Portada :: Brasil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2013

Un nuevo ciclo de luchas populares?

Atilio A. Boron
Rebelin


Las grandes manifestaciones populares de protesta en Brasil demolieron en la prctica una premisa cultivada por la derecha, y asumida tambin por diversas formaciones de izquierda -comenzando por el PT y siguiendo por sus aliados: si se garantizaba pan y circo el pueblo desorganizado, despolitizado, decepcionado por diez aos de gobierno petista- aceptara mansamente que la alianza entre las viejas y las nuevas oligarquas prosiguieran gobernando sin mayores sobresaltos. La continuidad y eficacia del programa Bolsa Familia aseguraba el pan, y la Copa del Mundo y su preludio, la Copa Confederacin, y luego los Juegos Olmpicos, aportaran el circo necesario para consolidar la pasividad poltica de los brasileos. Esta visin, no slo equivocada sino profundamente reaccionaria (y casi siempre racista) qued hecha aicos en estos das, lo que revela la corta memoria histrica y el peligroso autismo de la clase dominante y sus representantes polticos a quienes se les olvid que el pueblo brasileo supo ser protagonista de grandes jornadas de lucha y que sus perodos de quietismo y pasividad alternaron con episodios de sbita movilizacin que rebasaron los estrechos marcos oligrquicos de un estado apenas superficialmente democrtico. Basta recordar las multitudinarias movilizaciones populares que impusieron la eleccin directa del presidente a comienzos de los aos ochentas; las que precipitaron la renuncia de Fernando Collor de Melo en 1992 y la ola ascendente de luchas populares que hicieron posible el triunfo de Lula en el 2002. El quietismo posterior, fomentado por un gobierno que opt por gobernar con y para los ricos y poderosos, creo la errnea impresin de que la expansin del consumo de un amplio estrato del universo popular era suficiente para garantizar indefinidamente el consenso social. Una psima sociologa se combin con la traidora arrogancia de una tecnocracia estatal que al embotar la memoria hizo que los acontecimientos de esta semana fueran tan sorpresivos como un rayo en un da de cielos despejados.La sorpresa enmudeci a una dirigencia poltica de discurso fcil y efectista, que no poda comprender -y mucho menos contener- el tsunami poltico que irrumpa nada menos que en medio de los fastos futboleros de la Copa Confederacin. Fue notable la lentitud de la respuesta gubernamental, desde las intendencias municipales hasta los gobiernos estaduales y el propio gobierno federal.

Opinlogos y analistas adscriptos al gobierno insisten ahora en colocar bajo la lupa estas manifestaciones, sealando su carcter catico, su falta de liderazgo, la ausencia de un proyecto poltico de recambio. Sera mejor que en lugar de exaltar las virtudes de un fantasioso posneoliberalismo de Brasilia y de pensar que lo ocurrido tiene que ver con la falta de polticas gubernamentales hacia un nuevo actor social, la juventud, dirigieran su mirada hacia los dficits de la gestin gubernativa del PT y sus aliados en un amplio abanico de temas cruciales para el bienestar de la ciudadana. Plantear que las protestas fueron causadas por el aumento de 20 centavos de real en el transporte pblico de Sao Paulo es lo mismo que, salvando las distancias, afirmar que la Revolucin Francesa se produjo porque, como es sabido, algunas panaderas de la zona de la Bastilla haban aumentado en unos pocos centavos el precio del pan. Confunden estos propagandistas el detonante de la rebelin popular con las causas profundas que la provocan, que dicen relacin con la enorme deuda social de la democracia brasilea, apenas atenuada en los ltimos aos del gobierno Lula. El disparador, el aumento en el precio del boleto del transporte urbano, tuvo eficacia porque segn algunos clculos para un trabajador que gana apenas el salario mnimo en Sao Paulo el costo diario de la transportacin para concurrir a su trabajo equivale a poco ms de la cuarta parte de sus ingresos. Pero esto slo pudo desencadenar la oleada de protestas porque se combinaba con la psima situacin de los servicios de salud pblica; el sesgo clasista y racista del acceso a la educacin; la corrupcin gubernamental (un indicador: la presidenta Dilma Rousseff ha echado a varios ministros por esta causa), la ferocidad represiva impropia de un estado que se reclama como democrtico y la arrogancia tecnocrtica de los gobernantes, en todos sus niveles, ante las demandas populares que son desodas sistemticamente: caso de la reforma de la previsin social, o de la paralizada Reforma Agraria o los reclamos de los pueblos originarios ante la construcciones de grandes represas en la Amazona. Con estas asignaturas pendientes, hablar de posneoliberalismo revela, en el mejor de los casos, indolencia del espritu crtico; en el peor, una deplorable sumisin incondicional al discurso oficial.

A la explosiva combinacin sealada ms arriba hay que sumar el creciente abismo que separa al comn de la ciudadana de la partidocracia gobernante, incesante tejedora de toda suerte de inescrupulosas alianzas y transformismos, que burlan la voluntad del electorado sacrificando identidades partidarias y adscripciones ideolgicas. No por casualidad todas las manifestaciones expresaban su repudio a los partidos polticos. Un indicador del costo fenomenal de esa partidocracia que resta recursos al erario pblico que podran destinarse a la inversin social- est dado por lo que en Brasil se denomina el Fondo Partidario, que financia el mantenimiento de una maquinaria meramente electoralista y que nada tiene que ver con ese prncipe colectivo, sintetizador de la voluntad nacional-popular del que hablara Antonio Gramsci. Un solo dato ser suficiente: a pesar de que la poblacin exige infructuosamente mayores presupuestos para mejorar los servicios bsicos que hacen a la calidad de la democracia, el mencionado fondo pas de distribuir 729.000 reales en 1994 a la friolera de 350.000.000 de reales en el 2012, y est por acrecentarse an ms en el curso de este ao. Esa enorme cifra habla con elocuencia del hiato que separa representantes de representados: ni los salarios reales ni la inversin social en salud, educacin, vivienda y transporte tuvieron la prodigiosa progresin experimentada por una casta poltica completamente apartada de su pueblo y que no vive para la poltica sino que vive, y muy bien, de la poltica, a costa de su propio pueblo.

Eso es todo? No, hay algo ms que provoc la furia ciudadana. El exorbitante costo en que incurri Brasilia a cuenta de una absurda poltica de prestigio encaminada a convertir al Brasil en un jugador global en la poltica internacional. La Copa del Mundo de la FIFA y los Juegos Olmpicos exigirn enormes desembolsos que podran haber sido utilizados ms provechosamente en solucionar aejos problemas que afectan a las clases populares. Hubiera sido bueno que se recordara que Mxico no slo organiz una sino dos Copas del Mundo en 1970 y 1986, y los Juegos Olmpicos de 1968. Ninguno de estos grandes fastos convirti a Mxico en un jugador global de la poltica mundial: pero an, sirvieron para ocultar los problemas reales que irrumpiran con fuerza en la dcada de los noventas y que perduran hasta el da de hoy. Segn la ley aprobada por el congreso brasileo la Copa del Mundo dispone de un presupuesto inicial de 13.600 millones de dlares, que seguramente aumentar a medida que se acerque la inauguracin del evento, y se estima que los Juegos Olmpicos demandarn una cifra an mayor. Conviene aqu recordar una sentencia de Adam Smith, cuando deca que lo que es imprudencia y locura en el manejo de las finanzas familiares no puede ser responsabilidad y sensatez en el manejo de las finanzas del reino. Quien en su hogar no dispone de ingresos suficientes que garanticen la salud, la educacin y una adecuada vivienda para su familia no puede ser elogiado cuando gasta lo que no tiene en una costossima fiesta.

La dimensin de este despropsito queda graficado, como observa con perspicacia el socilogo y economista brasileo Carlos Eduardo Martins, cuando compara el costo del programa Bolsa Familia, 20.000 millones de reales, con el que devoran los intereses de la deuda pblica: 240.000 millones de reales. Es decir, que en un ao los tiburones financieros de Brasil y del exterior, nios mimados del gobierno, reciben como compensacin a sus tramposos prstamos el equivalente doce planes Bolsa Familia por ao. Segn un estudio de la Auditora Ciudadana de la Deuda, en el ao 2012 el desembolso por concepto de intereses y amortizaciones de la deuda pblica insumi el 47.19 por ciento del presupuesto nacional; por contraposicin, se le dedic a la salud pblica el 3.98 por ciento, a la educacin el 3.18 por ciento y a l transporte el 1.21 por ciento. Con esto no se quiere disminuir la importancia del programa Bolsa Familia sino de resaltar la escandalosa gravitacin de la sangra originada por una deuda pblica-ilegtima hasta la mdula- que ha hecho de los banqueros y especuladores financieros los principales beneficiarios de la democracia brasilea o, ms precisamente, de la plutocracia reinante en el Brasil. Por eso tiene razn Martins cuando observa que la dimensin de la crisis exige algo ms que reuniones de gabinete y conversaciones con algunos lderes de los movimientos sociales organizados. Propone, en cambio, la realizacin de un plebiscito para una reforma constitucional que recorte los poderes de la partidocracia y empodere de verdad a la ciudadana; o para derogar la ley de auto-amnista de la dictadura; o para realizar una auditora integral sobre la turbia gnesis de la escandalosa deuda pblica (como hizo Rafael Correa en el Ecuador). Agrega tambin que no basta con decir que el 100 por ciento de los royalties que origine la explotacin del enorme yacimiento petrolero del Pre-Sal sern dedicados, como lo declar Rousseff, a la educacin, en la medida en que no se diga cul ser la proporcin que el estado captar de las empresas petroleras. En Venezuela y Ecuador el estado retiene por concepto de royalties entre el 80 y el 85 por ciento de lo producido en boca de pozo. Y en Brasil quin fijar ese porcentaje? El mercado? Por qu no establecerlo mediante una democrtica consulta popular?

Como puede colegirse de todo lo anterior, es imposible reducir la causa de la protesta popular en Brasil a una eclosin juvenil. Es prematuro prever cual ser el futuro de estas manifestaciones, pero de algo estamos seguros. El Que se vayan todos! de la Argentina del 2001-2002 no pudo constituirse como una alternativa de poder, pero por lo menos seal los lmites que ningn gobierno podra volver a traspasar so pena de ser derrocado por una nueva insurgencia popular. Ms an, las grandes movilizaciones populares en Bolivia y Ecuador demostraron que sus flaquezas y su inorganicidad -como las que hoy hay en Brasil- no le impidieron tumbar a gobernantes que slo solo lo hacan a favor de los ricos. Las masas que salieron a la calle en ms de cien ciudades brasileas pueden tal vez no saber adnde van, pero en su marcha pueden acabar con un gobierno que claramente eligi ponerse al servicio del capital. Brasilia hara muy bien en mirar lo ocurrido en los pases vecinos y tomar nota de esta leccin que presagia crecientes niveles de ingobernabilidad si persiste en su alianza con la derecha, con los monopolios, con el agronegocios, con el capital financiero, con los especuladores que desangran al presupuesto pblico de Brasil. La nica salida a todo esto es por la izquierda, potenciando no en el discurso sino con hechos concretos, el protagonismo popular y adoptando polticas coherentes con el nuevo sistema de alianzas. No sera exagerado pronosticar que un nuevo ciclo de ascenso de las luchas populares estara dando comienzo en el gigante sudamericano. Si as fuera lo ms probable sera una reorientacin de la poltica brasilea, lo cual sera una muy buena noticia para la causa de la emancipacin de Brasil y de toda Nuestra Amrica.

* Una versin resumida de esta nota sali publicada en la edicin dominical de Pgina/12, del 23 de Junio del corriente ao.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter