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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2013

La reaccin exagerada frente al atentado podra provocar una acumulacin de poder an mayor en ciertos organismos y usarse para perseguir a las personas equivocadas
Las bombas de Boston despertaron a un monstruo

Patrick Cockburn
The Independent

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


Desde el punto de vista de sus autores, el xito o el fracaso de un atentado como el del maratn de Boston depende de la reaccin de aquellos contra quienes va dirigido. Los ataques del 11-S consiguieron su objetivo de terror porque llevaron a Estados Unidos a sendas guerras desastrosas en Afganistn e Iraq y sirvieron para sancionar el uso de la tortura y el encarcelamiento sin juicio. Convirtieron a Estados Unidos en un Estado ms autoritario en el que se restringen o se reducen las libertades civiles y produjeron un mastodntico y costoso aparato de seguridad.

Me pareci deprimente ver a los grupos de operaciones especiales de la polica (Swat) fuertemente armados con fusiles de asalto, chalecos antibalas y protecciones corporales saltar de vehculos blindados como solan hacer en Belfast. De repente, los toques de queda a los que acostumbraron los habitantes de Bagdad o Faluya resultan aceptables en Massachusetts, aunque en este caso, al revs que en Irlanda del Norte o Iraq, con el aplauso de la poblacin local. Podemos entender las razones de la actuacin de los Swat o del toque de queda, pero este tipo de medidas hace que la gente termine acostumbrndose poco a poco a las medidas de un gobierno autoritario hasta aceptarlas sin asomo de protesta.

Gran parte del impacto inicial del atentado de Boston y de la persecucin de sus autores, Tamerlan y Dzhokar Tsarnaev, se disipar. Muchas noticias de portada como sta pasan en pocas horas de tener una cobertura excesiva a la casi desaparicin. Los periodistas conocen la sensacin de alivio y frustracin que se siente cuando los editores que estn en casa deciden que la historia que han estado cubriendo de forma absorbente se ha convertido en una noticia vieja.

Desgraciadamente, esto suele ocurrir en el momento en que se empiezan a desvelar las implicaciones a largo plazo de lo ocurrido. Los expertos que haban estado realizando comentarios vergonzosamente prematuros sobre la base de pruebas muy limitadas podran tener al fin algo interesante que revelar. Sin embargo, la caravana meditica ya se ha trasladado a otra historia y ha perdido el inters por sus opiniones.

Como consecuencia de los atentados aumentar la sensacin de inseguridad pblica, lo que ganar apoyos para quienes dicen estar haciendo algo al respecto. Antes de las bombas de Boston, en EE.UU. haba signos de malestar ante el excesivo volumen que haba adquirido la burocracia de la seguridad tras el 11-S, en una poca de recortes presupuestarios. El FBI, a quien el presidente Bush encarg la tarea de investigar el terrorismo interno, tiene 103 grupos de trabajo antiterroristas, que supuestamente conectan a la polica local y estatal con los investigadores antiterroristas federales. Como consecuencia del 11-S, el pas cuenta con los servicios de un Centro Antiterrorista Nacional (National Counterterrorism Center) que analiza y confronta informacin de inteligencia para la oficina del director nacional de inteligencia. Se supone que ste, a su vez, coordina y supervisa el trabajo de los 17 organismos de inteligencia estadounidenses. Y, adems, est el excelente trabajo del ministerio de seguridad nacional (Department of Homeland Security) que rene a los 22 departamentos federales y a organismos que emplean a un total de 240.000 personas.

Da la impresin de que la existencia de un Leviatn burocrtico como ste debe ser un obstculo y no una ayuda en la bsqueda y anlisis de inteligencia. Hay demasiadas personas que no saben lo que estn haciendo y demasiados niveles de responsabilidad. Estas inmensas organizaciones viven una cruzada permanente para justificar y ampliar su esfera de influencia y protegerse de rivales. Raras veces se recupera el poder que se les delega para investigar un crimen determinado.

El atentado de las Torres Gemelas el 11-S es el ejemplo obvio de un acontecimiento utilizado para justificar la ampliacin y el aumento de los organismos de seguridad. Pero si le interesan este tipo de historias, vale la pena leer The Annals of Unsolved Crime (Crnicas de crmenes no resueltos), libro recin publicado por uno de los mejores periodistas de investigacin, Edward Jay Epstein, un relato bien documentado e irresistible sobre las conexiones entre el crimen y las necesidades del poder y la poltica.

Epstein recuerda que el secuestro del hijo del aviador Charles Lindbergh en 1932 permiti a J. Edgar Hoover "ampliar el FBI, que haba dirigido desde su creacin, al mbito de polica nacional". La polica detuvo a un carpintero llamado Bruno Hauptman, que tena parte del dinero del rescate pagado por Lindbergh en su garaje. Se le declar culpable de secuestro y asesinato. Lo que parece probable es que formara parte de una banda de estafadores que se aprovech de un crimen que no haban cometido. No se encontraron huellas dactilares, ni fibras textiles, ni pisadas que pudieran demostrar que Hauptman hubiera estado en casa de Lindbergh, tampoco le vio testigo alguno. A pesar de ello, fue ejecutado en 1936, tras rechazar una oferta de 50.000 dlares de la cadena de peridicos del Sr. Hearst, y otra del gobernador de Nueva Jersey, que se ofreci a conmutar su condena de muerte a cambio de una confesin.

Las investigaciones criminales se han sofisticado mucho desde entonces. Pero la narracin que hace Epstein de la bsqueda del FBI del responsable de los ataques con ntrax en 2001 sugiere que esta investigacin an estuvo ms distorsionada por la necesidad de alcanzar resultados. El ntrax, de una cepa particularmente maligna, fue enviado por carta y caus la muerte a cinco personas. El FBI decidi de antemano que el remitente era un cientfico estadounidense que actuaba como un "lobo solitario" e investig a algunos que parecan ajustarse a dicho perfil. El Dr. Steven Hatfill perdi su empleo, sus contratos y a muchos de sus colaboradores tras ser acosado por el FBI(cuyas sospechas se filtraron a la prensa). Finalmente, puso una demanda al gobierno y un juez federal dictamin indignado que el FBI le haba perseguido durante 5 aos "sin una mnima prueba", por lo que le indemniz con 5,8 millones de dlares en compensacin.

Impvido, el FBI se lanz contra otro cientfico, el Dr. Bruce Ivins, y ofreci 2,5 millones de dlares a sus hijos mellizos si testificaban contra su padre. Sometido a una extraordinaria presin y en bancarrota por los gastos legales de su defensa, empez a beber en exceso y, tras una crisis nerviosa, se suicid en 2008, justo antes del juicio. Una semana despus, el FBI le declar nico autor de los ataques con ntrax, aunque su gigantesca investigacin no lleg a encontrar ninguna prueba concluyente en su contra y su supuesta culpabilidad se basaba en dudosas pruebas cientficas.

El caso sigue siendo un ejemplo revelador del modo en que los organismos de inteligencia parten de conceptos errneos, que al ser asumidos por la institucin no pueden desecharse sin riesgo de perder la credibilidad y el prestigio. El mayor perjuicio que se puede derivar del atentado de Boston es que el monstruo de seguridad creado o ampliado tras el 11-S, cuya eficacia es ms que dudosa, rejuvenezca y aumente su tamao.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/comment/the-boston-bombs-roused-a-monster-8581430.html





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