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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2013

Existe hoy la izquierda transformadora?

Armando B. Gins
Rebelin


Hallar ideas de izquierda genuinas en el mundo de hoy resulta una empresa bastante complicada. El paso de las diferentes versiones socialdemcratas por instancias gubernamentales ha dejado un terreno arrasado por connivencias tcitas y expresas con la derecha y los poderes fcticos y por renuncias ideolgicas profundas en aras de un pragmatismo posibilista. A ello cabra aadir que el sindicalismo de fbrica clsico no ha sabido adaptarse a las nuevas condiciones de precariedad absoluta del mercado laboral, en buena parte avaladas por pactos regresivos para salvar los muebles de un presente acuciante que peda respuestas inmediatas. El oasis del estado del bienestar, el gran logro de la socialdemocracia y las huestes sindicales tradicionales, se ha ido volando controladamente sin que la coalicin de ambas fuerzas haya sido capaz de defenderlo con acierto ni de oponer una visin de conjunto coherente para hacerlas frente. Hoy vemos como los movimientos sociales van una zancada por delante de la socialdemocracia y los antiguos sindicatos de clase neutralizados como vanguardia transformadora desde hace tiempo al haberse institucionalizado por completo: en maneras de entender la accin poltica y en ideas que reclamen modelos de sociedad distintos a los representados por las democracias capitalistas.

La clase media desgajada del concepto histrico clase trabajadora nunca ha tenido la personalidad de su cuna ni el empuje poltico de su manantial para dar forma y sentido a la lucha emancipadora de toda la sociedad. Se qued estancada confortablemente en ideas liberales nominalistas (libertad, democracia) desactivando en la prctica sus contenidos fuertes. Su discurso adoleca de capacidad de propuesta y de acciones concretas. Siempre buscaba la conciliacin dentro de una armona idlica llamada democracia. Con consumir haba carnaza suficiente. Su meta era emular la esttica de la clase alta, mimetizando en cada mirada la ideologa de sus protectores y patrocinadores capitalistas. Su yo individual se elev a cumbres insospechadas en detrimento de los lazos que le unan a sus verdaderas realidades biolgicas y culturales: los padres trabajadores, las madres de doble empleo en el hogar y en la calle, el barrio donde vieron la luz, el pueblo rural de sus abuelos El xito individual y el progreso material hipotecado o a plazos servan de pantalla para no hacerse preguntas en alto. Esta situacin ideolgica fue alentada y jaleada con entusiasmo por las advocaciones socialdemcratas ms o menos de izquierda, posiciones que penetraron la inteligencia de los dirigentes ms seeros del movimiento obrero. Muchas capas de la clase trabajadora se hicieron de la noche a la maana clase media, arrancando de cuajo sus races populares histricas.

Hoy, con la ensima crisis del capitalismo, cunde cierto desconcierto entre los sindicatos de siempre y el alter ego por antonomasia de la derecha, la socialdemocracia light que coopta los sillones del poder institucional al servicio de los mercados. Los sindicatos estn perdiendo fuelle a marchas forzadas: solo les ampara la fbrica, modelo en declive desde hace dcadas. Por su parte, a la socialdemocracia ya no le vale su doble apuesta del discurso izquierdista cuando est en la oposicin que ms tarde permuta por la responsabilidad tcnica y la adhesin inquebrantable a los poderes en la sombra. Esa travesura meditica ya presenta desgarros y heridas muy serias. El electorado no traga con ellas. Tampoco las capas ms desfavorecidas de la sociedad. Si a ello aadimos el descrdito creciente de los sindicatos, el panorama social presenta un hueco difcil de cubrir. Ese vaco lo han ido llenando movimientos de nuevo cuo y gritos colectivos todava sin nexos comunes ni planteamientos globales. Responden a iniciativas concretas, parciales y puntuales, pero que ponen en cuestin a los actores tradicionales de la izquierda.

En este teatro dibujado a grandes trazos, los restos que an mantienen cierta presencia en lo poltico y lo social ms all de las lindes socialdemcratas, tienen dificultades extremas para abrir un espacio propio consistente que aglutine a los desafectos con los valedores del rgimen de la democracia capitalista. Los movimientos que han saltado a la palestra en los ltimos aos adolecen de un corpus ideolgico estable y sus objetivos, de momento, se basan en un NO rotundo sin afirmaciones de conjunto que puedan ofrecer a la sociedad marcos de referencia omnicomprensivos de la realidad. De dnde partir? Qu tipo de sociedad queremos? Cmo articular una fuerza plural? Tremendas preguntas que an llevarn tiempo y debates para responder con lucidez y eficacia.

Marx podra ser un punto de reinicio adecuado, si bien su nombre e ideas provocan un rechazo claro y evidente en muchas gentes que hoy se movilizan contra la crisis. Es lgica y consecuente esa postura emotiva o visceral porque el marxismo ha sido vilipendiado y denostado a conciencia tanto por el sistema capitalista como por las izquierdas cooptadotas del margen izquierdo del poder. Lo cual no quiere decir que a Marx haya que olvidarlo sin ms, antes al contrario, habr que utilizarlo con mesura e inteligencia para conquistar puntos de encuentro y convergencia slidos y plurales.


Judith Butler: el otro y el yo social

El interrogante principal, no obstante, sigue abierto y sin contestar. De dnde partir? Adems de aprovechar las experiencias movilizadotas en marcha, sera necesario y oportuno dotar a esa presunta y deseable alternativa de algunas ideas-madre que posibilitaran un desarrollo intelectual compartido de la nueva poca ya plenamente en vigor: la crisis permanente de la posmodernidad. La filsofa estadounidense Judit Butler puede ayudarnos en esa bsqueda de nuevas perspectivas para encarar el futuro-presente desde bases originales y seductoras que motiven reflexiones en todos los campos de la accin poltica de la izquierda.

Butler parte de una observacin que une campos de conocimiento en apariencia lejanos, la biologa y la cultura: todos venimos al mundo en precario, necesitamos del otro de forma inminente e insoslayable para alcanzar nuestros propsitos de supervivencia y aprendizaje. El yo autnomo predicado por el neoliberalismo no existe como tal. Todos formamos una unidad denominada yo social, vulnerable de principio a fin, sujeto a infinidad de contingencias imprevisibles. Este arranque biocultural o biopoltico, evidente por lo dems, nos muestra que sin lo social el yo es una entelequia ideolgica de sometimiento al orden establecido. Cualquier poltica de izquierdas debiera contener este principio insoslayable en su contacto cotidiano con la realidad.

Ese yo social traspasa las fronteras de lo local en la casa-mundo de ahora mismo. Debiera ser una especie de comodn ambivalente para oponerse tanto a las guerras imperialistas como a la explotacin laboral. Sera un modo poltico y tico convincente para reconocer al otro el mismo estatus nuestro. Ah reside la fuerza de la idea: en el reconocimiento pleno del otro, no como sujeto eterno con peculiaridades fijas sino como marco de dilogo constante con entes cambiantes y mviles sin relaciones de supeditacin o superioridad unilaterales.

En realidad, Butler propone que cambien las actitudes desde sus mismas races constitutivas. Occidente no es, como nos dice el mundo unipolar de pensamiento nico que habitamos, el cnit de ningn progreso ininterrumpido mgico ni mtico. En todas las culturas conviven prejuicios e intereses corporativos de clase que desfiguran la realidad y crean desde su ideologa particular sujetos acabados y ficticios para tener adversarios o enemigos con los que entablar competencia directa y mantener as el statu quo vigente. Una civilizacin buena contra otra mala. Adeptos a la verdad capitalista contra antisistemas. Moderados amantes del orden contra radicales. Gentes de bien contra malvados agitadores. Modernos contra premodernos. Esas contiendas son inducidas por el sistema para controlar biopolticamente el cuerpo y la conciencia individual y pulsiones colectivas de las masas.

Todos los relatos del poder estn atravesados de dilemas y dicotomas basadas en los dos verdad-mentira y bueno-malo. Son discursos estructurados en binomios en los que el sujeto antagonista (el otro frente al nosotros) puede ser torturado hasta la muerte por la verdad-bondad de la cultura occidental, blanca, cristiana y democrtica. Esa actitud central conforma sibilinamente el marco general por el que nos alcanza, vemos e interpretamos la realidad.

Parece sencillo o balad adoptar el sugestivo punto de vista de Judith Butler, pero la compleja y fractal realidad nos dice que no lo es en la praxis diaria. La categora de pensamiento que configura al otro es dbil en la sociedad actual aunque parezca lo contrario: no hay empata para reconocerlo en toda su plenitud. El otro es el inmigrante, el extranjero, el crtico, el rebelde, el que exige justicia, el que comparte lo que tiene, la piel diferente, la cultura distinta. Existen muchas prevenciones y prejuicios para entablar dilogo franco con ese otro tan dispar a la vez que tan parecido a nosotros. En este captulo, las clases altas si tienen asumida a la perfeccin su vulnerabilidad y precariedad vitales. Por eso se fortifican con ejrcitos privados y en urbanizaciones cerradas. El capitalismo actual precisa generar sujetos antagonistas continuamente para mantener su orden injusto. Encerrados en el yo ideolgico del otro-malo, prefiguradas las existencias personales y culturales de manera dogmtica, resulta imposible tender puentes entre el nosotros autorreferencial y el otro extrao tan alejado de nuestras elevadas emociones, tan ser humano como el yo precario que nos impide columbrar nuestra propia vulnerabilidad particular. El yo o es social o solo ser un pequeo barco de guerra a la deriva. El otro puede ser un excelente inicio para una alternativa global verdaderamente de izquierdas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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