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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2013

Otras economas son posibles

Antoni Jess Aguil y Ester Mass
Rebelin


 


El ttulo de este artculo contiene una verdad incmoda para el capitalismo y el patriarcado: alrededor del mundo encontramos ideas y prcticas econmicas que ponen en tela de juicio el capitalismo y sus formas de sociabilidad (individualismo posesivo, clasismo, consumismo, explotacin, etc.). Sus protagonistas son hombres y mujeres que participan en experiencias de produccin, distribucin y consumo al servicio de un imaginario econmico y ambiental inscrito en un horizonte poscapitalista y posdesarrollista. Se trata de iniciativas con diferentes implicaciones organizativas, polticas y relacionales que abarcan campos tan diversos como cooperativas, movimientos de comercio justo y solidario, bancos del tiempo, agricultura campesina, economas del cuidado, mercados de trueque, economas ecolgicas, redes de intercambio, economas del don y la gratuidad, asociaciones de ocio, economas del decrecimiento, etc.

Estas prcticas econmicas alternativas al capitalismo comparten algunos rasgos: 1) plantean la necesidad de un cambio de modelo de sociedad capaz de abrirse a racionalidades econmicas que no identifican la economa con el libre mercado y para las cuales la reproduccin de la vida est por encima de la reproduccin de los intereses del capital. 2) Estn basadas en valores plurales, como la solidaridad, la reciprocidad, la colaboracin, el don, el trueque no mercantil, el buen vivir de los pueblos indgenas, la filosofa sudafricana del ubuntu (yo soy porque t eres), la (re)distribucin, la autogestin comunitaria, el cuidado del territorio, la visibilidad de las mujeres y su participacin en la construccin colectiva del bien comn. 3) Han sido sistemticamente desacreditadas por la monocultura de la productividad capitalista [1] imperante, que naturaliza la explotacin del hombre por el hombre [2], la competicin entre individuos egostas y la acumulacin ilimitada de capital, y cuyo impacto frecuentemente produce economicidios [3]: la destruccin o subordinacin de prcticas econmicas no regidas por los cnones capitalistas. 4) Suponen una contestacin al capitalismo, cuya trayectoria el profesor Jacques Depelchin [4] describe como una historia de crmenes impunes perpetrados contra el ser humano, la naturaleza, los pueblos y la democracia.

Actualmente, el proyecto neoliberal de privatizacin y mercantilizacin de la vida no slo no est en crisis, sino que se ha recrudecido, sobre todo en Europa, donde, parafraseando a Walter Benjamin [5], el neoliberalismo hace escombros de lo existente. El sur de Europa se ha convertido en un depsito creciente de escombros humanos sepultados por una economa sin escrpulos que insiste en la austeridad econmica y el sacrificio. Las expectativas de las personas sobre su presente y futuro estn muy mermadas e impera un sentimiento de agotamiento de las instituciones existentes, de decadencia de la clase poltica y falta de creatividad en la bsqueda de alternativas de transformacin social.

Tiene Europa, en este escenario, capacidad para reinventarse y romper las inercias que la han llevado a la deriva? Qu debe hacer para superar esta situacin? Para que Europa pueda reinventarse, es imprescindible que desarrolle una nueva imaginacin poltica y econmica que permita el reconocimiento de diferentes lgicas, prcticas y actores. Europa necesita una imaginacin abierta a escuchar otras voces, a ver con otras miradas y a aprender con otras experiencias del mundo, pues no hay pas tan grande que no pueda aprender ni pas tan pequeo que no tenga algo que ensear [6].

Aprender escribe Paulo Freire [7] es construir, reconstruir, comprobar para cambiar. Las prcticas econmicas mencionadas constituyen una fuente de aprendizajes que cuestionan el neoliberalismo como sentido comn econmico y social de nuestros das y promueven valores inspiradores para la transformacin mental e institucional que Europa necesita. Qu lecciones concretas y aplicables puede aprender Europa del contraste de experiencias con imaginarios econmicos alternativos? Veamos algunos casos.

El primero es la canasta comunitaria en Ecuador, una iniciativa de economa popular urbana destinada a crear condiciones dignas para que las familias con pocos recursos accedan a alimentos de primera necesidad, que bajo el esquema capitalista se convertiran en un lujo inalcanzable. El proyecto pone en contacto directo a las familias socias con productores agroecolgicos locales. Las familias participan en la compra y distribucin de los alimentos y luego se rinde cuentas del dinero invertido. La lgica de la canasta comunitaria interpela directamente al capitalismo y propone formas de sociabilidad alternativas que pasan por: 1) la creacin espacios de encuentro entre el campo y la ciudad basados en el respeto y la solidaridad mutua. 2) El abaratamiento de los costes, retirando los intermediarios entre productores y consumidores y estableciendo relaciones de compaerismo. 3) La promocin de relaciones de cooperacin y complementariedad entre agricultores. 4) La lgica de la satisfaccin responsable de las necesidades reales, alejadas del consumismo. 5) La reivindicacin de la funcin social del dinero como herramienta de distribucin y no de acumulacin. 6) El fortalecimiento del poder de las mujeres, dndoles la posibilidad de participar en espacios sociales de decisin, gestin y distribucin. Sin embargo, por encima de todo, la canasta comunitaria encierra una leccin perturbadora para el neoliberalismo: la alimentacin no es un privilegio, sino un derecho imprescindible que dota de significado y contenido al derecho a la vida.

El segundo lo constituyen las prcticas de lactancia materna. A lo largo de la historia del pensamiento occidental, la lactancia ha formado parte de una narracin patriarcal sobre la maternidad relacionada con la subordinacin femenina y una concepcin esencialista de las mujeres. Hoy, sin embargo, encontramos una reevaluacin de la lactancia asociada con la crtica capitalista y patriarcal. No se trata de naturalizar a las mujeres, ya que se parte del reconocimiento de la lactancia humana como realidad cultural. Tampoco se pretende reducirlas a madres ni recluirlas en la esfera reproductiva y no remunerada. Y menos an constituye una prescripcin moral sobre la lactancia, que es una decisin libre y voluntaria. De lo que se trata es de enfocarla como una prctica que en el Occidente capitalista y predominantemente individualista puede contribuir al empoderamiento femenino y al cambio social en clave de sostenibilidad econmico-ecolgica. Por un lado, las prcticas lactantes desarticulan los usos del cuerpo que el capitalismo construye como deseables y normativos: cuerpos individualistas que slo se deben a s mismos; cuerpo sin pechos o, si los tienen, que no eyecten leche; cuerpos consumistas valorados por su capacidad de consumo, pues amamantar es gratuito y no responde a los intereses comerciales de la industria de la leche de frmula. Por otro, generan redes de apoyo mutuo, altruismo y solidaridad recproca. A menudo, madres, padres y bebs forman parte de grupos de crianza donde socializan su saber; de bancos de tiempo donde intercambian, en unidades no monetarias, ayuda recproca, apoyo comunitario y conocimientos. Los bancos de leche impugnan la lgica capitalista: las lactantes donan leche para criaturas que, por el motivo que sea, y hallndose hospitalizadas (generalmente prematuras), necesitan beneficiarse de esta sustancia.

Podran citarse ms ejemplos, pero estos bastan para poner en evidencia la existencia de prcticas y valores orientados por una racionalidad no productivista, consumista y centrada en el afn ilimitado de lucro. Si queremos otra Europa, es fundamental aprovechar las potencialidades econmicas, polticas sociales y culturales de estas experiencias para la socializacin de valores opuestos a la Europa del libre mercado como principio rector de las relaciones humanas; de la distribucin injusta y desigual de la riqueza y del poder poltico; de la exclusin, la falta de empleo y la precariedad laboral; de la democracia expoliada por la Troika, los mercados financieros y los partidos en la rbita del neoliberalismo. Una Europa (y un mundo), en fin, dispuesta a devolver la dignidad a los escombros amontonados bajo el progreso capitalista.

Notas

[1] Santos, B. S. (2006), Conocer desde el Sur: para una cultura poltica emancipatoria , Programa de Estudios sobre Democracia y Transformacin Global/Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, pg. 77.

[2] Marx, K. y Engels, F. (1998), Manifesto Comunista , Garamond, Rio de Janeiro, pg. 71. [3] Temple, D. et al . (2003), Las estructuras elementales de la reciprocidad , Plural Editores, La Paz, pg. 29.

[4] Afirmacin pronunciada en el marco del seminario Sobre as dificuldades de rastrear linhagens de liberdade quando injustias e impunidades reinam, organizado por el Centro de Estudos Africanos de la Universidad Eduardo Mondlane, en Maputo el 31 de octubre de 2012.

[5] Benjamin, W. (1982), Discursos interrumpidos I , Madrid, Taurus, pg. 161. [6] Von Barloewen, C. y Naoumova, C. (2008), El libro de los saberes: conversaciones con los grandes intelectuales de nuestro tiempo , Siruela, Barcelona, pg. 273. [7] Freire, P. (2006), Pedagoga de la autonoma. Saberes necesarios para la prctica educativa , Siglo XXI, Mxico, pg. 68.

Antoni Jess Aguil es filsofo poltico e investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Combra (Portugal).

Este Mass es filsofa, antroploga y profesora de la Universidad de Granada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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