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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2013

El incendio poltico en Brasil

Ricardo Cavalcanti-Schiel
Rebelin


En las dos ltimas semanas las calles de Brasil se han incendiado. Como en todo incendio, el comportamiento de las llamaradas es imprevisible, y para el entendimiento de los hechos, puede que sea ocioso entretenernos tan solo con juicios de valor, apasionadamente abrasados, sobre la naturaleza o el rumbo de las ellas. Lo nico cierto, aunque asimismo unos no lo crean, es una trgica pragmtica finalista: fuego quema.

No se sabe hasta el momento si el fuego se extingui efectivamente o si el pretendido trabajo del rescoldo apuntalado por la presidente Dilma va a ser eficaz. Tampoco se sabe, dado lo inesperado y lo indomesticado del fenmeno, si el fuego se va a prender otra vez. Por todo esto, nos parece sugerente tomar en serio este signo, para quiz alumbrar mejor las ideas. La figura del incendio quiere servirnos aqu para una hermenutica provisional que puede ser til al entendimiento, incluso en la inevitable ingenuidad de sus metforas. As que, en lugar de que nos ofusquemos con la imponderable fenomenologa de los ardores, quiz nos valga algo la fsico-qumica del fenmeno.

Lo ms analticamente sencillo que sabemos acerca de l es que, para que empiece, se necesita la presencia simultnea de los tres componentes del as llamado tringulo del fuego: combustible, comburente y calor (o energa de activacin). Para que la combustin siga adelante se requiere una reaccin en cadena, que sostenga la quema. La condicin de combustible no es ontolgica, es decir, una cosa no existe necesariamente para quemarse. Ninguna sociedad, grupo o clase social (o incluso las calles) existe para precipitarse en esta suerte de reaccin qumica, sin embargo, ella es siempre una posibilidad, para cualquier materia que sea. Es el comburente, en reaccin con la materia del combustible, que lo hace quemar. Frente a la poltica, el fuego es algo demasiado sencillo: su comburente universal es el oxgeno. Pero lo que es lo ms sencillo en uno, puede ser lo ms complejo en otro.

As que, empecemos por el combustible. Una enormidad de periodistas ha hablado de la juventud, as no ms, en seco. Como yo prefiero las relacionas causales en lugar de los fetiches conceptuales ―ya Marx nos acordaba de que cuando uno se agarra al fetiche de las mercancas se olvida de los procesos sociales de produccin―, me quedo con la leccin de Bourdieu, de que la juventud es tan slo una palabra [1]. Otra gente, pretendidamente ms prudente, se fue a buscar los misterios de la sociologa incendiaria en otro imponderable conceptual: las clases medias. A la rancia imagen de la pequea burguesa se le agreg en unos cuantos anlisis el estrato novedoso de los recin alzados al mundo del consumo ―hay que acordarse que el desarrollismo petista tuvo por principio e intencin, en sus diez aos de vigencia, producir ms consumidores, y tan slo por alguna casualidad secundaria, ms ciudadanos. El argumento de las nuevas demandas (por servicios pblicos) del mundo clasemediero aadidas a las nuevas frustraciones de la vieja clase media es una especie de actualizacin de la frmula del liberal Alexis de Tocqueville, de que las revoluciones ocurren cuando las cosas estn mejorando y no cuando la crisis se extiende [2]. Pero, en lo que tiene de imponderable, no deja de ser una frmula mgica. Mgica, tan slo. En realidad, tanto juventud cuanto clase media no son necesariamente buenos combustibles. Son materia inerte como madera: cuando bien remojaditas no prenden fuego. El combustible puede ser una enormidad de cosas, y las podramos sintetizar bajo el trmino la gente, en la que alguna (trabajadores, jubilados, indgenas, estudiantes, barriales, homosexuales, etc, etc, etc), por contextos ms especficos, puede que se encuentre particularmente predispuesta, como madera seca. Como cualquier materia puede oxidarse a la escala inflamable, el nudo de la cosa no est en el combustible por s slo, sino en las condiciones ambientales que disponen comburente y calor frente a l.

El calor o energa de activacin es probablemente el componente de la combustin ms fcil de identificarse, por medio de una suerte de conteo de factores de deflagracin. Es lo ms visible, es lo que se siente en la piel. El primer de ellos es la intensidad de utilizacin de un nuevo canal de comunicacin: las (o mejor, ciertas) redes sociales digitales. No se trata de disponer del Facebook (o, ms bien, del Twitter), se trata de tener armada ah una red de comunicacin eficaz. Hace pocos aos, antes del Facebook, la sociabilidad digital en Brasil giraba alrededor del Orkut. Hoy da si se convoca una protesta por Orkut, nada va a pasar.

En el ltimo da 19, el presidente del directorio estatal (provincial) del Partido de los Trabajadores (PT) de San Pablo, en una de las caractersticas autocrticas burocrticas de las que los dirigentes del partido suelen hacer ―a veces por cambiar algunas cosas para que todo siga igual―, acus a su partido de no haber sido capaz de reconocer a los movimientos sociales generados por la integracin virtual [3]. Desde hace un par de aos que los idelogos del campo de la izquierda en Brasil se han agarrado a la panacea sociolgica de los nuevos actores (o nuevos sujetos), olvidndose por entero de las (viejas) relaciones. Ahora, reviviendo a Marshall McLuhan, fetichizan tambin a los medios como generadores de nuevos mensajes. As como la gente de El Alto utiliz a los mviles, hablando por ellos en aymara, para administrar las comunicaciones del movimiento que llev a la derrocada del presidente Gonzalo Snchez de Lozada en el 2003, los canales y los medios sirven como elementos funcionales, no generan por s solo sentidos y mensajes; abren un espacio de comunicacin, pero la inteligibilidad y la legitimidad de los mensajes no son intrnsecos al canal. El medio NO ES el mensaje. La crtica ms bien burocrtica y tecnicista del dirigente del PT puede que tenga que ver con estrategias de comunicacin (o propaganda) del partido, pero no con movimientos sociales.

En el caso de las manifestaciones de las ltimas semanas en Brasil, quin gener los textos de los mensajes fue el llamado Movimiento Pase Libre (MPL), pero la semntica (o la gramtica) de estos mensajes ha sido progresivamente amalgamada desde 1990, cuando Luiza Erundina, alcaldesa de la ciudad de San Pablo por el PT, puso en marcha los primeros estudios sobre la subvencin social del transporte urbano. La causa sigui su curso, se agrand en la vieja agenda histrica del PT hasta ser marginada por el partido en su proceso de acobardamiento poltico, institucionalizndose fuera de l, como movimiento, a lo largo de varios foros sociales que ocurrieron en Brasil, llegando a albergarse finalmente en pequeos partidos de izquierda. No hace sentido el dirigente del PT hablar de nuevos movimientos. stos movimientos ya son viejos conocidos del PT. Muchos, sino la mayora o casi totalidad de ellos, son parte de la propia constitucin histrica del partido.

Pero s, en lo que toca ms bien a la energa de activacin del fuego, la intensidad del uso de ciertas redes sociales le dio su calentamiento inicial. Sin embargo, el detonador mximo de la combustin no parece haber sido otro que la indignacin de la poblacin frente a la violenta represin policial que se desat junto con la infame arrogancia, la afrentosa prepotencia de los grandes medios en tratar a una manifestacin de la ciudadana como una amenaza a (su) orden. Como una suerte de termodinmica social (esto es tan slo una metfora!), mucho de la energa desatada tiene que ver con la energa imprimida, es decir, con la percepcin del significado de la violencia y su reconocimiento en un contexto de violencias sistemticas.

Pero tanto este contexto cuanto la existencia de un mensaje acerca de derechos sociales forman ms bien parte del componente que metafricamente llamamos comburente, es decir, tiene que ver con el oxgeno social que se respira. Aqu es donde lo que es sencillo en la naturaleza, se vuelve complejo en la poltica.

Para producir una reaccin en una materia polifactica en principio inerte, el comburente debe agarrarla por medio de muchos radicales libres. Por evidente, para algo sirven los radicales, aunque mucha gente no crea en la qumica. En los ltimos aos, en Brasil, se han acumulado los reactivos. Esto, en realidad es un truismo de toda poltica. Como las dinmicas sociales son multicausales, no hay previsin correcta, y las interpretaciones son siempre, irremediablemente, posteriores a los hechos. Ahora podemos comprender mejor a los reactivos. Lo que s sera una tontera poltica es, en nombre de alguna testarudez ideolgica, no aprender con ellos. El revs, de otra parte, sera la teora del caos cmodamente llevada al paroxismo de la incomprensin. En los ltimos das el ex socilogo y ex presidente Fernando Henrique Cardoso intent explicar los acontecimientos por su teora del cortocircuito, de los aos 70, por la que cualquier cosa puede pasarse si hay un montn de variables en el aire. Esta preciosa perla terica es caracterstica de la genialidad sociolgica del ex presidente. A los liberales les encantan las frmulas mgicas, como la teora de la utilidad (no importa si general o marginal); estas frmulas que fetichizan a los elementos y se desentienden de las relaciones (de todo orden, no slo econmicas) que sostienen los procesos sociales. Intentemos, por consiguiente, poner algunas cosas en relacin.

El primer fenmeno que me resulta notable fue urdido por el fisiologismo poltico de los partidos tradicionales, que se trag al PT en el momento en que ste deposit sus fichas polticas en la gobernabilidad y descuid de representar a los movimientos sociales que le haban dado origen. Esto fue el pice del proceso de burocratizacin del partido gubernista, que comenz hacia 1996, con el intento de transformarlo ante todo en una mquina de ganar elecciones. Las gan al precio de su alma. A la prdida de su capital poltico de origen, la burocracia dirigente se vio obligada a darle otro en que se estribara. ste fue construido sobre dos movimientos realizados en el ejercicio del poder:

1. la inclusin econmica de los ms pobres, bajo la condicin de nuevos consumidores, lo que agrand cuantitativamente la economa (pero no cualitativamente), lo que implic la apertura de nuevas fronteras de explotacin econmica sobre los recursos naturales (que van de las nuevas reservas de petrleo a las tierras de Amazona);

y 2. la demarcacin de un espacio poltico cautivo y discursivamente sobredeterminante en el campo progresista, definido ms bien por la negativa: si se sale el PT, la derecha vuelve con sus programas concentradores, con la alienacin masiva del patrimonio pblico y con su obediencia al consenso de Washington, que va sacar a Brasil del Mercosur, de Unasur, de cualquier posibilidad de construccin de una comunidad poltica sudamericana y de un relativo protagonismo diplomtico en un escenario global multipolar.

Hay que reconocer que este ltimo discurso no es tan slo un fantasma cmodo. La experiencia pasada y las sistemticas declaraciones presentes de los representantes de la derecha lo aseveran con bastante contundencia. Esto se explica por una razn muy sencilla: este discurso es exactamente lo que ellos (la derecha) no son; eso se les presenta como una exterioridad; es la otredad que no les hace sentido ni cobra razn.

Sin embargo, el resultado de estos dos movimientos es que el PT, que se preciaba por ser un partido de masas, con una relacin orgnica con los movimientos sociales, se volvi un partido casi netamente electoral, en los trminos de la democracia formal, en donde la militancia histrica y las representaciones sociales se fueron quedando progresivamente alejadas de las instancias de decisin estratgica, vinculadas ms bien por viejas pasiones, ni tanto por nuevos desafos. Por fin, el PT se fue volviendo un partido como otro cualquiera, en que pese a su tonalidad algo ms rojiza en el espectro de las tiendas partidarias. Y como otro cualquiera pas a subordinarse mansamente al juego de las viejas zorras del fisiologismo partidista. La poltica para esta fuerza dej de ser algo que el viejo PT siempre haba cultivado que fuera: invencin. El analista Marcos Nobre llam peemedebismo [4] a este fenmeno de deglucin del PT, que ocurri bajo el paradigma de su gran partido aliado ( ? ), el PMDB: a igual modo que el fenmeno de la democracia pactada de los aos neoliberales en Bolivia, la poltica partidaria resulta ser una indistincin que pasa a operar en los trminos de una gramtica clientelar de los despachos. El condominio del poder se cerr, y las fuerzas vivas de la mediacin social se quedaron fuera de l. El saldo que se fue acumulando de todo esto a lo largo de un decenio result ser un dficit de ciudadana. En este momento, como en el 2003 en Bolivia, la lgica clientelar parece demostrar su lmite en las protestas que se desprenden a lo largo del pas. Si el enemigo del clamor popular no carga ahora de forma tan evidente el marbete de neoliberal, su lgica poltico-institucional es bastante similar. En este caso, el gobierno Dilma tiene suficiente apoyo para encontrarse todava muy lejos de un colapso masivo, como ocurri con el gobierno de Snchez de Lozada, pero la diferencia, puede que sea tan slo de grado. Como en aquella ocasin, las protestas expresan con bastante contundencia que la siniestra opacidad de las prioridades administrativas anda codo a codo con el reconocimiento de su hijo natural, la corrupcin ― aunque aqu sta tenga que ser algo relativizada.

Al parecer, el gobierno Dilma cree todava que la respuesta a esto es la de siempre: una operacin tcnica suficiente y eficaz, una cuestin tan slo de perfeccionarse la gestin. Una prueba de esta clase de actitud ha sido dada en el ltimo da 20, un da antes de que la presidente hiciera su discurso pblico en cadena nacional acerca de las manifestaciones. Uno de los termmetros del alejamiento del PT de los movimientos sociales es la poltica indigenista del gobierno Dilma. En nombre de alianzas sospechosamente convenientes con el agro business y los terratenientes, las demarcaciones de tierras indgenas (que jurdicamente son tierras del Estado) no slo se han prcticamente paralizado en Brasil como empezaron a encontrar una serie de obstculos institucionales y administrativos puestos por el propio gobierno sobre su propio rgano indigenista. Adems, las seales polticas emitidas por ministros y secretarios del gobierno han dejado a los terratenientes muy a gusto para incrementar las presiones y conflictos locales con grupos indgenas, produciendo varias muertes, en especial en la conflictiva regin de Mato Grosso. En el da 20, el secretario de gobierno de Dilma anunci con gala que la presidente haba autorizado a que se comprara no se sabe qu tierras en este Estado para que fueran entregadas a los indgenas [5]. Estricta solucin tcnica puntual. Por evidente, necesaria en un cuadro dramtico. Sin embargo, el problema no se cie a entregar a los indgenas, en situacin de emergencia, campos agricultables donde vayan a plantar yuca, en una suerte de asilo agrario. Se trata de reconocer sus derechos constitucionales, sobre todo a los territorios ancestrales de reproduccin cultural, es decir, a sus espacios de memoria, en contra de la lgica de la produccin. Y en cuanto a esto, nada se cambi en el cuadro de la poltica indigenista de Dilma. ste es un ejemplo del dficit de ciudadana todava creciente, mientras el actual gobierno del PT no alcanza pensar en trminos polticos, sino en trminos estrictamente tecnocrticos.

De otra parte, la bronca de los manifestantes contra todos los polticos ha sido alimentada no slo por la opcin del PT de encerrarse en el condominio fisiolgico del poder del Estado. Aqu, la derecha, a travs de los grandes medios, ha sido bastante eficaz en coronar discursivamente el alejamiento y hermetismo de la burocracia dirigente del partido, su peemedebizacin, con el estigma difuso y general de la corrupcin. En realidad, en ningn otro gobierno como los del PT, la corrupcin ha sido combatida de forma tan sustentada e institucionalmente aprestada. Por eso mismo, se ha hecho ms visible. A la paradoja hay que aadir los aliados inconvenientes, sobre todo cuando tienen un pasado por dems sospechoso.

Sin embargo, la operacin meditica clave se ha dado sobre un juicio, en instancia judicial exclusiva, que conden por corrupcin a varios dirigentes del PT. El juez relator del caso, Presidente de la Suprema Corte, sustrajo del proceso una enormidad de pruebas que contrariaban su interpretacin condenatoria y las reserv a un proceso aparte, sin trmite y prontamente clasificado como sigiloso [6]. Las dems pruebas de inocencia de los reos que l no se haba dado cuenta y que quedaron en el proceso, fueron sumariamente desechadas en el juicio [7]. La cantidad de pruebas sustradas que eximen a los reos es de tal orden que se puede decir que este juicio ha sido la ms grande farsa judicial de la historia del pas. Hubo s, a lo que todo lleva a creer, un crimen electoral de omisin contable de recursos, como hubo en el caso de los partido de derecha. Con todo, los procesos de los partidos de derecha en cuanto a esto, aunque hayan sido formados, fueron hbilmente bloqueados por el Judiciario, con la ayuda del mismo Presidente de la Suprema Corte [8], que hace dos meses recibi una condecoracin del ya candidato a presidente por la derecha en las prximas elecciones [9].

No obstante, toda la escenificacin condenatoria, bombardeada por los medios con una intensidad no antes vista, ha servido para el linchamiento moral de los reos, como forma de condenar por corrupcin toda la fuerza poltica a la que pertenecan y echar todo el condominio del poder federal a una misma fosa comn. El mesianismo poltico de la limpieza moral ha sido uno de los tonos de las manifestaciones callejeras de las ltimas semanas. Sin embargo, y esto hay que notarse, no se trata de un componente aislado. Es un componente que entra en sintona con el dficit ciudadano que, de su parte, da consistencia a la burda simplificacin con que este mesianismo opera. En el momento en que l empez a agrandarse, en la marcha del 20 de junio realizada en San Pablo, que recibi el aporte organizado de grupos de extrema derecha, los medios dieron particular destaque al hecho de que el candidato a presidente preferido de los marchistas era... el Presidente de la Suprema Corte. As como lo hicieron en el 88/89 con Fernando Collor, los grandes medios otra vez parecen enfrascarse en buscar a un salvador de la patria.

Al estrechamiento del campo poltico, al secuestro de los espacios de mediacin, de intervencin y contestacin, a los sentimientos difusos de que ellos no nos representan y est todo viciado, hay que aadir la experiencia cotidiana del desamparo (servicios pblicos de educacin y salud de psima calidad), de la autoridad arbitraria y discrecional de las normas urbanas y de la accin policial (a las que se debe agregar la lgica de la precedencia comercial en las exigencias de la FIFA para los eventos futbolsticos, en desmedro de los valores afectivos de la gente), en fin, la experiencia de todas estas pequeas (?) violencias cumulativas que pueden hacer de la vida urbana en Brasil actualmente algo muy exasperante. Todos estos factores, unos reforzndose a los otros, han servido de comburente para el incendio que se desat en las calles en las ltimas semanas. Yo quise leerlos bajo la metfora del comburente porque el combustible es la propia gente. Las calles son tan vivas cuanto la gente que pasa por ellas. Y las razones que las hace mover, a veces furiosamente, es el oxgeno de la vida poltica. En la vspera del partido entre Brasil e Italia por la Copa de las Confederaciones, realizado en Salvador de Bahia, el peridico italiano La Gazzetta dello Sport estamp en la portada una inmensa foto de las manifestaciones pala ilustrar su llamada Italia-Brasile nel caos. Lo que ellos llaman caos nosotros llamamos democracia.

Muchos analistas se han quedado mirando las llamaradas, condenndolas como una conspiracin de la derecha, lastimndose de sus efectos, apasionndose irreflexivamente por su naturaleza gnea, sin llegar a querer comprender cualquier cosa ms sobre el fuego.

Hay tres modos de apagarse un incendio: o se quita el combustible, o se quita el comburente, o se quita el calor. En cuanto a quitarse el combustible, esto me acuerda la imagen de la guerrilla como un pez en el acuario. La guerrilla es el pez; la gente local, el agua. Si no se puede agarrar el pez, se saca el agua para matarlo. Este mtodo Estados Unidos prob en Vietnam, con rfagas de napalm. Despus fue utilizado contra las guerrillas de Guatemala y Per. En democracia, los mtodos norte-americanos no son aplicables. As que nos queda dos mtodos: el resfriamiento (quitarse el calor) y el ahogo (quitarse el oxgeno). Si la represin policial sigue en los niveles de bestialidad que se han visto, la temperatura va a seguir alta. En cuanto al comburente, bueno, esto puede ser lo mejor o lo peor de la poltica. Lo peor es el bluf, las soluciones bonapartistas, lo tacao del tecnicismo, la tentacin de resolvrselo todo por la presumida ilusin de la gestin y de las ingenieras, lo que puede ser no ms que aplazar los problemas. Lo mejor es volver a hacer de la poltica el arte de la invencin, en el sentido ms grande y osado que esto comporta.

Notas

[1] Bourdieu, Pierre [1978] 1984. La jeunesse nest quun mot. In: Questions de sociologie. Paris, ditions de Minuit, pp. 143-154.

[2] Tocqueville, Alexis de [1856] 1952. Lancien rgime et la Rvolution. Paris, Gallimard.

[3] http://www.valor.com.br/politica/3169234/para-presidente-do-pt-paulista-partido-nao-soube-interpretar-protesto

[4] http://www.advivo.com.br/blog/luisnassif/o-peemedebismo-por-marcos-nobre

[5] http://www.midiamax.com.br/noticias/856926-dilma+diz+ministro+autoriza+compra+terras+para+resolver+conflito+indigena+sidrolandia.html

[6] http://www.jornalggn.com.br/blog/joaquim-barbosa-e-antonio-fernando-de-souza-esconderam-provas-que-poderiam-mudar-julgamento-do-%E2%80%9Cmensalao%E2%80%9D

[7] http://www1.folha.uol.com.br/fsp/poder/60318-acusacao-e-defesa.shtml

[8] http://www.novojornal.com/politica/noticia/mensalao-mineiro-5-anos-mais-antigo-nao-sera-julgado-em-2013-01-01-2013.html y http://www.novojornal.com/politica/noticia/comecam-a-aparecer-as-ligacoes-de-azeredo-com-joaquim-barbosa-27-05-2013.html

[9] http://noticias.r7.com/brasil/barbosa-recebe-medalha-de-aecio-e-cala-sobre-mensalao-mineiro-22042013

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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