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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2005

Trabajo censurado por la Universidad Nacional de Santiago del Estero
Estado y economa: Algunos aspectos relacionados a la biotecnologa transgnica en la Argentina y sus efectos sociales

Alberto Jorge Lapolla
Rebelin


PROBLEMTICA ECONMICA

El modelo de produccin agropecuaria como parte del modelo econmico nacional

El anlisis del desarrollo de la produccin agropecuaria hacia el modelo de monocultivo de soja transgnica forrajera en que ha devenido la produccin agraria argentina, debe enmarcarse en la evolucin -ms apropiadamente involucin- del modelo econmico nacional, desde uno de capitalismo industrial autosuficiente, con escaso o nulo endeudamiento externo, soberano, centrado en el mercado interno, con alta movilidad social, con alto nivel de distribucin del ingreso, pleno empleo, satisfaccin casi plena de las demandas de la poblacin y de alta inclusin social, vigente entre 1945 a 1975 -y que de alguna manera perdurara hasta 1989- y su reemplazo por un retorno al modelo colonial de exportacin de commodities -anteriormente llamado modelo agroexportador: Argentina Granero del mundo- vigente con otras formas entre 1862 y 1943, constituido a partir de la sumisin de la nacin argentina en la globalizacin britnica luego de las derrotas nacionales de Caseros y Pavn
en la segunda mitad del siglo XIX.
A diferencia de entonces que exportbamos granos y carne, hoy exportamos granos -principalmente forrajeros-, petrleo crudo, gas natural, energa elctrica y caramelos. Para poder exportar petrleo y gas, la Argentina que a travs de dcadas de trabajo serio de YPF y Gas del Estado haba logrado el autoabastecimiento energtico, pero no era un pas superavitario en energa, debi detener primero y destruir luego su desarrollo industrial, siderrgico, ferroviario, militar y naval, mediante la poltica de devastacin nacional llevada adelante en dos etapas: primero en la poca de la dictadura militar a travs de su ministro de Economa, Jos A. Martnez de Hoz y luego por el gobierno de Menem entre 1989 a 1999.
Esta transformacin macroeconmica, que ya ha costado enormes daos a la nacin y que la devolviera a su estado colonial anterior a 1945, implica la poltica de dejar de pensar la produccin y la actividad econmica nacional desde el mercado interno, de interpretar el desarrollo nacional a partir de las necesidades de su pueblo y del pas, para volver a generar un desarrollo desde y hacia afuera (modelo de factora), es decir el motor de la produccin no es la satisfaccin de nuestras demandas y necesidades, sino las que reporta o necesita el mercado mundial, las que nos fijan los dueos del mercado mundial. Es as que dejamos de ser una nacin y hemos retornado al estado de factora neocolonial.
De no haber sido por la rebelin popular de diciembre de 2001, la Argentina se encaminaba, por va de esta poltica de sumisin al capital financiero internacional, hacia la dolarizacin, la entrega de territorio por deuda (en funcin de la vieja apetencia norteamericana sobre la Patagonia y la Antrtida Argentina) junto a la represin militar y policial a los pobres y hambrientos, es decir el inicio real de la disolucin fsica de la nacin. Una vez ms en nuestra historia el pueblo salv la nacin.
Es en esta perspectiva en que el monocultivo de soja transgnica debe ser abordado como un emergente de la transformacin neocolonial de la Argentina y no como causa de la misma. Si bien la expansin aparentemente incontrolable del monocultivo de soja transgnica forrajera es un grave problema que est afectando nuestra economa, la misma podra ser reemplazada por otro commoditie que ocupara su mismo rol, como materia de produccin nacional nicamente para las necesidades del mercado mundial.

Retorno al modelo de pas factora exportador de commodities

J. A. Martnez de Hoz fue muy claro respecto de los planes que para la nacin tena el nuevo mando capitalista por l representado, as en 1977 seal: Si la Argentina va a producir acero o galletitas lo va a decidir el mercado. Por supuesto el mercado, es decir los dueos del mercado -las 40 o 50 empresas multinacionales a quienes se entreg la riqueza de la nacin, dueas de la Argentina- decidieron que produjramos y exportramos soja forrajera, petrleo crudo, gas natural y caramelos, haciendo realidad la profeca del creador de la deuda externa moderna.
Esta poltica fue desarrollada sin solucin de continuidad por los sucesivos gobiernos habidos desde 1976 hasta el 19 y 20 de diciembre de 2001, con la solitaria excepcin del ao de 1984 cuando el ministro de Economa Bernardo Grinspung intent una poltica diferente de retorno al modelo de desarrollo nacional, antes de ser reemplazado por el economista neoliberal Juan Vital Sourrouille. Desde entonces, las polticas econmicas aplicadas destruiran una tras otra las transformaciones revolucionarias de la sociedad argentina realizadas por Juan Pern entre 1945 y 1948. De tal forma las polticas neoliberales y neocoloniales aplicadas produciran:

- La destruccin fsica de la clase trabajadora, que se haba vuelto en ingobernable entre 1945 y 1973, reduciendo su nmero de 6.000.000 en 1976, a menos de 1.000.000 en diciembre de 2001 generando una poltica de desempleo creciente y de marginalizacin de la poblacin, produciendo que entre 1990 y la actualidad la tasa de desempleo y subempleo alcanzara a casi un 40% de la PEA (Poblacin Econmicamente Activa) (la mayor de la historia argentina), es decir, mucho ms de la mitad de la poblacin total del pas, como poltica central de disciplinamiento social.

- La destruccin de la industria nacional mediante varias medidas tales como la financierizacin del capital, poltica que los argentinos conociramos como Plata dulce, y convertibilidad luego; la apertura desenfrenada de la economa; la liquidacin de todas las formas de proteccin y estmulo para nuestra industria; encareciendo el crdito hasta los niveles de saqueo y expropiacin por el capital financiero de la pequea y mediana propiedad industrial y agrcola, haciendo desaparecer ramas enteras de la economa. Las privatizaciones de los sectores estratgicos por el gobierno de Menem completaran el golpe final contra la posibilidad de decidir nuestro futuro industrial independiente.

- El endeudamiento ficticio e ilegtimo de la nacin para impedir una poltica estatal soberana, atando nuestro desarrollo a los dictados de los poderes econmicos imperiales: la deuda externa era menor a 6.000 millones de dlares en marzo de 1976, de 45.000 millones en diciembre de 1983, de 65.000 millones en 1989, de 160.000 millones en 1999 y de 220.000 millones en 2001.

- La devolucin a la burguesa terrateniente de la parte de la renta agraria que las reformas de 1940 en adelante Junta Nacional de Granos (J.N.G.), Junta Nacional de Carnes (J.N.C.), Instituto Nacional de Vitivinicultura (I.N.V.), Instituto Nacional del Algodn, juntas reguladoras, precios sostn, etc., haban extrado para equilibrar la economa nacional e industrializar la nacin. Est dems aclarar que dicha devolucin de Renta fue a parar a las manos de los latifundistas, y no a la de los pequeos y medianos productores que en nmero de ms de 260.000 perdieron sus propiedades.

Esta devolucin de la renta produjo una recapitalizacin suntuaria de dicha burguesa terrateniente y una consociacin aun mayor de la misma con el capital multinacional, en desmedro del desarrollo industrial y soberano de la nacin. La renovacin anual de maquinaria altamente sofisticada, las camionetas 4x4, la importacin descontrolada de insumos agrcolas y agrotxicos, as como altos gastos suntuarios, no ha repercutido en un aumento de las condiciones de vida de la poblacin en su conjunto, sino por el contrario en la expansin de la pobreza, el desempleo, la concentracin de la riqueza, la indigencia y en desmedro del desarrollo industrial del pas.

- Una poltica de hambre y de menor consumo de alimentos de la poblacin tal cual anunciara J. A. Martnez de Hoz ya en 1967 en su libro la Agricultura y la Ganadera argentina en el periodo 1930-1960 donde criticaba la forma en que el Gobierno Peronista (1945-55) haba desincentivado las exportaciones agrcolas, sealando que el problema surga por el gran consumo interno de alimentos de los Argentinos (Martnez de Hoz, 1967). Pensamiento que da la razn a Juan Jos Hernndez Arregui (Op.cit.1973) cuando afirmaba: Cuando despus de 1946 una mejor distribucin de la riqueza elev al pueblo, esa clase infecunda y perversa vio demagogia y despilfarro porque el pueblo coma.

- Una poltica de revanchismo social y de distribucin regresiva del ingreso: en 1955 la clase trabajadora reciba el 54% del Ingreso nacional, en 1973 se haba reducido al 38%, en 1974 haba recuperado al 48%, en 2001 haba cado al 18%. Desde otras proporciones esta poltica de revanchismo social ideolgicamente motorizada por los voceros de la burguesa terrateniente- se expresa as: el 20% de la poblacin ms rica posee el 54% de la Renta nacional, el 20% ms pobre slo recibe el 5.2% de la RN, siendo que la transferencia de ingreso de los sectores bajos y medios a la cpula social fue de 27.4 mil millones de dlares por ao, es decir ms de 274.000 millones de pesos-dlares entre 1990 y 2001. (1)
Esta poltica aplicada con dosis de violencia y recetas econmicas inflacionistas, dara como resultado la destruccin fsica de dos clases sociales argentinas; la clase obrera industrial y la burguesa industrial independiente representada en el proyecto de la CGE (Confederacin General Econmica) y Pern, as como allanara el camino a la entrega del patrimonio nacional que de otra manera habra sido resistido por la mayora de la nacin argentina.
Ya en 1971 la burguesa industrial vinculada al capital multinacional agrupada en la Unin Industrial Argentina (UIA) era muy clara respecto de su visin del pas futuro, el presidente de la UIA, Elvio Coelho haba hablado blanco sobre negro con el socilogo norteamericano James Petras, por entonces de visita en la Argentina: A pesar de todo, no creo que ellos (los guerrilleros A.J. Lapolla) fueran el motivo central del golpe militar que se planeaba en la Argentina (el de 1976. AJL). Ya en 1971 me haba impresionado un dilogo que mantuve, si mal no recuerdo, con Elvio Coelho, entonces Presidente de la Unin Industrial Argentina (UIA). Yo le preguntaba porque no se lanzaban a la industrializacin como en Brasil -Porque los sindicatos son demasiado fuertes y eso nos llevara a una guerra civil- contest. - Pero, porqu no lo intentan? -Porque podemos perder - dijo (Citado por M. Seoane en 21) Juan Alemann confirmara, luego de producido el genocidio en 1979, la pref
erencia de la gran burguesa por esta poltica: Con esta poltica (la represin y los 30.000 desaparecidos. AJL) buscamos debilitar el enorme poder sindical que era uno de los grandes problemas del pas. La Argentina tena un poder sindical demasiado fuerte, frente al cual era imposible el florecimiento de cualquier partido poltico, porque todo el poder lo tenan ellos. (..) Hemos debilitado el poder sindical y esta es la base para cualquier salida poltica en la Argentina..(Citado por M. Andersen en 22) Estas terribles palabras no fueron en vano: el 58% de los 30.000 desaparecidos eran dirigentes sindicales de base.
Esta poltica dejara entonces como ganadores a la burguesa terrateniente y a las empresas multinacionales con el capital financiero asociado a ambas, con la consiguiente devastacin y saqueo nacional que las cifras y la realidad muestran. Como ejemplo de esta nefasta consociacin cabe sealar que 17.000.000 de hectreas son ya propiedad de empresas extranjeras y que empresarios argentinos! poseen casi 150.000 millones de dlares depositados en el exterior. Es en este modelo de rediseo de la nacin que los vencedores del largo conflicto 1955-1976 realizaron, que se enmarca la aparicin del monocultivo de soja transgnica forrajera.

Ausencia del Estado: una poltica de Estado

Hay quienes sealan que esta situacin se produjo por responsabilidad de la ausencia de Estado hacia la poltica agropecuaria, nosotros creemos que ese es el efecto de una poltica buscada, en realidad de una poltica de Estado hacia el agro y la economa en general. Es decir devolver la conduccin del proceso econmico a la burguesa terrateniente y al capital multinacional con el sector financiero asociado. De all que la Argentina haya dejado de producir alimentos para su poblacin y materias primas para su industria exportando el excedente, para dedicarse a hacer aquello que el mercado mundial demanda y que favorece a la burguesa terrateniente, hoy como ayer palanca de dominacin imperial en la Argentina.
Desde 1967, fecha en que el dictador Ongana promulgara la Ley Raggio modificando el sistema de arrendamientos rurales y que expulsara a decenas de miles de productores pequeos y medianos de las tierras que haban trabajado honestamente desde que en 1945, Pern prefiriera una ley de congelamiento de arriendos en lugar de una Reforma Agraria como propiciara al comienzo de su gobierno, la poltica del poder econmico ha sido expulsar a los chacareros y concentrar la propiedad de la tierra.
Fue el Ing. Ingaramo, miembro del equipo de D. Cavallo, quien sealara en 1990: en la Argentina deben desaparecer 200.000 productores agropecuarios por ineficientes (Clarn, 1991). Casi lo logra: entre 1990 y 2001 desaparecieron 160.000 productores, el 35% de ellos en la pradera pampeana, peor an: desde la antedicha Ley Raggio en 1967 hasta el 2001 se perdieron 260.000 productores. Mientras tanto el sector terrateniente recuper y ampli sus tierras: el 49.6% de la tierra del pas pertenece a 6900 propietarios (Censo Nacional Agropecuario, 2002. Si pensramos en trminos de una familia tipo, cosa no del todo cierta ya que nuestros terratenientes suelen ser muy prolficos, hablaramos de menos de 28.000 personas dueas de la mitad de las tierras cultivables de la nacin. Ni Rivadavia con su Enfiteusis pudo hacerlo mejor.
Ha sido una poltica de Estado, disolver la JNG, la JNC, el INV, entregar al capital multinacional el comercio exterior argentino, los puertos de embarque de nuestra produccin, destruir los silos y plantas de almacenamiento de la JNG, destruir y privatizar los ferrocarriles - nico pas en el mundo que destruy su red ferroviaria, la mayor de Amrica Latina- , privatizar las rutas construidas por la nacin y las provincias, privatizando -y encareciendo- el transporte de nuestra produccin.
Fue el Estado quien elimin los precios sostn y compensatorios que permitan estimular determinadas producciones necesarias para el pas, corregir distorsiones y proteger al pequeo y mediano productor de la voracidad del mercado -los terratenientes y la banca privada-, fue una poltica deliberada destruir el INTA, vaciarlo de contenido y rol, entregando el germoplasma nacional y sus estudios agroecolgicos argentinos -una riqueza de carcter estratgico y geopoltico- a las multinacionales granarias y agroqumicas, poniendo en riesgo la soberana alimentaria y el control independiente de la produccin agropecuaria nacional.
Fue el Estado nacional a travs de una resolucin del entonces Secretario de Agricultura Ing. Felipe Sol, el que autoriz en 1996 - sin estudios previos que los avalaran- los cultivos transgnicos, transformado a nuestro pas en el mayor productor de los mismos en el mundo, contaminando de manera irreversible nuestro ecosistema y produciendo afectaciones desconocidas al futuro del mismo y a la salud del pueblo argentino.
Fue el Estado quien privatiz el petrleo nacional nico pas sobre la tierra que entreg su petrleo a otro sin haber sido invadido militarmente- dejando de producir combustible barato para el agro y la industria: Repsol (de Espaa) prefiere importar gas oil y exportar petrleo crudo, quedndose con la diferencia. De tal forma ningn cultivo que necesite ms de una labor la mayora- incluidos algunos estratgicos como el maz, el algodn, el arroz o el girasol, pueden competir con la soja RR que legitimara el citado funcionario.
Es el Estado quien no aplica ninguna poltica de modificacin diferencial de las retenciones para permitir el cultivo de otras producciones, y permite que el glifosato cueste un tercio de lo que vale en los EE.UU., difundiendo masivamente su uso, mientras que los EE.UU., mediante una poltica de precios sobre los agroqumicos y las semillas transgnicas, slo produce un 40% de soja transgnica del total de la soja producida. Nosotros que parecemos ms norteamericanos que ellos producimos el 99% de soja RR.
Es el Estado quien no practica una poltica de defensa de los pequeos y medianos productores que no pueden acceder al paquete de alta y cara tecnologa que implica el paquete de Siembra Directa, control de malezas con Glifosato y cultivo de soja RR, modelo que arrasa las poblaciones rurales, destruye el empleo rural, pauperiza, precariza a los trabajadores y expulsa a los pequeos productores. Segn cifras del Censo Nacional Agropecuario 2002, la explotacin media de la regin pampeana pas de 257 hectreas (en los 80 a 538 hectreas en los 90. Para quienes desean que seamos como los norteamericanos all la propiedad media actual es menor a 250 hectreas y en la Unin Europea la misma orilla las 10 hectreas (Censo Nacional Agropecuario, 2002), es decir, nuestra poltica agraria pese a lo que sostiene el lobby sojero-monsantiano- va a contramano de la poltica agraria de los principales pases del mundo. No de lo que ellos nos dicen que hagamos por cierto, sino de lo
que realmente hacen en sus pases que es lo realmente importante.
Ha sido la poltica del Estado de beneficiar la expansin del monocultivo de soja en detrimento de otras producciones la que ha permitido que se haya reducido ms del 44,1 % de la superficie cultivada de arroz, ms del 26,2 % de maz, ms de 34.2 % de girasol, ms del 3.5 % de trigo, 10 veces la superficie de algodn (de 700.000 hectreas a menos de 70.000), que hayan cerrado el 27.3% de los tambos (Censo Nacional Agropecuario, 2002; Pengue, 2003), que zonas como San Pedro en la provincia de Buenos Aires hayan perdido el 50% de los montes frutales y plantaciones de vivero para ser reemplazadas por cultivos de soja RR, con la aparicin del hambre y el desempleo desconocido hasta entonces (Boy, ). De la misma manera slo entre 1998 y 2002 el rea forestal se redujo en ms de 510.000 hectreas (Pengue, 2005), aun cuando un informe reciente seala una reduccin slo para Santiago del Estero de 2.768.000 hectreas hasta el 2004 (Mariot, 2004). Por las mismas razones, cultivo
s directamente vinculados a la alimentacin popular como la papa, la batata, la lenteja, la arveja, distintos tipos de maz y de hortalizas han visto reducidas enormemente su produccin y rea de cultivo.
Ha sido esta poltica de Estado la que ha permitido que la Argentina dejara de producir la mejor carne del mundo criada a campo y con pastoreo a cielo abierto y que en lugar de prepararnos para abastecer y ganar posiciones en el gigantesco mercado asitico emergente y en expansin, que alberga ms de la mitad de la poblacin mundial, nos transformramos en proveedores de forraje barato para quienes se preparan a abastecer dichos mercados con ganado criado con commodities producidos en nuestras pampas. Hoy los EE.UU., China y la Unin Europea exportan carne a dichos mercados mientras nosotros producimos soja transgnica forrajera para alimentarles el ganado. No slo eso: cuando la enfermedad de la vaca loca arrasara la produccin bovina europea, nuestros funcionarios, movidos por la misma mentalidad colonial que nos gobierna desde 1976, corrieron presurosos a auxiliar a nuestros competidores con semen y reproductores de nuestros mejores planteles ganaderos. Viveza cr
iolla?
En sntesis lo que queremos sealar es que no es que el Estado ha estado ausente sino que el mismo estuvo presente con una poltica que produjo estos resultados. Se requiere cambiar la poltica del Estado hacia el campo por otra poltica activa, nacional, que reoriente la produccin agropecuaria en funcin de las necesidades del pas y no de las empresas multinacionales que hoy gobiernan nuestra produccin agraria. Es decir volver a pensar en el mercado interno como eje de nuestro desarrollo. Eso implica entre otras cuestiones, una poltica de retenciones diferenciales, precios sostn y compensatorios, proteccin de producciones mediante subsidios y crditos especiales, proteccin del pequeo y mediano productor, entrega de tierras, una poltica de recolonizacin agrcola, de control sobre las propiedades extranjeras sobre nuestra tierra, la recuperacin de una poltica soberana de semillas y de defensa de la produccin de las mismas por el productor, devolviendo al IN
TA el papel histrico jugado en el desarrollo de una tecnologa nacional agropecuaria y el control y secreto sobre sus investigaciones.

CONSECUENCIAS DEL MONOCULTIVO DE SOJA TRANSGNICA

Sociales
La sojizacin extrema de la Argentina (en 2004: 34.5 millones de toneladas, sobre un total de 70 millones de toneladas de granos, el 49.5%; 14 millones de has sembradas, el 54% del total del rea sembrada) amenaza en principio con dos catstrofes a la nacin: una ambiental y otra social. No puede dejar de advertirse una tercera posible en el plano econmico, si al constituirse la soja en un monocultivo, por alguna razn los principales compradores de nuestra produccin -China y la UE- dejaran de hacerlo.
La catstrofe social est a la vista. A lo largo de su historia el pueblo argentino casi no conoci el hambre masivo. Pese a que las polticas regresivas implementadas luego de 1955, produjeran importantes bolsones de pobreza regionales, es posible sealar sin embargo, que en el largo perodo histrico de 1945 a 1990 el pueblo argentino desconoca el hambre generalizado.
Hoy la situacin es irreconocible: la Argentina el otrora granero del mundo, el pas de la mejor carne del mundo, posee una poblacin mal alimentada y con altos ndices de indigencia. Entre 18 y 20.000.000 de personas (el 50% de una poblacin de 38.000.000) se encuentran bajo el nivel de pobreza; de 4.500.000 a 6.000.000 son indigentes (es decir que pasan hambre extremo) y cerca de 4.5000.000 estn desempleados.
La Argentina produce la mayor tasa de alimentos por habitante del mundo con sus ms de 70 millones de toneladas de granos, sus 46 millones de cabezas de ganado bovino, una cifra similar de ovinos, otra mayor de porcinos, una importante produccin lctea, que arrojan 3500 Kg de alimentos por habitante por ao. Sin embargo tal masa de productos alimenticios es testigo del mayor hambre y genocidio social de nuestra historia: hoy, y en forma ininterrumpida desde 1990, en la Argentina se asiste a un verdadero genocidio social: 55 nios, 35 adultos y 15 personas mayores mueren diariamente por razones o enfermedades vinculadas al hambre (IDEP, 2003). Lo que arroja la escalofriante cifra de 450.000 personas muertas de hambre entre 1990 y 2003. Un verdadero genocidio social que empalidece el realizado por el terrorismo de Estado realizado por la dictadura militar con sus 30.000 detenidos-desparecidos.
Al mismo tiempo la degradacin de las condiciones del trabajo y del empleo a que hicimos referencia, ha producido una prdida marcada de los derechos laborales y sociales conquistados por los trabajadores en ms de un siglo de luchas: el salario promedio de abril de 2004 es de 552$ mensuales, mientras que la lnea de pobreza se encuentra en 789$, es decir que el grueso de los trabajadores ocupados cobran salarios un 30% por debajo de la lnea de pobreza. O lo que es lo mismo el trabajo no impide sortear el hambre. Agravando la situacin segn cifras del ministerio de Trabajo el 47% del empleo en el pas es informal.
Es de destacar que las cifras de pobreza e indigencia se multiplicaron y estabilizaron en tamaa magnitud de catstrofe social, en el mismo perodo en que la soja transgnica RR se instalara como cultivo principal de la Argentina. Este hecho incontrastable desmiente los argumentos de las multinacionales del sector y dems corporaciones dueas de la produccin de semillas transgnicas en el mundo, en el sentido de propaganda sostenido por ellos, que los cultivos transgnicos servirn para resolver el hambre en el mundo. El ejemplo de la Argentina tan rica, llena de transgnicos y con su escasa poblacin para tan inmenso territorio, hambreada y empobrecida demuestra la falacia sostenida por los vendedores de semillas genticamente modificadas.
La desaparicin de fuentes tradicionales de alimentos baratos para la poblacin tales como la batata, la papa, la lenteja, la arveja, el haba, varios frutales, la carne de cordero, la miel; la desaparicin de gran cantidad de horticultores corridos por las fumigaciones de glifosato que destruyen sus cultivos lindantes con los de soja -entre el 14 al 78% del glifosato fumigado sale fuera del sitio de aplicacin y se ha observado una deriva de hasta 800 m, registrndose una perdurabilidad en el suelo de 1 a 3 aos (Botta y Selis, 2003). Tambin son corridos por la alta rentabilidad de la soja RR que desplaza a las pequeas producciones intensivas, aumentando los precios de los alimentos.
La propagacin de los hper y supermercados -los cuales slo en el conurbano bonaerense entre 1990 a 2000, produjeron el cierre de ms de 400.000 comercios familiares, es decir alrededor de 1.600.000 puestos de trabajo perdidos (Neffa, 2000) y las redes de minimercados vinculados a los anteriores, impiden el libre acceso de la poblacin a los alimentos. A esta situacin debe sumarse que el grueso de los pobres son urbanos, en general desempleados industriales o sus hijos -en algunos regiones y asentamientos ya hay dos generaciones de desempleados- sin acceso a la posibilidad de cultivar sus alimentos, debido a la prdida de conocimientos rurales de una poblacin que es mayoritariamente urbana y a la ausencia de tierra propia para sembrar. Estos factores coligados impiden la otrora saludable autonoma alimentaria de los argentinos. La no eliminacin o sensible reduccin del IVA a los productos de la canasta familiar juega en el mismo sentido.
Esta situacin ser aun ms grave si se legaliza produccin de maz RR (tambin transgnico y resistente a glifosato) que produce la empresa Monsanto, que no slo duplicar -por lo menos- los mas de 150 millones de litros anuales de herbicida glifosato que se usan en el sistema bajo anlisis, sino que adems por ser el maz una planta de polinizacin cruzada, no existir para el productor la posibilidad de eludir la compra anual de semilla a la empresa, compra que hoy de alguna manera se elude en la soja RR mediante la llamada bolsa blanca situacin que de alguna manera evita el control monoplico sobre la simiente y permite cierta tolerancia del sistema para los productores sobrevivientes de medianos recursos. En el caso del maz -y es esta la razn de la presin de Monsanto sobre el gobierno al anunciar su retiro del negocio de la soja RR- la bolsa blanca no ser posible y toda autonoma del productor respecto de la simiente desaparecer.
Es en la magnitud de la dimensin social que estamos analizando, que debe entenderse la trgica decisin que implica que la Argentina haya dejado de producir alimentos para su poblacin como objetivo principal de su produccin agrcola y que en cambio se dedique a la produccin de commodities y materias primas requeridas por el mercado mundial. En una visin estrictamente macroeconmica, aparece como si el poder econmico mundial destinara a nuestro pas a producir soja RR en su exclusivo beneficio, alterando significativamente las lneas de desarrollo nacional. En ltima instancia producimos soja RR para obtener divisas para pagar deuda externa. Ilegtima por cierto.

La Siembra Directa: la segunda revolucin de las pampas

El monocultivo de soja RR se realiza bajo un paquete tecnolgico compuesto por la semilla transgnica RR patentada por Monsanto, resistente al herbicida glifosato. Lo cual permite su uso abundante para combatir las malezas de la soja unido al sistema de siembra sin labranza y sin labores conocido como Siembra Directa o de barbecho qumico. Nos referiremos aparte y en particular a las implicancias que la misma tiene sobre la ecologa del suelo, por lo que queremos referirnos aqu a sus implicancias sociales.
Todos los crticos del monocultivo de soja RR coincidimos en general que, sin dejar de ser grave el tema de la contaminacin gentica irreversible que presenta la propagacin de la soja RR, es en el paquete tecnolgico que la acompaa donde se encuentra el mayor peligro.
Preocupacin que parece estar empezando a llegar al INTA, luego de un largo silencio: Estamos experimentando algunos problemas de resistencia de malezas, pero no estn todava en una escala tan grande como para afectar los rendimientos seriamente o para poner en peligro el futuro del cultivo de soja, dice Carlos Senigalesi director de proyectos de investigacin del INTA. l cree que es la tendencia de los productores a cultivar nada ms que soja, ms que la prevalescencia de los cultivos genticamente modificados (GM) lo que se encuentra en la raz del problema. La monocultura no es buena para los suelos o para la biodiversidad y el gobierno debera empujar a los chacareros a retornar a la rotacin de cultivos, dice Senigalesi. Pero aqu todo fue dejado al mercado. Los productores no tienen una apropiada orientacin por parte de las autoridades. No hay subsidios, ni precios sostn. Pienso que debemos ser el nico pas del mundo, donde las autoridades no tienen un plan
apropiado para la agricultura, sino que lo dejan todo a las fuerzas del mercado (11). (Carlos Senigalesi citado por Sue Brandford, 2004)
Tambin con retraso la direccin del INTA expres en diciembre de 2003 su preocupacin por la situacin creada, al sealar el desordenado proceso de desarrollo de la agricultura, y que dado que no hay seales de mercado asociadas con las dimensiones social y medioambiental, estas son generalmente ignoradas en el proceso decisorio, generndose distintos desequilibrios. El restablecimiento de los mismos requiere la incorporacin de estos costos adicionales de manera de garantizar la sustentabiliadad tanto de recursos naturales como la del tejido social que integra los sistemas de produccin. Advirtiendo que si nada se hace, la declinacin de la produccin sera inevitable y que el stock de recursos naturales del pas sufrira una degradacin -posiblemente irreversible- tanto en cantidad como en calidad. Reclam cambios en las prcticas agrcolas en la pradera pampeana, sealando que la combinacin de siembra directa con el monocultivo de soja no era compatible con la s
ustentabilidad de la agricultura (Clarn Rural, 2003).
Entre los costos ambientales que seala el INTA, habra que ubicar en primer lugar -por su gran costo en vidas- a las inundaciones de Santa Fe de 2003, consecuencia casi directa de la expansin del sistema SD-Soja RR-Glifosato por el Norte de Santa Fe, el Sur de Santiago del Estero y el Norte de Crdoba, que implic el desmonte sin control de la vegetacin arbustiva existente, vegetacin que retena gran cantidad de agua y a la propagacin del sistema de Siembra Directa -no labranza- que si bien disminuye la erosin hdrica -hecho incontrastable y su mayor mrito- aumenta de gran forma el escurrimiento superficial de agua. Esto unido al corrimiento de las isohietas de 600 hasta 750 mm hacia Santiago del Estero -en un ciclo hmedo de incierta duracin- que aumentaron enormemente el caudal de agua arrastrado por la Cuenca del Ro Salado, todo sumado a la absoluta inaccin del gobierno de Santa fe y la destruccin de los entes de regulacin y control de aguas que la poltica d
e destruccin del Estado antedicha ocasionara.
Otro de los costos no incluidos en la ecuacin es el correspondiente a la reposicin de los nutrientes extrados por la soja y exportados en sus granos y no calculados en la sustentabilidad del ecosistema: 900 millones de dlares anuales segn un informe de W. Pengue(2003).
Pese a los argumentos desaforados de los que hablan de la segunda revolucin de las Pampas -a pesar que nunca conocimos de la existencia de una primera- los resultados sociales de la expansin del paquete soja RR-Glifosato-Siembra Directa est produciendo hechos que ms bien hablan de una contrarrevolucin de las Pampas o de una segunda etapa de desarrollo del capitalismo agrario argentino, tanto o ms expulsivo y concentrador de la riqueza y la tierra que aqul que se produjera entre 1862 y 1880 y que diera por resultado los tres genocidios constituitivos de la Repblica liberal-conservadora, que nos atara a la globalizacin Britnica de la segunda mitad del siglo XIX, contra la cual haban luchado nuestros patriotas fundantes desde 1806.
Primero fue el genocidio de los federales realizado por Mitre y Sarmiento, en su disciplinamiento a sangre y fuego del interior (entre 8.000 y 11.000 paisanos pasados a degello por Sndez, Irarzbal y Paunero, equivalentes a ms de 200.000 argentinos de 1976), seguido por el de los paraguayos, negros y criollos de ambos lados masacrados en la Guerra de la Triple Alianza (750.000 varones paraguayos asesinados o remitidos como esclavos a Brasil, sumados a varios miles de argentinos muertos en la guerra) y el genocidio Mapuche realizado en la mal llamada Conquista del Desierto (en realidad robo de las tierras Mapuches y Pampas) por el genocida Julio Roca.
Estos genocidios constituitivos de la hegemona econmica y poltica de la burguesa terrateniente, que privaran a las masas populares -y luego a los inmigrantes- del libre acceso a la tierra en forma opuesta a lo que ocurriera en la revolucin Francesa, en los EE.UU., o en la revolucin Rusa de 1917, seran coincidentes con similares hechos ocurridos sobre la poblacin originaria en el mismo perodo en los EE.UU., Canad, Sudfrica, Australia, China, India, otras regiones de frica y de la Amrica del Sur. Matanzas de millones de pobladores originarios producidas en la segunda mitad del siglo XIX por las potencias de Europa Occidental y que permitiran la localizacin de la poblacin sobrante europea que arrojaba al hambre y el desempleo la Segunda Revolucin Industrial producida por la mquina de vapor. Dicha poltica estratgica de las Grandes potencias europeas (primero Inglaterra y Francia, luego con Alemania y los EE.UU) permitira liberar amplias zonas de territorio
mundial para ubicar dicha poblacin sobrante -ms de 50 millones de personas entre 1850 y 1900 (Argumedo, 1996) impidiendo o retrasando de esa manera la revolucin social en Europa, situacin que Karl Marx describira como que Amrica impide la revolucin en Europa. O ms claramente la Marcha al Oeste en los EE.UU., diluye continuamente la lucha de clases y acta como factor de aplastamiento revolucionario en los EE.UU., y en Europa(14).
Un reciente trabajo de los Dres., G. Botta y D. Selis de la Universidad Nacional de La Plata muestra de alguna manera las conexiones existentes entre la primera contrarrevolucin de las Pampas y esta segunda (Botta y Selis, 2003). Segn los autores el paquete tecnolgico de referencia vinculado al cultivo de soja RR, est produciendo: una fuerte disminucin del trabajo agrcola permanente y por ende del nmero de trabajadores rurales; un aumento de los trabajadores agrcolas temporarios; una fuerte concentracin de la tierra; una disminucin del nmero de explotaciones agrcolas; un marcado aumento de la pobreza; la marginalidad; la precarizacin laboral y el hecho novedoso consecuencia de los dos primeros factores, cual es la expulsin del proletariado rural de los campos y su localizacin como poblacin marginal y miserable, no slo en las grandes ciudades sino ya en las propias aldeas o poblados rurales, no pudiendo ser absorbido por una industria devastada, constituyendo
as un nuevo ncleo de desplazados y hambrientos en la masa de desocupados que pueblan la Argentina y que se observan en la mayora de las ciudades y pueblos del pas y en particular en la distribucin de los planes Jefes y Jefas de Hogar.
Los autores sealan un hecho estructural de la tcnica de la Siembra Directa como causante de esta tragedia social (que algunos llaman progreso -o ms cnicamente como costos del progreso y que los tcnicos del BM, del FMI o de la Escuela de Chicago denominan tasa de sufrimiento del ajuste estructural.
La desaparicin de labores y preparacin del suelo durante todo el ao que la nueva tcnica trae aparejada se observa en que el Tiempo Operativo de la Labranza Tradicional erade 3 horas-hombre por hectrea, en la Siembra directa es de: 40 minutos-hombre por hectrea. Esta reduccin implica la prdida de 4 de cada 5 puestos de trabajo en la agricultura bajo el rgimen de Soja RR-SD-Glifosato (Botta y Selis, 2003).
De alguna manera la siembra directa repite la misma tasa de desempleo que ocurriera con la aparicin de la robotizacin y la automatizacin a partir de los 80, tambin all la tasa de desempleo era de 4 cada 5 puestos de trabajo, lo cual gener la grave crisis social que an aqueja a 2/3 partes de la humanidad provocando cifras de hambre, desnutricin y mortandad que haban sido superados luego de la Segunda Guerra Mundial.
Esta situacin ha sido reconocida por el subsecretario de poltica Agropecuaria de la nacin, Claudio Sabsay quien acept en un reportaje que por cada 500 has que se incorporan a la superficie sembrada con soja se agrega slo un empleado (De La torre, 2004).
En un sentido este salto tecnolgico puede compararse al enorme desarrollo producido por la ciencia y la tcnica entre 1945 y 1975. Perodo donde la revolucin cientfico-tcnica actual comenz su expansin. Sin embargo este perodo, los 30 dorados, tiene los ndices sociales ms altos y benficos de la historia conocida de la humanidad, ya que la los ndices del hambre, de empleo, de mortandad, de desarrollo social, de distribucin del ingreso, de longevidad, de salud, de educacin de desaparicin de enfermedades endmicas, etc., son los mejores de la historia.
Es decir que en este caso el enorme salto tecnolgico producido entre el mencionado perodo, no produjo desempleo sino todo lo contrario, es decir pleno empleo. Por qu?
Porque es en ese perodo cuando la jornada de trabajo soporta la mayor reduccin de la historia: en 1939 cuando comienza la II Guerra Mundial la jornada de trabajo legal era cercana a las 12 horas diarias; a partir de 1945 cuando el nazismo fue derrotado y la bandera del Ejrcito Rojo flame sobre el Reichstag, la jornada laboral legal disminuy a 8 horas diarias, produciendo la mayor tasa de empleo y bienestar social de la historia conocida del capitalismo, dando origen a la etapa conocida como Estado de Bienestar. Es decir que la historia muestra que el avance tcnico -en el sentido que la Siembra directa pueda serlo- no tiene porqu generar desempleo si se incluye el aumento del bienestar de la poblacin como la primera condicin econmica a cumplir. Esto implica considerar en el planeamiento econmico la introduccin de mejoras en el proceso productivo, la distribucin de los beneficios que la mejora introduce en el proceso del trabajo, incluyendo por supuesto la distribu
cin del trabajo generado entre la poblacin, a travs de la reduccin de la jornada de trabajo o la distribucin de la tierra.
Coincidentes con las cifras precedentes, los autores Botta y Selis sealan que los principales sectores sociales perjudicados por este proceso son el proletariado rural y los pequeos y medianos productores que tienden a desaparecer cediendo su tierra a los pools de siembra o a propietarios mayores.
Advierten a su vez que la situacin es de tal gravedad que el INTA Marcos Jurez -el mayor difusor de la Siembra directa- ha advertido recientemente que no son viables las producciones rurales menores a 190 hectreas (Botta y Selis, 2003). En Pergamino, Martnez y Dougnac, trabajando con los datos de los Censos Nacionales Agropecuarios de 1988 y 1999 muestran que la situacin de concentracin de la tierra que produce el sistema de Siembra directa-sojaRR-glifosato es de tal magnitud que la expulsin o disminucin de productores slo cesa cuando la extensin de los predios llega a las 500 has (Botta y Selis, 2003). Esta situacin nos remite a la grave concentracin de la tierra a que hiciramos referencia al principio y resumiremos en que 6900 propietarios son dueos del 49.6% de la superficie cultivable de la nacin y si hasta los 80 la superficie promedio pampeana orillaba las 252 Has (el promedio nacional suba a 421 Has), en la actualidad la misma ha crecido a las 538 Has.
Aspecto que ilustra desde el panorama agropecuario a la poltica de revanchismo social y distribucin regresiva de la Renta Nacional a la que hiciramos referencia.

Algunos efectos del monocultivo de soja RR sobre la salud de la poblacin

Si bien tiene tambin relacin con los aspectos ecolgicos, no podemos dejar de ubicar entre los efectos sociales de la expansin del monocultivo de soja RR la grave contaminacin que est produciendo el excesivo uso de plaguicidas en dicho sistema y los efectos sobre la salud de la poblacin que se manifiestan en alergias, cncer y enfermedades autoinmunes, como ya se han reportado en Barrio Ituzaing Anexo en Crdoba donde se han hallado restos de plaguicidas vinculados al monocultivo de soja RR -Endosulfn, Paraquat, Diquat- en tanques de agua y en las calles de tierra, habindose registrado ya ms de 130 casos de cncer y enfermedades similares en la poblacin lindera a las fumigaciones. Casos similares se han reportado en Loma Sen, en Formosa, Pueblo Italiano, Ro Ceballos, Saldn, Alto Alberdi, Jess Mara y Colonia Caroya todos en Crdoba.
En el mismo sentido es necesario sealar los efectos nocivos que puede arrojar el consumo de soja forrajera transgnica para la alimentacin de la poblacin carenciada, cuestin sealada como deseable por los grandes productores de soja, quienes en un gesto demaggico e irresponsable, ofrecieron regalar soja RR a los comedores populares, para mitigar el hambre de los millones de pobres que el propio monocultivo de soja est expandiendo por la nacin.
En su momento luego de felicitarlos el gobierno de Duhalde debi emitir un comunicado a travs de la Secretara de Salud de la Nacin prohibiendo el uso de soja en la alimentacin de nios menores de cinco aos y para mujeres embarazadas, advirtiendo sobre los peligros de su uso masivo en la alimentacin, ya que la soja forrajera transgnica no es apta para consumo humano. Por supuesto dicha comunicacin fue apenas difundida cubriendo las espaldas del gobierno de entonces, que no quera malquistarse con el pool sojero el cual segn sealan algunos aporta 2700 millones de dlares para los planes sociales. Planes sociales que -justo es decirlo- son necesarios por el hambre y la desocupacin que el propio modelo de exportacin de commodities genera.
Sin embargo dicho comunicado reconoci lo que va siendo un secreto a voces y es que la soja tanto transgnica como la comn, no es apta para consumo humano en forma directa, pues puede afectar la salud en casos de ingestas abundantes y frecuentes como la pretendida para los comedores de los pobres: dos raciones diarias de soja como nico alimento.
En las poblaciones de Oriente de donde la soja es originaria, la misma no es consumida en forma directa, ni en forma frecuente como grano -s como brotes de soja- sino que es fermentada y transformada en subproductos, siendo consumida pocas veces al ao, ya que el principal destino del grano de soja en Oriente es la cra de cerdos, destino al cual sirve tambin el grueso de nuestra produccin de soja.
Entre otros aspectos de riesgo la soja posee un alto contenido de fitoestrgenos (isoflavonas), que si bien pueden ser beneficiosas para las mujeres de edad avanzada, pues disminuyen las posibilidades de cncer y atenan los efectos de la menopausia, no lo es para las mujeres jvenes o para las nias, ya que sus efectos son equivalentes al consumo de dos pastillas anticonceptivas diarias, lo que produce serias alteraciones en el desarrollo de la sexualidad de los jvenes alimentados con soja solidaria adelantando el inicio de la menstruacin y la diferenciacin sexual en las nias y alentando rasgos feminoides secundarios en algunos varones. Arriesgando la capacidad reproductiva de la poblacin en el futuro.
Algunos informes sealan que la soja afecta los metabolismos del Calcio y de la vitamina D, produciendo raquitismo en nios alimentados por ella, cada de dientes y prdida de esmalte dental, as como osteoporosis en adultos. Tambin produce deficiencia de Zinc (Boy, 2003). Investigadores de la Facultad de Odontologa de la UBA informaron efectos producidos sobre nios con altos consumos de los jugos realizados en base a la llamada leche de soja que producan prdida de piezas dentales, de esmalte y disminucin de densidad dental vinculado a efectos sobre el metabolismo del Calcio (Snchez y Fernndez, 2002).
Est claro que estos efectos de la soja como alimentos se ven agravados por el carcter transgnico de la soja producida en Argentina. Dado que al introducir material gentico extrao a una especie no slo se est modificando una caracterstica deseada, como es en este caso la resistencia al herbicida glifosato, sino que se est alterando otro tipo de rasgos an desconocidos que requieren largos ciclos de investigacin y anlisis, tiempos no coincidentes con el rpido deseo de ganancia o beneficio de las empresas privadas multinacionales, que producen y son dueas de estas variedades transgnicas. S puede sealarse que la transgenia afectar de alguna manera la sntesis y qumica de las protenas de los materiales GM y por ende afectar la salud de los consumidores en el presente o en el futuro. Principalmente en los aspectos vinculados con las afecciones producidas alrededor de la qumica de las protenas: cncer, alergias, enfermedades autoinmunes y algunos otros efectos
que aun desconocemos. El Profesor de la UNAM Gian Carlo Delgado Ramos (2003) ha reportado numerosos casos de alergias y afecciones diversas al sistema inmunolgico; inform que una soja RR de Pioneer provoc 27 muertes y afect de diversas maneras a 1500 personas en los EE.UU., debiendo ser retirada de la venta. Hay experiencias con papa GM que altera el sistema inmunolgico en ratones y les retarda el crecimiento. Tambin report que las toxinas Bt en sus formas Israelensis y kunstaky producen toxicidad en clulas humanas y cit un trabajo de Tabayali y Selis que encontraron que dichas toxinas producen irritacin de piel, infecciones y debilitamiento del sistema inmunolgico en humanos, en funcin de la cantidad consumida.
La transgenia en s es todo un problema, tal vez el mayor a largo plazo dado que la contaminacin gentica sobre el ecosistema es irreversible produciendo alteraciones endmicas. Al respecto ya se descubri en Mxico -centro de origen del Maz- contaminacin gentica endmica irreversible de los maces originales, denunciado en un estudio de la UNAM, el Instituto Politcnico y la Universidad de Berkeley, quienes descubrieron como contaminantes a las toxinas del maz BT procedente de varias de las empresas que lo producen: De Aventis, Monsanto y Novartis, as como la protena CP4-EPSPS resistente a Roud-up de Monsanto (Delgado Ramos, 2003).
Si bien nos referiremos en particular, es de destacar para concluir que el investigador de la Agencia de Colaboracin Tcnica de Japn (JICA). K. Kobayashi, report que zonas de China sometidas al monocultivo de soja han resultado afectadas por una desertificacin casi irrecuperable: Hace cuatro aos, visit los campos de cultivo de soja en el noreste de China. Recuerdo haberme horrorizado de las extensas tierras ridas, donde se vea claramente la desertizacin, como resultado del deterioro del suelo a causa del monocultivo. Esta situacin oblig a China a tratar el tema a nivel nacional, y desarrollar un programa para frenar la expansin de los daos causados por el monocultivo de la soja (Kobayashi, 2003).
Si uniramos algunos de estos problemas sealados -la desertificacin del suelo, los efectos sobre la salud reproductiva y sobre la salud en general- podramos preguntarnos qu poltica de largo plazo persiguen los promotores del modelo soja RR respecto de la poblacin de nuestro pas y otros pueblos del Tercer Mundo.
En resmen queremos sealar que las consecuencias sociales vinculadas a la expansin del monocultivo de soja RR con su sistema tecnolgico asociado, est produciendo: una fuerte concentracin de la tierra, una gran disminucin del nmero de producciones agrarias, un aumento desmedido del desempleo rural, una mayor precarizacin laboral entre los trabajadores, un gran aumento de la miseria y la marginalidad social aun en las pequeas ciudades rurales del interior. Una marcada expulsin de trabajadores rurales y de pequeos y medianos productores, el desarrollo de una agricultura sin agricultores, la apropiacin por las compaas multinacionales de semillas y agroqumicos de la propiedad de la simiente, quitando un derecho ancestral al agricultor como lo es ser el dueo de la simiente que produce y siembra y graves amenazas para la salud de la poblacin. En conclusin la propagacin del monocultivo de soja transgnica forrajera, est expandiendo el hambre generalizado en la p
oblacin y la prdida de la soberana alimentaria de la misma.
Por ltimo quiero advertir de la gravedad del problema que enfrentamos con la expansin descontrolada del modelo soja RR-Siembra Directa-Glifosato, que no slo propaga un modelo agrario sin agricultores sino tambin una agricultura sin suelo vivo, por lo cual hacemos nuestras las palabras del economista agrario norteamericano Charles Benbrook, quien nos advierte: la historia ensea que una excesiva insistencia en una nica estrategia de control de malezas o de insectos fracasar en el largo plazo, en el aspecto de las respuestas ecolgica y gentica.(..) La Argentina enfrenta graves problemas agronmicos para los cuales no tiene ni los recursos ni los expertos para resolverlos. El pas ha adoptado la tecnologa de los OGM ms rpidamente y ms radicalmente que ningn otro pas en el mundo. No tom las debidas precauciones de manejo de la resistencia y de proteccin de la fertilidad de sus suelos. Basada en el extendido uso de la tecnologa RR no creo que su agricultura sea s
ustentable por ms que un par de aos(11) (Charles Benbrook citado por Sue Brandford, 2004)

BIBLIOGRAFA

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21.- Mara Seoane- Todo o Nada- Ediciones Planeta- 1997
22.- Martin Andersen - Dossier Secreto- Planeta 2000
23.- Clarn, 8-1991

SD: Siembra Directa
GM: material genticamente modificado
OGM: Organismo genticamente modificado
JNG: Junta Nacional de Granos
JNC: Junta Nacional de Carnes
INV: Instituto Nacional de Vitivinicultura
INA: Instituto Nacional del Algodn

*Ingeniero Agrnomo -Genetista- Ex docente de la UBA.


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