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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2013

Egipto
Tensin e incertidumbre

Txente Rekondo
Gara


Una primera mirada a la realidad egipcia nos muestra dos universos paralelos e irreconciliables. Por un lado, el presidente Morsi y los Hermanos Musulmanes (HM), que defienden su mandato en la legitimidad constitucional y democrtica. Denuncian que la oposicin utiliza argumentos falsos, que cuenta con la ayuda extranjera y que hace uso de una retrica incendiaria al tiempo que rechaza los ofrecimientos de dilogo.

La oposicin sera una unin conspirativa de bandas de jvenes callejeros, polticos hambrientos de poder, elementos del antiguo rgimen y sectores de los aparatos de seguridad.

Por contra, la oposicin hace responsable a los HM de la situacin del pas. La inflacin, el paro, los problemas de suministro energtico seran la consecuencia de una poltica autcrata y sectaria. Rechaza dialogar con un presidente que no est dispuesto a hacer concesiones.

La oposicin, o la parte de sta que cuenta con el beneplcito de polticos y medios occidentales, est sumida en un mar de contradicciones. Mientras acusa a los HM de monopolizar el Estado, rechaza las ofertas para participar en sus instituciones. Exige un mandato democrtico, pero se niega a someterse a l.

No tienen cohesin interna. Han ido de fracaso en fracaso, tanto en sus derrotas electorales (en las seis ltimas citas), en los intentos de desestabilizar completamente al pas, y sobre todo a la hora de presentar una alternativa creble, ms all de todo y todos contra Morsi y los HM.

Frente a las histricas demandas de la revuelta de 2011 (pan, libertad y justicia social), estos sectores tienen su propia agenda oculta. Derrocar por cualquier medio a Morsi, convocar unas elecciones controladas, seguidas de un gobierno de tecncratas y la redaccin de una nueva constitucin para dar encaje institucional a su plan.

Pero hay otros elementos a tener en cuenta, entre ellos el sectarismo. Los ataques contra la minora copta, o los ms recientes en Giza contra la minora chi muestran que la sombra del sectarismo est ms presente que nunca en Egipto.

Ante la pasividad de la Polica, los discursos sectarios de predicadores radicales y salafistas han prendido en sectores que rechazan la poltica de los Hermanos Musulmanes por su visin moderada del Islam. El cuadro se completa con la reaparicin de movimientos jihadistas, que han secuestrado soldados, han lanzados ataques contra Israel o han quemado iglesias coptas y bares.

Otro vrtice, no menos importante, reside en el todopoderoso Ejrcito egipcio, interpelado por muchos a intervenir para evitar la ruptura de Egipto, y que caiga en un oscuro tnel de guerra civil, muertes, sectarismo o colapso estatal.

A pesar de algunas lecturas que sostienen un supuesto pacto entre militares y Hermanos Musulmanes, todo parece indicar que los primeros estaban esperando el desgaste de stos, lo que les obligara a actuar, para defender su estatus, pero sobre todo sus inmensos intereses polticos y econmicos.

El llamado tercer campo podra ser el gran beneficiado de toda esta situacin. Un sector que estara esperando su momento, consciente de que cuanto peor mejor. Esta alianza estara formada por aquellos que se beneficiaron econmicamente bajo el rgimen de Mubarak, a travs de sus pirmides de corrupcin y clientelismo; por seguidores polticos del antiguo rgimen y los llamados movimientos anti-conservadores o seculares y laicos.

Los dos primeros grupos intentarn aprovechar el apoyo con que el tercero cuenta en Occidente para completar su propia agenda, que segn las citadas fuentes bien podra ser una vuelta al viejo Egipto. Para ello necesitaban acelerar el caos econmico y de seguridad, dando pie a las maniobras e intervenciones que nos situaran en un nuevo panorama donde la violencia y la represin acallaran las voces opositoras, la democracia brillara por su ausencia y la corrupcin sustentara los pilares del nuevo sistema, con el poder poltico y econmico nuevamente en manos de unos pocos para seguir explotando a la mayora del pas.

El miedo, el rencor, la desconfianza y la venganza pueden acabar por apoderarse de Egipto. La incapacidad del gobierno para dotar a la poblacin de las necesidades bsicas, los cortes energticos, la ausencia de carburante, las tensiones religiosas y sectarias, la violencia y los enfrentamientos en las calles, el colapso econmico y la presencia cada vez de ms armas, son sntomas que apuntan a una peligrosa espiral. Hay quien augura el riesgo de una guerra civil. Y basta recordar el reciente ejemplo de Argelia para adivinar que las consecuencias iran ms all de las fronteras egipcias y tendran una deriva sectaria.

La situacin en la regin ya es de por s complicada. Con los ataques del Sina, el caos en Libia y la rebelin en Mal, la guerra en Siria, o los difciles equilibrios en Jordania, Lbano, Tnez, Yermen...y sin olvidar la lucha en Palestina, aadir ms gasolina al fuego podra desencadenar una situacin incontrolable.

Lo que pasa en Egipto va parejo a los intereses de terceros actores. Occidente y su impulso a las privatizaciones y sus rditos econmicos y polticos; la alianza entre EEUU, Israel y Arabia Saud para apoyar a los militares egipcios y bloquear cualquier triunfo islamista; Qatar y Turqua apoyando a los HM; Irn, Rusia y China como freno de los intereses de Washington y sus aliados regionales...

Muchos intereses y muchos actores, pero ninguno en lnea con las demandas de la mayora de la sociedad egipcia, donde la incertidumbre y las tensiones se acentan cada da que pasa.

Fuente original: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130703/411443/es/Tension-e-incertidumbre



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