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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2013

Reflexiones sobre el pase de Puricelli de Defensa a Seguridad
Ro de Sangre

Jos Schulman
Rebelin


En su discurso del 25 de Mayo, la Presidenta Cristina Fernandez, resaltando la colaboracin entre militantes y militares hizo una referencia histrica que vale la pena considerar. Cito: Quiero que tomemos ese ejemplo, cmo se volc el pueblo solidario y tambin algo maravilloso que me llen el corazn y que fue ver trabajar a miles y miles de jvenes de la poltica, de las iglesias junto a los hombres de las Fuerzas Armadas, porque saben qu? Yo estoy segura que quienes pergearon ese golpe terrible del 24 de marzo de 1976, quisieron tender un ro de sangre que separara al pueblo de las Fuerzas Armadas.

Las Fuerzas Armadas al momento del golpe del 24 de marzo de 1976 ya haban cometido, los golpes de estado de 1966 (el de Ongana contra el presidente Illia), el de 1962 contra el presidente Frondizi, el de 1955 contra el presidente Pern, el de 1943 contra el presidente Castillo y el de 1930 contra el presidente Irigoyen. Si un ro de sangre separ al pueblo de las Fuerzas Armadas, ese ro no naci en 1976, sino antes, bastante antes. Acaso desde la desmovilizacin del Ejercito Libertador de San Martn, que no portaba la bandera argentina sino la divisa de la Unidad Americana, como Bolvar, cuya derrota explica la fragmentacin del sueo de la Patria Grande que una a ambos gigantes de la lucha anticolonialista.

Estas Fuerzas Armadas no son herederas de San Martn y Belgrano, sino de Mitre y Roca, los jefes del exterminio de los pueblos originarios que haban sobrevivido al genocidio europeo originario: el de la Conquista Imperial de Nuestra Amrica. Hacia finales del siglo XIX culmin un largo periodo de luchas internas entre las distintas elites regionales y la portea con el triunfo de esta ltima, ya aliada firmemente al Imperio Britnico, y la definitiva organizacin del estado capitalista argentino.

Esto se logr con la transformacin de Buenos Aires en la capital nacional, el control del Puerto y con l de la Aduana, principal fuente de ingresos por ese tiempo; la sancin de un conjunto de Cdigos y Leyes que dieron estructura jurdica burguesa a la Nacin y la construccin de un relato histrico, un mito fundacional burgus, que inclua la idea de que el Ejercito Genocida de los pueblos en la Guerra de la Triple Alianza (masacraron a dos de cada tres paraguayos guaranes- varones) y de la Campaa del Desierto, era la continuacin de aquel otro, popular, rebelde y revolucionario de Gemes, Belgrano, Monteagudo y San Martn.

Esa no es nuestra historia. La nuestra es la historia de la represin espaola contra los pueblos originarios, los esclavos y todo el que se rebelara contra el orden Colonial, tarea para lo cual contaron con la Inquisicin que trajeron a Amrica muy temprano. Es la historia de las masacres del Ejercito contra los pueblos originarios y la represin de los obreros de la Patagonia Rebelde o la Semana Trgica.

Tempranamente, el Estado Nacional organiz un Aparato Jurdico Represivo y un Aparato Policial de control y represin a los rebeldes. Digo, la ley 4144 de 1902, la de Seguridad Nacional de 1910 y la formacin de la Seccin Especial de lucha contra el Comunismo al interior de la Polica Federal. Leyes y Secciones que con distintos nombres prepararon y antecedieron la labor de 1976, que por cierto no surgi de la nada.

Pero dejemos la historia y concentrmosnos en otra cuestin, acaso ms importante: la supuesta transformacin de las Fuerzas Armadas en una fuerza amiga del pueblo y su servicio, cuestin que se probara con la participacin militar en las labores de auxilio tras la catstrofe social de La Plata (que llueva es natural, que haya inundaciones y muertes, es un fenmeno social). Claro que estas Fuerzas Armadas no son las de 1976. Pero no solo por la voluntad transformadora del Gobierno de los Kirchner. No lo son porque el propio Imperio presion para reformular los Ejrcitos de la Regin en los 90, en el pico del fundamentalismo privatizador, buscaron reemplazar los Ejrcitos de Reclutas por fuerzas profesionales.

Fue Menem el que dio el paso de gigantes al transformar las FF.AA. en lo que son hoy: una fuerza pequea, de voluntarios asalariados y con centro en las misiones internacionales de paz de la ONU. Las FF.AA. se han achicado, pero no el aparato armado del estado, en su lugar han crecido exponencialmente la Gendarmera Nacional, la Prefectura Nacional, la Polica Federal y las Policas Provinciales y hasta ha surgido un nuevo aparato armado del que se sabe muy poco: los efectivos de las agencias privadas de seguridad, dirigidas por militares o policas en retiro y bajo la influencia del Mossad y la CIA. La presencia en las rutas y las calles de la Gendarmera Nacional forma parte del paisaje del siglo XXI y parecen invisibles puesto que casi nadie habla de ellas.

Bajo la conduccin de Puricelli, el Ministerio de Defensa ha permitido la reaparicin de las tendencias militares a la autonoma, la intervencin en cuestiones polticas y hasta cierta solapada reivindicacin del terrorismo de Estado deca Horacio Verbitsky en setiembre del 2012. Desde que asumi como ministro de Defensa, en diciembre de 2010, Arturo Puricelli fue reacio al deslinde entre el terrorismo de Estado y las Fuerzas Armadas integradas al sistema institucional que marcaron los presidentes Nstor Kirchner y Cristina Fernndez de Kirchner, y sus ministros Jos Pampuro y Nilda Garr. Puricelli no ha tenido reparo en criticar ante personal del ministerio los juicios por violaciones a los derechos humanos porque algo haba que hacer para pararlos. Yo los conozco, en Ezeiza quisieron matar a Pern [...] Entre sus asesores design al Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Catlica Argentina, Fabin Calle, un entusiasta de la contrainsurgencia para hacer frente a grupos, organizaciones y redes armadas que recurran a tcticas y estrategias guerrilleras y/o terroristas Su equipo de colaboradores est plagado de familiares e incluye al hermano, dos hijos, un sobrino y sus respectivas parejas. La actividad ms regular de Puricelli son los viajes al exterior, siempre con demasiados acompaantes.

Y el mismo da denuncia en Pagina 12 que en el Ministerio de Defensa se dictan cursos de lucha antiterrorista por parte de instructores yanquis: El Brigadier Mayor (R) Richard Goetze, uno de los especialistas estadounidenses en Seguridad Nacional, Guerra No Convencional y Operaciones de Informacin, que durante toda la semana pasada entrenaron a tres docenas de funcionarios civiles del ministerio de Defensa, fue agregado militar en la Argentina durante los peores aos del terrorismo de Estado Quien hoy dirige el Grupo Militar en la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, el coronel Patrick D. Hall, tambin tiene una historia interesante que los cursantes no conocen: Hall estaba asignado en Caracas cuando el presidente Hugo Chvez denunci la injerencia militar estadounidense en la poltica de su pas.

Cinco das despus del discurso presidencial, Cristina promueve al Ministro Puricelli de Defensa a Seguridad; es decir, lo lleva al verdadero Comando del Aparato Militar del Estado en estos das. De las investigaciones sobre el Proyecto X ni una palabra. Sobre el descubrimiento de un Oficial de Inteligencia de la Polica Federal actuando sobre el movimiento popular en estos das o sobre la brutal represin en Castelli, Chaco, setenta heridos, dos muertos incluido un nio de dos aos, tampoco. Conviene, para cerrar, una breve referencia a una cuestin terica que adquiere inusitada vigencia en la Argentina y es la cuestin de la batalla cultural. Y es que algunos creen que la hegemona cultural se resuelve en el terreno cultural. Con gestos como el descuelgue del cuadro de Videla del Colegio Militar o con reconocimientos a algunos de los que lucharon contra la impunidad. Y he ah el problema.

La hegemona cultural que logr la cultura represiva y egosta, no se logr por medios culturales. No es que Alfredo Martnez de Hoz le gan un debate a Rodolfo Walsh; digamos en el estadio de Boca; no fue as la cosa. A Rodolfo Walsh lo balearon en la esquina de Entre Ros y San Juan y fue llevado a la Esma. As se impuso el neoliberalismo, a sangre y fuego; y no es con gestos y cursos de derechos humanos que cambiar la Bonaerense o la Formosea o la Chaquea o la Santafecina; es con polticas efectivas de conduccin poltica democrtica, con una clara decisin de no reprimir, de no torturar, de no someter a tratos indignos e inhumanos a ninguna persona en condiciones de encierro policial o carcelario, con la firme voluntad de expulsar de la fuerza a toda persona comprometida con el Terrorismo de Estado, la Violencia Institucional, el trfico de Drogas, la prostitucin, el armado de causas contra inocentes y por supuesto la represin lisa y llana a los que luchan. Porque es ofensivo a la memoria de Julio Lpez y Luciano Arruga afirmar que en este periodo no hay desaparecidos, como si solo contarn los del pasado y se pudiera convivir con los del presente. Hay que terminar con todas las impunidades. Las de ayer y las de hoy. Solo as se cerrar el ro de sangre que hay entre los hombres armados por el Estado y el pueblo. Solo as se conquistara la democracia verdadera que nos merecemos y que es imprescindible si de liberacin nacional se trata.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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