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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2013

Terracidio y terraristas: Destruyendo el planeta por beneficios de rcord
La empresa ms criminal de la historia

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Contamos con una palabra para designar la matanza consciente de un grupo racial tnico: genocidio. Y otra para la destruccin consciente de determinados aspectos del medio ambiente: ecocidio. Pero no tenemos un trmino para designar el acto consciente de destruir el planeta que habitamos, el mundo que la humanidad ha conocido, hablando histricamente, hasta ayer por la noche. Una posibilidad podra ser terracidio, de la palabra latina terra, que designa el planeta tierra. Encaja bien, dada su similitud con el peligroso tpico de nuestra era: terrorista.

La verdad es que, los llamemos como los llamemos, es hora ya de hablar sin rodeos sobre los terraristas de nuestro mundo. S, lo s, el 11-S fue algo horrendo. Casi 3.000 muertos, torres de hormign que se desploman, escenas apocalpticas. Y s, en lo que se refiere a ataques terroristas, los atentados del maratn de Boston tampoco fueron mucho mejores. Pero en ambos casos, quienes cometieron los actos pagaron o pagarn por sus crmenes.

E n el caso de los terraristas -y aqu me estoy refiriendo especialmente a los hombres que estn al frente de lo que pueden ser las corporaciones ms rentables del planeta, compaas energticas gigantes como ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips, BP y Shell, Vd. es uno de los que van a tener que pagar por ello, y ms an sus hijos y nietos. Y ya puede dar algo por sentado: ni un solo terrarista va a ir a la crcel, aunque saben perfectamente lo que estn haciendo.

No es muy difcil de comprender. En los ltimos aos, las empresas han estado extrayendo de la tierra combustibles fsiles de forma cada vez ms frentica e ingeniosa. A su vez, la quema de esos combustibles fsiles ha arrojado a la atmsfera cantidades record de dixido de carbono (CO2). Slo este mes, el nivel de CO2 alcanz las 400 partes por milln por vez primera en la historia humana. Los cientficos llegaron hace tiempo al consenso de que ese proceso estaba calentando el mundo y que si el promedio de la temperatura planetaria suba ms de dos grados Celsius podan acecharnos todo tipo de peligros, incluyendo que los mares subieran el nivel suficiente como para inundar las ciudades costeras, que hubiera crecientes oleadas de calor, sequas, inundaciones, fenmenos meteorolgicos cada vez ms extremados, etc.

Cmo hacer cantidades ingentes de dinero en el planeta

Nada de lo anterior era exactamente un misterio. Est en la literatura cientfica. El cientfico de la NASA James Hansen fue el primero que divulg en el Congreso la realidad del calentamiento global en  1988. Cost un tiempo gracias en parte a los terraristas- pero las noticias de lo que estaba sucediendo iban colndose cada vez ms en los principales medios de comunicacin. Todos podamos enterarnos.

Quienes dirigan las corporaciones gigantes de la energa saban perfectamente bien lo que estaba pasando y podan, desde luego, haberlo ledo en los peridicos como el resto de nosotros. Y qu hicieron? Poner su dinero a financiar think tanks, polticos, fundaciones y activistas con la intencin de acentuar las "dudas" sobre la ciencia (ya que no podan realmente desmentirla); ellos y sus aliados promovieron enrgicamente lo que lleg a conocerse como negacionismo climtico. Despus enviaron a sus agentes, lobbistas y dinero al sistema poltico para asegurar que no interfiriera en sus modos de saqueo. Y, mientras tanto, redoblaron sus esfuerzos para obtener en la Tierra energa an ms difcil y en ocasiones ms sucia por medios cada vez ms arduos y ms sucios.

La gente que hablaba del Pico del P etrleo no estaba equivocada cuando hace aos sugiri que pronto alcanzaramos un lmite en la produccin de petrleo a partir del cual empezara su declive. El problema fue que se haban centrado en las reservas de petrleo lquido tradicional o convencional obtenidas de grandes reservas en lugares terrestres o cercanos a la costa a los que era fcil acceder. Desde entonces, las grandes compaas energticas han invertido una notable cantidad de tiempo, dinero y (si se me permite utilizar la palabra) energa en el desarrollo de tcnicas que les permitan recuperar anteriormente irrecuperables reservas (en ocasiones mediante procesos por los que es preciso quemar cantidades sorprendentes de combustibles fsiles): fracking, perforaciones en aguas profundas y produccin de arenas bituminosas, entre otros mtodos.

Tambin empezaron a buscar inmensos depsitos de lo que el experto en energa Michael Klare denomina energa extrema o dura petrleo y gas natural que slo puede adquirirse mediante la aplicacin de una fuerza extrema o que requiere de extensos tratamientos qumicos para poder utilizarlos como combustible. Adems, en muchos casos los suministros que se adquieren como petrleo pesado y arenas bituminosas tienen mayor contenido de carbn que otros combustibles y emiten ms gases invernadero en el momento en que se consumen. Estas compaas han empezado incluso a utilizar el mismo cambio climtico con el deshielo del rtico- para explotar enormes suministros energticos anteriormente inaccesibles. Por ejemplo, con el visto bueno de la administracin Obama, la Royal Dutch Shell se ha estado preparando para probar posibles tcnicas de perforacin en las traicioneras aguas de Alaska.

Llmenlo irona, si quieren, o llmenlo pesadilla, pero las Grandes del Petrleo no tienen evidentemente reparos en obtener su prxima tanda de beneficios directamente del deshielo del planeta. Sus altos ejecutivos continan planificando sus futuros (y, por tanto, los nuestros), a sabiendas de que sus actos, tan extremadamente rentables, estn destruyendo el hbitat mismo, la escala misma de temperaturas que desde hace tanto tiempo hicieron que la vida resultara cmoda para la humanidad.

Sus conocimientos previos sobre el dao que estn haciendo es lo que debera convertir su actividad en una actividad criminal. Y hay precedentes corporativos de esto, aunque sea a menor escala. La industria del plomo, la industria del amianto y las tabacaleras conocan todos los peligros de sus productos y se esforzaron en suprimir la informacin o infundir dudas al respecto, incluso cuando promovan las excelencias de lo que hacan, y siguieron produciendo y vendiendo mientras otros sufran y moran.

Y hay otra similitud: en el caso de esas tres industrias, los resultados negativos llegaban convenientemente aos, incluso dcadas, despus de la exposicin y por eso fue tan difcil hacer la conexin con ellas.

Cada una de esas industrias saba que la relacin exista. Cada una utiliz ese tiempo de desconexin como proteccin. Con una diferencia: que si Vd. fuera un ejecutivo del tabaco, del plomo o del amiento, poda asegurarse de que sus nios y nietos no se vieran expuestos a su producto. A largo plazo, esa opcin no existe en lo que se refiere a los combustibles fsiles y al CO2, porque todos vivimos en el mismo planeta (aunque tambin es verdad que es poco probable que los ricos que viven en las zonas templadas sean los primeros en sufrir las consecuencias).

Si los secuestros de aviones por parte de Osama bin Laden el 11-S o las bombas caseras de los hermanos Tsarnaev constituyen ataques terroristas, por qu lo que estn haciendo las compaas energticas no debera caer en una categora similar (aunque a un nivel que convierte aquellos sucesos en algo mnimo)? Y si es as, entonces dnde est el Estado de seguridad cuando realmente lo necesitamos? No sera ser su deber salvaguardarnos de los terraristas y del terracidio tanto como de los terroristas y sus destructivos atentados?

Las alternativas que no fueron

No tena por qu haber sido as.

El 15 de julio de 1979, en una poca en que los conductos del gas, que en ocasiones registraban obstrucciones, eran un accesorio inquietante en la vida estadounidense, el Presidente Jimmy Carter habl directamente al pueblo estadounidense por televisin durante 32 minutos, pidiendo un esfuerzo concertado para acabar con la dependencia del pas del petrleo del Oriente Medio. Para conseguir seguridad energtica, anunci.

Estoy exigiendo el mayor compromiso de fondos y recursos de la historia de nuestra nacin en tiempos de paz para desarrollar fuentes alternativas para la obtencin de combustible: a partir del carbn, de los esquistos bituminosos, de productos vegetales para gasleos, de gas no convencional, del sol De forma parecida a como la corporacin del caucho sinttico nos ayud a ganar la II Guerra Mundial, por tanto movilizaremos la determinacin y capacidad estadounidenses para ganar la guerra de la energa. Adems, someter pronto al Congreso la legislacin necesaria para crear el primer banco solar de esta nacin, lo cual nos ayudar a conseguir que, para el ao 2000, el objetivo fundamental del 20% de nuestra energa provenga de la energa solar.

Es verdad que, en un momento en que la ciencia del cambio climtico daba sus primeros pasos, Carter no conoca la posibilidad d e un sobrecalentamiento mundial y su visin de la energa alternativa no era exactamente la de los combustibles libres de fsiles. Incluso entonces, que no se vislumbraba an la situacin actual ni la futura, estaba hablando de tener ms petrleo en nuestras pizarras bituminosas que en varias Arabias Saudes. No obstante, fue un discurso notablemente progresista.

Si hubiramos invertido entonces masivamente en energas alternativas de I+D. qu in sabe dnde podramos estar hoy? En cambio, los medios lo tildaron de discurso del malestar, aunque en realidad el presidente nunca utiliz esa palabra, hablando en cambio de una crisis de confianza estadounidense. Aunque la primera reaccin pblica pareci ser positiva, no dur mucho. Al final, las propuestas energticas del presidente se tomaron a broma y se ignoraron durante dcadas

Como gesto simblico, Carter hizo instalar 32 paneles solares sobre la Casa Blanca. (Dentro de una generacin, este calentador solar puede acabar siendo una curiosidad, una pieza de museo, un ejemplo de un camino no tomado, o puede ser una pequea parte de una de las aventuras ms grandes y excitantes nunca emprendidas por el pueblo estadounidense: aprovechar el poder del sol mientras enriquecemos nuestras vidas y nos alejamos de nuestra paralizante dependencia del petrleo extranjero.) Al final result que la descripcin exacta fue la de camino no tomado. En cuanto pis la Oficina Oval en 1981, Ronald Reagan capt a la perfeccin el estado de nimo de la poca. Uno de sus primeros actos fue ordenar que se quitaran los paneles y nadie los volvi a instalar a lo largo de tres dcadas, hasta que Barack Obama lleg a la presidencia.

Carter, de hecho, dej su huella en la poltica energtica estadounidense, pero no en la forma que haba imaginado. Seis meses despus, el 23 de enero de 1980, en su ltimo discurso al Estado de la Nacin, proclamara lo que lleg a conocerse como la Doctrina Carter: Dejemos nuestra posicin absolutamente clara, dijo. Cualquier fuerza exterior que intente hacerse con el control de la regin del Golfo Prsico se considerar como un ataque contra los intereses vitales de los Estados Unidos de Amrica, y tal ataque ser repelido por todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar.

Nadie tom esas palabras a broma. En cambio, el Pentgono comenzara fatalmente a organizarse para proteger los intereses estadounidenses (alrededor del petrleo) en el Golfo Prsico en una nueva escala y pronto EEUU emprendera sus guerras por el petrleo. No haba pasado mucho tiempo de ese discurso, cuando se empez a desarrollar una Fuerza de Despliegue Rpido en el Golfo que al final se convertira en el Mando Central Estadounidense. Ms de tres dcadas despus, las ironas abundan: gracias en parte a esas guerras del petrleo, franjas enteras de un Oriente Medio rico en energa estn en crisis, cuando no inmersas en el caos, mientras que las Grandes del Petrleo han puesto tiempo y dinero en una versin asombrosamente centrada en los combustibles fsiles de la alternativa de Carter en Amrica del Norte. Se han centrado en el petrleo y gas de esquisto bituminoso, y con nuevos mtodos de produccin, que estn supuestamente a punto de convertir a EEUU en una nueva Arabia Saud.

Si eso es verdad, sera la peor, que no la mejor, de las noticias. En un mundo en el que lo que se suele tomar por buena noticia garantiza cada vez ms un futuro de pesadilla, una independencia energtica de ese tipo significa la extraccin de cada vez ms energa extrema, con cada vez ms dixido de carbn escapando hacia el cielo y cada vez ms daos planetarios en nuestro futuro colectivo. Este no era el nico camino de que disponamos, ni siquiera para las Grandes del Petrleo.

Con sus asombrosas ganancias, en algn momento podan haber concluido que el futuro que estaban asegurando era mucho ms que peligroso. Con inversiones masivas, podan haber abierto el camino a autnticas energas alternativas (solar, elica, de las mareas, geotrmica, de las algas, y quin sabe qu ms), en vez las mnimas efectuadas, a menudo con propsitos propagandsticos. Podan haber apoyado un esfuerzo amplio para buscar otras vas que podran, en dcadas venideras, haber ofrecido algo parecido a los niveles de energa que los combustibles fsiles nos proporcionan ahora. Podan haber trabajado para conservar las reservas de energa extrema, que por lo general estn en lo ms profundo de la Tierra.

Y podramos haber tenido un mundo diferente (del que, por cierto, se habran sin duda podido beneficiar muy bien). En cambio, tenemos el equivalente a la situacin de una tabacalera pero a escala planetaria. Para completar la analoga, imaginen por un momento que estaban planeando producir incluso cantidades ms prodigiosas no de combustibles fsiles sino de cigarrillos, sabiendo el dao que causaran en nuestra salud. As pues, imaginen que, sin excepcin, cada ser humano de la tierra se viera obligado a fumar varios paquetes al da.

Si eso no es un ataque terrorista o terrarista- de alcance casi inimaginable, qu es, entonces? Si los ejecutivos del petrleo no son terraristas, quin lo es? Y si eso no convierte a las Grandes del Petrleo en empresas criminales, entonces, cmo definiran ese trmino?

Destruir nuestro planeta con premeditacin y alevosa, teniendo slo en mente la ms inmediata obtencin de ganancias, teniendo en mente slo su propio confort y bienestar (y de sus accionistas): No es ese el mximo crimen? No es eso un terracidio?

[Nota: Gracias a mi colega y amigo Nick Turse por ofrecerme la palabra terracidio ].

Tom Engelhardt, es cofundador del American Empire Project y autor de The End of Victory Culture, una historia sobre la Guerra Fra y otros aspectos, as como de la una novela: The Last Days of Publishing y de The American Way of War: How Bushs Wars Became Obamas (Haymarket Books). Su ltimo libro, escrito junto con Nick Turse es: Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175703/



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