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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2013

La globalizacin de la pobreza

Miguel Romero y Pedro Ramiro
Papeles de relaciones ecosociales y cambio global


Somos la primera generacin que puede erradicar la pobreza. En el ao 2005, en las campaas de promocin de los Objetivos del Milenio, este eslogan expresaba, a costa de olvidar la historia real de las luchas de las generaciones anteriores y las razones por las que no consiguieron vencer, el optimismo autosatisfecho con que se afrontaba entonces en los pases del Norte la erradicacin de la pobreza del Sur. Porque era obvio que cuando se hablaba de pobreza se haca referencia a otros pases y pueblos, los del Sur global. Ocho aos despus, buena parte de esa generacin est ms preocupada por librarse de la pobreza cercana que por erradicar la lejana.

La crisis capitalista que estall en el ao 2008 est transformando el mundo con una radicalidad que slo tiene parangn en los orgenes del capitalismo. Como diagnostic Karl Polanyi en su imprescindible La gran transformacin: El mecanismo que el mvil de la ganancia puso en marcha nicamente puede ser comparado por sus efectos a la ms violenta de las explosiones de fervor religioso que haya conocido la historia. En el espacio de una generacin toda la tierra habitada se vio sometida a su corrosiva influencia. [1] El triunfo del neoliberalismo en los aos ochenta del siglo pasado dio inicio a una segunda corrosin, que arras las economas de los pases del Sur con los planes de ajuste estructural y comenz una demolicin sistemtica tanto de los sistemas pblicos en los que estaba basado el Estado del Bienestar como de los valores morales asociados a ellos.

Al comienzo de la crisis financiera que hoy sufrimos, se hizo clebre una frase del entonces presidente francs, Nicolas Sarkozy, llamando a refundar sobre bases ticas el capitalismo. Expresaba as los temores de las lites hacia el rechazo social a un modelo econmico desnudado por la cada de Lehman Brothers y las tramas ocultas de la financiarizacin que, en aquel momento, slo empezaban a emerger. Lamentablemente, esa contestacin no lleg a alcanzar ni la fortaleza necesaria ni una expresin poltica significativa en los pases del Centro, con la excepcin de la organizacin Syriza en Grecia.

Una vez comprobada la debilidad del adversario, cambi radicalmente el sentido de la refundacin. Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando. El lema del multimillonario Warren Buffett, que como tantos otros George Soros en primer lugar ejerce de filntropo en los ratos libres con las migajas de sus actividades de especulacin financiera, resume la dinmica fundamental de la situacin internacional: ciertamente, asistimos a un intento de refundacin del capitalismo, pero no sobre bases ticas, sino sobre las bases de la lucha de clases y por medio de la acumulacin por desposesin segn la expresin de David Harvey de los bienes comunes y pblicos, y de los derechos sociales y las condiciones para una vida digna de la gran mayora de la poblacin mundial. [2] Las polticas de ajuste estructural de los ochenta y noventa en el Sur imperan ahora en la Unin Europea con fundamentos similares y nombres diversos: austeridad, disciplina fiscal, reformas, externalizaciones.

Este es el marco general de la globalizacin de la pobreza que es el tema del presente artculo. Llamamos as a la lgica comn que produce y reproduce el empobrecimiento de las personas en todo el mundo, tanto en el Norte como en el Sur. Pero es necesario analizar las diferencias en los procesos polticos y econmicos creadores de pobreza, en sus consecuencias materiales en la vida de las clases trabajadoras y en las percepciones sociales que se tienen de estos procesos. Mostraremos tambin el rol que, desde los gobiernos de los pases centrales y las instituciones multilaterales, quiere asignarse al mercado y a las grandes empresas en la erradicacin de la pobreza, as como el papel residual que va a cumplir la cooperacin internacional para el desarrollo tras el estallido del crash global.

Somos conscientes de que las categoras, que utilizaremos indistintamente, Norte/Sur o Centro/Periferia simplifican la realidad, en general, y especialmente en lo que se refiere a la pobreza. Sin duda, hay muchos Sures, e incluso dentro de un mismo continente hay una enorme distancia poltica y social entre, por ejemplo, Mxico y los pases de la Alianza Bolivariana para Amrica (ALBA). En los lmites de este texto, trataremos de analizar por qu todava pueden sealarse excepciones a esta regla, que an permiten establecer diferencias significativas en el tratamiento que se da a la pobreza en los pases centrales y perifricos. Para ello, partiremos de datos fiables, entre los que no est, por cierto, el ndice de Desarrollo Humano del PNUD, que en el ao 2011 situaba a Chipre en el muy honorable puesto 31 y con tendencia ascendente; por tener una referencia, Venezuela ocupaba el puesto 71 en la misma clasificacin.

Entre la pobreza y las clases medias

Segn una interpretacin ampliamente difundida, la crisis capitalista est siguiendo un curso paradjico que cuestiona los esquemas tradicionales sobre la jerarqua Norte-Sur: mientras que las economas del Centro, especialmente la de la Unin Europea, bordean o se hunden en la recesin, las economas perifricas, sobre todo las de los pases llamados emergentes, mantienen ao tras ao altos niveles de crecimiento, por encima del 5% del PIB. Una de las consecuencias de esta asimetra es que la pobreza ha hecho su aparicin en el Norte como un problema poltico importante, con un gran impacto social, mientras que, a la vez, parecera estar en retroceso en el Sur. Frecuentemente, se asocia esta situacin con el estado de las clases medias, nuevo mantra sociolgico que se ha convertido en el criterio de medida de numerosos fenmenos sociopolticos relevantes, desde la movilidad social a la crisis de la democracia.

Hay en estos enfoques datos relevantes que dan cuenta de cambios profundos en la situacin internacional: por ejemplo, la relativa y desigual autonomizacin de los pases del Sur, bajo el liderazgo de aquellos que forman parte de los BRICS Brasil, India, China y Sudfrica; no cabe incluir a Rusia desde ningn punto de vista en la categora Sur, respecto a los viejos imperialismos, EEUU y la UE. [3] En lo que se refiere a la lucha contra la pobreza, sin embargo, esta consideracin del contexto internacional es ms que discutible. Empezaremos por el Sur, planteando dos tipos de problemas: el primero, la valoracin de los logros alcanzados en la erradicacin de la pobreza; el segundo, el uso y la manipulacin de la categora clases medias.

Con la habitual aficin de los polticos del establishment a las cifras redondas, el secretario general de Naciones Unidas ha contado los mil das que quedan para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y se ha mostrado extraordinariamente satisfecho de los logros ya alcanzados. En especial, porque en los ltimos doce aos 600 millones de personas han salido de la pobreza extrema, lo que equivale al 50%. El clculo es cuanto menos engaoso: segn el Banco Mundial, en 1990 el 43% de la poblacin mundial viva con menos de 1,25 dlares al da, mientras en 2010 esta cifra ha cado al 21%; esta es la reduccin a la mitad a la que se refiere Ban Ki-moon. Pero no informa ni de las condiciones de extrema pobreza que siguen existiendo cuando se supera la barrera de los 1,25 dlares de ingreso diario ms del 40% de la poblacin mundial sobrevive con menos de dos dlares al da, ni de que cerca de 1.300 millones de personas siguen viviendo por debajo de ese nivel. Al final, esa reduccin de la pobreza extrema se debe a los grandes pases emergentes, fundamentalmente a China, y no tiene nada que ver con las polticas y proyectos inspirados en los ODM ni tampoco con la ortodoxia econmica imperante.

En la presentacin de esta nueva campaa, que tuvo lugar el pasado 2 de abril en la Universidad de Georgetown bajo la marca de Un mundo sin pobreza, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, afirm: Nos hallamos en un auspicioso momento histrico, en que se combinan los xitos de dcadas pasadas con perspectivas econmicas mundiales cada vez ms propicias para dar a los pases en desarrollo una oportunidad, la primera que jams hayan tenido, de poner fin a la pobreza extrema en el curso de una sola generacin. No puede tomarse en serio un proyecto que tiene como punto de partida una visin tan poco consistente de la situacin internacional, en la que por cierto no poda faltar la ya habitual coletilla generacional.

La ingeniera estadstica sobre las clases medias merece una mayor atencin. Un reciente estudio publicado por el Banco Mundial [4] propone un cambio importante en la caracterizacin y medicin de la pobreza: lo ms significativo es el uso del concepto de seguridad econmica, entendido como baja probabilidad de volver a caer en la pobreza. De ah nace una nueva categora, la poblacin vulnerable, una estacin de paso desde la pobreza hasta la entrada en la nueva clase media, formada por quienes han alcanzado la seguridad econmica y garantizaran la estabilidad econmica futura. La suma de pobres, vulnerables y clase media supone el 98% de la poblacin latinoamericana; por tanto, la medida del xito en la lucha contra la pobreza sera una movilidad social ascendente hacia la clase media. Esto es lo que, segn los autores, est ocurriendo, ya que la clase media en Amrica Latina creci y lo hizo de manera notable: de 100 millones de personas en 2000 a unos 150 millones hacia el final de la ltima dcada. Nos estaramos acercando, siguiendo esa argumentacin, a un continente de clases medias que habra superado definitivamente el peso determinante de la pobreza.

Aunque los criterios cuantitativos sean slo unos de los que deben ser tenidos en cuenta en el anlisis de la pobreza, en ocasiones son imprescindibles para concretar los trminos del debate. [5] Si hacemos caso al Banco Mundial, se considera pobres a quienes tienen ingresos inferiores a 4 dlares; estos vienen a representar el 30,5% de la poblacin latinoamericana. Las personas que tienen entre 4 y 10 dlares al da seran las vulnerables, el 37,5% de la ciudadana de Amrica Latina. Por encima de los 10 hasta los 50 dlares de ingreso diario estara la clase media, el 30% de la poblacin continental. Por ltimo, el 2% restante son los considerados ricos, que ingresan ms de 50 dlares al da. Tomando como referencia el salario mnimo existente en Ecuador, unos 300 dlares mensuales, podemos comprobar, en fin, que con un ingreso como este se tendra acceso a la clase media. No parece, pues, que tal clasificacin sea razonable: lo suyo sera concluir que, al menos, el 68% de la poblacin latinoamericana es pobre. Y adems, continuando con la referencia ecuatoriana, vemos que esa clase media se compondra, en realidad, de trabajadores con ingresos de entre uno y cinco veces el salario mnimo, es decir, quienes estn entre un frgil escaln por encima la pobreza y el nivel medio-alto de la poblacin asalariada.

Brasil aparece como uno de los principales estandartes utilizados para justificar todo este proceso de ascenso de las clases medias. As, el Gobierno brasileo define como clase media a quienes alcanzan un ingreso per cpita mensual de entre 291 y 1.019 reales, [6] de manera que el 54% de la poblacin del pas pertenecera a esta supuesta clase media. En la ltima dcada, 30 millones de personas (el 15% de la poblacin) habran salido de la pobreza, ya que pasaron a disponer cada mes de ingresos superiores a 250 reales. Teniendo en cuenta que en Brasil el salario mnimo es de 678 reales, esta clase media tendra unos ingresos que oscilaran entre el 42% y el 150% de un salario mnimo. Con semejantes criterios, parece fcil alardear de que Brasil sea ya un pas de clases medias, unas clases medias cuyos ingresos no permiten siquiera alcanzar una cobertura digna de las necesidades bsicas.

Es verdad que, para evaluar esta cobertura, tambin hay que tener en cuenta otros factores; sobre todo, la extensin y calidad de los servicios pblicos al alcance de los ciudadanos y, por tanto, el volumen de gasto social destinado a ellos. Por eso es muy importante tener en cuenta que, en cuestiones econmicas bsicas, Brasil, como la gran mayora de los pases del Sur, se somete a la ortodoxia dominante: con nueve das del pago de la deuda externa podra cubrirse todo el presupuesto del programa Bolsa Familia, eje de la poltica asistencial y de la base electoral del partido gobernante. [7] Si podemos decir que con la crisis capitalista los programas de ajuste estructural han viajado del Sur al Norte, los fundamentos del Estado del Bienestar, por el contrario, no han hecho el viaje desde el Norte hasta el Sur.

Dice David Harvey que el crecimiento econmico beneficia siempre a los ms ricos. Efectivamente, ellos estn siendo los principales beneficiarios del crecimiento en los pases del Sur, de ah que el incremento del PIB se vea acompaado del aumento sostenido de la desigualdad. La bonanza econmica no est produciendo un incremento de esas ficticias clases medias, sino de millones de empleos precarios, con bajos ingresos, mnimos derechos laborales y grandes carencias en servicios sociales. Trabajos brasileos se les llama, precisamente, en algunos anlisis sociolgicos con sentido crtico. Pero son mucho ms habituales los enfoques afines a las ideas del Banco Mundial, que en sus versiones ms delirantes llegan nada menos que a llamar neoburguesa a la clase media.

No han terminado los procesos de empobrecimiento en el Sur, pero es cierto que se han modificado. Sustancialmente, slo en aquellos pases como Venezuela que estn realizando un esfuerzo considerable ms all del incremento de los ingresos de los trabajadores pobres, apostando por el establecimiento de potentes redes pblicas de educacin, vivienda y sanidad. Sin embargo, en la gran mayora de los pases, se ha pasado de la extrema pobreza al empleo extremadamente precario, en un camino que adems tiene vuelta atrs. Si las frgiles expectativas de movilidad social ascendente se quebraran, una posibilidad nada descartable dadas las actuales perspectivas de la economa global, la situacin en el Sur tendera a parecerse ms a las revoluciones rabes que a los ficticios parasos de la clase media.

Extensin y percepcin social de la pobreza

En la Unin Europea, antes del estallido de la crisis financiera, 80 millones de personas el 17% de la poblacin sobrevivan en la pobreza. En el ao 2010, la cifra haba aumentado hasta los 115 millones de personas (23,1%) y se estimaba que un nmero similar se encontraba en el filo de la navaja. [8] Pero, para entender la situacin actual, hay que considerar la etapa anterior al crash global. Porque si es significativo y alarmante el crecimiento de la pobreza, tambin deba haberlo sido que antes de 2008 la pobreza fuera ya una lacra masiva tanto en la Unin Europea como en Espaa, donde entre 2007 y 2010 pas de afectar a 10,8 millones de personas (23,1% de la ciudadana) a 12,7 millones (25,5%).

La extensin de la pobreza es, sin duda, un problema de primera magnitud. Creemos, sin embargo, que no explica por s sola que en cinco aos la pobreza haya pasado de ser considerada por la mayora de la poblacin europea como un problema marginal y ajeno, invisible, cuyo control quedaba a cargo de las organizaciones asistenciales y con mnimos subsidios pblicos, a afectar a la situacin y los temores de esa mayora de la ciudadana que se consideraba liberada para siempre de caer en la pobreza. Se afirma ahora que la pobreza se ha hecho ms intensa, ms extensa y ms cclica. De estas caractersticas hay que destacar la tercera, que indica una tendencia al incremento de la pobreza sin brotes verdes en el horizonte, estimulada por las polticas que se imponen implacablemente en la Unin Europea, sin alternativas crebles a medio plazo. La pobreza se ha hecho visible en la UE no slo porque haya ms pobres, sino fundamentalmente porque se ha masificado la conciencia del riesgo de caer en la pobreza. [9]

Diagnosticar el problema como una crisis de las clases medias es una simplificacin que no permite entender ni las causas de la crisis actual ni las condiciones bsicas para revertir esa tendencia al empobrecimiento. Tambin en los pases del Norte este es un concepto manipulable y fundamentalmente subjetivo: un mileurista era hace unos pocos aos el smbolo de la precariedad, hoy sera considerado un miembro ms de la clase media. Es ms til considerar en su conjunto los elementos principales, bien conocidos, que han ido produciendo la corrosin de la seguridad social, con minscula, caracterstica fundamental del Estado del Bienestar: el paro masivo, de larga duracin y con subsidios decrecientes; el incremento de los trabajadores pobres porque el trabajo precario y sometido al poder patronal ya no asegura ingresos suficientes para una vida digna; los recortes drsticos en el empleo en la administracin y en los servicios pblicos, que amenazan al funcionariado; el riesgo de no poder hacer frente a las deudas contradas en la etapa anterior, que permitieron una burbuja de alto consumo en las clases trabajadoras pese a la tendencia generalizada a la cada de los salarios desde los aos noventa; el deterioro de la calidad de la sanidad y la educacin, y el aumento de los pagos a cargo de los usuarios que sirven para avanzar en su privatizacin.

Todo este conjunto de medidas responde a una lgica comn que es el principio fundamental de la economa poltica neoliberal: la reduccin sistemtica del coste directo e indirecto de la fuerza de trabajo. En condiciones de relaciones de fuerzas muy favorables para el capital, eso termina desgarrando las redes de seguridad que constituan la base de estabilidad del sistema. Es aqu, en la debilidad de las clases trabajadoras, incluso aquellas que consideraban un logro garantizado el empleo estable de calidad, con sanidad y enseanza bsica pblicas y gratuitas y jubilacin en condiciones dignas, donde ha nacido el pnico a la pobreza y, al mismo tiempo, la impotencia para hacerle frente. Y es que, a diferencia de la situacin en muchos pases perifricos, donde con independencia de la orientacin poltica de los gobiernos se ponen en marcha polticas focalizadas en la pobreza habitualmente por razones de gestin de conflictos y construccin de clientelas electorales, muy alejadas de la idea de solidaridad, en los pases del Centro, y particularmente en la UE, las polticas que se aplican siguen sometidas a la regla de oro de privilegiar los intereses del capital sobre las necesidades de la poblacin, tratando la atencin social a la poblacin empobrecida como un lastre y recortando sistemticamente los fondos destinados a ella. En este contexto, que el ao 2010 haya sido etiquetado como el Ao Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusin Social no deja de ser un sarcasmo.

Desde los primeros estudios de los conflictos sociales caractersticos de la sociedad capitalista, se ha considerado un rasgo fundamental de la clase obrera la inseguridad en las condiciones de vida. Cuando, gracias a las polticas propias del Estado del Bienestar, pareci que esta caracterstica desapareca para una gran parte de la poblacin trabajadora, la categora de clase media cumpli la funcin de certificar esa nueva situacin: Hemos dejado de ser clase trabajadora, vino a decirse entonces. El neoliberalismo desarroll con xito una demonizacin de la clase obrera, segn la expresin de Owen Jones en su excelente reportaje Chavs, [10] tratando a esta como un grupo social en declive, cuyos ingresos no provienen del trabajo sino de los subsidios pblicos.

Generalizando la inseguridad social y aproximando la amenaza de la pobreza, la crisis est debilitando estas barreras ideolgicas que fragmentaban el tejido social de las clases trabajadoras. Pero no caern si no se enfrentan a alternativas que comprendan que slo puede lucharse eficazmente por la erradicacin de la pobreza venciendo a quienes la producen.

Mercado y empresas para luchar contra la pobreza

El capital, las ideas, las buenas prcticas y las soluciones se extienden en todas direcciones. [11] Sumidos en una crisis econmica, ecolgica y social como nunca antes haba conocido el capitalismo global, estamos asistiendo al final de la globalizacin feliz y a la demolicin de la belle poque del neoliberalismo. [12] Pero las grandes corporaciones y los think tanks empresariales insisten en no darse por aludidos; lejos de cuestionar su responsabilidad en el actual colapso del sistema socioeconmico y en la crisis civilizatoria, las empresas transnacionales vuelven a presentarse como el motor fundamental del desarrollo y la lucha contra la pobreza. Segn el pensamiento hegemnico, la gran empresa, el crecimiento econmico y las fuerzas del mercado han de ser los pilares bsicos sobre los que sustentar las actividades socioeconmicas de cara a combatir la pobreza. Eludiendo su responsabilidad en el origen de la crisis sistmica que hoy sufrimos, as como el hecho de que ellas estn siendo precisamente las nicas beneficiarias del crack, las grandes corporaciones nos proponen ms de lo mismo: que el fomento de la actividad empresarial, la iniciativa privada y el emprendimiento innovador sean los argumentos fundamentales para la recuperacin econmica.

Esta reorientacin empresarial consiste en aplicar, junto con una tctica defensiva basada en el marketing, una estrategia ofensiva para pasar de la retrica de la responsabilidad social a la concrecin de la tica de los negocios en la cuenta de resultados mediante toda una serie de tcnicas corporativas. Y su objetivo no es el de atajar las causas estructurales que promueven las desigualdades sociales e imposibilitan las condiciones para vivir dignamente a la mayora de la poblacin mundial, sino gestionar y rentabilizar la pobreza de acuerdo a los criterios del mercado: beneficio, rentabilidad, retorno de la inversin. Es lo que hemos denominado pobreza 2.0 y constituye uno de los negocios en auge del siglo XXI. [13] En los pases del Sur global, por un lado, eso se traduce en el deseo del sector privado de incorporar a cientos de millones de personas pobres a la sociedad de consumo; en el Norte, por otro, significa la no exclusin del mercado de la mayora de la poblacin, una cuestin central ante el creciente aumento de los niveles de pobreza en las sociedades occidentales como consecuencia de las medidas econmicas que se estn adoptando para salir de la crisis.

Ya es hora de que las corporaciones multinacionales miren sus estrategias de globalizacin a travs de las nuevas gafas del capitalismo inclusivo, escriban hace diez aos los gurs neoliberales que llamaban a las grandes empresas a poner sus ojos en el inmenso mercado que forman las dos terceras partes de la humanidad que no son clase consumidora. Las compaas con los recursos y la persistencia para competir en la base de la pirmide econmica mundial tendrn como recompensa crecimiento, beneficios y una incalculable contribucin a la humanidad, decan entonces. [14] Hoy, las corporaciones transnacionales han asumido plenamente esta doctrina empresarial y han puesto en marcha una variada gama de estrategias, actividades y tcnicas que tienen como objetivo que las personas pobres que habitan en los pases del Sur se incorporen al mercado global mediante el consumo de los bienes, servicios y productos de consumo que suministran estas mismas empresas. Responsabilidad social, negocios inclusivos en la base de la pirmide, inclusin financiera, alfabetizacin tecnolgica y, en definitiva, todas aquellas vas que permitan lograr el acceso a nuevos nichos de mercado se justifican con el argumento de que van a contribuir al desarrollo y la inclusin de las personas pobres. Pero, como recalc Evo Morales en la ltima Cumbre Unin Europea-CELAC, cuando nos sometemos al mercado hay problemas de pobreza; problemas econmicos y sociales, y la pobreza sigue creciendo.

Al mismo tiempo, en los pases centrales, donde tambin estn aumentando los niveles de pobreza y desigualdad, en vez de emplear los recursos pblicos en polticas econmicas y sociales que pudieran poner freno a esa situacin, las instituciones que nos gobiernan no se han salido de la ortodoxia neoliberal y han emprendido toda una serie de contrarreformas que van a contribuir a aumentar el empobrecimiento de amplias capas de la poblacin. Y las grandes empresas, en este contexto, estn rediseando sus estrategias para no perder cuota de mercado: En Madrid, Londres o Pars tambin hay favelas, aunque no se llamen as, sostiene un experto brasileo en la base de la pirmide, es un mercado creciente que compone la nueva clase media con poder de consumo. [15] Gigantes como Unilever, por ejemplo, ya estn pensando en trasladar aqu estrategias que antes probaron que funcionaban en pases del Sur. [16] Pero, aunque algunas multinacionales estn viendo cmo aplicar en Europa la lgica de los negocios inclusivos, la mayora de las grandes corporaciones ha optado por no innovar demasiado cuando lo que se trata es de seguir incrementando los beneficios: la continuada presin a la baja sobre los salarios [17] y la expansin de la cartera de negocios a otros pases y mercados han sido, hasta el momento, las vas preferidas por las empresas para continuar con sus dinmicas de crecimiento y acumulacin.

La tendencia a considerar el incremento del crecimiento econmico como la nica estrategia posible para la erradicacin de la pobreza se ha visto reforzada desde que estall la crisis financiera. Con el actual escenario de recesin, las grandes corporaciones pretenden incrementar sus volmenes de negocio y ampliar sus operaciones en las regiones perifricas para as contrarrestar la cada de las tasas de ganancia en Europa y EEUU. Por su parte, los gobiernos de los pases centrales abogan por un aumento de las exportaciones y de la internacionalizacin empresarial como forma de salir de la crisis. Segn la doctrina neoliberal, la expansin de los negocios de estas compaas a nuevos pases, sectores y mercados redundar en un incremento del PIB y, por consiguiente, en una mejora de los indicadores socioeconmicos, fundamentalmente en el aumento del empleo. La nica solucin posible para superar la crisis y volver a crear puestos de trabajo es recuperar el crecimiento econmico, resume el presidente de La Caixa, quien para lograrlo propone buscar nuevas fuentes de ingresos, disear nuevos productos y abrir nuevos mercados. [18]

A pesar de que las afirmaciones acerca de una correlacin directa entre el crecimiento del PIB y los avances en trminos de desarrollo humano no resistiran ningn anlisis serio, la idea de que crecimiento econmico es equivalente a desarrollo se ha hecho dominante en el discurso de la lucha contra la pobreza. De esta manera, las referencias al crecimiento de las economas nacionales cuantificadas exclusivamente a travs del aumento del PIB como va para la superacin de la pobreza no solo forman parte de toda la arquitectura discursiva de la agenda oficial de desarrollo, sino que adems se estn pudiendo llevar a la prctica mediante la asignacin de medios y recursos pblicos para las estrategias de fomento de la actividad empresarial y de los negocios inclusivos. Esto es as porque las principales agencias de cooperacin y los gobiernos de los pases del Centro, as como los organismos multilaterales, las instituciones financieras internacionales e incluso muchas ONGD, avalan este discurso y trabajan por incorporar al sector privado en sus estrategias de desarrollo.

De la cooperacin internacional a la filantropa empresarial

La cooperacin para el desarrollo, en tanto que poltica pblica de solidaridad internacional, difcilmente encuentra encaje en este marco. Y es que, en las contrarreformas estructurales que se imponen en la actualidad, la cooperacin internacional no est teniendo un destino diferente al del resto de los servicios pblicos: la privatizacin y la mercantilizacin. No puede decirse que en los ltimos aos se haya provocado un cambio de rumbo en la senda emprendida por los principales organismos y gobiernos que lideran el sistema de cooperacin internacional, sino ms bien lo contrario: en el marco de la bsqueda de alternativas neoliberales para huir hacia delante con la actual situacin, la crisis ha llevado a que toda la renovada orientacin estratgica de la cooperacin para el desarrollo se refuerce y cobre an ms sentido.

Por eso, estamos asistiendo a una profunda reestructuracin de la arquitectura del sistema de ayuda internacional con vistas a reformular el papel que han de jugar, tanto en el Norte como en el Sur, los que se considera que son los principales actores sociales grandes corporaciones, Estados, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil en las estrategias de lucha contra la pobreza. La hoja de ruta para los prximos tiempos parece clara: otorgar la mxima prioridad al crecimiento econmico como estrategia hegemnica de lucha contra la pobreza, considerar al sector empresarial como agente de desarrollo en las lneas directrices de la cooperacin, reducir los mbitos de intervencin estatal a determinados sectores poco conflictivos y limitar la participacin de las organizaciones sociales en las polticas de cooperacin para el desarrollo. [19]

Ya no es posible seguir exportando tanta solidaridad, las circunstancias han cambiado y los compromisos contra la pobreza han de reorientarse hacia nuestro territorio. Eso afirmaba el pasado mes de septiembre el consejero de Justicia y Bienestar Social de la Generalitat Valenciana, Jorge Cabr, para justificar la decisin de su Gobierno de poner fin a las polticas de cooperacin internacional. Es slo un ejemplo de cmo, siguiendo una lnea argumental similar, tanto el Gobierno central como la mayora de las administraciones autonmicas y municipales del Estado espaol eliminaron o redujeron drsticamente sus presupuestos para cooperacin al desarrollo en 2012. Y para este ao, lejos de augurarse una recuperacin cierto es que existen algunas excepciones a esta tendencia generalizada, caminamos en la misma direccin: como ha denunciado la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, a los 1.900 millones de euros que se recortaron el pasado ao se le sumarn este otros 300 millones ms. Con todo ello, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) espaola pasar a suponer solamente el 0,2% de la renta nacional bruta, lo que nos retrotrae a niveles de principios de los noventa. Fue un error perseguir el 0,7%, dice ahora el secretario de Estado de Cooperacin y para Iberoamrica, Jess Gracia, renunciando as a la que desde hace dos dcadas ha sido una de las reivindicaciones fundamentales de las ONGD en el Estado espaol y que los sucesivos ejecutivos se haban comprometido a cumplir firmando el Pacto de Estado contra la Pobreza.

En los aos ochenta y noventa, la cooperacin internacional contribuy a apoyar el Consenso de Washington y las reformas estructurales que posibilitaron la expansin global de las grandes corporaciones que tienen su sede en los principales pases donantes de AOD. Hoy, la cooperacin al desarrollo ya no cumple un papel fundamental para la legitimacin de la poltica exterior del pas donante, como lo vena haciendo hasta el comienzo de la crisis financiera. Aunque an puede seguir desempeando un rol secundario en la proyeccin de imagen internacional, su funcin esencial es la de asegurar los riesgos y acompaar a estas empresas en su expansin global, as como contribuir a la apertura de nuevos negocios y nichos de mercado con las personas pobres que habitan en la base de la pirmide.

En el caso que nos toca ms de cerca, todo ello se articula en torno a la famosa marca Espaa, un proyecto para atraer capitales transnacionales a nuestro pas con EuroVegas como modelo bandera y fomentar la internacionalizacin de las empresas espaolas: en palabras de Jos Manuel Garca-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperacin, los intereses de Espaa en el exterior son en gran medida intereses econmicos y tienen a las empresas como protagonistas. Esto se constata, sin ir ms lejos, en el presupuesto del ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperacin para este ao, en el que se observa que la partida de cooperacin para el desarrollo ha disminuido el 73% entre 2012 y 2013 mientras, en el mismo periodo, han subido el 52% los fondos para la accin del Estado en el exterior a travs de sus embajadas y oficinas comerciales. [20]

Nos hemos habituado a escuchar con frecuencia, en el discurso oficial, una frase que se repite a modo de justificacin: Bastante tenemos con la pobreza de aqu como para preocuparnos de la de otros sitios. Es evidente que los ltimos gobiernos espaoles, tanto el actual como el anterior, han incumplido una y otra vez sus compromisos sobre la cooperacin internacional y la lucha contra la pobreza a nivel mundial. [21] Y a la vez, no es verdad que, a cambio, se estn destinando ms fondos para afrontar la extensin de la pobreza en nuestro pas. Aqu y ahora, esa labor se est dejando en manos de algunas ONG y de las grandes empresas, recuperando la obra social, la caridad y la filantropa como forma de paliar las crecientes desigualdades. Mientras crece la desigualdad a marchas forzadas desde 2007, la diferencia entre el 20% ms rico y el 20% ms pobre en Espaa ha subido un 30%, [22] resurge con fuerza la filosofa del neoliberalismo compasivo, basada en la idea de que pueden paliarse la pobreza y el hambre aportando lo que nos sobra.

Cada vez ms gente de la que imaginas necesita ayuda en nuestro pas, deca Cruz Roja en sus anuncios para el ltimo Da de la Banderita, poniendo el foco en la pobreza local. Cuenta conmigo contra la pobreza infantil, ese era el lema de la pasada campaa navidea de La Caixa y Save the Children, aadiendo lo de infantil para darle un toque adicional de sentimentalismo. Y tenemos muchos ms ejemplos de cmo las grandes corporaciones estn intentando reapropiarse de las buenas intenciones y de la solidaridad de una ciudadana cada vez ms preocupada por el incremento de la pobreza y el hambre: desde la filantropa de Amancio Ortega, patrn de Inditex y tercer hombre ms rico del planeta, que ha donado 20 millones de euros a Critas (el 0,05% de su fortuna), hasta los spots tipo siente a un pobre a su mesa que han publicitado diferentes ONGD, [23] pasando por el auge de los bancos de alimentos, a los que han anunciado donaciones grandes empresas como Mercadona o Repsol. Hace aos, la solidaridad de mercado se meda en base al dinero recaudado en los telemaratones, hoy parece computarse a partir de la cantidad de bolsas de comida que pueden donarse a las organizaciones asistencialistas.

Repensando el modelo de desarrollo

No es una crisis, es una estafa, gritan los manifestantes que protestan por la privatizacin de la sanidad, la educacin y el agua. Y efectivamente, no hay otro nombre mejor para explicar el hecho de que los grandes capitales privados estn saliendo reforzados de la crisis mientras, por el contrario, la mayora de mujeres y hombres van perdiendo empleo y vivienda, sanidad y educacin, pensiones y derechos sociales conquistados en el ltimo siglo. En este contexto, los cambios sustanciales para luchar contra la pobreza slo pueden darse confrontando, en alianza con las organizaciones polticas y sindicales y con los movimientos sociales emancipadores, a las reformas econmicas y los ajustes estructurales que cada da producen y reproducen un mayor empobrecimiento.

Ante el desmantelamiento de la cooperacin como poltica pblica de solidaridad internacional, la nica forma de no perder ese sentido solidario que ha presidido las actividades de muchas organizaciones espaolas de cooperacin internacional en las dos ltimas dcadas es trabajar, aqu y ahora, en la formulacin y puesta en prctica de una agenda alternativa de desarrollo en la que la cooperacin solidaria se entienda como una relacin social y poltica igualitaria, articulada con las luchas y los movimientos sociales emancipadores. No podemos pensar que vamos a aliviar la pobreza con lo que nos sobra, hace falta otro programa poltico. Trabajando en la construccin de alternativas solidarias que pueden contribuir a la resistencia social frente a los procesos de empobrecimiento y, en un futuro, a ganar fuerza para revertirlos, es decir, para cambiar de raz la economa poltica dominante, tutelada por la dictadura de la ganancia. En eso estamos.

 Miguel Romero es editor de la revista VIENTO SUR y Pedro Ramiro es coordinador del Observatorio de Multinacionales en Amrica Latina (OMAL) Paz con Dignidad.

- Este artculo ha sido publicado en la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n 121, 2013, pp. 143-156. Ver en lnea : PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, n 121, 2013

Documentos adjuntos Notas:

[1] K. Polanyi, La gran transformacin, La Piqueta, Madrid, 1989, p. 66.

[2] D. Harvey ha desarrollado recientemente las modalidades de esta acumulacin, como puede verse en esta entrevista de E. Boulet al gegrafo britnico: El neoliberalismo como proyecto de clase, Viento Sur (web), 8 de abril de 2013.

[3] No es el tema central de este artculo, pero dejemos claro que no hay nada que lamentar en esto que podramos llamar desoccidentalizacin, por ms problemtica que sea la nueva relacin de fuerzas a nivel global desde el punto de vista de los intereses de las mayoras sociales.

[4] F. H. G. Ferreira, J. Messina, J. Rigolini, L. F. Lpez-Calva, M. A. Lugo y R. Vakis, La movilidad econmica y el crecimiento de la clase media en Amrica Latina. Panorama general, Banco Mundial, Washington, 2013.

[5] Los principales datos que aqu vamos a citar estn tomados de J. L. Berterretche, Los tramposos delirios de los tecncratas del Banco Mundial, Viento Sur (web), 8 de abril de 2013.

[6] El tipo de cambio es de 1 real = 0,38 euros. El salario mnimo en Brasil es de 678 reales, por tanto, unos 257 euros.

[7] El 42% del presupuesto federal brasileo se destina al pago de la deuda pblica. Los presupuestos de educacin y sanidad equivalen solamente al 8% y 10%, respectivamente, de esta enorme sangra de los fondos pblicos.

[8] As lo recoga el diario El Pas, 30 de marzo de 2013, pp. 4-5.

[9] Diferentes estudios alertan de ello: Intermn Oxfam, por ejemplo, en Crisis, desigualdad y pobreza (Informe n 32, 2012), pronostica que en Espaa pasaremos de tener 12,7 millones de pobres (27% de la poblacin total) en 2012 a 18 millones (38%) en 2022.

[10] O. Jones, Chavs. La demonizacin de la clase obrera, Capitn Swing, Madrid, 2012.

[11] Eso afirma el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, Visin 2050. Una nueva agenda para las empresas, Fundacin Entorno, 2010).

[12] R. Fernndez Durn, La quiebra del capitalismo global: 2000-2030. Preparndonos para el comienzo del colapso de la civilizacin industrial, Libros en Accin, Virus y Baladre, 2011.

[13] Hemos desarrollado ampliamente estas ideas en: M. Romero y P. Ramiro, Pobreza 2.0. Empresas, estados y ONGD ante la privatizacin de la cooperacin al desarrollo, Icaria, Barcelona, 2012.

[14] C. K. Prahalad y S. L. Hart, The fortune at the bottom of the pyramid, Strategy and Business, n 26, 2002.

[15] En Madrid hay favelas aunque no se llamen as, El Pas, 3 de septiembre de 2012.

[16] En Indonesia, vendemos dosis individuales de champ a dos o tres cntimos y an as obtenemos un beneficio decente, afirma un ejecutivo de la compaa en La pobreza regresa a Europa, Pblico, 27 de agosto de 2012.

[17] En este ao, por primera vez los excedentes empresariales (46,1%) han superado a las rentas salariales (44,2%) en el cmputo del PIB espaol.

[18] I. Fain, Crecer para dirigir, El Pas, 2 de noviembre de 2011.

[19] G. Fernndez, S. Piris y P. Ramiro, Cooperacin internacional y movimientos sociales emancipadores: Bases para un encuentro necesario, Hegoa, Universidad del Pas Vasco, Bilbao, 2013.

[20] CONGDE, Anlisis y valoracin de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-Espaa del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2013, 8 de octubre de 2012.

[21] Plataforma 2015 y ms, Espaa lidera la reduccin de la Ayuda Oficial al Desarrollo y lleva la cifra de cooperacin a su mnimo histrico, 3 de abril de 2013.

[22] Critas, Desigualdad y derechos sociales. Anlisis y perspectivas, Fundacin Foessa, 2013.

[23] Accin contra el Hambre, por ejemplo, nos invitaba a dar un donativo por cada men solidario que consumiramos en uno de los Restaurantes contra el hambre que formaban parte de la campaa; en una lnea similar, Intermn Oxfam nos llamaba a sentarnos en su Mesa para 7.000 millones.



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