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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2013

Cronopiando
La dama de las camelias parte atrs

Koldo Campos Sagaseta
Gara


Saba que el temor al sofoco me iba a acompaar hasta que Armando Duval aporreara la puerta del prostbulo en el que Margarita Gautier pona al da las cuentas de sus empleadas y estableca los turnos para la noche siguiente, pero tambin confiaba en que, una vez dentro, se disiparan todos los temores y mis jodidos pulmones dejaran salir el aire.

Por fortuna, Alejandro Dumas no iba a estar presente como para reprocharme mi peculiar versin de La dama de las camelias. De hecho, mis camelias caribeas, siempre de la mano del actor dominicano y pana ful Micky Montilla, se haban presentado en cientos de teatros, clubes y tugurios, incluyendo la crcel de Azua y el festival de teatro latino de Washington, sin que Dumas hubiera objetado nada. Tampoco ahora en que Edith Piaff y Luis Segura El Aoato se encargaban de coordinar la fusin entre el glamour parisino y la bachata dominicana en el bar del Teatro Nacional de Santo Domingo con motivo del Tercer Festival Nacional de Teatro.

No, Alejandro Dumas nada tena que ver con aquella dama de las camelias que yo me dispona a perpetrar.

Cuando escrib mi peculiar versin de la que muchos franceses tienen por la ms genuina expresin de su romanticismo, apostill en el ttulo parte de atrs, para que nadie se llamara a equvocos. Tampoco una Margarita que, tras sopesar la posibilidad de reconvertir su prspero burdel en un banco pero consciente de que era preferible ser puta conocida a banquera por conocer, opt por seguir ejerciendo de madame.

Ms que resaltar el paradigma de la genrica y trasversal ubicuidad trasgresora que hubiera apuntado un crtico de arte, a mi me interesaba la tuberculosis de Margarita y las incontables toses que, en todas las escalas, pudiera explayar sobre las mesas en las que el pblico picaba a manos llenas mientras asista al caf-teatro; ms que el contagioso desconsuelo de Armando me importaba la fe con que renda su amor, su confianza en el futuro aunque tengamos hijos tuberculosos que aprendan a toser antes que hablar y aunque en lugar de leche desayunen bacilos.

Mi dama no era de las camelias sino de los gargajos.

Haban pasado diez aos desde la ltima funcin (http://youtu.be/eXhoGO0PUZc) en la que el pblico, como era habitual en mi versin, adems de prestar su identidad a la nmina de clientes y empleadas del prostbulo, tambin se ocupaba de poner fin a la obra haciendo el papel, en riguroso turno, de asesino de Margarita y Armando, pero todos esos aos sin camelias auguraban nuevos ingredientes al reestreno.

Adems del enfisema que ahora yo aportaba a la funcin, Micky agregaba una repentina y dolorosa artrosis. Nunca habamos estado tan bien surtidos de flemas, toses y espasmos. El xito estaba garantizado. Ni siquiera Iberia, Air Europa o Barajas iban a poder arruinar, no obstante su insistencia, la presentacin de mis camelias.

Y aqu estoy de vuelta, siete das despus, abrumado por los tantos abrazos pendientes y saldados entre la Plaza de la Salud dominicana, el escenario del Bar del Teatro Nacional y el hospital de Zumarraga en el Pas Vasco, y de la mano de una ltima e infalible invitada que no quiso faltar a la cita: la neumona que an me retiene en cama.


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