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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2013

Suecia
Carta abierta a Beatrice Ask, ministra de Justicia

Jonas Hassen Khemiri
Dagens Nyheter / Asymptote

Traduccin de Beatriz Leal Riesco


Querida Beatrice Ask,

Hay muchas cosas que nos diferencian. Naciste a mediados de los cincuenta; yo a finales de los setenta. Eres mujer; yo soy hombre. Trabajas como poltica; yo como escritor. Pero tenemos algunas cosas en comn. Ambos estudiamos economa internacional (sin llegar a graduarnos). Tenemos casi el mismo corte de pelo (aunque nuestro color de pelo es diferente).

Y ambos somos ciudadanos de pleno derecho de nuestro pas, nacidos dentro de sus fronteras, unidos por una lengua, una bandera, una historia, una infraestructura. Ambos somos iguales ante la ley.

Por todo ello me sorprendi cuando, el pasado jueves, en el programa de radio P1 Morgon te preguntaron si, como ministra de justicia, te preocupaba que la gente (ciudadanos, contribuyentes, votantes) se quejasen de haber sido parados por la polica y requeridos de mostrar sus documentos de identidad simplemente por sus apariencias (morenos, no rubios, de pelo castao). Respondiste:

La experiencia propia de por qu alguien me est cuestionando puede, por supuesto, ser muy personal. Algunos de los que han sido previamente condenados sienten que se les cuestiona en todo momento, incluso cuando, slo mirndolos a la cara, no se puede saber si han cometido un crimen [] Para poder juzgar si la polica est actuando conforme a las leyes, uno debe tener en cuenta una perspectiva global.

Interesante eleccin de palabras: previamente condenados. Porque esto es exactamente lo que somos. Todos nosotros somos culpables hasta que se demuestre lo contrario. Cundo una experiencia personal se convierte en una estructura racista? cundo se convierte en discriminacin, opresin, violencia? Y cmo el tener en cuenta una perspectiva global excluye tantas experiencias personales de ciudadanos?

Te escribo, Beatrice Ask, con una simple peticin; quiero que intercambiemos nuestras pieles y nuestras experiencias. Vamos. No hay ms que hacerlo. Jams te opusiste a ideas ligeramente extravagantes (an recuerdo tu controvertida sugerencia de que cada persona que pagase por tener sexo debera recibir una notificacin en un sobre de lavanda). Durante 24 horas nos intercambiaremos los cuerpos. Primero me meter yo en el tuyo para entender qu significa ser una mujer en el mundo patriarcal de la poltica. Despus tomars t prestada mi piel para entender que, cuando bajas a la calle, te metes en el metro, vas al centro comercial y ves a un agente de polica all parado, con la ley de su parte, con el derecho de acercarse y pedirte que demuestres tu identidad, te vienen recuerdos a la cabeza. Otros abusos, otros uniformes, otras apariencias. Y no, no necesitamos retrotraernos a la Alemania de la Segunda Guerra Mundial o a Sudfrica en los aos ochenta. Es suficiente nuestra historia sueca reciente; una serie de experiencias aleatorias que nuestro cuerpo mutuo recuerda de repente.

Tener seis aos y aterrizar en Arlanda; en nuestra patria comn. Caminar hacia las aduanas con un padre de manos sudorosas que se aclar la garganta, se arregl el pelo y limpi sus zapatos sobre sus rodillas. Comprob dos veces que su pasaporte sueco se hallaba en el bolsillo interior correcto. Todos aquellos con carnacin rosada haban pasado ya. Pero a nuestro padre lo pararon. Y nosotros reflexionamos. Quizs fue cuestin del azar. Tener diez aos y ver cmo se repeta la misma escena. Quizs era su acento. Tener doce aos y asistir a la misma escena. Quizs era su bolsa carcomida con la cremallera rota. Tener catorce, diecisis, dieciocho aos.

Tener siete aos, empezar en el colegio y verse introducido en la sociedad por un padre que, todava entonces, estaba aterrorizado de que su cualidad de forastero fuese heredada por sus hijos. Dice: cuando tu apariencia es como la nuestra, debes ser mil veces mejor que los dems si no quieres que te rechacen.

Por qu?

Porque todo el mundo es racista.

Eres racista?

Todos menos yo.

Porque exactamente as es cmo funciona el racismo. Nunca es parte de nuestra culpa, de nuestra historia, de nuestro ADN. Se encuentra siempre en otro lugar, nunca aqu, en m, en nosotros.

Tener ocho aos y ver pelculas de accin en las que hombres oscuros violaban, soltaban palabrotas guturalmente, golpeaban a sus mujeres, secuestraban a sus hijos, manipulaban y mentan y robaban y abusaban. Tener diecisis, diecinueve, veinte, treinta y dos aos, viendo siempre el mismo personaje unidimensional usado una y otra vez.

Tener nueve aos y decidir convertirse en el ratn de biblioteca ms estudioso de la clase, en el mayor lameculos del mundo. Todo va segn el plan, y tan slo cuando nos ponen a un profesor substituto, alguien automticamente asume que somos el alborotador de la clase.

Tener diez aos y ser perseguido por los skins por primera, que no ltima, vez. Ven nuestro cuerpo compartido cerca del banco de los borrachines en Hgalidskyrkan; rugen, corremos, nos escondemos en un portal con el sabor de la sangre en nuestra boca, nuestro corazn comn latiendo como un conejo durante todo el trayecto de vuelta a casa.

Tener once aos y leer cmics donde los orientales son msticamente exticos, de bellos ojos oscuros, sensuales (aunque tambin poco de fiar).

Tener doce aos e ir al Mega Skivakademien para escuchar CDs y, cada vez, que los guardias de seguridad nos rodeen como tiburones, hablando con sus walkie-talkies, siguindonos a distancia de apenas unos metros. E intentamos actuar normal, tratando que nuestro lenguaje corporal sea no criminal al mximo. Caminamos con normalidad, Beatrice. Respiramos como de costumbre. Nos acercamos a la estantera de los CDs y alcanzamos un lbum de Tupac de tal modo que indica que no estamos planeando robarlo. Pero los guardas de seguridad siguen espiando y, en algn lugar aqu dentro, en lo ms profundo de nuestro cuerpo compartido, se encuentra probablemente un placer cargado de vergenza al saborear brevemente un poco de la estructura que atrap a nuestros padres, al buscar la explicacin de por qu nuestros padres nunca tuvieron xito aqu, por qu sus sueos murieron en el mar que devolva sus cartas de solicitud.

Tener trece aos y empezar a salir en el centro juvenil y escuchar historias. Sobre el hermano mayor de un amigo que respondi a la polica de Norrmalm, fue lanzada despus al interior de un furgn de polica y, ms tarde, abandonado en Nacka con la nariz ensangrentada. Sobre el amigo de un primo que fue arrastrado a la fuerza por los de seguridad a una pequea habitacin en la plataforma del metro de Slussen, donde le golpearon (con guas telfono en los muslos para que no producir moretones). Sobre N, el amigo de pap, que fue encontrado por una patrulla de polica farfullando y por esa causa pas la noche en la comisara por ebriedad, y la polica no se dio cuenta de que algo iba mal hasta el da siguiente, y en urgencias le encontraron un aneurisma, y en el funeral su novia dijo: Si tan slo me hubiesen llamado, les habra dicho que no beba alcohol.

Tener trece aos y medio y vivir en una ciudad sitiada por un hombre con un rifle con mirilla lser integrada, una persona que dispara a once hombres de pelo castao en siete meses sin que la polica interfiera. Y nuestro cerebro compartido empieza a pensar que es siempre el musulmn el que peor lo tiene; esos con nombres rabes y menos poder (y reprime completamente aquellos tiempos en los que otras estructuras detentaban el poder como cuando aquel chico en el colegio al que todos llamaban el judo fue encadenado a una verja por sus pantalones, con un candado enganchado al cinturn, y todo el mundo se rea cuando intentaba liberarse; l tambin ri, trat de rer; remos nosotros?).

Tener catorce aos, estar saliendo de un McDonald en Hornsgatan y que dos policas te pidan el DNI. Tener quince aos y estar sentado fuera de una tienda Expert cuando llega un furgn de polica de la que salen dos agentes que piden el DNI y preguntan qu pasa esa noche. Acto seguido, se montaron en el furgn.

Y, durante todo ese tiempo, la lucha interior. Una voz que dice: no tienen puto derecho a prejuzgarnos. Joder!, no pueden acordonar la ciudad con sus uniformes. Nos estn impidiendo sentirnos seguros en nuestros propios barrios.

Pero otra voz dice: y si fuese nuestra culpa? Probablemente estbamos hablando demasiado alto. Llevbamos sudaderas y zapatillas de deporte. Nuestros pantalones vaqueros eran demasiado grandes y tenan un nmero sospechoso de bolsillos. Cometimos el error de tener un color de pelo malvado. Podramos haber elegido tener menos melanina en nuestra piel. Casualmente tenamos apellidos que recordaban a este pequeo pas que es parte de un mundo mucho ms grande. ramos jvenes. Todo sera definitivamente distinto cuando nos hicisemos mayores.

Y nuestro cuerpo comn creci, Beatrice Ask. Dejamos de salir por el centro juvenil, cambiamos la sudadera por un abrigo negro; la gorra por una bufanda. Dejamos de jugar basket y empezamos a estudiar Econmicas en la Handelshgskolan de Estocolmo. Un da estbamos de pie fuera de la Estacin Central de Estocolmo, garabateando algo en un cuaderno (porque incluso cuando estbamos estudiando Econmicas albergbamos el sueo secreto de convertirnos en escritor).

De repente, alguien lleg desde nuestra derecha, un hombre fornido con un auricular. Qu tal va todo? Nos pidi el DNI y luego nos levant los brazos con una llave que nos inmoviliz para llevarnos a un furgn de polica, donde supuestamente tenamos que sentarnos hasta que ste recibiese confirmacin de que ramos quienes decamos ser. Aparentemente coincidamos con la descripcin. Aparentemente nos parecamos a alguien. Estuvimos sentados en el furgn durante veinte minutos. Solos. Aunque no realmente solos. Porque cientos de personas pasaban caminando ante nosotros. Y nos miraban de una forma que susurraba: ah. Uno ms. Otro que acta en perfecta sintona con nuestros prejuicios.

Deseara que hubieses estado conmigo en el furgn de polica, Beatrice Ask. Pero no estabas. Estuve sentado solo. Y me encontr con todos los ojos que caminaban e intent demostrarles que no era culpable, que tan slo me encontraba parado en un lugar y tena una apariencia determinada. Pero es duro sostener tu inocencia en el asiento trasero de un furgn de polica. Y es imposible ser parte de una comunidad cuando el Poder continuamente asume que t eres el Otro.

Tras veinte minutos nos dejaron marcharnos del furgn, sin disculpas, sin explicacin. En vez de eso: Ya te puedes marchar. Y nuestro cuerpo bombeando adrenalina se fue del lugar y nuestro cerebro pens: tengo que escribir sobre esto. Pero nuestros dedos saban que no sucedera. Porque nuestras experiencias, Beatrice Ask, no son nada en comparacin con lo que les pasa a los otros; nuestro cuerpo creci a este lado de las aduanas, nuestra madre es de Suecia, nuestra realidad es como una habitacin cmoda llena de cojines en comparacin con lo que le pasa a aquellos que realmente carecen de poder, de recursos, de papeles. No nos amenazan con la deportacin. No arriesgamos ir a la crcel si regresamos. Y sabiendo que otros lo tienen muchsimo peor, elegimos silencio en vez de palabras, y los aos pasaron y mucho ms tarde lleg la introduccin de la REVA; el legtimo y efectivo proyecto de aplicacin. La polica empez a buscar en centros comerciales y se apost delante de las clnicas que ayudan a los sin papeles, y familias de nios nacidos en Suecia fueron deportados a pases que aquellos nios nunca haban visto, y los ciudadanos suecos se vieron forzados a mostrar sus pasaportes para demostrar su origen, y una cierta Ministra de Justicia explic que no tena nada que ver con perfiles raciales sino con experiencias personales. Las rutinas del poder. Las prcticas de la violencia. Cada uno est, simplemente, haciendo su trabajo. Los guardias de seguridad, la polica, los oficiales de las aduanas, los polticos, la gente.

Y aqu me interrumpes para decir: pero, por qu es tan difcil de entender? Todo el mundo tiene que seguir la ley. Y nosotros respondemos: Pero, qu sucede si la ley es ilegal?

Y respondes: Es cuestin de prioridades y no tenemos suficientes recursos. Y nosotros respondemos: Cmo es que siempre hay dinero cuando aquellos con menos recursos tienen que ser perseguidos, pero nunca cuando aquellos con pocos recursos han de ser defendidos?

Y dices: Pero, cmo podemos simultneamente combinar un estado del bienestar amplio con dar la bienvenida a todo el mundo? Y nosotros arrastramos los pies y aclaramos nuestras gargantas porque, para ser completamente honestos, no tenemos una respuesta clara en este caso. Pero sabemos que una persona nunca puede ser ilegal y que algo se debe hacer cuando los uniformes diseminan inseguridad y la ley se vuelve contra sus propios ciudadanos, y ahora que has tenido suficiente, Beatrice Ask, trata de salir de nuestro cuerpo, igual que los lectores que piensen que esto ha durado demasiado, se trata de mucha repeticin, no est realmente dando en el clavo, y tienes razn; nunca hay un final, no hay solucin, no hay salida de emergencia, todo se sigue repitiendo una y otra vez, porque las estructuras no van a desaparecer porque rechacemos REVA; REVA es la extensin lgica de una opresin constante de baja intensidad; REVA vive en nuestra incapacidad para reformular el conjunto de nuestra imagen nacional, y esta noche en la cola de un bar cercano, la gente que no sea blanca sistemticamente se diseminarn para no ser parados por el segurata, y maana en la cola de la Oficina de la Vivienda aquellos con nombres extranjeros utilizarn los apellidos de sus parejas para no ser rechazados, y justo ahora, en una solicitud de empleo, una sueca corriente ha escrito NACIDA Y CRIADA EN SUECIA en letras maysculas porque sabe lo que pasar de no hacerlo as. Todo el mundo sabe lo que pasar de no hacerlo as. Pero nadie hace nada. En vez de ello, nos centramos en aquellas personas que se han trasladado aqu en bsqueda de una seguridad de la que (algunos de) nuestros ciudadanos nos sentimos tan orgullosos de poder ofrecer. Y escribo nos porque somos parte de este todo, este cuerpo social, este nosotros.

Ya te puedes marchar.

Nota: Esta carta fue publicada por primera vez en sueco el 13 de marzo de 2013 en el peridico Dagens Nyheter. Aparece aqu publicada como parte de un proyecto de difusin de la revista de traduccin Asymptote. He aqu el link de la versin en ingls: http://asymptotejournal.com/article.php?cat=Nonfiction&id=47






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