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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2013

Est echada la suerte?

Camilo de los Milagros
Rebelin


"Se fracasa en la vida desde el momento en que se muere". Pierre y Eve son dos personajes soados por Jean-Paul Sartre en la trama de La suerte est echada. El argumento es una ficcin sencilla, mueren el mismo da a la misma hora y sus almas se conocen -ya etreas e inmateriales- en un imaginario estado paralelo a la realidad tangible. Sern testigos de todo lo que pasa en el enloquecido mundo de los vivos sin poder intervenir. Espectadores omniscientes, pero espectadores muertos despus de todo. Millones de almas muertas vagabundean por el relato, sin inmutarse de lo que sucede a su alrededor en el mundo verdadero al cual ya no pertenecen, contemplando el devenir de los siglos con un nihilismo que se burla de los afanes, las angustias, las alegras, las esperanzas y los desvelos de los vivos: esos pobres ingenuos, no dimensionan que algn da, tambin morirn.

Pierre era obrero y conspirador. Llevaba aos preparando una insurreccin contra la autoridad militar. Se entera muerto que en realidad fue asesinado a traicin. Tambin se entera que todos sus compaeros sern atrapados al da siguiente, ms de qu sirve saberlo ahora, si acabarn, ms tarde o ms temprano, en el reino impotente de los muertos? Eve se da cuenta, mientras observa la escena de su propia muerte, que su esposo la envenen para apropiarse una herencia y seducir a su hermana valdra la pena prevenirla, si tambin acabar un da su existencia y caer al limbo insustancial de las almas muertas? Y acaso si valiera la pena, tampoco sera posible.

Los personajes muertos contemplan a los vivos, mundo al que ya no pertenecen, con mezcla de irona, cinismo y desazn: son producto del desencanto, que nace de la omnisciencia que lo revela todo, junto a la impotencia que lo prohbe todo. Incluso ante la posibilidad de actuar, el resultado final ser siempre el mismo: la muerte inevitable. En contraste los personajes vivos se apasionan, se juegan la existencia hasta sus ltimas consecuencias y habitan una turbulencia incesante, un desvelo continuo por las cosas vanas o las causas minsculas: se hacen matar por una mujer. Se dedican a conspirar o soar. Se lo arriesgan todo en una revolucin. Se enamoran. Se entristecen. Se insultan. Se llenan de odio. Dilapidan das y minutos valiosos, irreemplazables, tocando el acorden en la calle a cambio de unas sucias monedas.

Sartre escenifica con sencillez el dilema existencial del ser humano. Adems, aborda el tema de la omnisciencia desde una perspectiva preocupante: cul es el resultado de conocerlo todo sin poseer los medios o la voluntad con que transformarlo? Nos enfrenta a dos caminos: la impotencia o el cinismo.

En el cuento Los Inmortales Jorge Luis Borges imagina una situacin anloga. Los seres que encontraron la inmortalidad alcanzan una situacin tal de postracin, de ausencia de conflicto, que su nica motivacin vital se convierte en buscar lo que perdieron: la posibilidad de morirse. Los inmortales buscan con todo su empeo la muerte, porque de lo contrario no tendran ningn motivo para vivir. Agria paradoja.

Como los muertos de Sartre y los inmortales de Borges, nuestra civilizacin alcanza un punto estril, de postracin absoluta, donde la suerte est echada. Lo sabemos todo, o casi todo. Sirve para algo?

Somos espectadores de un juego macabro de poderes econmicos y militares, de los que se sabe que tienen la capacidad de arrasar la civilizacin humana en pocos segundos. Ulrich Beck crea que tener conciencia de ello nos converta de facto en una sociedad del riesgo. Nos enteramos que nos espan, nos graban y monitorean, nos escuchan, nos observan, nos persiguen, con la misma naturalidad que sabemos que maana amanecer. Conocemos a precisin el impacto de nuestra huella ecolgica e incluso calculamos las emisiones de gases de invernadero que hacen del planeta en un lugar insostenible para el equilibrio natural. O sabemos con certeza cuntas miles de hectreas de bosque desaparecen de la superficie terrestre cada da, incluso cada minuto. Podemos llevar estadsticas de las especies naturales que se extinguen sin remedio, de los peces que mueren en los ocanos, de la erosin de suelos antes frtiles. Computamos las cifras de los 1.000 millones de humanos que pasan hambre, hasta las discriminamos por pases, por edades, por regiones geogrficas, por etnias o por sus causas inmediatas: la sequa, la especulacin con alimentos, el desempleo, la guerra, la ruina de los agricultores. Contabilizamos con la mayor exactitud posible las vctimas de inagotables conflictos armados en todo el globo, fabricados a la medida de las necesidades de nuestra civilizacin derrochadora. Podemos asistir como espectadores a esos conflictos, con el ojo cmplice y criminal de las cmaras. Tenemos la capacidad, nica en la historia humana, de registrar en directo el colapso del planeta, para luego retransmitirlo. Basta un televisor, un iPhone o una conexin a internet. Sirve para algo?

Cualquier anlisis serio y desapasionado de las lgicas actuales de funcionamiento de la sociedad conduce a la misma conclusin obvia: la humanidad, tal como se organiza hoy, es insostenible en las prximas dcadas. S sabe bien hacia dnde vamos, de continuar con la vorgine. Para hablar slo de una brecha infranqueable, la dilapidacin irracional de recursos energticos y naturales, imposibles de reponer a corto plazo. La operatividad del modelo econmico, que ha permitido los estndares cmodos de vida de nuestra sociedad, as como el crecimiento exponencial de la poblacin mundial, se basa en la disponibilidad de fuentes de energa, agua y recursos biolgicos que se agotan aceleradamente, o se derrochan de mil modos absurdos.

Sirve para algo saberlo?

He aqu la impotencia o el cinismo. No hablo de las masas drogadas en esa otra realidad ficticia de los medios de comunicacin o en los afanes de la supervivencia diaria. No hablo de los millones de almas que ya estn muertas en vida, soportando miles de yugos. Hablo de quienes son espectadores conscientes -pero mudos- de este desastre. Cnicos son los intelectuales, acadmicos, lderes, pensadores, que evitan asumir estos hechos cuando estn a la vista. Eligen mirar para otro lado. Doblemente cnicos los que predican que el mundo puede seguir igual. Impotentes los que ante la angustia o desazn, no encuentran los medios de cambio. Es la paradoja: la civilizacin humana alcanza unos niveles de conocimiento tan grandes, que nunca haba tenido ms claros sus riesgos y amenazas, pero tampoco haba sido ms incapaz como ahora de hacerles frente. La actitud moral de nuestra sociedad, su espritu, es la generalizacin del desencanto.

Como en una historia atroz imaginada por Sartre, multitudes completas de muertos en vida fungen de coro espectador a los hechos trascendentales de su propia historia, sin poder ni querer mover un dedo para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Saben para donde van y no hacen nada.

Al otro lado estn quienes se hacen matar por un hombre o una mujer, se juegan la vida escribiendo un verso, se dejan la sangre recogiendo un fruto, lo arriesgan todo por salvar un ro que corre o se empean en decir no. De ambos lados, la suerte est echada.

[*] Fotografa de Jennifer Seplveda.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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