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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2013

Construyendo ahora el poder popular

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin

Ponencia para debatir en II Formazio Mintegia de Askapena.


1.- Qu es el poder?

  1. Como sucede en todo perodo de crisis sistmica, las certezas anteriores estallan hechas aicos ante la re-aparicin de situaciones complejas y desconcertantes. Complejas porque integran diversos procesos, componentes y factores internos que evolucionan con autonoma relativa, dificultndonos la visin coherente de lo nuevo. Y desconcertantes porque nuestras cmodas certidumbres anteriores se muestran impotentes para comprender lo que sucede, su novedad y sus relaciones con el pasado. Ahora vivimos una situacin de esas. Ms todava, para un movimiento popular como Askapena dedicado a profundizar en el internacionalismo la crisis est suponiendo, como mnimo y espero que se me corrija, la aparicin de tres retos: uno, adecuar la teora internacionalista al nuevo contexto mundial provocado por la crisis; dos, responder al endurecimiento del imperialismo en respuesta a las resistencias populares agudizadas por la crisis mundial; y tres, cmo explicar estos y otros retos a las nuevas militancias que acuden a Askapena y que, todava, no tienen un nivel suficientemente desarrollado de praxis internacionalista.

  2. De hecho, estos tres retos que ahora cito --hay ms, pero no podemos analizarnos aqu-- tambin acucian a todos los movimientos populares aunque es sus respectivos campos de intervencin. Todos ellos, en mayor o menos escala, se enfrentan a la urgencia de adecuar su visin terica a los cambios surgidos con la crisis; tambin a la urgencia de ampliar su prctica para responder a los ataques del poder explotador al que se enfrentan en su campo de intervencin; y por ltimo, deber explicar estos y otros cambios a la nueva militancia, militancia joven, pero tambin a quienes se haba desenganchado en los aos pasados y ahora vuelve a la lucha tras un perodo de ausencia, o de participar en otros movimientos, organizaciones, sindicatos, grupos, partidos, etc. Quiero decir que son, en el fondo, problemas objetivos y comunes aunque con formas diferentes en cada caso.

  3. Es obvio que en esta charla no podemos tocar los dos primeros problemas, porque antes que nada es Askapena como colectivo el que ha de hacerlo, porque conoce mejor que nadie su situacin y el contexto mundial en el que incide. Pero s voy a intentar aclarar algunas cuestiones que superan las estrictamente internacionalistas, que superan por ello a Askapena, pero que tambin le influyen determinantemente. Me refiero a la problemtica del poder popular en el presente y en el futuro.

  4. Qu es el poder popular? Antes que nada debemos explicar qu es el poder a secas. Por tal cosa entendemos una contradictoria relacin social de unidad y lucha de contrarios, en la que, por un lado, una minora dispone de una estructura material y simblica que le garantiza seguir siendo propietaria de las fuerzas productivas as como seguir explotando a la mayora no propietaria de nada; por otro lado, una capacidad de resistencia, lucha y oposicin de esa mayora explotada, que le permite frenar algunos de los golpes de la minora explotadora y asestar otros, impidiendo que empeoren sus condiciones de vida o mejorndolas incluso, en un proceso de lucha permanente, una vez dura y abierta, otra vez latente y oculta.

  5. Es fundamental saber que el poder es una relacin de lucha que gira alrededor del control de las fuerzas productivas en cualquiera de sus formas; control por la minora, por el capital, o control por la mayora, por el pueblo trabajador. Una relacin de lucha permanente de contrarios antagnicos e irreconciliables en la que la burguesa tiene una enorme superioridad de medios de poder opresor, mientras que el pueblo trabajador apenas tiene sub-poder nacional de clase. Es decisivo saber que la clase dominante se apropia del derecho exclusivo y monoplico de la violencia en s, al margen de sus formas, prohibiendo al pueblo hasta la mnima posibilidad de ejercicio de un poder defensivo propio, y menos an violento.

  6. Cometemos un error si reducimos el poder explotador a una mera mquina de violencia, o slo a una relacin de fuerzas en el plano de la democracia burguesa con sus instituciones y parlamentos, o a una relacin interpersonal cotidiana independiente de la poltica y al margen de los grandes intereses capitalistas que se mueven y deciden en espacios desconocidos por la gente o en instancias de imposible acceso y nulo control incluso por el parlamentarismo burgus, o a un conjunto de imposiciones ineludibles socioeconmicas que determinan nuestra vida y que creemos que vienen de lugares miseriosos como el mercado mundial, las finanzas o la globalizacin.

  7. El poder explotador incluye estas y otras caractersticas, pero es mucho ms que eso; es, en definitiva, la totalidad de la sociedad burguesa que funciona como unidad de explotacin cuyo objetivo nico es el de asegurar su expansin, o en el peor de los casos, su continuidad. El concepto de poder burgus es la expresin de la esencia de esta clase social criminal que slo funciona en base a su perpetuidad. Dicho en crudo, el poder capitalista es el capitalismo en el poder, excluyendo del poder decisivo a cualquier otro que no sea capitalista.


2.- Qu es el poder popular?


  1. Existen poderes no capitalistas dentro del capitalismo? S, son los poderes populares, pero enanos, puntuales, gotas diminutas en un ocano opresor, y siempre en peligro inmediato de ser aplastados por el poder dominante. Islitas a punto de ser devoradas por un tsunami represivo. Son logros de poder efectivo en su rea de lucha, en el problema que han resuelto para el pueblo explotado, en la conquista que han logrado, pero apenas ms. Es importante saber que la lucha consigue victorias efectivas, aunque pequeas o medianas, y siempre inseguras y en peligro.

  2. Ocurre que nos han formado y que pensamos dentro de la ideologa dominante, burguesa, y por tanto creemos que fuera del sistema parlamentarista democrtico-burgus y franco-espaol slo existe el desierto, la nada, la imposibilidad de conquistas palpables, y no es cierto. Si estudiamos la historia y el presente con el mtodo marxista vemos que s existen momentos de poder conquistado por el pueblo en reivindicaciones muy concretas. Pero hay que advertir inmediatamente que es un poder, adems de muy precario, tambin debilitado internamente en una cuestin clave: la de no atreverse a cambiar la forma de propiedad existente, es decir, de acabar con la propiedad privada tal cual se muestra en la injusticia a la que se combate.

  3. La esencia del poder capitalista es la propiedad privada, burguesa. Cualquiera de las cuasi infinitas formas de expresin de la propiedad burguesa genera su propia forma de opresin, explotacin y dominacin. Cualquiera de ellas. No existe ninguna situacin en el capitalismo, desde lo ms cotidiano y aparentemente intranscendente, hasta la sede del Gobierno, que no se sustente sobre la propiedad burguesa de los medios de produccin, en general, y de las formas ocultas pero muy efectivas mediante las que esa propiedad privada explota en y mediante la vida cotidiana, mediante el Gobierno, etc.

  4. Por esto, cualquier conquista popular que alcance una situacin de poder, por reducido, que sea, ha de avanzar decididamente a la supresin de la forma concreta que adquiere la propiedad burguesa en ese problema. Por ejemplo, una fbrica que se va a cerrar echando al paro y a la miseria de decenas o centenas de familias. La lucha obrera no puede limitarse a buscar un nuevo empresario que compre la fbrica, sino que debe recuperarla, reabrirla y ponerla en marcha bajo el poder obrero autogestionado. Otro tanto hay que decir, por ejemplo, en la lucha internacionalista: no solo hay que enviar ayuda humanitaria a los pueblos que la necesiten, hay que ayudarles a que se independicen del imperialismo.

  5. La existencia de la propiedad burguesa, su aceptacin o rechazo intransigente separa al poder capitalista del poder popular en todas y cada una de las reivindicaciones. Si no se avanza hacia la superacin de la propiedad privada en el rea concreta de lucha en la que el movimiento popular u obrero ha logrado fuerza suficiente, entonces no llega a materializarse realmente la forma de poder basado en la propiedad colectiva, comunal, o como queramos definirla ahora sin mayores precisiones.

  6. Es la naturaleza burguesa o socialista de la propiedad la que define la naturaleza reaccionaria o revolucionaria del poder. Por ejemplo, frente al problema de las viviendas, de su caresta, de los desahucios, etc., si el movimiento popular y las fuerzas polticas que se dicen revolucionarias no ponen explcitamente como objetivo acabar con la propiedad privada del suelo, socializndolo, transformndolo en suelo pblico, si no se atreven a dar este paso cualitativo por las razones que sea, generalmente electorales, si no se supera esta cobarda o este electoralismo, nunca se acabar con el problema de la vivienda, y con cualquier otro.

  7. Ahora bien, la conquista de victorias radicales, de situaciones de poder popular por pequeos que sean, no se logra de la noche a la maana, sino que se requiere tiempo, organizacin y estrategia. Hasta ahora, la experiencia acumulada muestra que, a grandes rasgos, los movimientos populares, y cualquier lucha, empiezan creando pequeos contrapoderes, desde grupitos sindicales hasta asociaciones vecinales y sociales de cualquier tipo, pudiendo avanzar luego a situaciones de doble poder que, tal vez, desemboquen en el poder popular.

  8. Por contrapoder se entiende la mnima pero suficiente creacin de una resistencia inicial organizada y dotada de un objetivo preciso, resistencia que por el solo hecho de existir advierte al poder al que se enfrenta que va a encontrar una oposicin, y que si acta bien puede concitar apoyos y esperanzas, ampliarse y avanzar en sus movilizaciones. Si ese contrapoder se coordina con otros, se relaciona con movimientos y grupos ms amplios, etc., y si mantiene su coherencia y rectitud a pesar de todo, puede llegar el momento en que consiga crear situaciones de doble poder en la opresin a la que se enfrenta, es decir, que pueda tutear, exigir y vencer al poder explotador.

  9. Los contrapoderes aparecen mediante una intrincada mezcla de espontanesmo y organizacin. Pese a todos los problemas, siempre sobrevive una pequea memoria de lucha organizada, y siempre existe un instinto de resistencia, de modo que, segn los casos, unas veces el colectivo que inicia la lucha aparece slo debido al instinto de resistencia, otras veces debido slo a la memoria organizativa, aunque lo ms frecuente es que exista una confluencia de ambas. Esta tercera posibilidad es ms probable cuando el pueblo trabajador lleva aos sosteniendo una larga lucha de liberacin nacional de clase.

  10. Las situaciones de doble poder se dan en todos los procesos en los que el aumento y la confluencia de fuerzas organizadas en contrapoderes permiten lanzar una ofensiva al poder opresor al que se enfrenta, llegando a una situacin de empate de fuerzas en ese conflicto concreto. Por ejemplo, el movimiento euskaltzale puede paralizar leyes contra la lengua vasca durante un tiempo, y hasta puede conseguir avances en el derecho al uso de nuestra lengua nacional, en un momento de debilidad o indecisin de poder franco-espaol en esa temtica. Pero el movimiento euskaltzale sabe que se trata de una muy inestable y fugaz situacin de doble poder en esa reivindicacin ya que la situacin general es de contraofensiva estatalista contra la lengua. Esa situacin de doble poder, por tanto, ser muy breve porque el imperialismo espaol intentar recuperar su poder perdido y derrotar la conquista democrtica.

  11. En el contexto actual, los momentos de doble poder plantean el decisivo problema de las relaciones entre la lucha obrera y popular, la lucha terico-poltica e ideolgica y la lucha institucional, problema siempre presente una vez llegado a un nivel de fuerza sociopoltica e institucional apreciable, problema agudo en los procesos de Huelga General, en los electorales, en todos los que la interrelacin de esas tres formas de lucha debe ser gil.

  12. Por ejemplo, la accin en los ayuntamientos, Diputaciones, Parlamentos y Gobiernos varios en los perodos electorales puede entrar en tensin con las luchas populares y obreras que han llegado a situaciones decisivas de doble poder en las que es necesario avanzar en la radicalizacin para obtener y garantizar la victoria concreta. Sectores que actan en la lucha institucional pueden opinar que tal o cual lucha radical debe esperar a que se celebren las elecciones, o debe atemperar durante ese tiempo su dureza por intereses electorales.

  13. Y es que las situaciones de doble poder se caracterizan por agudizar la cuestin de la propiedad burguesa vista antes, porque afectan ms profundamente a todo lo que implica la propiedad privada. Por ejemplo, las luchas contra los abusos del capital financiero en cualquiera de sus formas, desde los desahucios hasta los recortes sociales en Kutxabank, pasando por el cierre de empresas por la ausencia de prstamos bancarios, todo esto debiera radicalizar al movimiento popular y obrero en un momento en el que sectores institucionalistas creen que una poltica de acuerdo con la burguesa aumentara la fuerza electoral e institucional de la izquierda soberanista. Surge as algo ms que una diferencia, surge una contradiccin entre el movimiento popular y obrero y la accin institucional.

  14. La efectiva y gil interaccin entre estas formas de lucha, a la que debemos aadir la terico-poltica e ideolgica, es uno de los eternos problemas de la poltica revolucionaria que tiene un decisivo contenido poltico-organizativo que veremos en su momento. Ahora debemos explicar el paso de una situacin de doble poder a una de poder popular en la reivindicacin concreta por la que se lucha. Existe una diferencia sutil pero importante entre el avance de los contrapoderes a la situacin de doble poder, con respecto al avance de los dobles poderes hacia las situaciones de doble poder. La diferencia no es otra que se trata de una fase cualitativamente ms avanzada de lucha, lo que determina todo.

  15. En la fase del contrapoder los objetivos son limitados y aislados, ceidos a problemas concretos aunque exista una coordinacin con otros conflictos, lo que apenas alerta al Estado burgus. En la fase en la que una o varias victorias materializadas de situaciones de doble poder avanzan de su mera coordinacin a una unificacin lgica e inevitable de objetivos, estrategias y tcticas para acelerar el ritmo y ampliar fuerzas, en esta fase es muy probable que el Estado sea ya consciente del peligro que se avecina y empiece a movilizar su doctrina y sistema represivo.

  16. Una vez producido este salto cualitativo, que se caracteriza por el hecho de que la conciencia poltica pasa a dirigir la lucha general como expresin terica de la necesidad de acabar con la propiedad burguesa e instaurar la propiedad socialista en el conjunto de la sociedad, sobre todo en las fuerzas productivas, dado este salto, la burguesa tambin da el suyo en el sentido represivo. Desde luego que hablamos de un proceso complejo, con sus ritmos desiguales de avance, con sus retrocesos y estancamientos pero lo vemos desde la ley del desarrollo desigual y combinado, lo que nos permite apreciar la tendencia a la unificacin en las luchas de masas y a la polarizacin entre el pueblo trabajador y la burguesa y su Estado.

  17. El verdadero poder popular va apareciendo en escena conforme confluyen luchas parciales, se unifican polticamente en lo esencial, y avanzan hacia la creacin de un Estado diferente, opuesto al burgus, e imprescindible para garantizar la superacin histrica de la propiedad burguesa. Hasta este momento, los pequeos e inseguros poderes populares concretos, muchas veces derrotados, reflejaban slo los inciertos logros puntuales de la lucha de liberacin, desde este momento el poder popular unitario aparece en escena agudizando el odio y la rabia burguesa.


3.- Qu el es pueblo trabajador?


  1. Es uno de los conceptos claves para comprender el mtodo marxista de definir las clases sociales y para marcar la diferencia entre nacin burguesa y nacin trabajadora. No podemos alargarnos ahora en el mtodo dialctico que exige el uso de los llamados conceptos flexibles en contra de la estrechez positivista, y de las limitaciones del kantismo. El concepto de pueblo trabajador ha sido empleado desde el siglo XIX en la teora revolucionaria pero por razones que se expondrn fue interesadamente abandonado por el reformismo. Fue y es un concepto vital para organizar la lucha contra el nazi-fascismo o contra toda forma de poder burgus en la que su esencia dictatorial aparezca claramente por sobre su forma democrtica externa. Por esto es imprescindible para toda lucha de liberacin nacional de clase, como la vasca.

  2. En mtodo marxista del estudio de las clases sociales correlaciona dos niveles: uno, el general al modo de produccin capitalista basado en la unidad y lucha de contrarios entre el capital y el trabajo a escala mundial; otro, el concreto, el de cada formacin econmico-social especfica, en la que luchan no slo dos clases antagnicas como la burguesa y el proletariado, sino tambin otras como el campesinado, las llamadas clases medias, o sectores sociales intermedios, franjas liberales, etc.; y en la que tanto la burguesa como el proletariado tienen fracciones internas como mediana y pequea burguesa, o la clase trabajadora en el sector servicios, en el financiero, etc.

  3. Segn en la fase de concrecin o abstraccin terica, o de precisin poltica, etc., en el que nos encontremos, simultanearemos un nivel con otro, el general con el particular, para conocer mejor la realidad. No hace falta decir que dentro de este mtodo tambin estn presentes el impacto de la explotacin de sexo-gnero y de la opresin nacional en ambos momentos, el genrico a todo el modo de produccin capitalista, como el particular en una nacin oprimida en la que el sistema patriarco-burgus es especialmente necesario para asegurar los beneficios del bloque de clases dominante en ese pas.

  4. Mientras que en el nivel ms general de las dos clases opuestas en el mundo, la que tiene el capital y la que slo tiene su fuerza de trabajo, apenas debemos recurrir a los factores de sexo-genero, etno-nacionales, polticos, culturales, etc., por que su nivel de precisin se mueve en el plano esencial de la explotacin y de la produccin y realizacin del plusvalor; mientras esto es as, en el nivel de cada pas, o regin del mundo, debemos recurrir siempre a la explotacin de sexo-gnero, a la opresin nacional, a la situacin sociopoltica, a la historia, etc., para enriquecer lo ms posible el estudio concreto de las clases enfrentadas. Cuanto ms precisos queramos ser en el conocimiento de la lucha de liberacin nacional de clase y antipatriarcal en un pueblo oprimido, ms deberemos conocer los pormenores de su historia, de su contradictoria identidad nacional, de los componentes patriarcales de su lengua y cultura popular.

  5. Pues bien, teniendo esto en cuenta, el concepto de pueblo trabajador permite, primero, compaginar ambos niveles de estudio de las clases a escala general y particular; y segundo y sobre todo, facilita la compresin del sujeto colectivo que lucha contra el capital en un pas determinado, sujeto colectivo ms amplio que la clase trabajadora en cuanto tal pero a la vez centralizado por sta, que es su ncleo vertebrador. El manido concepto de hegemona slo resuelve sus antinomias y lagunas si lo incluimos dentro de las prcticas polticas del pueblo trabajador, centralizado por el proletariado, en su esfuerzo por atraer e integrar a las clases medias a la lucha revolucionaria, y a sectores de la vieja pequea burguesa en proceso de desaparicin.

  6. El papel de la pequea burguesa en el proceso revolucionario est debatido desde la mitad del siglo XIX en el sentido de que debe contarse con ella para las primeras victorias revolucionarias, imprescindibles, aunque debe desconfiarse profundamente de ella en la medida en que el poder popular y el Estado obrero avancen en la socializacin de las fuerzas productivas. La hegemona poltico-cultural lograda por el poder popular antes de la revolucin ser fundamental para mantener a ese sector pequeo burgus dentro del proceso revolucionario cuando avance en la progresiva socializacin de las fuerzas productivas.

  7. La definicin economicista y estructuralista de clase social no sirve para entender el concepto de pueblo trabajador porque en ste, como se ha dicho, la conciencia, la subjetividad, tiene tanta importancia como la explotacin asalariada y la no propiedad de fuerzas productivas. La dialctica entre conciencia-en-s y conciencia-para-s es clave en el pueblo trabajador porque la conciencia-para-s es la que introduce el componente antipatriarcal, independentista, socialista, etc., en la conciencia-en-s. Sin esta dialctica no existe en la prctica clase trabajadora, y menos pueblo trabajador. La hegemona sobre las clases medias, franjas intermedias y, a otro nivel, sobre la pequea burguesa, descansa fundamentalmente sobre la capacidad de la conciencia-para-s del pueblo.

  8. Esto sucede porque son muy grandes los desniveles de conciencia, opcin poltica, formacin intelectual, intereses corporativistas y sectoriales dentro de las clases explotadas, y son ms grandes an las de origen nacional y opcin estatalista. La definicin estrictamente economicista no puede integrar en un todo coherente tal diversidad objetiva y subjetiva, siendo necesario un concepto de clase y de pueblo en el que realidades tan aparentemente distantes como las de sexo-gnero, nacionales, polticas, socioculturales y costumbristas, generacionales, y cada vez ms religiosas, por citar algunas, han de tener cabida una vez demostrada la objetiva e innegable unidad bsica que les recorre a todas ellas: la explotacin capitalista en una nacin oprimida dentro de un sistema patriarco-burgus irracionalmente consumista.

  9. Si negamos la existencia objetiva de la explotacin, abandonamos la teora marxista y caemos en cualquiera de las mltiples versiones de la ideologa burguesa neokantiana y positivista por muy disfrazada de progresismo que se presente. El concepto de pueblo trabajado se basa en la dialctica entre lo esencial, unitario y bsico de la realidad objetiva de la explotacin estructurante, y lo cada vez ms complejo y variado de las formas concretas y particulares con las que se presenta tal realidad. La distancia entre las formas externas concretas y la base estructural es tanta que debemos realizar un esfuerzo terico permanente para descubrir la dialctica entre lo superestructural y lo estructural, por usar un lenguaje conocido.

  10. El concepto de pueblo trabajador fue desapareciendo de la praxis marxista occidental desde finales de la II GM por el empobrecimiento del stalinismo, por el pacto interclasista keynesiano de la socialdemocracia y reforzado por la coexistencia pacfica con el imperialismo, por el poder de absorcin de la Academia sobre el marxismo acadmico obsesionado por fabricar modas intelectuales de usar y tirar, y por la deriva reformista de los principales PCs hacia el eurocomunismo y su versin reformista del gramscismo. La escasa o nula importancia dada a la opresin nacional en el grueso de las corrientes del mayo68 aceler el olvido de este concepto sin el cual no se entiende la oleada de guerrillas de liberacin nacional anti nazi-fascistas en buena parte de Europa entre 1941 y 1945.

  11. En Euskal Herria el estatalismo del PC de Espaa abort toda reflexin creativa sobre el derecho/necesidad a la independencia de clase, a la vez que aparecan pequeitos grupos de un marxismo libresco, economicista y estructuralista. Su incapacidad para comprender qu suceda en Euskal Herria y quin era el sujeto colectivo de liberacin, se hicieron patentes casi desde principio de ETA. Navegando en un huracn de escisiones, represiones y crisis de crecimiento, ETA recuper en la segunda mitad de la dcada de 1960 el concepto de pueblo trabajador adecundolo a la realidad de entonces; un acierto terico de grandes consecuencias prcticas. Sin extendernos ahora, todas las escisiones posteriores se caracterizan por abandonar este concepto, adems de otras coincidencias elementales.

  12. Un punto decisivo en esta recuperacin y actualizacin del concepto de pueblo trabajador fue el de la existencia de una conciencia nacional de clase como exigencia ineludible, es decir, de no explotar a nadie, de no vivir a costa del sudor ajeno. Por tanto la pequea burguesa no pertenece al pueblo trabajador porque vive de su explotacin. En la dcada de 1970 sectores de la pequea burguesa tenan conciencia nacional, pero no era de clase trabajadora vasca. Lo que entonces era ETA militar conoca esta contradiccin y adverta de que esa clase poda volverse contra la lucha de liberacin o poda apoyarla, y que dependa de la clase obrera lograr su apoyo.

  13. Pero lo que entonces era ETA p-m s inclua a la pequea burguesa en el pueblo trabajador. Pensamos que aqu radica una de las primeras causas de fondo de su posterior desintegracin reformista, estallido en varias corrientes enfrentadas e integracin en el sistema y hasta en el Estado ocupante. Y es que si no se define bien al sujeto revolucionario y por consiguiente al reaccionario, se ir dando bandazos de un lado a otro, hasta la desaparicin. Sectores de la pequea burguesa de entonces tenan conciencia nacional pero no de clase, y la mayora de ella acept complacida la solucin espaola de descentralizacin administrativa, apoyando por accin u omisin la represin del independentismo socialista.

  14. El pueblo trabajador est compuesto en el capitalismo actual por una base o centro cohesionador formado por la clase trabajadora, y dentro de esta por la fraccin productora de valor, pero siempre integrando al sector servicios y al financiero, sean explotados continuos y permanentes, a tiempo parcial, en precario o en subempleo. Sobre esta base o alrededor de este centro estn las crecientes masas en desempleo estructural, de dependientes del salario directo o diferido, del salario social, de las ayudas pblicas oficiales o privadas como Critas u otras asociaciones asistenciales, como mujeres explotadas en el trabajo domstico, juventud trabajadora en paro o en el paro invisible que son los estudios, pensionistas, jubilados, etc., todas ellas y ellos dependientes directa o indirectamente del salario familiar en cualquiera de sus formas o de la ayuda exterior, pero sin medios de produccin propios, y por tanto sin posibilidad de explotar a nadie.

  15. Estas son las esferas decisivas del pueblo trabajador, sobre todo la primera. Pero existen otras dos. Una, la ms cercana, es la compuesta por las denominadas capas intermedias, clases medias, autnomos, profesiones liberales que no explotan fuerza de trabajo, que viven de su trabajo asalariado o no, y que por razones ideolgicas burguesas se creen econmicamente fuera de la clase trabajadora pero se sienten oprimidos nacional y hasta socialmente por el Estado espaol. La crisis puede abrirles la conciencia de clase y reforzarles la conciencia nacional, asumiendo su verdadera pertenencia de clase cuando ven reducirse sus salarios o medios de vida, deteriorarse su calidad de vida, o quedarse en el paro, en el nuevo subempleo, e incluso en la fraccin de los nuevos vagabundos.

  16. Por ltimo, queda una cuarta rea que mayoritariamente est objetiva y subjetivamente fuera del pueblo trabajador, la pequea burguesa, aunque sectores muy reducidos pueden integrarse en los espacios ms distantes. Nos referimos a esas franjas crecientes de la muy pequea burguesa envejecida que se ha arruinado, que cierra sus negocios, tiendas, comercios y pequeos talleres obsoletos. Que tienen conciencia nacional pero soberanista, todava no independentista no socialista aunque un trabajo concienciador y un programa tctico de avance al independentismo puede atraerlos a las partes ms dbiles del pueblo trabajador porque ya han dejado de vivir gracias a la explotacin de seres humanos, pero todava no han desarrollado conciencia socialista.

  17. Como se aprecia, el pueblo trabajador es una realidad clasista compleja, viva, fluctuante, con diversos niveles de conciencia, pero con un mnimo esencial irrenunciable: la conciencia nacional de clase. Entre sus diversos niveles existe un vaivn de sectores y grupos que pasan del trabajo estable al precario, al subempleo, al paro de corta duracin, que pasan del trabajo directamente productivo al indirectamente productivo, y viceversa; o que ya no trabajaran nunca por el paro estructural a una determinada edad, por la explotacin del trabajo domstico, por las jubilaciones, etc. Si la clase trabajadora es una relacin social colectiva en permanente movimiento interno, tanto ms ocurre en el pueblo trabajador, sobre todo cuando en l se integran trabajadoras extranjeras que sociopoltica, cultural y hasta lingsticamente se han nacionalizado vascos, independentistas y socialistas vascos y vascas.


4.- Qu es el movimiento popular?


  1. De la misma forma que para saber qu es la clase trabajadora sobre todo hay que estudiarla en sus luchas, en su accin, para saber qu es el pueblo trabajador hay que estudiarlo en su praxis, con la diferencia de que mientras la clase trabajadora lucha sobre todo en el mbito fabril y sindical, el pueblo trabajador tambin lo hace en los movimientos populares, adems de en el fabril y sindical dado que su centro, su base, es proletaria, trabajadora, obrera. Se cometen dos errores garrafales provenientes del unilateralismo economicista: creer que el pueblo trabajador no lucha sindicalmente, sino slo en los movimientos populares; y creer que el movimiento obrero no lucha en los movimientos populares sino slo en los sindicatos. Ambos niegan la unidad interna que los recorre.

  2. El movimiento popular es una de las formas de intervencin del pueblo trabajador, siendo las otras dos fundamentales, el movimiento obrero y el movimiento social. Por fundamentales entendemos las que afectan a la estructura elemental de reproduccin de la propiedad burguesa y franco-espaola en Euskal Herria, habiendo otras tambin importantes pero de impacto menor, en las que no podemos extendernos ahora. La distincin entre estas tres formas fundamentales de lucha --langile mungimendua, herri mugimendua eta gizarte mugimendua-- surge tanto de las opresiones a las que se enfrentan como de los grados de conciencia sociopoltica nacional de clase que por lo general existen en esas formas de lucha.

  3. El movimiento obrero en un primer momento se enfrenta contra el empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo, contra el aumento de la explotacin, etc.; pero en perspectiva histrica y revolucionaria, esta lucha ceida slo a la defensa de lo existente o a su mejora dentro del sistema capitalista, no resuelve apenas nada, aunque siempre es imprescindible. El movimiento obrero debe atacar la base del capital, o sea, el sistema salarial, el sistema de extraccin de plusvalor y su transformacin en plusvala. La diferencia entre la primera y la segunda radica en que la segunda, la lucha contra el salario, demuestra que nunca puede existir el salario justo, que nunca puede existir eso que la ideologa burguesa define como justicia social. Al contrario, todo salario es objetivamente injusto, por tanto hay que acabar con el salario y con la propiedad privada, que viene a ser lo mismo.

  4. El movimiento popular es mucho ms amplio y extenso en sus campos de intervencin que el movimiento obrero porque tambin son ms numerosos los sujetos que integra. Por ejemplo, el movimiento Askapena lucha contra el imperialismo, lo que le enfrenta indirectamente al sistema salarial y adems en sus peores formas de plasmacin, las impuestas por el imperialismo a los pueblos del llamado Tercer Mundo. Miremos por donde miremos, todos los movimientos populares, todos ellos, terminan chocando de un modo u otro con la objetividad de la explotacin nacional de clase y patriarco-burguesa. Es inevitable porque malvivimos en una sociedad capitalista, y negarlo es retroceder al abismo de la derrota.

  5. El movimiento popular tiene la virtud de atacar no solamente al proceso de produccin de valor, que tambin por cuanto est unido al movimiento obrero, sino a la vez y en muchas cuestiones sobre todo al proceso de reproduccin de las condiciones de produccin, es decir, al proceso en el que se reproduce la dominacin franco-espaola y la legitimidad hegemnica alienante de la burguesa autonomista y foralista vasco-espaola con su bloque social de apoyo. La reproduccin de las condiciones de produccin capitalista es a la vez reproduccin de su poder opresor.

  6. Esto es debido a que el movimiento popular, ms que el obrero y mucho ms que el movimiento social, acta en cuestiones decisivas como la Amnista, el derecho/necesidad de la lengua vasca, la cada vez ms importante lucha contra la irracionalidad consumista y el desarrollismo, la recuperacin de la unidad naturaleza-especie humana, la lucha contra la drogodependencia, la reivindicacin del deporte popular y del tiempo libre y crtico, la lucha contra la corrupcin, la lucha contra los desahucios y la injusticia financiera, el movimiento vecinal, el movimiento educativo, el movimiento juvenil, y un largo etctera.

  7. Del mismo modo que estas y otras luchas afectan directa o indirectamente al sistema salarial, sobre todo afectan a su legitimidad y a su efectividad de reproduccin, ya que a diario presentan en la vida cotidiana del pueblo una crtica de las opresiones que sufre, y cada vez ms frecuentemente avanzan a ofrecer al pueblo trabajador alternativas concretas a esas opresiones e injusticias, de modo que la legitimidad del poder dominante y su reproduccin general se ven cuestionadas en el interior mismo de la vida cotidiana de las clases explotadas, que no slo en la fbrica. Si esta lucha obrera mina la raz productora del capital, el movimiento popular adems mina su raz reproductora.

  8. Dos son los grupos decisivos del movimiento popular que minan otros dos esenciales puntos de la reproduccin del poder capitalista franco-espaol en Euskal Herria: uno es la lucha antipatriarcal abertzale, y otro es la lucha por la (re) construccin del complejo lingstico-cultural euskaldun, los componentes progresistas existentes en la cultura popular euskaldun. En el capitalismo la reproduccin de la fuerza de trabajo dcil y plenamente explotable es una necesidad imperiosa. La sntesis entre (re) construccin de la identidad progresista vasca y la lucha antipatriarcal abertzale debilita la raz misma de la reproduccin de la fuerza de trabajo alienada, sumisa y hasta colaboracionista.

  9. La lucha antipatriarcal --que no slo el feminismo-- abertzale es parte esencial del movimiento popular, del independentismo socialista, porque vertebra la totalidad de la reproduccin de Euskal Herria y buena parte de la produccin de plusvalor. Y esto es decisivo porque una movilizacin sistemtica, global y diversificada por parte del movimiento antipatriarcal abertzale desvela y descubre la estructura entera de la opresin que padece Euskal Herria. Nada puede quedar oculto, y menos el terrorismo masculino, a la crtica antipatriarcal porque esta va incluso a las races opresoras precapitalistas que facilitaron la victoria capitalista y su explotacin nacional de clase.

  10. El movimiento antipatriarcal, por tanto, cuestiona nuestra historia desde la victoria del patriarcado pre-cristiano, que no slo la historia moderna. Quiere decir esto que son puestos en crtica todos los cimientos profundos del capitalismo vasco-espaol y casi todos de la misma Euskal Herria tal cual se ha ido formando bajo las presiones patriarcales del pasado que se niega a desaparecer y que tiene una de sus fuerzas en el cristianismo; bajo las presiones del sistema patriarco-burgus desde los siglos XIII-XIV; bajo las presiones de la indiferencia ante esta realidad de las matxinadas y de la lucha de clases desde la mitad del siglo XIX; bajo las presiones de las invasiones extranjeras y bajo el debilitamiento terico y prctico reciente del feminismo abertzale en un momento en el que se endurece la contraofensiva patriarco-burguesa.

  11. Esta larga historia se ha asentado sobre la explotacin de sexo-gnero y su adecuacin a los intereses de las clases dominantes. La actual estructura clasista vasca, por ejemplo, tambin es el resultado de la larga explotacin de la fuerza de trabajo sexo-econmica. Otro tanto debemos decir de la versin oficial, machista, de nuestra historia, por muy progre que aparente ser. Tampoco se libra la versin oficial de la cultura vasca e incluso de la cultura popular. Muy imprecisamente se utiliza el trmino transversal para denotar la presencia del patriarcado en la sociedad, pero la realidad es ms salvaje y cruda: patriarcado y opresin nacional de clase forman una unidad.

  12. El movimiento popular por la (re) construccin del complejo lingstico-cultural euskaldun es la otra arma decisiva para minar la reproduccin del poder dominante. Lo es porque la lengua es el ser comunal que habla por s mismo, y la cultura es la produccin y distribucin colectiva de los valores de uso. Desde esta perspectiva, lengua y cultura son irreconciliables con la cultura mercantilizada burguesa, mercanca con un valor de cambio producida por su industria poltico-meditica. La lucha irreconciliable entre el valor de uso de la cultura popular y el valor de cambio de la industria cultural burguesa tambin se libra obligatoriamente en el interior de la explotacin asalariada y en la reproduccin del poder dominante.

  13. Dado que el capitalismo se caracteriza tambin por ocultar la unidad de contrarios entre valor de uso, valor y valor de cambio, la burguesa puede sobornar, cooptar e integrar en la mercantilizacin de la cultura y en la manipulacin de la lengua a sectores intelectuales que en el pasado haban luchado por el derecho/necesidad de la (re) construccin del complejo lingstico-cultural euskaldun. Frente a esta realidad actual, el movimiento popular euskaltzale, con toda su diversidad, se encuentra ante un debate: cmo recuperar el derecho democrtico elemental al uso de la lengua, y cmo unirlo a la necesidad de que sea una recuperacin emancipadora?

  14. La respuesta slo es posible desde el interior del movimiento popular como el eje rector y baremo valorativo de la eficacia de la accin institucional y del patrocinio privado, si lo hubiera. Como en el resto de opresiones y necesidades nacionales vascas, el fracaso de las instituciones prestadas por el reino de Espaa es patente, teniendo en cuenta lo que se podra haber avanzado si se hubiese seguido una estrategia digna y coherente.

  15. Para concluir sobre el movimiento popular, hay que decir que tanto la lucha antipatriarcal como la lucha por la (re) construccin euskaldun son dos pilares en las relaciones entre el movimiento popular en su conjunto y los movimientos sociales. Lo que les diferencia es simplemente la conciencia nacional de clase. El movimiento popular es parte del proceso de liberacin, y debe respetar con escrupuloso cuidado los desniveles de conciencia y las identidades que pueden haber y hay en las bases menos formadas de los movimientos. Los movimientos sociales se caracterizan por no tener tan clara la conciencia nacional, o por no tenerla en absoluto, e incluso por ser algunos de ellos abiertamente franco-espaolistas.

  16. El embrin del movimiento popular apareci en los aos de plomo de la dictadura franquista, lo que le ha dado una impronta decisiva que es el secreto de su continuidad pese a los altibajos. Los movimientos sociales nacieron al calor del mayo68 y en buena medida impulsados por esas izquierdas arriba vistas que apenas han valorado la objetividad de la opresin nacional, o que la han negado directamente, lo que tambin les ha dejado cierta herencia. Ms an, tras la interesada moda de las ONGs se ha producido un boom de grupos y colectivos cuyos nombres todos conocemos, directamente relacionados con las doctrinas de contrainsurgencia. Aunque otros muchos han ido abrindose a las justas reivindicaciones vascas.

  17. Nada de esto anula la vala democrtica de los movimientos sociales, en absoluto, simplemente aclara que la interaccin de unos y otros movimientos es necesaria para aumentar las fuerzas democrticas, progresistas, soberanistas e independentistas frente al endurecimiento del imperialismo franco-espaol. Ms an, los movimientos sociales de primera hornada, se adelantaron a los populares en reivindicaciones que el independentismo no valor correctamente en su momento, y que luego se han demostrado imprescindibles.


5.- Cmo se organiza el poder popular?


  1. Antes de responder a cmo se organiza el poder popular hay que responder para qu se organiza; bsicamente dicho: para ser fuerza impulsora y garante del avance en la lucha y para impedir que fructifiquen las tendencias a la burocratizacin, dirigismo y sustitucionismo inherentes a la verticalidad de la forma-partido y al poder disolvente del parlamentarismo. Ambos peligros se han materializado demasiadas veces en la historia de los pueblos, y en la nuestra, como para no ser tenidos en cuenta.

  2. Por tanto, internamente, el movimiento popular ha de organizarse de manera tal que todas las reas de lucha, todas las reivindicaciones y todas las injusticias contra las que se combate tengan su correspondiente unidad organizativa interna. No es lo mismo luchar contra el desarrollismo consumista, a favor de un ecologismo socialista y antiimperialista, que movilizarse por la cultura y la lengua vasca, etc. Las diferencias son lo suficientemente llamativas como para comprender la necesidad de organizaciones especficas en cada una de ellas.

  3. Retrasar la formacin de estas organizaciones especficas, o tardar en mejorar las que ya existen y son muchas, es perder un tiempo muy valioso teniendo en cuenta la rapidez del ataque franco-espaol a las condiciones de vida de nuestro pueblo, y sobre todo la intensificacin del su imperialismo con el apoyo de la burguesa autctona.

  4. Simultneamente, debe avanzarse en la coordinacin de las organizaciones ya existentes, en la mejora de sus relaciones y en la generalizacin planificada de encuentros en los que se debata todo lo planteado. Generalmente no se tiene en cuenta que los aparatos de Estado dedicados a la mantener su poder no se detienen nunca, nunca cogen vacaciones, mientras que por el lado de la izquierda es relativamente dbil la conciencia del valor del tiempo poltico. Peor an, adems de la intervencin permanente del Estado, hay otra fuerza reaccionaria mucho ms daina: la invisible e imperceptible capacidad de alienacin del capitalismo.

  5. El debate sobre la forma organizativa del poder popular ha de partir, tambin, de la agudizacin de tres problemticas a las que deber darse una respuesta organizativa en ese debate: una es cmo organizar un movimiento popular que intervenga en el creciente mundo del empobrecimiento, de la depauperacin de la tercera edad, de las formas de miseria familiar que intenta ocultarse, y que es un caldo de cultivo para la derecha? El empobrecimiento es un arma en poder del imperialismo franco-espaol, a no ser que el movimiento popular cree un frente especfico, o coordine y refuerce los ya existentes.

  6. Otra es, cmo reforzar los movimientos populares y sociales que intervienen en el rea de la cotidianeidad, de la privacidad, en donde se refuerzan las cadenas autoritarias, el terrorismo racista y patriarcal, la sumisin a la figura del Amo? La debilidad del feminismo abertzale en esta rea se agrava con el empeoramiento del poder del sistema patriarco-burgus. Pero es un espacio cotidiano decisivo en la reproduccin de valores reaccionarios o de valores revolucionarios, dependiendo de si se interviene en su l y cmo. Si perdemos este espacio, y no lo estamos ganando, habremos perdido una de las fuerzas generadoras de conciencia nacional de clase y antipatriarcal decisivas en el perodo de 1965-95.

  7. La ltima es, cmo prepararse para el ms que probable recorte de los derechos de expresin mediante la Red, mediante Internet, decisivos para el movimiento popular por razones obvias? Los datos disponibles advierten que el imperialismo est preparando recortes sucesivos en el tiempo para que el tijeretazo no sea sentido como brutal, sino dosificado como el veneno para no provocar una resistencia masiva. La forma organizativa del poder popular guarda mucha relacin con la poltica concienciadora y con los medios de lucha terico-poltica. Abordar desde ahora esta cuestin es una necesidad creciente.

  8. Apreciamos, por tanto, tres fases. En la primera se trata de coordinar los colectivos, grupos y organizaciones ya existentes, impulsando a la vez las que hagan falta. La segunda, es profundizar en el debate sobre lo que une en lo bsico al movimiento popular y al social, y lo conectan con el poder popular como conquista decisiva; y la tercera, la fundamental, ser impulsar una organizacin especfica para el movimiento popular, formada por la militancia que asume lo que une, que respeta las diferencias, y que es consciente del valor estratgico inestimable del movimiento popular en la creacin del poder popular.

  9. Solamente as, podremos ir creando las condiciones para que en una futura Euskal Herria independiente el Estado y las dems instituciones estn controladas desde fuera por el Poder Popular, garante de los objetivos histrico irrenunciables.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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