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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2013

Salir de la crisis del capitalismo o salir del capitalismo en crisis?

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Tras nada menos qu e cinco aos y medio de una situacin mundial apenas imaginable desde los tpicos reformistas de siempre, e inimaginable desde la economa burguesa en cualquiera de sus corrientes, esta pregunta cobra ahora mismo una actualidad decisiva. Como disponemos de muy poco espacio, vamos a ir al ncleo del problema que no es otro que el de la teora de la crisis. Antes de exponer por qu hay que optar por la salida del capitalismo en crisis, debemos recordar dos cuestiones:

1.-

La crisis apenas es estudiada en la economa poltica burguesa que mayoritariamente se basa en la tesis de la armona entre la produccin y el consumo, armona que nace de la supuesta eficacia reguladora del mercado que se rige en ltima instancia por la hipottica racionalidad del consumidor individual. Puede ste equivocarse algunas veces, pero la fuerza inercial tiende a la vuelta del equilibrio, o as se cree. Esta tesis subjetivista e idealista, la del marginalismo neoclsico que domina de nuevo ahora con el nombre de neoliberalismo, surgi en el ltimo tercio del siglo XIX en respuesta a la teora marxista de la crisis, y a la vez para borrar para siempre las angustiosas e inquietantes dudas no resueltas que dejaron los grandes economistas burgueses clsicos de finales del XVIII y comienzos del XIX. Bsicamente, estos llegaron al borde del abismo terico pero no pudieron seguir porque les faltaban instrumentos conceptuales y el mtodo adecuado para emplearlos. Muy probablemente tambin les sobr miedo al intuir que tarde o temprano que el capitalismo chocara con sus propias limitaciones internas, esenciales, iniciando su cada por ese abismo.

Era esta una hiptesis tericamente plausible desde sus esquemas que se hara realidad poco tiempo despus, en la crisis de 1830 y sobre todo en la de 1848, como veremos. La crtica marxista de la economa poltica surge precisamente a partir de ese miedoso vaco burgus, en el contexto de crisis cada vez ms duras, recordemos la de 1871, desarrollando un mtodo dialctico frontalmente opuesto al burgus ya que donde ste vea las soluciones y las respuestas, aqul ve los problemas y las preguntas. O sea, se ha dado la vuelta al calcetn. La reaccin burguesa no se hizo esperar apareciendo en forma de marginalismo, como hemos dicho. Pero la tenebrosa y estremecedora duda planteada por los clsicos se transform en la espantosa hecatombe de 1929, demostrando la nulidad irracional del marginalismo. En medio de revueltas, masacres y guerras, algunas burguesas comprendieron que para aplastar al peligro comunista deban dar un giro de 180 movilizando a su Estado para salvar el capitalismo. La versin ms publicitada de este giro fue la keynesiana.

Durante los llamados dos treinta gloriosos, en un reducido espacio del capitalismo mundial, algunas burguesas aplicaron en las excepcionales condiciones posteriores a la II GM el pacto interclasista denominado por algunos como Estado keynesiano taylor-fordista. Visto a escala histrico-mundial, fue un espejismo; pero en el capitalismo imperialista sirvi para prolongar su legitimidad durante dos dcadas ms, hasta finales del siglo XX. Ahora bien, la realidad es contradictoria y siempre se niega a s misma. Durante1968-1973 emergi a la luz la objetividad siempre negada de la ley de la cada tendencial de la tasa media de beneficio, que se haba ido agudizando lustros antes. Desde 1973 el capitalismo arrastra pesados anclajes que le impiden reiniciar una nueva onda larga expansiva a pesar de puntuales repuntes en algunas zonas geogrficas y ramas productivas. Mientras tanto, sectores crecientes de la clase dominante volvan desde comienzos de 1950 al marginalismo ultrarreaccionario, aplicndolo mediante atroces dictaduras militares en el Tercer Mundo desde 1960 y sobre todo con Pinochet desde 1973.

2.-

Hemos hablado de las crisis de 1830, 1846, 1871, 1929, 1968 que no son estrictamente econmicas, sino que tambin lo son sociopolticas. Lo hemos hecho porque la teora marxista de la crisis sostiene que si bien stas surgen por razones internas, endgenas al desarrollo de las contradicciones econmicas, sin embargo y a la vez, simultneamente, tienen tambin causas sociales, de lucha de clases entre el capital y el trabajo, inseparables del devenir econmico. Ahora bien, si nacen de las contradicciones socioeconmicas, su agravamiento posterior va adquiriendo cada vez ms contenido poltico, y sobre todo, su salida siempre es poltica. Como proceso, las crisis van siendo cada vez ms inseparables de las decisiones polticas de la burguesa, pero tambin de las clases y naciones oprimidas.

Por ejemplo, la crisis de 2007 no se inici realmente entonces, porque podemos rastrear sus causas remotas, muy profundas, ya en la primera crisis financiera holandesa del primer tercio del siglo XVII, pero acercndonos al presente, vemos que ya desde mediados de la dcada de 1990 y en especial desde 1997 se acumulaban las contradicciones que fueron confluyendo, tras el corralito de 2001, en el estallido de 2007. A lo largo de esto aos es imposible separar las causas nicamente financieras, de las causadas por la tendencia a la cada de beneficio, de las decisiones polticas y de la lucha de las clases y de los pueblos explotados; pero lo que ya es manifiestamente innegable es que desde 2007 hasta ahora las decisiones polticas y las contradicciones interimperialistas, as como las resistencias de los pueblos, influyen determinantemente en su evolucin.

La razn bsica de las crisis radica en la ley de la cada tendencial de la tasa de beneficio, ley siempre negada por la burguesa y cuestionada parcial o totalmente por el reformismo ya que ella nos explica por qu, tarde o temprano, reaparecen las crisis, y por qu son ms graves cada vez. Los Estados disponen de seis contratendencias bsicas que pueden retrasar durante tiempo la agudizacin de la ley tendencial, lo que demuestra tanto la importancia vital de los Estados como de la lucha de clases, as como que al final siempre dispone de la salida represiva extrema y/o de la guerra para resolver el problema durante unos aos. Sobre esta ley tendencial actan otras tres causas menores de la crisis, por orden: la sobreproducin de capitales excedentarios; la desproporcin entre la produccin de bienes de produccin, o sector I, y la produccin de bienes se consumo, o sector II; y el subconsumo. Segn contextos, coyunturas y circunstancias, vara el orden de interaccin de estas cuatros razones de la crisis, siempre sobre el fondo de la cada prolongada del beneficio.

Cada vez ms desde finales de la dcada de 1960 irrumpen negativamente en la economa otras tres contradicciones profundas del capitalismo: los sobrecostos aadidos de la crisis socioecolgica en agravamiento; los sobrecostos improductivos a medio plazo de la militarizacin; y los sobrecostos aadidos del agotamiento de las reservas materiales y energticas, de manera que ahora mismo, el capital mundial se enfrenta a obstculos estructurales de una gravedad cualitativamente superior a la de la crisis de 1929-33-39, de la que sali gracias a la IIGM.

3.-

2007 es el detonante que produce el salto de una fase a otra de la crisis que se vena incubndose en un primer momento, desde la poltica de liberalizacin financiera impuesta sobre todo a finales de los 80 y en lo esencial con las dificultades del neoliberalismo desde 1973 para reactivar realmente la economa en su conjunto, que no nicamente en algunas de sus reas. Ahora, a mediados de 2013, todos los datos y tendencias fuertes indican la prolongacin de la crisis mundial y el agravamiento de bastantes de sus componentes internos. Es en este contexto, y no en otro irreal, donde tenemos que preguntarnos sobre el por qu salir del capitalismo en crisis y a dnde debemos dirigirnos. Las razones para salir del capitalismo en crisis son las mismas que las que existan 1848, fecha del Manifiesto Comunista , pero agudizadas y ampliadas tanto por el aumento de la brutalidad imperialista como por la reduccin de alternativas de futuro. En el Manifiesto Comunista se advierte que la burguesa es un brujo que ya no puede domear las fuerzas infernales que ha desatado con sus conjuros. Aos despus, en el Anti-Dhring se nos dice que el capitalismo es un tren lanzado a toda presin cuyo maquinista no puede activar el freno.

Las advertencias marxistas en este sentido irn en aumento, siendo superadas por la creciente irracionalidad de un sistema inicuo que en 2012 echaba a la basura la mitad de los alimentos producidos, cuando en 2011 se hubiera acabado con el hambre en el mundo slo con el 1% del rescate bancario global. No hace falta seguir aportando datos y porcentajes. En la dcada de 1980 los marxistas discutimos sobre la teora del exterminismo, que era la adecuacin al contexto de entonces de la tesis de Socialismo o Barbarie de 1915, de Caos o Comunismo de 1919, o de la proximidad de la catstrofe mundial a finales de los 30. Ahora, a las espeluznantes verdades cientficas sobre el invierno nuclear confirmadas desde mediados de los 80 hay que sumarles los efectos aniquiladores de la guerra bioqumica, de la guerra espacial y de la ciberguerra. El capital es el brujo enceguecido en su loca soberbia, es el maquinista incapaz de detener el tren que ha puesto en marcha y se precipita al desastre. Ya lo haba advertido el Manifiesto Comunista : la lucha de clases puede terminar en el exterminio mutuo de los bandos enfrentados.

Las razones para salirnos del capitalismo son innegables y urgentes, son razones humanas y polticas, que en nivel actual de gravedad vienen a ser lo mismo. Pero salirnos cmo y hacia dnde? La sociedad burguesa no va a implosionar, colapsando por ella misma en una especie de derrumbe sbito e inesperado. Semejante catastrofismo podra ser incluso una desesperada pero vana ilusin ante el terrible futuro que nos aguarda si no acabamos antes con la dictadura del capital. El modo de produccin capitalista puede prolongar su existencia retrocediendo en las condiciones de vida y trabajo de la humanidad explotada pero mejorando las condiciones de vida de la burguesa, de modo que a la depauperacin relativa en aumento se le aadan franjas mayores en depauperacin absoluta. La civilizacin del capital siempre encontrar fieles peones egostas en las burguesas clientelares y dependientes que ayudarn a explotar a sus pueblos, aniquilando toda oposicin interna cuando fuera necesario. Las presiones econmicas y guerras locales cada vez ms duras y cercanas, intimidarn a las burguesas menos dciles obligndoles a acatar la dura hegemona del imperialismo occidental, que siempre podr recurrir a la guerra ms atroz.

Por tanto, la perspectiva de salir del capitalismo slo puede pasar por la lucha revolucionaria para acabar con l, lo que nos lleva a la cuestin crucial del problema del poder poltico como quintaesencia de la economa, como economa concentrada. Insistimos en que no hay que entender lo econmico como enfrentado a lo poltico, sino como elementos de la misma realidad. Desde esta posicin, el camino no es otro que el de avanzar en la toma del poder, que a la vez es la construccin de un poder estatal nuevo, un Estado obrero. Cuando hablamos de toma del poder nos referimos a la cuestin clave del poder popular, del poder del pueblo en armas que vigila desde fuera del Estado y de las instituciones para que estas no se corrompan, no degeneren en burocracias con intereses propios enfrentados al pueblo. El pueblo trabajador debe dirigir al Estado y a las instituciones, vigilndolas desde fuera de sus mltiples tentculos corruptores, y acelerando su autoextincin.

La respuesta a la pregunta de hacia dnde salir, hacia eso que llaman tan imprecisa y ambiguamente como postcapitalismo, o hacia el socialismo, queda encauzada por lo dicho arriba: el camino anuncia la direccin. No es tan cierto que no hay camino, que se hace camino al andar. Tras casi dos siglos de lucha revolucionaria obrera sostenida en las peores condiciones, podemos decir que s existe una teora bsica que nos advierte de los errores que no debemos cometer de nuevo, y de algunos aciertos que muy probablemente nos valgan. Teora que, en parte, podemos empezar a aplicarla dentro incluso del capitalismo actual si tenemos decisin poltica de hacerlo y la fuerza de masas suficiente. Por ejemplo, la crucial reivindicacin del tiempo libre y crtico: una de las medidas inmediatas que ha de acometer todo poder popular y obrero es la de la reduccin drstica del tiempo de trabajo asalariado para ampliar el tiempo libre, y para ampliar la oferta de puestos de trabajo, reduciendo el desempleo lo ms posible.

Por ejemplo, la nacionalizacin de la banca, el fin de la doble contabilidad, la reforma fiscal justa, el control obrero y la recuperacin de empresas, la nacionalizacin de las grandes propiedades cerradas y abandonadas y de capitales improductivos y especulativos, la prohibicin de fuga de capitales, la planificacin socioeconmica desde criterios ecologistas; la nacionalizacin de la tierra y de la vivienda como derecho/necesidad, la nacionalizacin de los transportes y de los servicios pblicos y sociales; la depuracin drstica de los aparatos represivos en su globalidad, la creacin de milicias populares como antesala del pueblo en armas, la reforma drstica de la justicia, la socializacin de la prensa, la vivienda pblica para los colectivos y las personas que quieran vivir otras afectividades, amores y placeres sexuales, en comuna o en pareja; la laicizacin social y el derecho a todas las creencias.

Muchas, que no todas, de estas medidas pueden ser tomadas ya ahora mismo en un proceso ascendente siempre que haya decisin poltica impulsada y sostenida por una mayora obrera y popular, como ocurre en muchos pueblos de Euskal Herria ahora mismo, y otras muchas deben ser divulgadas ya, debatidas pblicamente mediante la democracia popular, antesala de la democracia socialista. Se debe socializar y popularizar el debate crtico sobre todas estas cuestiones decisivas a corto y a largo plazo.

Y debe debatirse pblicamente, sin miedo, sobre la preparacin de cuatro avances fundamentales sin los cuales el capitalismo volver a renacer como el ave Fnix tras su muerte: Uno, la necesidad de superar histricamente la propiedad privada, la ley del valor-trabajo y la mercantilizacin de la vida. Dos, la necesidad de superar la explotacin sexo-econmica y el sistema patriarco-burgus como pilares actuales de la larga dominacin y opresin humana. Tres, la necesidad establecer una solidaridad internacionalista entre los pueblos que no est regida por la transferencia de valor a escala internacional sino por los principios socialistas. Y cuatro, la necesidad de medir y valorar el desarrollo socioeconmico desde parmetros no burgueses, sino desde criterios insertos en las leyes de la termodinmica y de la disipacin de la energa, sabiendo que vivimos en un mundo finito en el que la racionalizacin del gasto energtico es axioma cientfico-crtico.

Lo que aqu se plantea en modo alguno es utopa. Es una necesidad consciente. La utopa fue una fase del deseo humano constreido por la dictadura de la necesidad ciega. Debemos dar el paso a la libertad comunista que es la superacin consciente de la necesidad, en una espiral creativa sin fin.


Nota: La respuesta a esta pregunta ha aparecido en el No. 243 de la revista Herria 2000 Eliza, en el artculo que lleva el ttulo De la necesidad a la libertad

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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