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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2013

Las tramas civiles de los golpes de Estado en Amrica Latina

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


La muerte del dictador argentino Jorge Rafael Videla y el enjuiciamiento fallido de otro, el guatemalteco Efran Ros Montt, nos retrotraen a una de las etapas ms negras de la historia de Amrica Latina: la guerra contra la subversin, el socialismo-marxista y el comunismo. Para llevarla a cabo se fortaleci la alianza cvico-militar entre las clases dominantes y las fuerzas armadas, convirtiendo a la institucin castrense en el partido poltico de la burguesa. Ya no se trataba simplemente de reponer a las viejas oligarquas en el silln presidencial. Se buscaba asegurar el proceso de acumulacin de capital dentro de una nueva versin del capitalismo trasnacional, cuya esencia supona desarticular los partidos polticos de izquierda, los sindicatos de clase, los movimientos sociales y tambin a las burguesas de corte nacionalistas. Quienes pensaron en esta perspectiva tenan claro que se trataba de inducir una revolucin para refundar el orden poltico. Era obligado soltar lastre, deshacerse del sobrepeso contenido en el discurso seudodemocrtico de las burguesas desarrollistas de corte keynesiano y, sobre todo, quebrar la ciudadana, fomentando la despolitizacin y persiguiendo a militantes, sindicatos de clase e intelectuales de la izquierda poltica y social. En esta guerra se declararon ilegales las formaciones polticas de ideario marxista y socialista. De esta forma se profundiz el combate hasta el exterminio, si era posible, o en su defecto hasta conseguir una derrota total de todo cuanto oliese a socialismo. La doctrina de la seguridad nacional sirvi de anclaje y la geopoltica del fascismo dependiente le facilit el encuadre terico.

El Estado, cuerpo vivo, se encontraba amenazado por fuerzas que buscaban su destruccin bajo la gida de una ideologa, el marxismo y el comunismo, cuyo objetivo era esclavizar a los pueblos y convertir los estados latinoamericanos en satlites de la Unin Sovitica. Identificado el problema, se procedi a depurar el cuerpo social de sus enemigos internos. Gustavo Leigh, general de las fuerza area chilena, miembro de la junta militar constituida el 11 de septiembre de 1973, fue muy grfico al sealar el motivo que inspir el golpe: Haba que extirpar el cncer marxista de raz. Y Videla, en Argentina, habl de una accin de salubridad pblica. As, las fuerzas armadas se transformaron en actores relevantes, ocupando el sitio poltico que les ceda, de buen grado, una timorata burguesa, que prefera lavarse las manos ante la represin y pasar a un segundo plano, no importndole en absoluto los mtodos que se deban utilizar para llevar a cabo la tarea. Las fuerzas armadas eran la institucin idnea para tal funcin quirrgica. Constituyen una organizacin jerrquica, tienen el monopolio legtimo de la violencia y gozan de superioridad en las maneras de emplear la fuerza.

La guerra contra la subversin y el socialismo marxista fue definida como una guerra global y permanente. El general brasileo Golbery do Couto Silva, idelogo de la geopoltica latinoamericana, fue claro al sealar que de estrictamente militar, la guerra se ha convertido en una guerra total, una guerra econmica, financiera, poltica, sicolgica y cientfica..., de la guerra total a la guerra global y de la guerra global a la guerra indivisible, y, por qu no reconocerlo, a la guerra permanente.

Sin embargo, las fuerzas armadas no actuaron por decisin propia. Fueron avaladas por los partidos conservadores, liberales y democristianos. No se sublevaron contra el poder civil en abstracto, lo hicieron contra los gobiernos populares que afectaban los intereses de las burguesas, las multinacionales y el imperialismo. Bajo su paraguas impusieron el orden neoliberal. Pinochet, ser explcito: No hay plazos, hay metas. Todos los ministros de Economa, Hacienda, Trabajo o Justicia fueron civiles. Ellos manejaban los hilos de las transformaciones econmicas, las reformas constitucionales y las polticas de ajustes.

No es posible entender el actual orden poltico neoliberal sin desentraar el papel que cupo a los civiles en la elaboracin del nuevo orden neoligrquico. La labor de limpieza poltica, genocidio y exterminio cont con su inestimable colaboracin. Videla no se ruboriz al sealar que el asesinato de miles de ciudadanos argentinos, a manos de los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas, fue confeccionado por empresarios, ejecutivos, profesores universitarios, jueces, dirigentes sindicales y funcionarios adscritos a la derecha peronista y las organizaciones anticomunistas. Durante la transicin, los civiles tomaron distancia y se alejaron de los militares. Videla capt su alejamiento al sealar cmo los empresarios se lavaron las manos. Nos dijeron: hagan lo que tengan que hacer, y luego nos dieron con todo. Cuantas veces me dijeron: se quedaron cortos, tenan que haber matado a mil, a 10 mil ms.

Los conspiradores civiles, entre otros la Iglesia catlica, cuyos sacerdotes actuaban en la sesiones de tortura buscando confesiones y los empresarios de medios de comunicacin que ensalzaban las razias cubran los hallazgos de los cuerpos torturados, negando su existencia o los trasformaban en delincuentes comunes. En Chile, salvo excepciones, no hay civiles detenidos o encausados. Me refiero a ex ministros y altos cargos que durante la dictadura estuvieron vinculados con los crmenes de lesa humanidad y a la represin. La ministra de Justicia Mnica Madariaga declar, en una especie de mea culpa, haber vivido en una burbuja y no haberse enterado de la violacin de los derechos humanos. Igualmente, el primer portavoz de la junta militar, Federico Willoughby, coautor del libro blanco de la junta militar que justific la matanza de miles de chilenos bajo un supuesto plan Z elaborado por la Unidad Popular para instaurar una dictadura comunista, lo encontramos, aos ms tarde, en las listas como candidato en la concertacin, junto a los socialistas. Willoughby ser reciclado por el presidente Aylwin como asesor de imagen. Todo un despropsito que deja a las claras la impunidad de quienes participaron en las tramas civiles de los golpes de Estado.

Y qu decir de aquellos pases donde sin recurrir a la tcnica del golpe de Estado, como Mxico, Venezuela y Colombia, sus fuerzas armadas se cebaban contra la poblacin campesina en la guerra contrainsurgente. En Centroamrica, el genocidio se convirti en prctica habitual en Honduras, Guatemala o El salvador. Efran Ros no fue el primero ni el ltimo en cometer genocidio en el pas centroamericano. Slo su saa, tanto como el silencio de sus aliados civiles, marca la diferencia. Fueron miles las personas que sufrieron la saa de militares y fuerzas paramilitares. Les cortaban las orejas, les quitaban los dientes, los mutilaban con una crueldad enfermiza y luego podan darse el lujo de jugar futbol con las cabezas, obligando a los sobrevivientes a presenciarlo. Guatemala es un caso de extrema violencia y de genocidio amparado por la trama civil. El mejor ejemplo es que sus fuerzas armadas siguen intactas. Al dejar sin efecto la condena por genocidio a Efran Ros, el poder poltico y el poder judicial mandan un claro mensaje: no van a permitir ningn juicio que ponga en cuestin su papel durante la guerra contra el socialismo-marxista y la subversin. Civiles y militares marcharon juntos. En eso no se diferencian de ningn otro pas de Amrica Latina.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/06/16/index.php?section=opinion&article=026a1mun



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