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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-05-2013

Otoo del imperio y del capitalismo

Alberto Rabilotta
ALAI AMLATINA


Cuando el imperio es incapaz de mantener su hegemona aportando soluciones a las crisis sistmicas recurre a la hegemona explotadora (1), con toda la violencia y la destruccin que la acompaa. As sucedi en la decadencia de la hegemona imperial de Holanda.

Fue tratando de salvarse imponiendo el libre comercio con una hegemona explotadora que termin el imperio britnico, y algo similar pero de naturaleza diferente es lo que desde hace ya unas tres dcadas estamos presenciando en la decadencia de la hegemona mundial de Estados Unidos (EE.UU.).

Hegemona explotadora suena muy bien como apellido del neoliberalismo,
de esa extraordinaria expansin financiera, comercial e industrial que el imperialismo estadounidense quiere llevar a sus lmites extremos, que ya no puede controlar ni remediar sus terribles secuelas de disolucin social y desastre econmico, ni la concentracin del poder y riqueza en las cuentas de la oligarqua que poseen los monopolios ya presentes en prcticamente todas las ramas de los sectores econmicos, sin hablar de la destruccin ambiental y el recalentamiento global que amenaza la vida del planeta.

En los casos de Holanda y Gran Bretaa las fases de hegemona explotadora fueron en efecto el otoo de esos imperios, pero tambin las primaveras en el proceso de desarrollo del capitalismo, y en particular del modo de produccin del capitalismo industrial.

En el caso del imperio estadounidense hay razones para pensar que la hegemona explotadora no solo es el otoo del imperio sino tambin del modo de produccin capitalista, que ya se encuentra ante la barrera insalvable que anticipaba Karl Marx.

Bajo el imperio estadounidense el capitalismo industrial adquiere su forma ms perfeccionada y desarrolla no solo en EE.UU.- las bases de un modo de produccin basado en la automatizacin, logrando concretar una parte del gran objetivo del gran capital, o sea la de producir de manera continua y prescindiendo de la mayor parte o la totalidad de la fuerza de trabajo asalariada.

Desde hace ms de medio siglo, por las transformaciones que la automatizacin produjo en el modo de producir, el desenvolvimiento de las estructuras empresariales transnacionales y el creciente papel del capital financiero en la determinacin de las inversiones a efectuar, lo que fue posible va las inversiones directas, los flujos financieros y la deslocalizacin de la produccin, el sistema capitalista se universaliz, o sea que complet la segunda parte del objetivo del gran capital.

El gran sueo del capital, de liberarse de la fuerza de trabajo asalariada o de pagar los salarios ms bajos posibles, y de universalizarse, se hizo realidad con la automatizacin y la deslocalizacin. Pero esta transformacin implic un creciente reemplazo de la extraccin de plusvala, el uso de la fuerza de trabajo asalariado en las sociedades avanzadas que crean los imprescindibles puntos de consumo para la realizacin del capital, de que hablaba Marx-, por la plusvala extrada en el exterior, en otras sociedades, y que llega a las casas matrices en el centro imperial como renta diferencial, o sea como ganancias que van a parar a los accionistas y ejecutivos de las empresas.

Es a partir de este desenvolvimiento, en mi opinin, que es posible explicar tanto la naturaleza de la crisis estructural del capitalismo como la relativamente irreversible realidad actual en las sociedades del capitalismo avanzado.

As sera posible explicar esta crisis de sobreproduccin y subconsumo, el creciente y cada vez ms crnico desempleo tecnolgico como defina John M. Keynes al reemplazo de los trabajadores por las maquinas- en un contexto de mayor creacin de riquezas que se concentra en las pocas manos de los monopolios y los financieros, y que ya no entra sino marginalmente en la reproduccin del capital en los pases avanzados.

Asimismo explica que el subconsumo tiende a volverse crnico por la disminucin del empleo y la masa salarial total, factor que a su vez amplia la espiral del desempleo y el subempleo, que termina poniendo en crisis las ramas de la economa aun no automatizadas.

Esto tambin explica el aumento de la deuda familiar falta de empleos y bajos salarios-, y el endeudamiento de los Estados por la contraccin de la recaudacin fiscal la carga tributaria descansa fundamentalmente sobre los ingresos de los trabajadores-, y el aumento del gasto pblico para paliar el desempleo, entre otros aspectos ms.

Y, no olvidemos, esta universalizacin del capitalismo y de las nuevas tecnologas tambin permite explicar la rpida emergencia de las nuevas potencias industriales en Asia, donde las transnacionales tuvieron que integrarse a un sistema capitalista parcialmente regulado por Estados que no cedieron toda su soberana ante el neoliberalismo.

Quizs puede tambin explicar que a la luz de las experiencias asiticas y por la falta de verdadero desarrollo econmico, se est dando en los pases en desarrollo que primero sufrieron la experiencia neoliberal, los de Amrica latina, la bsqueda de nuevas estrategias de desarrollo para reparar la herencia neoliberal, como el desempleo y el subempleo, la pobreza y extrema pobreza, la destruccin de los sistemas estatales y de los programas sociales de salud, educacin y de pensin.

El anzuelo sin carnada

Segn los socilogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, no es posible saber cundo, pero es seguro que esta hegemona explotadora del imperio estadounidense terminar muy mal (2).

Por el momento constatamos que ante su impotencia para salir de estas crisis el imperialismo ha retornado y se aferra a las polticas depredadoras como una ms prfida institucionalizacin del libre comercio que permita aumentar la extraccin de rentas-, y junto a sus aliados retorna a las polticas guerreristas y colonialistas del pasado, con sus terribles consecuencias sociales, econmicas y polticas para todos los pueblos afectados.

Con la automatizacin y la deslocalizacin reemplazando a los trabajadores, y habiendo desaparecido la amenaza comunista con el desmembramiento de la URSS, el capitalismo estadounidense desmantel totalmente el programa bsico que describa Immanuel Wallerstein: satisfacer las demandas combinadas del Tercer Mundo (relativamente poco para cada uno, pero para mucha gente) y de la clase obrera occidental (para relativamente poca gente, pero mucho para cada uno).

En realidad, como bien observaba Wallerstein hace casi dos dcadas, el capitalismo emprendi un retorn a la situacin anterior a 1848, en la que, en los focos del Estado liberal {} los obreros estaran mal pagados y fuera del mbito de los derechos polticos y sociales (2).

Sin posibilidad real a corto, mediano y largo plazo, de una vigorosa recuperacin econmica, las empresas transnacionales y los bancos de los pases avanzados siguen sentadas en billones de dlares y no utilizan los prstamos casi gratuitos que los bancos centrales han puesto a su disposicin. Como apunta el columnista canadiense Thomas Walkom, del diario Toronto Star, esas empresas y financieros no invertirn en la produccin que crear empleos a menos que tengan un mercado para sus productos.

Esta situacin general y las polticas de austeridad para mantener la deflacin que favorece al sistema financiero ya incuban crisis polticas e importantes protestas sociales, que en la UE empiezan a meter miedo en la clase poltica, como muestra el forcejeo de algunos gobiernos para que se extiendan y no para extinguir- los plazos para cumplir con las metas de austeridad fiscal.

Y en medio de estas crisis simultneas el principal objetivo de EE.UU. es expandir y profundizar la liberalizacin con el Acuerdo Estratgico Trans-Pacfico de Asociacin Econmica (TPP, en su sigla en ingls), mientras que la UE se esfuerza en cerrar un acuerdo de liberalizacin econmica y financiera con Canad, para comenzar a negociar uno similar con EE.UU.

Ni siquiera cabe preguntarse si al negociar estos acuerdos los gobiernos estn respondiendo a los intereses de sus pases o simplemente a las trasnacionales y monopolios que poco o nada contribuirn en esos pases desde el punto de vista fiscal, en materia de creacin de empleos y de demanda interna.

Es bien conocido que EE.UU. dej de ser la fbrica del mundo, que ahora est en China y el resto de Asia oriental, y tambin ha perdido como sealan Arrighi y Silver- el papel del nico cajero de las finanzas mundiales. Y por si fuera poco la baja del consumo en EE.UU. lo inhabilit para seguir siendo la locomotora de la expansin econmica mundial.

Si la realidad cambi hay que cambiar la manera de pensar

En febrero pasado el historiador y economista Robert Skidelsky describa la ola de automatizacin en la manufactura en los pases occidentales que est llegando a China-, y que la substitucin del trabajo asalariado por capital (la automatizacin) est yendo ms all de la manufactura y no solo se est comiendo los trabajos poco pagados, sino tambin los mejores trabajos, de nivel tcnico y que parecan seguros (4).

Haciendo referencia al desempleo tecnolgico de John M. Keynes, Skidelsky opina que la solucin es reducir la jornada laboral: Si una mquina puede reducir a la mitad la necesidad de mano de obra humana, por qu en vez de prescindir de la mitad de los trabajadores no los empleamos a todos durante la mitad del tiempo? Por qu no aprovechar la automatizacin para reducir la semana laboral media de 40 horas a 30, despus a 20 y despus a diez, contabilizando esa jornada laboral decreciente como un empleo a tiempo completo? Esto sera posible si el rdito de la automatizacin, en vez de quedar exclusivamente en manos de los ricos y poderosos, se distribuyera equitativamente.

Y concluye sealando que hay que prepararse para un futuro en el que la automatizacin nos dejar ms tiempo libre. Pero para ello ser necesaria una revolucin del pensamiento social.

En 1996 la recientemente desaparecida ensayista y escritora francesa Vivianne Forrester (5) afirmaba, en entrevista con el diario LHumanit, que el horror econmico (de la sociedad neoliberal) se debe en gran parte al hecho de que vivimos con los criterios del siglo 19 en lo tocante al empleo, subrayando que ella no confunda la idea del trabajo, valor fundamental, con la idea del empleo.

Pero al conservar los criterios del siglo 19 deca Forrester-, culpabilizamos a quienes sufren la situacin. Toda la argumentacin se funda sobre la necesidad de encontrar un empleo. Terminemos de decirles constantemente a las personas en particular a los jvenes- que no pueden encontrar un salario para sobrevivir, que el solo modelo de vida autorizado es la vida asalariada. Los programas de los partidos polticos son sensiblemente idnticos a lo que eran cuando crean temporaria la crisis del empleo. Las polticas deben tomar en consideracin la mundializacin, las tecnologas de punta, y no dejar esas realidades ser la propiedad de la sola economa.

Para la brillante analista ya estaba planteada la cuestin de qu hacer en una sociedad en la cual el trabajo asalariado, el empleo asalariado se reduce constantemente, y que era hora de preguntarse si continuaremos diciendo que la dignidad depende del hecho de tener un empleo.

Preguntada por LHumanit si esperaba algo de un partido como el Partido Comunista francs, la ensayista respondi que no era adherente de ese partido, pero que yo espero de todos los partidos, incluyendo el suyo, que consideren la situacin de manera realista, moderna y actual. Que se ocupen ms de la mundializacin y de las tecnologas de punta, y de la consiguiente reduccin del empleo, de manera a dejar de pretender que se puede arreglar una era industrial ya superada, y a no seguir alimentando la vergenza que padecen muchos de los cesanteados por estar desempleados, o el miedo que quienes aun trabajan tienen de perder sus empleos.

Entonces, por qu y para qu el TPP y dems acuerdos

Una caracterstica del TPP y de los acuerdos de liberalizacin econmica y financiera que la UE negocia con Canad y prximamente con EE.UU. es que esas negociaciones son secretas, tienen lugar entre los tecncratas gubernamentales y los representantes de las transnacionales, y que no sern presentadas ante los parlamentos para ser discutidas, enmendadas y puestas a votacin (6).

Acerca del por qu de estas negociaciones hay que mencionar lo que Arrighi y Silver destacan en el libro citado, sobre la integracin econmica transnacional lanzada por EE.UU., que en Asia oriental fue menos institucionalizada y sustantivamente ms abierta que la producida por la integracin en la UE.

Ambos observaban que EE.UU. haba tenido poco xito en utilizar su declinante pero todava considerable poder poltico-econmico para reorientar la integracin econmica regional hacia formas institucionalizadas, que crearan un mbito ms favorable para sus exportaciones e inversiones.

Por otra parte, las transnacionalizadas corporaciones estadounidenses, en particular las industrias de alta tecnologa, no se comportaban efectivamente como cuas para mantener abiertas a la influencia de EE.UU. las puertas de Asia oriental, y que hasta podan estar actuando en sentido contrario. Por esto mismo, agregaban, las fuerzas de la economa transnacional estn claramente minando el poder de los Estados pero, en este proceso, el de algunos est creciendo, como el de Japn y otros pases asiticos.

Ms adelante sealan la sorprendente velocidad con la que esta formacin regional se ha convertido en el nuevo taller y cajero del mundo bajo el liderazgo invisible de un Estado empresarial (Japn) y una dispora empresarial (la china), que ha contribuido a generalizar el temor a la cada en los principales centros de la civilizacin occidental.

En efecto, si la deslocalizacin industrial occidental en Asia es un fenmeno conocido y estudiado, menos se habla de los cajeros asiticos, los importantes centros financieros (Hong Kong, Singapur y otros ms) donde operan las transnacionales y en los cuales importan las decisiones regionales tanto como las de Wall Street, de la City de Londres o de Francfort.

Y tambin est el papel clave que han jugado y estn jugando las autoridades monetarias y los bancos centrales, pblicos y privados de Japn, de China y Corea del Sur.

Imperio en decadencia queriendo vivir de rentas

La transnacionalizacin y deslocalizacin de la produccin industrial y de las finanzas en el contexto del Asia oriental, y particularmente de China, aument el poder de los Estados de esa regin y redujo el poder hegemnico de EE.UU., lo que explica el afn de Washington y los monopolios en recuperarlo mediante la institucionalizacin de las reglas (el chaleco de fuerza) del neoliberalismo, que comprenden aspectos econmicos, financieros, y comerciales, como el crucial respeto al derecho de propiedad intelectual que figura en el TPP.

En cuanto al para qu servir el TPP, es claro que una institucionalizacin implica un intento de imponer esta hegemona explotadora mediante la aplicacin extraterritorial de las leyes estadounidenses en los mercados de los pases signatarios, para aplicar estrictamente la proteccin al derecho de propiedad intelectual, entre otros aspectos ms, y as aumentar la captacin de la renta por parte de las empresas transnacionales.

Tal institucionalizacin proporcionara a Washington y a los intereses estadounidenses una poderosa palanca va el arbitraje obligatorio fuera de las cortes- para operar en el marco poltico y legal de los dems pases signatarios y disponer as de un poder de veto en materia de cambios polticos o econmicos que afecten a sus intereses. Eso es lo que Washington y Ottawa queran con el ALCA, pero que no pudieron obtener.

La negociacin del TPP aceler el inters de la UE en negociar con Canad y EE.UU., y eventualmente con los pases de Amrica latina.

Los objetivos son similares: avanzar en la institucionalizacin que constituya el chaleco de fuerza que mantenga el orden establecido para impedir que se fortalezcan en Asia los poderes estatales que restringen el neoliberalismo, y se consolide en Amrica latina el camino de una integracin regional basada en los principios de nuestras instituciones, como el ALBA, UNASUR, MERCOSUR y CELAC.

En fin, todo esto define la hegemona explotadora que puso en marcha el imperialismo estadounidense, y que muy bien puede estar sealando tanto el ocaso del imperio como el del capitalismo.

La Vrdiere, Francia.

- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.

Notas:

1.- La expresin hegemona explotadora fue acuada por el economista estadounidense David Calleo (1) para describir las potencias en declive (que) en lugar de conformarse y amoldarse, intentan apuntalar su tambaleante preeminencia en una hegemona explotadora. David Calleo, Beyond American Hegemony: The Future of the Western Alliance, New York, Basie Books, 1987, pgina 142, citado por Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver.

2.- Ver las cinco proposiciones que forman las conclusiones del libro de los socilogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, Caos y orden en el sistema-mundo moderno, ediciones Akal (2000).

3.- Immanuel Wallerstein, Response: Declining States, Declining Rights? 1995. International Labor and Working-Class History 47, citado por Arrighi y Silver.

4.- Robert Skidelsky, economista e historiador de la economa.
The Rise of Robots (en espaol) http://www.project-syndicate.org/commentary/the-future-of-work-in-a-world-of-automation-by-robert-skidelsky/spanish

5.- Vivianne Forrester, autora de Lhorreur conomique (1996), falleci a comienzos de mayo de este ao, a la edad de 87 aos. Se pueden consultar las entrevistas en LHumanit en 1996 y 2000: (1996):
http://www.humanite.fr/social-eco/deces-de-viviane-forrester-auteure-de-lhorreur-eco-533610
(2000) http://www.humanite.fr/node/424533

6.- Sobre estas negociaciones ver http://rabble.ca/blogs/bloggers/council-canadians/2013/04/five-reasons-canada-should-not-ratify-canada-eu-free-trade- Y http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-tpp-an-oppressive-us-led-free-trade-agreement-a-corporate-power-tool-of-the-1/5329497
http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-obamas-secret-trade-deal/5329911

http://www.alainet.org/active/63837



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