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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2013

Fomento sin trenes

Carlos Taibo
Rebelin


Sabido es que el Ministerio de Fomento ha tomado la delicada decisin de cerrar medio centenar de lneas de tren. Segn la versin oficial de los hechos, semejante decisin responde a un criterio de estricta rentabilidad. La explicacin suena a algo bien conocido: se deja de invertir durante aos en las lneas en cuestin, se permite que el servicio se deteriore y, al cabo, el cierre se presenta como insorteable.

Pena es que, de la mano de una primera y palmaria contradiccin, el mentado criterio de la rentabilidad slo se aplique, sin embargo, a determinados servicios ferroviarios. Porque nadie ha conseguido demostrar que la alta velocidad, tan idolatrada por nuestros gobernantes, es rentable. En estos das ms de uno ha recordado que veinte aos atrs se manej repetidas veces la idea de que la amortizacin de la inversin que haba reclamado, dos dcadas atrs, el AVE Madrid-Sevilla se iba a tomar nada menos que cien aos. Y se ha subrayado tambin que las nuevas lneas de alta velocidad habrn de ser, por fuerza, an menos rentables que las actuales. Para cerrar el crculo, obligados estamos a certificar que lo que se va a ahorrar de la mano del cierre de cuatro docenas de lneas de ferrocarril es una parte minscula de lo que se sigue invirtiendo en el AVE.

Por si poco fuera lo anterior, y esto es acaso ms importante, en la decisin de nuestros gobernantes se adivina una nula perspectiva de futuro: en un escenario planetario en el que se antoja inevitable el encarecimiento de la mayora de las materias primas energticas que empleamos lo suyo sera --parece-- pujar con claridad por el tren. El objetivo no sera, entonces, abstenerse de cerrar lneas sino, antes bien, ampliar el trazado de la red ferroviaria. Y no slo en lo que hace a pasajeros: tambin en lo que se refiere a mercancas, toda vez que --dicho sea de paso-- el AVE es de nuevo, en este terreno, una ruina.

Claro es que actuar de esta manera implicara primar el bien pblico y hacer otro tanto con los derechos de las generaciones venideras, prioridades que con toda evidencia no estn en el guin, aberrantemente cortoplacista, de quienes toman decisiones como las que en estos das nos ocupan. La apuesta del Gobierno espaol, a travs del cierre de lneas o de su sustitucin por el transporte en autobs --que sin duda es una opcin provisional que en muchas casos abrir el paso a la clausura, sin ms, de los trayectos afectados--, apunta a una final privatizacin, franca o encubierta.

La conclusin parece, en fin, servida: el proyecto ferroviario que abraza el actual gobierno espaol acarrea una apuesta desmesurada en provecho de trenes que deben beneficiar en exclusiva a las capas aposentadas de la poblacin --quin puede pagar un billete de AVE--, por un lado, y a los habitantes de las grandes ciudades, por el otro. Mientras las posibilidades de transporte al alcance de la mayora se degradan, la desertizacin ferroviaria es objeto de una nueva vuelta de tuerca. El efecto mayor no es sino una plena disolucin del concepto de servicio pblico acompaada del despliegue de sangrantes discriminaciones. Cunto tiempo tardaremos en percatarnos de las secuelas, indelebles, de tanta locura?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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