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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2013

La memoria del abismo

Hctor Jos Arenas A.
Rebelin


"En la realidad el poder est aqu, y ahora; en la familia y en la escuela, en la fbrica y en el cuartel, en todas las instituciones que nos constituyen, no solo para aceptar, sino para necesitar la dominacin".
Estanislao Zuleta


El general retirado y presidente de la Asociacin Colombiana de Oficiales en Retiro Jaime Ruz Barrera, seal el pasado 16 de mayo en la Cmara de Representantes que entre quienes atacan el fuero militar hay un hijo de un ex guerrillero, aludiendo a Ivn Cepeda. Ivn Cepeda respondi: usted no respeta a las vctimas de este pas, avala los crmenes de lesa humanidad, le voy a entablar una denuncia penal Usted respeta en general a alguien? Quien represent a la Nacin no puede hablar as de sus contradictores. El general (r) le ripost: vamos a los tribunales y vamos a donde usted quiera. No soy cobarde como usted lo dijo. Hgalo con prontitud, no me siga amenazando y acteProceda como un varn. Muchas gracias y le agradezco su anuncio. Estoy temblando de miedo.

Ms all de lo que Estanislao Zuleta denomin la fascinacin del instante, refirindose al arrebato fugaz de la atencin que suscitan los protagonistas de este tipo de enfrentamientos, el incidente nos invitar a reflexionar sobre el tipo de ideas, instituciones e intereses que arrojaron a la nacin por el abismo del exterminio y la confrontacin, y nos convoca a indagar por un pasado que moldea frreamente los lmites del presente en que nos encontramos. En cada decisin de ayer, en cada palabra y en cada silencio, en cada accin y en cada omisin, se ha prefigurado la abundancia o la escasez de vida y de decoro de hoy, la presencia del odio frente a la diferencia.

El estudio y la comprensin de ese entramado de ideas, intereses, y valores, que a travs de mltiples agentes dibujaron los escenarios que condujeron a las situaciones en las que hoy se desenvuelven nuestras vidas, nos permite desamarrar el presente del encadenamiento que lo produjo y tiende a reproducirlo de nuevo. El pasado que nos constituye palpita en el presente y mientras acte sin que sepamos de l mayor ser su poder de perpetuar las injusticias y legitimar las altisonancias de quienes tendran el deber de solicitar perdn.

De dnde proviene esta estructura social de hoy que an normaliza lo aberrante? Cmo se fraguo un sector social que contempla el exterminio de la diferencia como una medida higinica, cuando no un evento celebrativo? Colonialismo y racismo, conservatismo y liberalismo, guardan alguna relacin con el fascismo desnudo o difuso que se manifiesta en los clubes exclusivos, campus educativos de elite y salas de medios de desinformacin? Que tipo de mecanismos deben funcionar para producir franjas sociales infantilizadas que requieren dosis crecientes de consumo anestesiante para evitar contemplarse en su mortal vacio, franjas que son al mismo tiempo corazas de indolencia frente a la masacre silenciosa que diezma metdicamente los sectores populares con una devastacin encadenada a su forma de habitar la tierra? Cmo se ha perfilado una cotidianeidad social que considera en cada instante imposibles los derroteros de la cordura, y acata el delirio del arrasamiento como una realidad invencible? Cmo se estructura la produccin sostenida de la mayor parte de una clase poltica narcisista y servil, enferma de la necesidad de ser vista y escuchada, y dispuesta a rebajarse hasta el olvido absoluto de s? Cmo se hornea una comunidad de verdugos y vctimas, de victimarios - victimas? Cuntas veces ms debemos volver a surcar el crculo del horror antes de embarcarnos en una vida colectiva liberada del espanto, el miedo y el odio?

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No tenemos una memoria colectiva y esclarecedora del pasado que nos constituye. Tenemos retazos de memorias, jirones de recuerdos, fragmentos de historias personales y devenires comunitarios trgicos, que no arrojan por s mismos, aislados, luz comprensiva sobre la empresa de exterminio, el funcionamiento del mecanismo de aniquilacin sistemtica y la organizacin anticipada de la invisibilidad y la impunidad de los ms altos responsables.

En Colombia no se ha tejido una conciencia histrica extendida sobre la serie de genocidios que se han sucedido en esta esquina sub continental. A los crmenes materiales masivos han sucedido los crmenes hermenuticos y a los crmenes hermenutico han sucedido los crmenes materiales sin solucin de continuidad; Daniel Feirstein en la obra: El genocidio como prctica social, define el exterminio simblico, como la imposicin de una determinada interpretacin histrica de lo sucedido, con la que se sella la desaparicin fsica de las victimas por medio de su desaparicin de la escena histrica.

Gabo lo dejo claro en Cien aos de Soledad, y despus, en mayo de 1977, cuando en la revista Alternativa se refiri en detalle a los crmenes sistemticos sobre la diferencia, y sealo: hago esta recopilacin de escuela primaria obligado por el asombro de que ahora traten de convencer a los menores de treinta aos de que estos horrores no sucedieron nunca, que son puros inventos de un novelista estrenando lazo en la televisin. Lo ms escandaloso es que quienes tratan de convencernos son los mismos inventores de la violencia.

Esta ausencia de verdad, esta insistencia en el estigma que precede a la aniquilacin fsica, y despus en el estigma que conduce justificar el exterminio, mientras se tapa el pasado propio como el gato, perpetun el dominio abierto o embozado de los herederos de los perpetradores y beneficiarios del exterminio de ayer, y garantizan la continuidad de la lgica de devastacin.

La ausencia de memoria colectiva est vinculada a las enormes y sostenidas campaas de manipulacin, abiertas o subrepticias, dirigidas aniquilar la memoria y su potencial critico, pero se debe sobre todo a la subvaloracin, por parte de la izquierda poltica y el tejido organizativo de la izquierda social, del significado tico y creador de la memoria, y su desconocimiento sobre la capacidad infinita de las memorias entrelazadas para interrumpir el ciclo inveterado del horror. Esa subvaloracin y ese desconocimiento han conducido en la prctica a resignar el campo simblico colectivo a la potentsima maquinaria semitica del sistema y sus crceles de sentido que definen lo recordable y lo olvidable, lo inaplazable y lo postergable, lo posible y lo imposible.

An hoy, 61 aos despus, se mantiene el asesinato de Gaitn sin que el pueblo al que le fue arrebatado conozca la naturaleza del complot que organiz el crimen y por qu lo acribillaron; an se ignoran los nexos entre el exterminio del movimiento gaitanista, el exterminio de la U.P, y un proceso irregular de democratizacin concedido a fuerza de levantamientos armados; an se desconoce la lgica que ha presidido las masacres y los destierros metdicos de la poblacin; an se labora en los escenarios educativos pblicos con la buena voluntad de individualidades notables en el escenario decisivo del uso pblico de la memoria, mientras cada institucin distrital o nacional de memoria recela su parcela de recuerdos sin horadar el manto del olvido y contribuyendo, no pocas veces, a desdibujar los anudamientos decisivos del vasto proceso de exterminio que algunos movimientos sociales han desvelado por sobre crmenes y amenazas.

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Al comenzar la dcada de los cincuenta del siglo pasado los organismos encargados de la seguridad estadounidense, junto al departamento de Estado, previeron un rol principal para los ejrcitos latinoamericanos en la lucha contra la subversin interna. Los Ejrcitos Latinoamericanos deberan abandonar su misin constitucional de defensa de las fronteras geogrficas nacionales frente a una agresin externa, y tendran que ocuparse de un enemigo que no haban visualizado como tal: los sectores de la poblacin no funcionales a la proyeccin econmica estadounidense sobre la regin: los comunistas. Esta nueva doctrina politizaba a los militares y militarizaba la poltica. Ahora se patrullaran las fronteras ideolgicas y cada nacin latinoamericana quedaba escindida pues las ideas polticas diferentes no se resolveran en el escenario del juego democrtico, sino en la guerra contrarrevolucionaria. La ley de Seguridad Mutua estadounidense permiti la celebracin de un conjunto de acuerdos militares con diversos gobiernos latinoamericanos.

Despus de la revolucin cubana el cuerpo de ideas que catapultaban el enfrentamiento intestino en cada sociedad latinoamericana, tom forma en lo que llego a conocerse como Doctrina de Seguridad Nacional. Este mandato hemisfrico permiti, de paso, vender o utilizar como factor de ascendencia la entrega de los equipos militares sobrantes de la segunda guerra mundial y la guerra de Corea, y asegurar convenios de entrenamiento impartidos por las fuerzas armadas estadounidenses.

El 9 de abril de 1962, los agregados militares de las diversas sedes diplomticas en Buenos Aires fueron convocados a la sede militar a escuchar el informe : La actual crisis de la Argentina, la misin del ejrcito y la guerra revolucionaria , un informe preparado por la comandancia de un ejrcito destacado en la incorporacin de la nueva doctrina, en el que se sealaba que con base en el Curso Interamericano sobre Guerra Antirrevolucionaria, y los propios estudios, estaba claro que : El enemigo principal de nuestra civilizacin y modo de vida se encuentra en el corazn mismo de nuestras comunidades nacionales. Esta es la razn por la que el enemigo es tremendamente peligroso. No somos atacados desde afuera, no importa cul sea la fuerza del enemigo, sino sutilmente minados a travs de todos los canales de la organizacin social. Envenena las mentes, debilita los espritus, fabrica fariseos y lo distorsiona todo con el paso imperceptible del tiempo. Su accin es similar a la de una termita. La estructura se muestra mientras mina los cimientos. Un buen da todo se desmorona sobre nuestras cabezas. (Ver Dossier Secreto de Martn Edwin Andersen)

Un alumno destacado de estas ideas: Jorge Rafael Videla, describi as al enemigo: "El terrorismo no es slo considerado tal por matar con un arma o colocar una bomba, sino tambin por atacar a travs de ideas contrarias a nuestra civilizacin occidental y cristiana a otras personas". http://www.desaparecidos.org/arg/doc/escuadron/escua04.htm


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante unalicencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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