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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2013

La voz de nadie
Una lectura de "La palabra sabe", de Miguel Casado

Arturo Borra
Rebelin


La palabra sabe y otros ensayos de poesai es de esos libros que invitan a preguntarse no slo sobre lo que leen sino tambin acerca del modo en que realizan esa lectura. Es sobre esa dimensin en la que quisiera centrarme, reconstruyendo de forma tentativa algunos presupuestos que hacen posible una lectura crtica como la que traza Miguel Casado.

Un primer presupuesto que se insina desde el inicio podra formularse sosteniendo que no es el autor el portador exclusivo del saber sino el discurso que ste formula, ms all de su control voluntario y conscienteii. El mismo ttulo, LPS, seala ya un desplazamiento: la titularidad del saber se ha desplazado del sujeto al lenguaje. Quizs por eso sea pertinente la referencia al psicoanlisis que, si bien no aparece de forma explcita en el libro, s nos permite trazar cierta afiliacin con estos ensayos reunidos. En efecto, si algo hemos aprendido del psicoanlisis es que el sujeto dice ms de lo que cree que dice, en tanto sujeto del inconsciente. En la escena del discurso necesariamente nos topamos con un excedente de sentido del que nada sabemos y que coincide parcialmente con el no saber sabiendo de los msticos. En sntesis, el discurso y esto vale tambin para la palabra potica- rebasa la voluntad consciente de quien lo formula: () nosotros ni siquiera omos las palabras que pronunciamos dice Miguel Casado (2012: 15) en su relectura de algunos formalistas rusos, especialmente de Viktor Shklovski, que le sirve de base para sealar la insuficiencia del principio de autonoma atribuido al arte desde la modernidad.

Contra una lectura de la poesa como juego puramente autorreferencial o a-referencial, LPS reconstruye un saber marcado por el extraamiento y su capacidad de ruptura con respecto a la mirada rutinaria, sin perder por ello su anclaje a un contexto existencialiii. De ah que un poema plantea, ante todo, gestos referenciales y remite a un lugar desde el que se mira, un desde dnde que ubica la voz en su relacin con el mundo. Una lectura as, a mi entender, evita por un lado un planteo estructuralista tpico a la vez que nos aleja de cualquier inflacin del sujeto. Se trata de pensar la escritura, ms bien, como ese espacio donde mora lo impropio y en la que el ser humano est descentrado con respecto a lo que produce. La misma voz, ms que pertenencia de un autor, es -por recuperar la expresin de Casado- la voz de nadie. Quizs sea esa tensin fecunda lo que podra describir de forma plausible el movimiento de lectura de LPS, en tanto intercambio crtico con determinados textos poticos que, sin desconocer a sus enunciadores, los desborda e incluso avanza contra sus intenciones declaradas.

Puesto que no hay dueos del sentido ni texto que se despliegue en una nica direccin (tal como se nos recuerda en El curso de la edadiv), en qu apoyar entonces la labor crtica? LPS sugiere algunos caminos, partiendo de una filosofa de la sospecha que despliega su lectura en su proximidad al texto pero sin dejar de interrogarlo de forma incesantev. La crtica el pensamiento negativo- se pone en prctica ante todo como una operacin activa que, de forma simultnea, discute la autoridad del autor, propone un dilogo con las diferentes lneas de fuerza de un texto (no necesariamente las sancionadas) y confronta las interpretaciones tpicas con otras de mayor relieve. El crtico se hace aqu lector de indicios, incluso de aquellos relegados: lee un poema como una superficie incompleta o intersticial, vinculando lo dicho a lo no dicho o, para recuperar la cita de Agamben, mostrando la cercana de las palabras con las cosas mudas.

Un segundo presupuesto de esta lectura, complementario al primero, puede formularse con Sartre cuando sostiene que () el escritor no puede leer lo que escribevi. No es azar que Miguel Casado cite a Vicente Nuez: Cualquier lectura es vlida. Excepto la de su autor. Y si bien esta afirmacin abre al debate sobre los lmites de la interpretacin, cuestiona la transparencia de la escritura no slo con respecto a los lectores sino, en primer lugar, con respecto al propio escritorvii. Por eso LPS devuelve una dimensin desconocida de los poemas, haciendo manifiesto () el reconocimiento de la oscuridad que es intrnseca al lenguaje, sumada a la que el estilo pueda aadir (2012: 143). Un reconocimiento as plantea el sentido de un texto no como algo dado sino como vigilia permanente, aquello que nos mantiene en vilo, incluso en el borde de la insignificanciaviii; en definitiva, no como una presencia deslumbrante que aguardara manifestarse de una vez, sino como posibilidad de lectura siempre diferente de esa tierra de nadie que es el texto. Una afirmacin as no equivale slo a sostener que la lectura del poeta sobre ese continente que supone propio no necesariamente es la mejor o la ms valiosa. Es ir un paso ms all y sostener que un poeta que procure ser lector de su propia escritura estar condenado a una ceguera esencial, es decir, a la imposibilidad de interpretar lo que dice ms all de lo que cree decir. Por usar la expresin de Julia Kristeva, el poeta, pero ms en general los seres humanos, nos convertimos en extranjeros para nosotros mismos, incluso ante aquello que suponamos nuestra patria ms ntimaix.

LPS sugiere un tercer presupuesto: puesto que hace referencia a un saber impropio, podra vincularse a un inconsciente textual, no autoralx: no lo que el autor desconoce de s mismo, sino las posibilidades de sentido suplementarias que un discurso en este caso potico- produce en su circulacin social. Puesto que el discurso tiene una historia multiacentual ms all del momento de su enunciacin, nadie puede impedir que sea ledo de mltiples formas, no slo ms all de nuestra intencionalidad comunicativa sino tambin de cualquier inconsciente subjetivo. Eso no significa, como seala Miguel Casado, que no haya un trabajo del sujeto relacionado a la constitucin de un campo vivencial, sino que ese campo tambin implica lo incomprensible y, con ello, algo del orden de lo desconocido que ninguna lectura podra suprimirxi. Si escribir es un asunto de devenir (Deleuze), entonces, la tarea del crtico no puede ser la de construir un discurso cerrado: () siempre se trata de volver a empezar: la escritura lo desborda (2012: 209).

Desde estos tres presupuestos (el sujeto dice ms de lo que dice, el autor no es un buen lector de su produccin discursiva y el discurso crea un inconsciente textual) quizs se puede delimitar mejor la perspectiva crtica que Miguel Casado elabora a partir de su interaccin con escritos de autores como Esquilo, Sfocles, Antonio Machado, Juan Ramn Jimnez, Arthur Rimbaud, Francis Ponge, Antonio Gamoneda, Anbal Nuez, Jos Valente o Jos Miguel Ulln, entre otros. Quizs lo ms sorprendente de esta lectura -que es tambin teora fragmentaria abierta al latido del afuera- no sea tanto la nmina de poetas consagrados a los que vuelve sino la posibilidad de seguir leyendo ah, a pesar de una cierta saturacin interpretativa en torno a ellos. LPS muestra as una posibilidad indita de lectura, siempre intacta, desde pautas que interrogan lo que demasiado a menudo se da por sabido. No sera vano arriesgar ah una conclusin posible: en todo saber hay un ncleo ignorado que termina desestructurndolo.

Dicho lo cual, habra que apresurarse a sealar que en una propuesta de lectura semejante los poemas no pueden reducirse ya a un material ejemplificador de una concepcin global de la poesa, un caso que ilustrara unos principios generales o una teora literaria ya definida. Ms bien habra que sostener: () el principal inters de la teora literaria consiste en la imposibilidad de su definicinxii. Desde esa imposibilidad, detenerse en un texto es una forma de trabajar lo terico (es decir, la mirada) desde el valor productivo del poema. Eso supone reconocer el valor epistemolgico (y no slo esttico, filosfico o poltico) de lo potico, cuestionando un modo de concebir el saber reducido de forma simplista al campo cientfico. Por volver al punto de partida: tambin el sujeto de la ciencia colinda con un no saber que otros discursos saben. La poesa, entonces, es ese poder cognoscitivo que permite ver lo que no se ve (2012: 217), aunque se trata de un saber de la palabra que no remite al dominio de lo observable sino al espesor de lo vivencial. La poesa se hace escritura de la vida, pensamiento que resiste en lo concreto, pozo enigmtico en el que el saber no excluye lo incierto, reafirmando la primaca de las preguntas sobre las respuestas. Incluso si algunas interpretaciones reprimen ese excedente de sentido que los discursos producen, en todo lo familiar late lo desconocido. La experiencia de lo extranjeroxiii llam Miguel Casado a esta experiencia de lenguaje que se extraa de su lengua materna. Su poesa misma podra describirse como un acto de escritura que no cesa de desplazarse. No parece casualidad que su ltimo poemario, Tienda de fieltro, ahonde en las huellas de una cierta forma de nomadismo.

Por esta va, LPS ahonda en un tejido de interrogantes vitales que sera relevante retomar: la relacin entre poesa y biografa, entre autobiografa y ficcin, la reflexin acerca del estatuto del detalle en determinadas poticas, el trabajo de lo fantasmal en la escritura, la recuperacin de una cierta idea de referencialidad ms all del realismo, la relacin entre la materialidad del lenguaje y el sentido producido, el valor erosivo de la irona, el conflicto entre arte y cultura o la puesta en crisis del autor (o del crtico) como garante de la inteligibilidad ltima de un texto.

Todas estas ideas nos alejan de la poesa como un gnero delimitable y nos aproximan a su enraizamiento existencial. Tambin aqu el gesto radical de LPS no es sealar unas fronteras difusas entre discurso potico y otros gneros, sino insinuar la persistencia de un desorden insalvable en los discursos, algo que no puede sino incomodar a los que custodian las fronteras. Teora literaria y lectura, en esta perspectiva, se enlazan, no bajo la forma de una subordinacin en la que la lectura ilustrara la teora- sino de una interdependencia fundamental. Por variar una de las tesis fundamentales de Kant: una teora sin lectura es vaca y una lectura sin teora es ciega.

En vez de un marco estable para la poesa, nos hallamos en una tierra que se desborda y nos interna en una interrogacin sin trmino. Ninguna conclusin cerrada cabe esperar aqu. La extranjera desde la que habla Miguel Casado es ese espacio inlocalizable en el que ensayamos otra mirada y aprendemos a escuchar lo que la palabra sabe y nosotros no sin arrogancia y dogmatismo- muchas veces desconocemos.


Notas:

i Casado, Miguel, La palabra sabe y otros ensayos de poesa, Libros de la resistencia, Madrid, 2012. A partir de ahora, LPS.

ii Aunque las reservas ante una nocin clsica de autor son manifiestas en el caso de Miguel Casado, utilizo aqu el trmino en sentido diferente, como una especfica construccin textual en la que determinados enunciados son remitidos a un sujeto al que se le reconoce o atribuye responsabilidad intelectual sobre los mismos. El autor as concebido es una funcin del texto y no un atributo individual.

iii Tal como Casado argumenta en LPS, una conexin semejante no tiene por qu hacerse manifiesta bajo un registro (auto)biogrfico.

iv Tras sealar con Barthes que al texto es posible acceder por diferentes entradas, Casado seala: Leer es elegir cualquiera de esos mltiples itinerarios posibles y construir en el recorrido un discurso paralelo, un doble del texto, que slo ser una opcin entre otras. No se produce con ello un sentido, sino un plural del texto. Cada lector fabrica el suyo de la misma manera, y el terreno en que se mueve quiz sea siempre subjetivo (El curso de la edad, Abada, Madrid, 2009, p. 15).

v La relacin entre texto y crtico, en este caso, podra describirse como una relacin de asedio, esto es, una posicin de lectura que no cesa de confrontar el texto a sus lmites, a la vez que es rebasada por ste.

vi Sartre, Jean-Paul (1967): Qu es la literatura?, Losada, Buenos Aires, p. 67.

vii Una afirmacin semejante no niega la labor reflexiva que acompaa regularmente los procesos de escritura. Ms bien, seala los lmites con los que esa reflexin indefectiblemente se topar.

viii La pluralidad de sentidos colinda, en este punto, con aquello que niega un significado trascendental. Quizs as pueda interpretarse la potica utpica () en tanto direccin imposible en la que, no obstante, cabe construirse y construir: trabajar en el bloqueo del sentido, detener las lneas de fuga de la trascendencia, entregarse al partido de las cosas. En trminos pongeanos: hablar contra las palabras (Casado, 2012: 240).

ix Con la nocin freudiana del inconsciente, la involucin del extrao en el psiquismo pierde su aspecto patolgico e integra en el seno de la presunta unidad de los hombres una alteridad a la vez biolgica y simblica, que se convierte en parte del mismo. () Inquietante, la extranjera est en nosotros: somos nuestros propios extranjeros; estamos divididos (Kristeva, Julia: Extranjeros para nosotros mismos, Gedisa, Barcelona, 1999, p. 220).

x Aunque Derrida polemiza con Lacan en varias ocasiones, remito aqu a La tarjeta postal. De Scrates a Freud y ms all, S.XXI, Mxico, 2001, donde desarrolla en extenso su crtica al discurso lacaniano. La deriva textual -la diseminacin- impide precisamente el acceso a una palabra llena, al significante de los significantes, a la exgesis verdadera.

xi Puesto que el lector siempre se enfrenta con un excedente de sentido, toda lectura particular supone una condicin estructuralmente incompleta y precaria, que invalida a priori cualquier intento de restituir el sentido verdadero de un texto. La pugna de interpretaciones, en esta dimensin, forma parte constitutiva de la historia de la lectura.

xii De Man, Paul, La resistencia a la teora, Visor, Madrid, 1990, p. 11.

xiii Casado, Miguel: La experiencia de lo extranjero, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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