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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2013

Trotsky, el profeta recobrado

Rodrigo Quesada
Rebelin


-I-

Cuando Thomas Carlyle (1795-1881), el gran historiador ingls, preparaba en 1845 su biografa y su seleccin de escritos y discursos de Oliver Cromwell (1599-1658), deca que haba tenido que extraer a su biografiado de debajo de una enorme pila de perros muertos. Con esto Carlyle se refera a que la labor del historiador, con ms frecuencia de la debida, es ingrata y no retribuye siempre con el xito los esfuerzos que aquel hubiere realizado para recuperar procesos y personas, que se encuentran enterrados bajo montaas de prejuicios, mitos y maledicencia, los cuales tienen poco que ver con la pequea dosis de verdad que se pueda recuperar luego de tan tremendo tirn de la voluntad.

Porque se requiere voluntad, amor y dedicacin, a pesar de las grandes desilusiones y frustraciones que trae consigo la investigacin histrica, para devolverle a personas y procesos de civilizacin el perfil justo y verdadero que merecen en un determinado momento. Por eso, tambin, alguien deca que cada poca cuenta con sus propios historiadores, y con sus propias formas de escribir y de investigar la historia. Hoy, Carlyle nos recuerda, igualmente, que la labor del historiador est sujeta a los vaivenes de sus juicios morales, ideolgicos y polticos, sin los cuales sera muy difcil construir un argumento que permitiera retratar a un hombre, una mujer o una poca, viajando por encima de lo que dictan y establecen las fuentes documentales. El mtodo de indagacin histrica descubierto por Marx vino a darles a estas ltimas, una fuerza desconocida y una capacidad de explicacin que sigue siendo un misterio en nuestros das.

-II-


Algo similar a lo acontecido con el trabajo biogrfico de Cromwell escrito por Carlyle, les sucede a ciertos historiadores del presente, cuando tratan de biografiar a Lev Davidovich Trotsky (1879-1940), el gran dirigente de la revolucin bolchevique (1917), asesinado por el dictador ruso Josef Stalin (1879-1953), en Mxico, el 21 de agosto de 1940. Uno no acaba de sorprenderse de la tremenda masa informe de prejuicios, mentiras, deformaciones y simple maledicencia que todava algunos historiadores, acadmicos supuestamente serios y respetados, siguen haciendo circular por esos mundos de Dios, con la evidente intencin de sacar a Trotsky de la historia a cualquier costo.

La sorpresa es mayor cuando, solamente en el mundo editorial anglosajn, desde el 2003 se han publicado seis biografas y estudios biogrficos de Trotsky, con diferente fortuna y con muy diversos impactos en el mundo acadmico y poltico [1]. Bien sabemos que, sobre todo despus de 1991, la produccin editorial en ruso, en espaol y en francs, junto a la mencionada en lengua inglesa, ha crecido de forma exponencial, para no acabar de sorprendernos sobre las abrumadoras masas de nuevos documentos que se vierten sobre una discusin que busca, ante todo, mandar al desvn de los trastos viejos a uno de los revolucionarios e intelectuales ms influyentes del siglo veinte. Qu se busca con esta impresionante nueva oleada de biografas no slo de Trotsky sino tambin de Lenin y de Stalin? Hay algo nuevo en ellas, verdaderamente revelador sobre aspectos inditos de los biografiados y de los acontecimientos histricos que les toc vivir? Hay una intencionalidad poltica de nuevo cuo en el estudio de procesos revolucionarios que tuvieron lugar hace casi cien aos? Las respuestas a estas preguntas pueden tener mltiples texturas, pero s hay algo que es irrebatible: el renovado inters por la figura de Trotsky es al mismo tiempo, un nuevo y vigoroso renacer del pensamiento revolucionario, inspirado en el marxismo, de sus figuras ms connotadas y de los procesos sociales y polticos que les dieron sentido.

-III-

La recuperacin del pensamiento y del quehacer revolucionario de Trotsky, pasa por la actualizacin y la puesta al da de uno de los cuerpos tericos y prcticos de filosofa poltica ms slidos y consistentes del siglo XX. La teora de la revolucin permanente tiene hoy una potencia poltica inigualable, en vista de que muchos de los pronsticos hechos por Trotsky y la oposicin de izquierda en la era estalinista, se cumplieron a cabalidad y generaron resultados imprevistos incluso para sus mismos creadores. Ahora bien, si el lugar de Trotsky en la historia del siglo anterior y en la de los movimientos revolucionarios de los ltimos dos siglos no puede ser cuestionado fcilmente, por qu han surgido tantas biografas y estudios polticos que buscan desnaturalizar ese lugar histrico ocupado con justicia por el revolucionario ruso? Por qu tanto esmero en destruirlo poltica e histricamente?

En vista de que no pretendemos convertir este ensayo en una columna crtica bibliogrfica de las obras mencionadas arriba, tampoco podemos dejar que se nos vaya la oportunidad de anotar que casi todas ellas, con la excepcin del trabajo escrito por David North, pretenden desmitificar el papel histrico, poltico e ideolgico jugado por Trotsky en un momento decisivo para el desarrollo civilizatorio de la humanidad, nos referimos a la revolucin rusa. Son obras en las que se sostiene, particularmente en la de Service, que la gran biografa de Trotsky escrita por Isaac Deutscher, y publicada entre 1954 y 1963, cre un mito, una interpretacin falsa y sin sustento histrico, de una persona la cual en realidad no jug el rol protagnico que se le atribuye en dicha revolucin. El historiador ingls, quien casi no cita a Trotsky para probar o desautorizar los argumentos de ste, ya fuera acerca de su papel en la revolucin rusa, o de su ingente labor intelectual y como activista poltico, busc servirse de cualquier instrumento cognitivo con tal de demoler, segn l, el mito creado por los adoradores de Trotsky tales como Deutscher o Pierre Brou.

Trotsky y su obra poltica e intelectual nunca necesitaron de una defensa irracional o puramente visceral. Su enorme prestigio como escritor, como analista poltico y como historiador est fuera de toda duda. Una obra del calibre de Historia de la revolucin rusa, seguir siendo, les guste o no a sus bigrafos anglosajones, un punto de referencia ineludible para toda persona interesada seriamente en ese proceso que estableci la naturaleza social de la primera parte del siglo XX, de forma incuestionable. As lo han demostrado investigadores de otro nivel y rango acadmico como Sir Edward Hallett Carr, quien tambin escribiera una de las historias de la Rusia sovitica (1917-1929) ms originales de los ltimos cincuenta aos.

Para los nuevos bigrafos de Trotsky, parece que las decenas de volmenes escritos por l, as como los papeles, cartas y otros documentos dejados en custodia en las universidades de Harvard y Stanford, jams hubieran existido, porque el manejo que hicieron de estas fuentes archivsticas fue tan superficial, que cualquiera termina sorprendido ante tanta frivolidad. Robert Service pretenda desmontar el mito construido por Deutscher y Brou, aunque ello significara tomar una obra como Mi vida y desvirtuar casi cada una de sus pginas, con valoraciones, juicios y comentarios llenos de sarcasmo, irona y subestimaciones sacados del profundo odio que le inspiraba el biografiado, la cual es una de las contradicciones ms absurdas en que pueda incurrir un historiador, pues se esperara de ste cierto grado de empata hacia el personaje sobre el cual est escribiendo.

El esfuerzo que han hecho estos bigrafos por abatir a Trotsky el revolucionario, el hombre, el intelectual, el poltico y el dirigente militar, es digno de encomio, en virtud de que la mayor parte de sus supuestos argumentos histricos reposan sobre rumores, prejuicios, interpretaciones mal intencionadas, e ideolgicamente deformes. Se trata de estudios en los cuales todo lo que las ciencias histricas han avanzado durante los ltimos dos siglos rueda por el piso. Ni an la novedad y la riqueza de los archivos rusos abiertos despus del colapso de la URSS en 1991, lograron que estos historiadores remontaran sus esquemas preconcebidos, y pudieran acercarse a la figura histrica del revolucionario ruso de forma reposada y serena.

Pero todo este penoso asunto es comprensible en un primer momento, porque la personalidad poltica de Trotsky genera pasiones, odios y rencores en todos aquellos que defienden no slo al sistema capitalista como totalidad, sino tambin en quienes fueron responsables de haber destruido y malversado una de las revoluciones ms radicales y profundas de que tenga registro la historia. Trotsky es tambin vilipendiado porque se atrevi a denunciar los crmenes de una dictadura que super sus propios estndares de represin y despotismo, al firmar un pacto de no agresin con los nazis en 1939, dejando al mundo entero boquiabierto y congelado. Los crmenes de Stalin, que no fueron solamente perpetrados contra su propio pueblo, sino tambin que llegaron hasta China y Espaa, y hacia todos esos lugares del planeta donde se impulsaran proyectos revolucionarios autnticos e independientes, fueron crmenes que respondan a un esquema ideolgico y poltico perfectamente bien estructurado: se trataba de aniquilar a la revolucin bolchevique, su herencia, sus mentores, sus resultados y promesas.

No obstante, Stalin buscaba demoler el socialismo como utopa, como posibilidad histrica. En ese sentido los estalinistas se sirvieron de toda la fuerza de que fue capaz su siniestra imaginacin para aniquilar personas, instituciones, organizaciones obreras y partidos polticos, como lo demuestra su turbia participacin en la guerra civil espaola entre 1936-1939. Los cuatro hijos de Trotsky (dos mujeres y dos hombres), su primera esposa y muchos de sus ms cercanos colaboradores fueron asesinados o conducidos hacia el suicidio por los matones de Stalin, cuando el dictador se sinti amenazado por ellos. Hay que recordar que Ramn Mercader, el asesino de Trotsky pas veinte aos en una prisin mexicana, y luego fue recibido con beneplcito en la URSS, donde recibi el Premio Lenin, que se otorgaba solamente a los hroes y creadores de la revolucin.

-IV-

Trotsky fue uno de esos hroes que produjo la revolucin rusa. Para cuando la etapa heroica de esta revolucin se haba agotado, se agot tambin el perfil heroico de Trotsky, y as le cedi terreno a una banda de inescrupulosos que, dirigidos por Stalin, estaban listos para asaltar el poder y saquear la revolucin. Esta supuesta ingenuidad o soberbia de Trotsky, es muy bien utilizada por sus bigrafos de nueva generacin, pues al poner el nfasis en las sinuosidades polticas de Stalin y sus seguidores, abultan la falta de malicia del primero, y tratan de pintarlo como un incompetente, un arribista y un individuo eternamente quejoso y malhumorado (el revolucionario eterno de Volkogonov). Cuando los marineros anarquistas se sublevaron entre 1918 y 1921, en Ucrania, lo que constituira la primera amenaza seria contra el poder construido por los bolcheviques en Rusia, Lenin y Trotsky utilizaron todo el poder y la autoridad a su disposicin para deshacerse de un proceso de radicalizacin de la democracia sovitica, que no estaban dispuesto a tolerar, en virtud de las terribles condiciones que estaba sufriendo el pueblo ruso al final de una revolucin y de una guerra civil cuyo costo humano y material ya eran enormes [2]. La represin de este movimiento, considerada por Trotsky una verdadera, pero necesaria tragedia, fue luego utilizada, no slo por los estalinistas para llenar de estircol el nombre de Trotsky y hacerlo aparecer como un verdugo, sino tambin por los historiadores posteriores, que, como hemos visto, han tratado de evitar que el fantasma de Trotsky los acose de nuevo, y con fuerzas renovadas.

Ahora, los sabihondos bigrafos se lucen de forma inadmisible. En una de las tantas ceremonias de presentacin de su libro, Robert Service se solt la tremenda boutade de que, si el zapapico de alpinista de Ramn Mercader no haba realizado por completo la tarea, l esperaba haber aniquilado histricamente a Trotsky con su biografa. Este comentario, que destila vulgaridad por todos sus poros, no debera sorprendernos, porque la biografa de Service forma parte de una embestida del pensamiento reaccionario que busca demoler, con los recursos disponibles, a los grandes pensadores revolucionarios de todos los tiempos. Service, entre otras artimaas, se sirve de la autobiografa de Trotsky (Mi vida) para dejar escurrirse su mal disimulado anti-semitismo contra el pensador ruso, y, junto a la imponente cantidad de errores histricos que registra su libro, el autor se dedic con buen sistema a mostrar su profunda antipata por el biografiado, algo que, otros historiadores, a quienes no puede acusarse de trotskistas, o ni siquiera de marxistas, le han sealado [3].

A la mayor parte de estos escritores e historiadores anglo-sajones los ha posedo el sambenito de que, argumentando objetividad, dicen escribir sobre sus biografiados con la intencin de recuperar el lado humano, histrico y muy personal de sus protagonistas. Lo mismo ha sucedido con la ltima biografa de Marx, escrita por el profesor norteamericano Jonathan Sperber, quien sostiene, entre otros grandes descubrimientos, que Marx pertenece al siglo XIX y que ah debera quedarse [4]. En esta biografa tambin, como en las escritas sobre Trotsky y otros dirigentes y pensadores revolucionarios, se pone un gran inters en los aspectos racistas de los biografiados, dizque para recuperar el lado individual y cotidiano del personaje en cuestin. Si se consideraba a Trotsky, como a Marx, pensadores de pocas remotas, porque dedicar ocho aos de estudio e investigacin y escribir un texto de ms de quinientas pginas sobre un perro muerto.

Es que nada de este asunto es gratuito, en vista del importante auge que ha retomado el marxismo y el pensamiento revolucionario, luego de que el neoliberalismo mostrara su lado ms oscuro y siniestro. Porque si Marx debiera quedarse en el siglo XIX, lo mismo podra decirse de Adam Smith y David Ricardo, los cacharros de jardn a quienes vuelven constantemente los tericos e idelogos ms connotados del neoliberalismo. Es esa vigencia de Marx y de Trotsky, la que incomoda a los pensadores de la derecha conservadora, nostlgica de otras pocas y momentos cuando, por santas razones de Imperio, les era posible hacer y deshacer a su antojo en cuestiones polticas y econmicas. Esta nostalgia imperialista hace que Robert Service y Jonathan Sperber quieran sepultar, de forma desesperada, no slo a Trotsky y a Marx, sino a todos aquellos que todava creen en las posibilidades reales del socialismo. Esta cuestin, como puede verse, no meramente acadmica, sino, por encima de todo, poltica.

-V-

Por esta razn, es decisivo, de enorme importancia releer a Marx, a Lenin, a Trotksy, porque en ellos se encuentran las cajas de herramientas requeridas, para entender por qu, aparentemente, de la noche a la maana, un puado de acadmicos conservadores, se dedica con tesn y disciplina a desmitificar un pensamiento revolucionario que todava hoy los sobrecoge y los angustia. No es haciendo uso de recursos historiogrficos decimonnicos, valga decir el chisme y el rumor infundados, como se adquiere objetividad en la construccin biogrfica de un determinado personaje histrico, aunque el historiador de marras, diga servirse de los ltimos recursos archivsticos, de acuerdo con lo que sostienen Service y Sperber en sus respectivas biografas. La cantidad de argumentos contra-factuales (lase contra los hechos), como los desarrollados por Service, solo revelan sus intenciones polticas ocultas. Hoy no tiene sentido preguntarse qu hubiera pasado si Trotsky y no Stalin, hubiera sucedido a Lenin en la construccin de la Unin Sovitica. La biografa escrita por Service est repleta de esta clase de preguntas, cuando l saba de antemano que las respuestas seran miradas y no conduciran a ninguna parte. Sperber, por su lado, se dedic a tratar de demostrar los prejuicios contra los negros que tena Marx. Qu desesperacin tan ridcula por impedir que Marx les hale las cobijas durante la noche!

La reedicin en el 2012 de Mi Vida, de Len Trotsky, por IPS Editores de Argentina, obra escrita entre 1928 y 1929, es un acierto en toda la lnea, pues forma parte de este esfuerzo notable por contrarrestar la nueva embestida procedente de una historiografa anglo-sajona que busca impedir, a toda costa, que el pensamiento revolucionario retome el vuelo, y le haga ver a la gente, la gigantesca pila de sufrimiento, explotacin y humillacin que trae consigo el sistema capitalista. Est visto que, ni an con todos los recursos disponibles estas editoriales podrn opacar algo inocultable, es decir, la evidencia contundente de que el pensamiento y la accin revolucionaria han retomado un nuevo aire en algunos pases de Amrica Latina, pero sobre todo en la vieja Europa, cuna de las mayores revoluciones de que tenga memoria la historia humana.

La crisis capitalista en los pases europeos como Espaa, Grecia, Italia, Portugal, no puede esconderse escribiendo biografas difamatorias y distorsionadas sobre los grandes creadores del pensamiento revolucionario. Por ms esfuerzos que hagamos para decirle al lector que Marx era un judo racista, vctima de todos los prejuicios del siglo XIX, y de que Trotsky era un judo iluso que perteneca a la primera mitad del siglo XX, vamos a desviar la vista de ese mismo lector, ante el espectculo que ofrece el sistema capitalista, en su avance a pasos agigantados hacia su propio vertedero.

Rodrigo Quesada (1952), historiador costarricense y catedrtico jubilado de la UNA, Premio Nacional (1998) de la Academia de Geografa e Historia de Costa Rica. Ha publicado varias obras sobre historia econmica y social de Amrica Central y del Caribe. Su ltimo libro se titula Amrica Latina. 1810-2010. El legado de los imperios (San Jos, Costa Rica: EUNED. 2012) 430 pginas.


Notas:

[1] Ian D. Thatcher. Trotsky (Routledge. 2003) 240 pginas. Geoffrey Swain. Trotsky (Pearson Longman. 2006) 237 pginas. Robert Service. Trotsky (Harvard University Press. 2009) 600 pginas. Bertrand Patenaude. Trotsky. Downfall of a revolutionary (Harper Collins. 2009) 370 pginas. David North. In Defense of Leon Trotsky (Mehring Books. 2010) 190 pginas. Dmitri Volkogonov. Trotsky. The Eternal Revolutionary (The Free Press. 2006) 525 pginas.

[2] Lenin & Trotsky. Kronstadt (New York: Pathfinder. 1979).

[3] Joshua Rubenstein Leon Trotsky. A Revolutionarys Life (Yale University Press. 2011) P.9.

[4] Jonathan Sperber. Karl Marx. A Nineteenth-Century Life (New York: Liverigth Publishing Corporation. 2013) 650 pginas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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