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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2013

El rgimen contraataca... en su teatro de tteres

John Brown
Rebelin


Nuestra amiga Beatriz Talegn vuelve a salir a la palestra. Pocos das despus de que el PP iniciara su campaa de propaganda contra los movimientos sociales con una serie de vdeos -que copian la esttica 15M- y concluyen con el eslogan "juntos salimos", la otra pata del rgimen, el PSOE, vuelve a sacar a su muy sumisa cachorra "rebelde". En un tuit, afirmaba la joven socialista que "el 15M debilita la democracia" (lo que ella entiende por democracia, es decir la representacin poltica) y que "detrs del 15M est seguramente la derecha". Es hermosa la coherencia, incluso en el delirio. Tal vez, sobre todo en el delirio, pues el delirio cierra el paso a la siempre incongruente realidad mediante oponindole un discurso cerrado. Talegn, al igual que los propagandistas del PP tiene una cosa clara: que lo real es lo representable. Discpulos de Hobbes -y en cierto modo tambin de Berkeley- consideran que ser es ser representado. As, la democracia se "debilita" o se "pone en peligro" cuando la poblacin acta polticamente en lugar de delegar el monopolio de la actuacin poltica a los representantes. La democracia de ellos no tiene absolutamente nada que ver con el pueblo y el demos sino con el poder constituido a travs de la representacin. Es una democracia absolutista, una democracia Leviatn, la que permiti hasta anteayer mismo participar en la Internacional Socialista de la Srta. Talegn a partidos como el de Ben Ali o el de Mubarak, por no hablar de la AD venezolana del siniestro Carlos Andrs Prez, responsable de miles de muertes durante el caracazo.

Todo en esta representacin tiene algo de teatral. Para Beatriz Talegn "detrs del 15M" est la derecha. Los motivos de indignacin de la mayora social ante el desastre ocasionado por las polticas neoliberales del PSOE son, por consiguiente, falsos y manipulados. Segn Talegn, la poblacin tena que haberse dirigido para resolver sus problemas a los mismos que los causaban en vez de salir a la calle y denunciar a los dos partidos del rgimen como agentes de la catstrofe social. Segn esta ideologa absolutista y representativista, no hay ms realidad que la del tingladillo teatral del parlamento y del juego autista de los partidos. Siempre que algo pasa es porque el "Otro" mueve los hilos por detrs. Si alguien protesta contra la polticas neoliberales del PSOE es porque lo engaa la derecha. Si alguien se queja de las polticas igualmente neoliberales del PP, lo hace impulsado por el PSOE. La poblacin, las distintas singularidades que componemos la multitud, carecemos de vida propia, de deseo, de pensamiento, slo somos en cuanto representados y nunca actuamos sino en funcin del juego de espejos de la izquierda y la derecha de la representacin, de la izquierda de la derecha y la derecha de la derecha, como dira el Subcomandante Marcos.

El rgimen, por mucho que intente ahora recuperar terreno deseperadamente mediante campaas de propaganda, ha sido ya desalojado de las calles. La Srta. Talegn pudo comprobarlo personalmente y Doa Esperanza Aguirre suea despierta cuando afirma que sacar a la calle a su gente a defender los recortes. Les queda el espacio de la representacin y del espectculo, esto es un resorte fundamental en la produccin de obediencia. Si los movimientos sociales contra la dictadura deudocrtica quieren tener capacidad de ruptura no deben despreciar esa esfera y afirmar autosatisfechos que la realidad somos nosotros y "ellos" viven en el ensueo. Este es el error garrafal que impide hoy a la mayora social que ya existe contra la deuda, los desahucios, etc. cambiar la situacin poltica y social que causa el actual desastre. No basta saber la verdad, no basta saber que se vive en la realidad para que las cosas cambien; tambin es necesario intervenir eficazmente en el mbito de la produccin de las pasiones, el mbito donde el poder fabrica nuestra obediencia. Ese mbito que produce ilusiones no es ilusorio sino perfectamente material: existe y produce efectos. Es indispensable que las posiciones de los movimientos sociales se expresen en los medios e incluso en el parlamento para que las cosas cambien. En trminos "leninistas" podramos decir que est planteada la cuestin del "Partido", la cuestin de la organizacin del movimiento social en la esfera de la representacin. No se trata de "representar" a los movimientos sociales como pretenden los dos partidos gemelos del rgimen y sus apndices, sino de abrirse paso en la esfera de la representacin y del espectculo con dos fines: 1) bloquear la produccin de tristeza e impotencia en que se basa la obediencia al rgimen y 2) fomentar desde la esfera de la representacin y del espectculo las pasiones alegres necesarias para fortalecer la actuacin poltica de las mayoras sociales.

Para esto es necesario un "partido" de nuevo tipo, adaptado a la nueva composicin de clase. Hoy nadie est dispuesto a aceptar un partido de vanguardia, guardin de una doctrina e ilustrador de las masas. Hoy no hay masas, sino singularidades. Las masas corresponden a la realidad de clase del proletariado fordista, sometido en la produccin a un mando y una direccin y cuyas formas de organizacin replicaban esta realidad social. Hoy el trabajo precario, flexible, cognitivo, afectivo, socialmente difuso que caracteriza al postfordismo no se adapta en absoluto a esos esquemas. No acepta mando ni lecciones, pero aspira a expresarse en todas las esferas. La izquierda tradicional tarda en incorporar esta nueva lgica, pero los movimientos lo estn haciendo por ella. En Catalua, las CUP han dado ya un paso importante en este sentido. En Madrid, la AUPA de Alcorcn y otras iniciativas se ponen en pie. Necesitamos este tipo de instrumentos as como campaas de informacin e imagen mucho ms amplias para desalojar al rgimen de ese espacio clave que es el de la produccin de la obediencia. Naturalmente, esto debe hacerse sin caer en la tentacin -tan habitual en el caso de las izquierdas- de ocupar ese mismo espacio y utilizarlo para crear un poder propio. La presencia de una fuerza democrtica transformadora en los aparatos de Estado debe ser un poderoso instrumento de devolucin de la capacidad de decidir a los individuos reales y a los movimientos sociales donde intervienen, no una nueva forma de representacin.

Blog del autor: http://iohannesmaurus.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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