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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2013

Derechos Humanos y Democracia
Haz lo que digo, no lo que hago

Eduardo Montes de Oca
Rebelin

La imputacin a Cuba de violar los derechos humanos tiene base terica en la comprensin unilateral de la naturaleza y el tempo de estos.


Las potencias capitalistas no cejan en la mirada cejijunta, en la voz admonitoria -el dedo ndice extendido inclusive- hacia esta parte del ancho y ajeno mundo nombrada Cuba, donde dizque se violan los ms significativos derechos humanos -los polticos, por supuesto- de ciertos personajillos a los que el pueblo suele gritar en cara -menuda conculcacin- que estn vendidos al mejor postor. Las damas (y los caballeros) de verde -que no de blanco- en primer lugar saben a quines y a qu aludimos. Huelga la descripcin.

Pero no venimos a bailar al son de una agenda impuesta, al dime que te dir, al aqu no y all s, que creo desgastador, por el nfasis en lo factual sin intentar la esencia. Y a la esencia llegamos, o nos acercamos, cuando a declaraciones como las de Amnista Internacional acerca de que las autoridades de Cuba, donde todos los medios de comunicacin siguen bajo control del Gobierno, continuaron limitando severamente la libertad de expresin, reunin y asociacin de disidentes [], periodistas y activistas de derechos humanos []; cuando a afirmaciones tan rotundas, s, replicamos sin embozo, igualmente lapidarios, como el analista Omar Prez Salomn: En realidad, en una sociedad dividida en clases, la libertad de expresin existe para aquellos que tienen en sus manos los medios de produccin; pero desde una perspectiva socialista, la verdadera libertad de expresin es para las grandes mayoras. Precisamente, los llamados disidentes, pagados por sus amos imperialistas, pretenden destruir la Revolucin de las grandes mayoras.

Lo cual est a millas de suponer una excusa para soslayar el perfeccionamiento de nuestros medios de comunicacin, requerido incluso por la direccin del pas. Y es que, a no dudarlo, la democracia socialista existe para conseguir en la prctica los enunciados que la democracia capitalista solo es capaz de contemplar en teora. Si bien el capitalismo prometi desde su surgimiento la realizacin del (cacareado) estado de derecho, ha incumplido su programa con inaudito desparpajo. En contraposicin a la Atenas antigua, donde al menos los hombres libres -ni los esclavos ni las mujeres- acudan al gora a aparselas con los asuntos de la polis, el actual sistema lleva a niveles sumos la separacin del espacio pblico y el privado, porque el homo economicus se refugia en su vida egosta, y delega su inters poltico en un especialista, sobre cuyo mandato solo influir en el momento del voto.

Sin embargo, acotemos con autores como Miguel Limia, el socialismo alcanzar su plenitud si realiza el ideal. Si asume cabalmente la democracia directa. Si logra que la ciudadana se involucre en el proceso de producir poltica, si empodera cada vez a ms personas. Recordemos que uno de los principales factores por los que fracas el socialismo real fue el hiato, el abismo que la burocracia representaba entre las masas y el ejercicio de la poltica.

Cuba trabaja en ello. Pero no pequemos de incautos. Admitamos lo difcil del camino en medio del sitio imperial. Mucho ms teniendo en cuenta lo que subraya Guillermo Garca en Rebelin.org: El conjunto de los derechos humanos no es inmutable ni se establece de una vez para siempre, sino que posee una dimensin y un carcter histricos, por lo que a travs del tiempo se producen modificaciones e innovaciones en su concepcin, interpretacin y aplicacin. De este modo, reflejan el grado de conciencia y de consenso logrados en un momento determinado, dando respuesta a una problemtica y unas circunstancias histricas concretas, en torno al ideal de justicia social. En este sentido, las generaciones de derechos humanos constituyen no solo nuevos derechos reconocidos, sino tambin etapas o fases histricas en cuanto a la manera de concebir, interpretar y aplicar los derechos hasta entonces reconocidos.

El necesario historicismo

Se precisa enfocar el asunto desde un prisma historicista, porque nada est dado de sbito y para siempre, verdad ms que obvia desde Hegel y Marx, aunque algunos pretendan revivir el espritu de lo inmodificable del ser, insuflado por Parmnides entre otros. Espritu que impregna las tesis de las doctrinas liberales. Estas otorgan inamovible y privilegiado estatuto a los llamados derechos de primera generacin, o sea, a los civiles y polticos, o de libertad, aparecidos en las proclamaciones primerizas de la burguesa, entonces revolucionaria, frente a los regmenes despticos y monrquicos.

As, por ejemplo -contextualiza Garca- el inicial y parcial reconocimiento de la libertad de cultos fue en principio decisivo para acabar con las guerras que tomaron como pretexto la religin en la Europa renacentista. Sin embargo, en el fondo subyacan las reivindicaciones de la burguesa emergente frente a las trabas al libre comercio procedentes de los regmenes estamentales y semifeudales que se remontaban a la Edad Media, destacando el sagrado derecho a la propiedad privada.

Propiedad por la cual hoy se sigue empuando la falacia de la abstencin de los poderes pblicos, para tratar de legitimar el modo de produccin capitalista, presentndolo con los abstractos trminos de democracia y estado de derecho. El estereotipo: En su versin ms democrtica, los derechos civiles y polticos son oponibles a los poderes pblicos y privados, as como a otros individuos, con el fin de hacer respetar la autonoma individual de cada cual.

En un breve paneo, nuestro articulista nos recuerda que los derechos catalogados como de segunda generacin en cambio s exigen claramente de los poderes pblicos su intervencin, con el objetivo de que particularmente los ms pobres y desfavorecidos puedan hacerlos efectivos, dado que carecen de los medios y recursos para lograrlos por s solos. Son los denominados derechos econmicos, sociales y culturales, o derechos de igualdad, que fueron surgiendo a lo largo de los siglos XIX y XX impulsados por las luchas obreras frente a las duras condiciones laborales impuestas por la burguesa.

Por su parte, los de tercera generacin tambin han surgido tras la toma de conciencia y la movilizacin para lograr una mejor calidad de vida y un mayor bienestar, as como para fortalecer la convivencia pacfica. Se trata del derecho de los pueblos a autodeterminarse, frente al colonialismo y al neocolonialismo (neoliberalismo); del derecho a la paz, contra la guerra; del desarrollo para todos, contra la pobreza; de la asistencia humanitaria en cualquier parte del mundo ante situaciones de extrema gravedad (catstrofes, conflictos blicos, etc.); de un medioambiente sano frente al deterioro grave de nuestro entorno natural, as como de la existencia de un patrimonio comn de la Humanidad, natural e histrico, que debe preservarse.

Convengamos con el analista en que, si bien se dice que los derechos de tercera generacin hacen hincapi en la necesaria solidaridad o fraternidad que debe existir entre los seres humanos para hacer respetar y proteger los valores y aspiraciones que se consideran comunes a todos, o sea, universales, los tres tipos requieren de la cooperacin para cristalizar. Lo singular de cada una de las generaciones de derechos humanos no es solamente la incorporacin de nuevos derechos, sino tambin la incorporacin de nuevos modos de concebir, interpretar y aplicar tanto los nuevos derechos como los tradicionales. As, por ejemplo, los derechos civiles y polticos (primera generacin) no deben interpretarse y aplicarse de manera individualista y exclusivista, tal como plantean las doctrinas liberales clsicas y neoliberales, sino que deben ser compatibles con los derechos de segunda (derechos econmicos, sociales y culturales) y de tercera generacin (derecho a la autodeterminacin, a la paz, al desarrollo, a un medioambiente sano y al patrimonio comn de la humanidad).

Porque la libertad, la igualdad y la solidaridad son conceptos tan entrelazados, que no se pueden entender ni hacer realidad aisladamente. Y claro que pretender lo contrario, o sea, interpretar antagnicamente uno de ellos respecto de los otros (por ejemplo: la libertad contra la igualdad y la solidaridad) constituye una de las caractersticas de las doctrinas liberales y neoliberales de los derechos. As, mientras una minora privilegiada pregona las excelencias de la libertad individual, principalmente la de enriquecerse sin lmites, otra parte de la humanidad, mucho ms numerosa, carece de lo ms mnimo para poder vivir dignamente.

De ah que, obviando el techo de vidrio propio -verbigracia: en las principales ciudades de los prsperos Estados Unidos miles de personas viven sin hogar, debajo de las calles, en tneles subterrneos-, las potencias arremetan contra una presunta paja en el ojo ajeno. No quieren reparar en que, sin abandonar las tareas destructivas del rgimen precedente, algunos de cuyos vicios se reproducen en la sociedad que de l emergi, sociedad an en trnsito, Cuba se est adentrando en una lgica de misiones constructivas, en aras de proporcionar ms amplio espacio al primer conglomerado de derechos humanos -la libertad de viajar, la creciente iniciativa econmica personal-. Sin olvidar, insistamos, que el conjunto de los fueros que nos ocupan est lejos de la inmutabilidad. Que estos no se establecen de una vez por todas, y que se van alcanzando colectivamente, en una lucha cuyos frutos dependen tambin, en marcada medida, del mbito exterior. Por cierto, cundo nos van a levantar el cerco econmico, comercial y financiero, ese maysculo atropello? Ganaramos mucho ms, por ejemplo, en asuntos como la informacin pblica O me equivoco?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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