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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2013

De Egipto a Brasil, la accin en las calles impulsa el cambio, pero la organizacin es esencial porque si no ser secuestrado o desarmado
Egipto, Brasil, Turqua: sin poltica, la protesta est a la merced de las elites

Seumas Milne
The Guardian

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Dos aos despus de que los levantamientos rabes alimentaran una ola de protestas y ocupaciones en todo el mundo, las manifestaciones de masas han vuelto a su crisol en Egipto. Tal como millones de personas desafiaron la brutal represin en 2011 para derrocar al dictador Hosni Mubarak respaldado por Occidente, millones han salido ahora a las calles de ciudades egipcias para exigir la salida del primer presidente libremente elegido del pas, Mohamed Morsi.

Como en 2011, la oposicin es una alianza de izquierdas y derechas dominada por la clase media. Pero esta vez los islamistas estn al otro lado mientras partidarios del rgimen de Mubarak estn involucrados. La polica, que golpe y mat a los manifestantes hace dos aos, este ao se mantuvo lejos mientras los manifestantes incendiaban oficinas de la Hermandad Musulmana de Morsi. Y el ejrcito, que respald a la dictadura hasta el ltimo momento antes de formar una junta en 2011, ha apoyado con todas sus fuerzas a la oposicin.

Sea si su ultimtum al presidente se convierte en un golpe hecho y derecho o en un cambio administrado del gobierno, el ejrcito esplndidamente financiado y entrenado por el gobierno de EE.UU. y con el control de amplios intereses comerciales ha vuelto a tomar las riendas. Y muchos autoproclamados revolucionarios que antes denunciaron a Morsi por rendir pleitesa a los militares ahora los estn vitoreando. Sobre la base de la experiencia del pasado, llegarn a lamentarlo.

Por supuesto, a los manifestantes no les faltan motivos de queja contra el gobierno de un ao de Morsi: desde el estado calamitoso de la economa, la islamizacin constitucional y las tomas de poder institucional hasta el hecho de que no haya roto con las polticas neoliberales de Mubarak y su apaciguamiento del poder estadounidense e israel.

Pero la realidad es que, por muy incompetente que haya sido la administracin de Morsi, muchos controles cruciales del poder desdeaparato judicial y la policahasta las fuerzas armadas y los medios siguen estando efectivamente en manos de las elites del antiguo rgimen. Ven abiertamente a los Hermanos Musulmanes como intrusos entrometidos, cuyos dirigentes deberan volver aprisin lo ms pronto posible.

No obstante, esta es la gente que ahora est aliada con fuerzas de la oposicin que realmnente quieren ver que la revolucin egipcia se lleva por lo menos a una conclusin democrtica. Si Morsi y la Hermandad Musulmana son despojados del poder, cuesta imaginar que gente semejante rompa con la ortodoxia neoliberal o reafirme la independencia nacional, como lo desea la mayora de los egipcios. En su lugar, lo ms probable es que los islamistas, tambin con apoyo masivo, se resistirn que a se les niegue su mandato democrtico, arrojando a Egipto a un conflicto ms grave.

La ltima erupcin en Egipto tuvo lugar inmediatamente despus de protestas masivas en Turqua y Brasil (as como una agitacin en menor escala en Bulgaria e Indonesia). Ninguna ha reflejado la lucha generalizada por el poder en Egipto, incluso si algunos manifestantes en Turqua exigieron la partida del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan. Pero hay ecos significativos que destacan tanto el poder como la debilidad de semejantes manifestaciones relmpago de clera popular.

En el caso de Turqua, lo que comenz con una protesta contra la remodelacin del Parque Gezi de Estambul se convirti rpidamente en manifestaciones masivas contra el gobierno islamista cada vez ms enrgico. Uni a nacionalistas turcos y kurdos, liberales e izquierdistas, socialistas y partidarios del libre mercado. La amplitud fue una fuerza, pero la naturaleza dispar de las demandas de los manifestantes probablemente debilitar su impacto poltico.

En Brasil, las manifestaciones masivas contra el aumento de los precios del transporte pblico se convirtieron en protestas ms amplias contra malos servicios pblicos y el coste exorbitante de la Copa del Mundo del prximo ao. Como en Turqua y Egipto, jvenes de clase media y despolitizados estuvieron a la vanguardia, y se desalent la participacin de partidos polticos, mientras grupos y medios derechistas trataban de distraer de los objetivos de la desigualdad a recortes de impuestos y la corrupcin.

El gobierno de centro izquierda de Brasil ha sacado a millones de personas de la pobreza y las manifestaciones han sido impulsadas por crecientes expectativas. Pero a diferencia de otros sitios de Latinoamrica, el gobierno de Lula nunca rompi con la ortodoxia neoliberal o atac los intereses de la elite acaudalada. Su sucesora Dilma Rousseff quien respondi a las protestas prometiendo inmensas inversiones en transporte, salud y educacin y un plebiscito sobre la reforma poltica ahora tiene una posibilidad de cambiar esa situacin.

A pesar de sus diferencias, los tres movimientos tienen impresionantes caractersticas comunes. Combinan grupos polticos ampliamente divergentes y demandas contradictorias, junto con los despolitizados, y carecen de una base organizativa coherente. Eso puede ser una ventaja para campaas de un solo tema, pero puede conducir a una superficialidad de poca duracin si los objetivos son ms ambiciosos, lo que se puede decir que ha sido la suerte del movimiento Ocupa.

Todos ellos, por cierto, han sido fuertemente influenciados y conformados por los medios sociales y las redes espontneas que fomentan. Pero hay muchos precedentes histricos de semejantes protestas de poder popular, e importantes lecciones de por qu con frecuencia se desbaratan o conducen a resultados muy diferentes de los esperados por sus protagonistas.

Los precedentes ms obvios son las revoluciones europeas de 1848, que tambin fueron dirigidas por reformadores de clase media y que ofrecieron la promesa de una primavera democrtica, pero prcticamente colapsaron en un ao. El tumultuoso levantamiento de Pars de 1968 fue seguido de una victoria electoral de la derecha francesa. Los que marcharon por el socialismo democrtico en Berln Este en 1989 llevaron a privatizacin y al desempleo masivo. Las revoluciones de colores de la ltima dcadapatrocinadas por Occidente utilizaron a los manifestantes para la escenificacin de la transferencia del poder a oligarcas y elites favorecidas. Los movimientos de los indignados contra la austeridad en Espaa fueron impotentes para impedir la vuelta de la derecha y una cada en una austeridad an ms profunda.

En la era del neoliberalismo, cuando la elite gobernante ha vaciado la democracia y asegura que no importa a quin votas, el resultado es el mismo, tienden a prosperar movimientos de protesta polticamente incipientes. Tienen fuerzas cruciales: pueden cambiar estados de nimo, desechar polticas y derrocar gobiernos. Pero sin una organizacin con races sociales y objetivos polticos claros pueden destellar y fracasar o ser vulnerables a secuestros o desviaciones por parte de fuerzas ms arraigadas y poderosas.

Lo mismo vale para revoluciones, y es lo que parece que ocurre en Egipto. Muchos activistas consideran que los partidos y movimientos polticos tradicionales son superfluos en la era de Internet. Pero ese es un argumento para nuevas formas de organizacin poltica y social. Sin ella, las elites conservarn el control, por espectaculares que sean las protestas.

Twitter: @SeumasMilne

La edicin en rstica del libro The Revenge of History de Seumas Milne est en venta en Guardian Bookshop

Fuente: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/jul/02/politics-protest-elites-brazil-egypt-organisation/print

rCR



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