de una propuesta similar por parte de los pases perifricos de Europa hara posible que la inversin realizada canalizase con criterios de complementariedad productiva con las otras economas de la zona, incrementando as la independencia econmica global de la misma. Con este objetivo sera necesario que los fondos provenientes de los mecanismos de compensacin internos fuesen destinados a la expansin de un aparato productivo controlado democrticamente . Y para ello, sera imprescindible que la puesta en marcha de un proceso de integracin de este tipo se viese acompaada de medidas de toma de control democrtico sobre la economa: adems de las ya citadas recuperacin del control sobre los bancos centrales y la poltica cambiaria, tambin otras como la socializacin del aparato financiero y la toma de control pblico sobre los sectores estratgicos de la economa.

De este modo un esquema como el explicado se convertira en una herramienta para promover una transformacin ms profunda, tanto en la estructura productiva, como en los principios de organizacin econmica de cada uno de esos pases. Ms an, hara posible poner las bases sobre las que asentar procesos de autogestin democrtica del proceso productivo por parte de los trabajadores.

Condiciones polticas para ponerla en marcha:

Est claro que para poder impulsar cambios tan profundos hace falta la formacin de un sujeto o sujetos polticos transformadores suficientemente fuertes. En el contexto actual es algo que parece muy lejano. Tambin sera necesaria una coordinacin de las luchas y propuestas de las izquierdas europeas, coordinacin que ahora mismo es prcticamente inexistente. Sin embargo, esto no invalida la necesidad dar forma a lo que seran la base econmica de una alternativa poltica. No en vano, la enarbolacin como bandera de un proceso de integracin de este tipo permitira superar la contradiccin existente entre la percepcin generalizada de que la entrada en el euro se encuentra en el origen de al menos una parte importante de los problemas a los que ahora nos estamos enfrentando y la falta de apoyo popular hacia la salida unilateral del euro como solucin a dichos problemas.

Por otro lado, la respuesta a si un esquema como el presentado se debe poner en marcha dentro o fuera del marco de la UE la resolvern finalmente los mismos hechos, segn la trayectoria que sigan y la resolucin que se le acabe dando (por supuesto, con gran influencia en ella de lo que hagan los movimientos polticos, sindicales y sociales) a las crisis de la deuda actualmente en marcha en muchos pases. De hecho, la necesidad de poner en marcha algn mecanismo como el explicado podra sobrevenir si algn pas se enfrentase de manera abierta a las polticas de austeridad impuestas por la Troika en respuesta a dichas crisis y, en consecuencia, se viese obligado o decidiese abandonar el proyecto de la moneda nica. De nuevo, tener una herramienta preparada para enfrentarse a esa situacin que permitiese romper el aislamiento internacional, que los poderes fcticos promoveran activamente, resulta imprescindible.

En esa situacin, sera adems deseable que la utilizacin de dicha herramienta en forma de promocin de un proceso de integracin alternativo traspase las fronteras europeas, dirigiendo la mirada a otras regiones. En relacin con esta cuestin, la ya citada Comisin Econmica de IA plantea certeramente que [n]o hay que esperar a un cambio improbable de toda la UE (aunque tampoco despreciar esa posibilidad), ni que todos los pases acuerden un viraje de forma simultnea. Por el contrario, [e]n cuanto algn Estado, nacionalidad o regin se atreviese a desarrollar una poltica solidaria, de cooperacin y convergencia, no debera demorarse un proyecto de integracin entre los que se comprometan con dicha iniciativa, iniciativa en la que debera caber todo aquel pas comprometido con los parmetros pactados, sin mirar el origen de su continente.

Conclusiones: Cooperacin internacionalista para un proceso de transformacin social:

A fin de cuentas, slo sobre la base de un proyecto de carcter realmente internacionalista y cooperativo sera posible empezar a pensar en un proceso de transformacin social perdurable en el tiempo. Un proceso como ste, somos conscientes, es de una gran complejidad poltica. Disponemos de las herramientas para su ptima ejecucin tcnica. Por lo que slo hace falta construir la voluntad necesaria para ponerlo en marcha.

Publicado en ECCE y Novecento .

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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