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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2013

Egipto, la izquierda y el golpe de Estado

Santiago Alba Rico
Gara


Se acab el asunto. Volvemos a la excepcin rabe. Mubarak, Ben Ali, Ghadafi, al-Assad (y nuestros gobiernos y nuestros medios occidentales) tenan razn: el mundo rabe no es democratizable. Y nuestra izquierda, entre tanto, vitoreando al Ejrcito.

Lo explicar del modo ms sencillo. Hace dos aos y medio se puso en marcha en el mundo rabe un proceso inesperado de irrupcin de los pueblos (llamado a veces primavera rabe) que abri una modesta pero luminosa oportunidad en la zona. Yo la llamara sin lugar a dudas revolucin.

No fue una revolucin socialista y no fue dirigida por la izquierda. Tampoco fue una revolucin islmica y los islamistas tuvieron asimismo un papel muy reducido. Pero como fue una revolucin democrtica, sali a flote la verdadera relacin de fuerzas en la zona -reprimida durante dcadas- y las elecciones, all donde las hubo, llevaron al gobierno a los partidos islamistas de la rbita de los Hermanos Musulmanes. Tanto la izquierda de la regin, avejentada y estalinista, como los partidos islamistas, que incubaban sueos de califato, cedieron a la presin popular y adoptaron sinceros programas democrticos. Los fulul de la dictadura, a su vez, se reciclaron en demcratas y, desde distintas organizaciones y partidos, en condiciones sin precedentes de libertad de expresin y reunin, comenzaron a trabajar para recobrar el poder.

S que no importa lo que diga, pues en cualquier caso se malentendern mis palabras. Soy comunista y si algo me inspira poca simpata es la combinacin de neoliberalismo econmico y conservadurismo religioso. En los dos ltimos aos no he dejado de llamar la atencin, en Egipto y Tnez, sobre la complicidad de los HHMM y Nahda con las instituciones financieras internacionales, su falta de programa social y econmico y su recurso a las mismas tcticas represivas de la dictadura. Pero tambin he insistido en alertar contra la tentacin de combatir a los islamistas por cualquier medio, en alianzas antinaturales con las manos negras de la dictadura o mediante estrategias de acoso y derribo que, a tenor de la actual relacin de fuerzas, slo pueden favorecer el retorno de los viejos y trgicos modelos de gestin regional (con la guerra civil argelina, tan cercana, como sombra y advertencia). El proceso que comenz en Tnez abri un marco inestable y fluido en el que democracia, revolucin e involucin se citan, se buscan, chocan, negocian y se combaten. A mi juicio, lo ms revolucionario que se puede hacer en estos momentos en Egipto, y en todo el mundo rabe, es tratar de construir un Estado de Derecho democrtico mientras se trabaja a medio plazo -gramscianamente- en un proyecto contrahegemnico basado en el descontento social.

Pues bien, la voluntad de acelerar la revolucin sin haber normalizado la democracia (que en el mundo rabe es ya revolucionaria!), y a despecho de la relacin de fuerzas, da todas las ventajas a los proyectos involucionistas islamofbicos. En Tnez en la forma de una transicin pacfica a la dictadura; en Egipto, como estamos viendo, en la forma clsica, terrible, de una intervencin militar que, en este caso, slo puede desembocar en una guerra civil.

Millones de egipcios han salido a la calle de un modo saludable, en aras de una indignacin justa y valiente, en la prolongacin de un movimiento popular que es la nica garanta en el mundo rabe -y en cualquier parte- de una verdadera democracia. Pero ese movimiento popular se inscribe -dejadme decirlo de manera provocativa y brutal- en una estrategia de acoso y derribo contra los HHMM orquestada y preparada con arreglo a un plan muy similar al que derroc a Allende en Chile o al que intent derrocar a Chvez en Venezuela.

Dejadme ser an ms provocativo: un cierto sector de la izquierda -rabe y mundial- cuando hay revoluciones las llama conspiraciones y cuando hay conspiraciones considera que, entonces s, ha llegado la verdadera revolucin. Contra el islamismo los golpes de Estado son revolucionarios! Aunque se trate del ejrcito egipcio, el ms proestadounidense del mundo, el mismo que dispar contra el pueblo y tortur a los revolucionarios hasta hace pocos meses!

En Egipto la izquierda forma parte del Frente Nacional de Salvacin, coalicin tambin de la derecha neoliberal y de los fulul de la dictadura, y su mximo representante, Hamdin Sabahi, que ocup el tercer lugar en las elecciones presidenciales, ha pedido varias veces en los ltimos das la intervencin del ejrcito y ha saludado sus revolucionarios comunicados. Lo mismo en el caso de Tamarrud, el movimiento responsable de las movilizaciones del 30 de junio, cuyos portavoces confiesan abiertamente haber coordinado las protestas con la cpula militar, y que han respondido a la assadiana declaracin de las fuerzas armadas (daremos nuestras vidas combatiendo a los terroristas, extremistas e ignorantes) reclamando la inmediata detencin del presidente elegido Mohamed Mursi.

Si el presidente elegido no se va, ya conocemos la hoja de ruta anunciada por el ejrcito: formar una junta cvica-militar para preparar la transicin, disolver el Parlamento, suspender la constitucin y aplicar mano de hierro a todos los terroristas, extremistas e ignorantes que se opongan a su proyecto de salvacin nacional.

Nos suena el plan? A m mucho. Tenemos la suficiente experiencia histrica para saber qu significa eso. No parece que haya ya muchas alternativas. El rencor histrico acumulado durante dcadas por las fuerzas islamistas pareca haberse disuelto en su victoria electoral y en esa pragmtica reivindicacin teatral, expresada con entusiasmo de nefitos, de la democracia parlamentaria. Si se les niega con un golpe de mano lo que han adquirido en las urnas, no volver ese rencor, ahora intensificado y legitimado, a una organizacin de ideologa y tradicin muy poco democrtica, acostumbrada a la clandestinidad y tentada muchas veces por la lucha armada? Puede ocurrir que no sea Siria sino Egipto la tumba de las revoluciones rabes. En su editorial de ayer, Abdelbari Atwan, editorialista de Al Quds, evocaba el escenario argelino. S, de eso estamos hablando, pero en un pas de 80 millones de habitantes, al lado de Israel, y en un contexto explosivo de crecientes conflictos sectarios en Siria e Irak. Bachar Al-Assad se puede sentir muy orgulloso de haber anticipado el nuevo modelo -el ms viejo- contra las amenazas del terrorismo islmico. Se acab el asunto. Volvemos a la excepcin rabe. Mubarak, Ben Ali, Ghadafi, Al-Assad (y nuestros gobiernos occidentales y nuestros medios occidentales) tenan razn: el mundo rabe no es democratizable.

Y nuestra izquierda, entre tanto, vitoreando al ejrcito.

Fuente original: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130704/411577/es/Egipto-izquierda-golpe-Estado


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