Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2013

Una dcada kirchnerista: qu es la hegemona populista?

Francisco J. Cantamutto
Rebelin


Una dcada de kirchnerismo ofrece buenas razones para una evaluacin de conjunto. Qu nos deja este perodo? Hay una direccin clara de el modelo nacional y popular?

La forma del pensamiento humano para aprehender es intentar clasificar, ordenar. Utilizar dcadas para definir perodos no obedece a ninguna ley, pero parece funcionar para entender: la dcada prdida de los ochenta, la dcada neoliberal de la Convertibilidad, y ahora, la dcada del kirchnerismo. Este sbado se cumpli una dcada de la asuncin de Nstor Kirchner, tras la renuncia de Menem al ballotage. Un decenio que, sin lugar a dudas, ha marcado una etapa con espesor propio en la historia argentina, sobre cuyo balance continuaremos discutiendo durante mucho tiempo ms, y sobre el que cualquier juicio unilateral quedar siempre corto.

Tiempo de balances

Aunque nada tenga de particular una dcada para promover las evaluaciones de conjunto, la proximidad de las elecciones legislativas la consolidan como tiempo suficiente para intentar balances del perodo. As, han comenzado a circular intentos de mesurar polticas a favor y en contra, resultados que se agregan sumando o restando. Cada uno de estos queda en un resultado ambiguo, a menos que el proponente haya tomado partido abierto y pretenda negar algn lado de la balanza, elogiando sin lmites o criticando sin mesura.

Los sectores afines al gobierno han promovido la idea de una dcada ganada, a lo que la oposicin patronal pretende responder, aunque sin lograr un eslogan de igual impacto. Se puede analizar qu dej este perodo? Hacia dnde va el modelo? Resulta casi imposible dar cuenta de esta etapa sin omitir algn aspecto relevante, por lo que la interpretacin de conjunto es relevante por dems. Por eso intentar un balance nunca terminar de cerrar, porque no se trata de sumas y restas. Es necesario arriesgar una mirada procesual, an si sta tambin resulta insuficiente.

Una nota interesante es que, de modo repentino, amplios sectores de la oposicin patronal parecen rescatar la experiencia de esos primeros aos de Nstor Kirchner. Por qu esta sbita recuperacin de aquel perodo? Entre otros motivos, la oposicin patronal pretende rescatar esa etapa porque se trata del mejor momento del kirchnerismo para sus intereses. El supervit fiscal logrado a partir del default de la deuda y la licuacin salarial permiti impulsar los subsidios a la actividad econmica, apuntalando una elevacin de la tasa de ganancia. La renegociacin de la deuda externa, como hemos insistido, sirvi para obtener ciertos descuentos sin salirse del juego financiero mundial. Tras la brutal pauperizacin de la condiciones de vida de la poblacin, toda mejora distributiva era bienvenida por los sectores populares, y tolerada por la clase dominante.

El kirchnerismo tuvo, a la vez, una lgica de veloz recuperacin de las demandas planteadas por los sectores populares en su resistencia al neoliberalismo. As, la reforma de la Corte Suprema de Justicia y los juicios a los genocidas fueron gestos polticos muy fuertes, de profundo impacto entre organizaciones que venan reclamando desde haca dcadas. La legitimidad del kirchnerismo se construy en base a presentarse como lo opuesto al neoliberalismo, a la corrupcin, al encubrimiento. Esta estrategia de posicionamiento poltico, ms relevante que las trayectorias de los propios integrantes del gobierno, junto a la recuperacin del mercado de empleo, sern las bases de la legitimacin entre los sectores populares del proyecto articulado por la gran burguesa y el peronismo.

El gran cuco neoliberal

La estrategia central del gobierno fue (y es) diferenciar sus resultados con el desempeo de la Convertibilidad: el contraste entre aquel perodo y ste mostraran la reversin del neoliberalismo. Esta no es una eleccin al azar. La cada de la Convertibilidad, aunque con un fuerte trasfondo econmico, fue impulsada por las protestas que impugnaban el neoliberalismo como forma de organizacin social. El gobierno, para obtener alguna legitimidad, necesit siempre mostrarse como contracara de aquel proyecto que, debemos resaltar, no se restringe a la Convertibilidad.

As, se multiplican los indicadores que muestran la magnfica recuperacin posterior a la crisis: el crecimiento del empleo, de los salarios, de la industria y la construccin, etc. Hay aqu dos problemas soslayados. En primer lugar, la comparacin respecto de los psimos valores la crisis es vlida para evaluar el ciclo econmico, pero no es apropiada para distinguir respecto de procesos de crecimiento anteriores. As, por ejemplo, si comparamos el salario promedio real con el momento peor de la crisis, a mediados de 2002, podremos observar un importante crecimiento, pero si lo referimos a la expansin de la Convertibilidad, resulta que sus niveles son iguales! Si lo referimos a 1974, antes de la dictadura, el salario actual persiste a un 30% por debajo.

En segundo lugar, el kirchnerismo escatima el peso que tuvieron en la recuperacin el default reconocido por Rodrguez Sa, y la devaluacin y la pesificacin de Duhalde: sin estos, no habra recuperacin alguna. Aceptar esta filiacin es un problema poltico complejo para el kirchnerismo. Por un lado, por la deuda poltica que implica con esos sectores partidarios. Por otro lado, porque indica quines fueron los sectores sociales que dominaron la salida de la crisis. Aunque poco se hable hoy da, el programa default-devaluacin-pesificacin fue articulado y propuesto por el Grupo Productivo, un agrupamiento comandado por la Unin Industrial Argentina, que reuna a la Cmara Argentina de la Construccin, a Confederaciones Rurales Argentinas, y ms tardamente a Asociacin de Bancos pblicos y privados de la Repblica de Argentina.

Es decir, sectores relevantes de la gran burguesa fueron artfices del programa econmico post-Convertibilidad. Ms all de algunos coqueteos polticos de Moyano y el oportunismo de Daer, ningn sector de los trabajadores influy en la definicin de este programa, y ste es un dato central para caracterizar la dcada emergente. Y quizs hasta ms importante an, al sealar esta alianza fuerte con sectores del capital, a menudo olvidados por los defensores radicales del gobierno, indica tambin una pauta de grandes ganadores en la nueva gestin econmica.

En lo estructural

La recuperacin de la tasa de ganancia industrial alcanz niveles rcord para la historia nacional. Con ese impulso, basado en una brutal licuacin de los salarios, no result difcil para el empresariado iniciar un proceso de expansin de la actividad. He all el misterio del crecimiento al que remiten los alabadores de esa fase inicial. La lenta recuperacin salarial se detuvo a partir de 2007, momento en que la economa comienza a transfigurar su fisonoma. Desde ese ao para esta parte, el crecimiento del sector industrial se ha ralentizado, pasando a liderar la expansin el sector financiero, aquel que se deca atacar. El desempleo, por ello mismo, dej de descender. El sector externo muestra una dinmica semejante: luego del supervit logrado en los primeros aos, la propia expansin ha desgastado el saldo corriente, corrodo a su vez por las remisiones de utilidades al exterior y, desde 2005, los pagos de deuda externa.

Estos procesos no son una eventualidad, sino la expresin del desgaste del impulso original. Durante esa fase, la clase trabajadora se fortaleci, y el gobierno que tambin impuls de este proceso a travs de las negociaciones colectivas- no puede simplemente volver a la solucin de 2002. Esto pondra en entredicho su legitimidad social. Lo que ha hecho desde entonces, no sin cierto xito, es arbitrar un equilibrio entre sectores sociales aliados: no resuelve ni por la va de radicalizacin ni por la va de ajuste, y requiere de la permanente actividad de mediacin poltica.

Este es un dato no menor, tanto en la evaluacin econmica como en la poltica: el gobierno de alguna forma respeta su sesgo, sin mejorar estructuralmente la situacin de la clase trabajadora, pero sin tampoco atacarla sistemticamente. Muchas de las polticas econmicas ms interesantes responden a este escenario de mediacin inestable. La estatizacin de las AFJP sirvi para subsidiar a la industria y a los servicios pblicos, tanto como para solventar la Asignacin Universal por Hijo. La compra de participacin en YPF es un intento por resolver las necesidades del capital industrial en materia energtica, que podra permitir una ulterior expansin de la actividad y el empleo. Cada medida es un intento por sostener este equilibrio entre intereses encontrados: la visible presencia del Estado en la economa obedece a esta lgica, no a un estrafalario deseo estatalista.

La tensin instalada

Las pautas generales del patrn de acumulacin, como ya sealamos, fueron trazadas por sectores de la gran burguesa: la industria, la construccin, parte de las finanzas y parte del sector agropecuario. Adems de excluir a los trabajadores del comando de la salida de la Convertibilidad, este programa tambin marcaba una ruptura al interior de la gran burguesa: quedaban fuera la banca extranjera, las privatizadas, el sector comercial, y otra parte de la burguesa agropecuaria. Esta escisin interna a la clase dominante no implica que las fracciones desplazadas del comando sean perdedoras, sino que no dirigen el proceso general, no slo de la acumulacin sino de las definiciones polticas generales. Esta situacin se har evidente en el conflicto por las retenciones en 2008, donde las fracciones desplazadas cuestionarn la permanente injerencia del Estado. El conflicto era, ciertamente, ms poltico que econmico. Frente al pacto excluyente de la Convertibilidad, que dirimi con cierta estabilidad las demandas de la gran burguesa durante casi una dcada, el modelo kirchnerista se presenta ms inestable, menos previsible: requiere de mediaciones permanentes, cuyo resultado es siempre contingente.

A esta divisin interna de la gran burguesa, como dijimos, se solapa la consideracin de las demandas de los sectores populares. Dado que la mejora econmica estructural se detuvo hacia 2007/08, la poltica activa tuvo un rol preponderante aqu tambin. No slo en lo que respecta a la poltica social fuertemente ampliada, sino a polticas de otro orden que figuraban como demandas en disputa desde haca aos, dcadas en las organizaciones sociales: ley de medios, intervencin estatal en YPF, matrimonio igualitario, etc. Muchas de estas demandas haban sido propuestas y articuladas como proyectos mucho antes de la aparicin del kirchnerismo, que las toma en consideracin segn sus propias necesidades.

La constante intervencin poltica para arbitrar entre fracciones de la gran burguesa, y entre stas y los sectores populares es lo que constituye al kirchnerismo como populismo. No referimos aqu a la zonza prdica de la derecha, que pretende sealar con tal nombre un supuesto autoritarismo sobre masas ingenuas. No. El populismo reside en el corte oblicuo realizado sobre las clases sociales, que busca postular un conflicto entre pueblo y enemigos del pueblo, conjuntos que pueden ser resignificados segn la ocasin: por ejemplo, para el kirchnerismo pueden quedar como parte del pueblo fracciones completas de la gran burguesa, responsable de las atrocidades del neoliberalismo. O volverse enemigos, antipatria, grupos previamente aliados, como es el caso del grupo Clarn. El populismo, como proceso, ha permitido validar positivamente, y no como engao, tanto demandas populares como demandas de la gran burguesa. Ese es su sino.

Hegemona y populismo

La definicin populista del gobierno no apunta a ninguna lgica de complot y engao. El estamento actualmente en el gobierno no es tampoco como algunos pretenden embelesados- un grupo jacobino que protagoniza un proceso de reformas sociales de amplio alcance. El populismo es la solucin emergente del conflicto que atraviesa la sociedad argentina: la imposibilidad de sostener el proyecto neoliberal, porque no satisface al conjunto de la gran burguesa y porque es rechazado por los sectores populares, y la falta de un proyecto alternativo consolidado. El gobierno es una expresin (con particularidades propias, claro) de una disputa que atraviesa a toda la sociedad: la construccin de s misma a partir de las fuerzas realmente existentes.

Mientras el salario y el desempleo se mantienen estables desde hace un lustro, la concentracin de la produccin, la extranjerizacin y la dependencia de las ramas primarias se ha profundizado. No ha habido un proceso de cambio estructural, ni de industrializacin, aunque se ha logrado sostener lo obtenido en la fase expansiva pre-crisis mundial. ste es el modelo: profundizarlo es sostener este inestable equilibrio, que no implica cuestionar privilegios estructurales del gran capital ni revertir lo ms severo del neoliberalismo histrico. Su superacin requiere el cuestionamiento de la alianza econmica-poltica que sostiene el kirchnerismo desde hace una dcada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter