Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2013

Snowden y el nuevo Imperio

John Brown
Iohannes Maurus


La revista alemana Der Spiegel acaba de publicar una entrevista con Edward Snowden en la que este declara que, a pesar de las hipcritas protestas oficiales por las escuchas masivas a autoridades y ciudadanos de la Repblica Federal de Alemania, las autoridades de este pas no solo saban de estas escuchas, sino que las haban aceptado. Esta aceptacin llegaba al punto de que, en la nueva base americana que prevn construir en un prximo futuro en territorio alemn, la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA) para la que trabajaba Snowden, tendra un centro de escuchas. Muy probablemente, las prximas revelaciones de Snowden nos indiquen situaciones muy similares en otros pases de la Unin Europea. Detrs de las -moderadamente- escandalizadas declaraciones de algunos dirigentes europeos ante las escuchas de la NSA, se esconde un tipo de relacin con los Estados Unidos que ya no tiene nada que ver con la que media entre Estados soberanos.

Ms all de la anomala formal que constituyen las escuchas a ciudadanos y autoridades, que violan a la vez la soberana nacional de los Estados y los derechos constitucionales de la ciudadana, existe una nueva constitucin post-soberana basada en la transparencia unilateral. Los Estados Unidos tienen, en efecto, derecho a obtener datos sobre la ciudadana y las autoridades europeas, sin que esta transparencia se ejerza de manera recproca. Esto supone que el Estado norteamericano, concretamente su ejecutivo y sus servicios de inteligencia, ejercen prerrogativas soberanas sin limitacin ni reciprocidad alguna en suelo europeo. Esto qued, por cierto, muy claro cuando -tambin a propsito del caso Snowden- el ministro espaol de asuntos exteriores Jos Manuel Garca Margallo justific la prohibicin de sobrevuelo del espacio areo espaol al avin presidencial de Evo Morales con el argumento de que "nos dijeron que [Snowden] estaba en el avin". Basta as una indicacin de la CIA o de la NSA para que Estados como el espaol acten como brazos ejecutores del ejecutivo norteamericano.

La situacin que describe Snowden en su entrevista, reacciones de obediencia automtica como la del ministro Margallo o incluso otros elementos ms dignos de un sainete como la intervencin del embajador espaol en Viena proponiendo a Evo Morales tomar un caf en su avin presidencial para "echar un vistazo", testimonian del hecho de que, ms all de las constituciones formales de nuestros Estados, est operando una constitucin material que poco tiene que ver con aquellas. Los Estados modernos se basan, como se sabe, en un principio de soberana interior y exterior que sirve de base a su ordenamiento interno y a sus relaciones con otros Estados. La soberana exterior exige que los dems Estados reconozcan a un determinado Estado como la potencia que ejerce de manera exclusiva la administracin efectiva de un territorio. La soberana interna, desde Bodin, hace del soberano el detentor exclusivo de la autoridad poltica y del poder legislativo en un territorio determinado. Todo el sistema de garantas democrticas de los Estados liberales se basa en estos dos principios, pues si un Estado no puede ejercer su soberana en su territorio, tampoco puede garantizar las libertades y derechos de sus ciudadanos. Las escuchas norteamericanas reveladas por Snowden son un caso claro de violacin simultnea de la soberana estatal de los Estados europeos -y de la dbil instancia cuasi-federal que es la UE- y de los derechos civiles de los ciudadanos.

Desde un punto de vista material, ms all de las formalidades del derecho internacional y del derecho constitucional, hace tiempo que el orden soberano -cuyos rasgos principales acabamos de recordar- ha periclitado. Robert Cooper, uno de los asesores de Tony Blair que ms hicieron para defender la invasin de Iraq -y que fue posteriormente asesor de Javier Solana en su cargo de Alto Representante para la Poltica Exterior de la UE y es hoy consejero del Servicio Europeo de Accin Exterior- explic esta situacin con meridiana claridad en un artculo de 2002 publicado en The Observer con el elocuente ttulo de "Por qu todava necesitamos imperios"("Why we still need empires"). En este texto, Cooper afirma que, tras la cada de los grandes imperios europeos que se repartan el mundo y el fin del reparto imperial de la Guerra Fra, nos encontramos con "dos nuevos tipos de Estado. En primer lugar, tenemos los Estados premodernos -a menudo excolonias- cuyos fracasos han conducido a una guerra hobbesiana de todos contra todos: son pases como Somalia y, hasta hace poco, Afganistn. En segundo lugar, estn los Estados postimperiales postmodernos que ya no piensan en la seguridad primordialmente en trminos de conquista. Un tercer tipo lo constituyen los Estados "modernos" tradicionales como la India, Pakistn o China que se comportan como siempre lo han hecho los Estados, conforme a su inters y a la razn de Estado." Prosigue Cooper afirmando que "El sistema postmoderno en el que vivimos los europeos no se basa en el equilibrio, ni pone el acento en la soberana ni en la separacin de los asuntos interiores y exteriores. La Unin Europea se ha convertido en un modelo altamente desarrollado de interferencia mutua en los asuntos internos de los otros, que llega hasta la cerveza y las salchichas". Habra que aadir a la "cerveza y las salchichas" en un afn de exactitud, las libertades y los derechos, pues los Estados de la UE han abolido entre ellos -entre otros derechos- el derecho de asilo y han automatizado y simplificado enormemente los procedimientos de extradicin.

Frente a este "club de amigos" que son la UE y otros Estados "postmodernos" como los Estados Unidos y el Japn, existe un mundo exterior tenebroso al que no se aplican las mismas reglas y frente al cual, segn Cooper, "tenemos que empezar a acostumbrarnos a usar una doble vara de medir ("double standards)". Si la descolonizacin que acab en los aos 60 con los imperios coloniales europeos haba reconocido la igualdad de todos los Estados como Estados soberanos, esta igualdad es cuestionada ahora desde las antiguas potencias coloniales: la idea de un derecho internacional universal desaparece en favor de la "doble vara de medir". Esta dualidad de normas se describe en los -crudos- trminos siguientes: "Entre nosotros, operamos sobre la base de leyes y de una seguridad abierta y cooperativa. Sin embargo, cuando tratamos con Estados a la antigua, fuera del continente postmoderno europeo, tenemos que regresar a los mtodos ms bruscos de una era anterior: la fuerza, el ataque preventivo, el engao, todo lo que sea necesario para hacer frente a quienes siguen viviendo en el mundo decimonnico regido por el principio de "cada Estado por s mismo". La violencia imperial y la ilegalidad siguen as rigiendo como principios, cuando se trata del mundo premoderno y moderno. Por ello mismo, Cooper propone, para establilizar la situacin, un nuevo orden imperial en el que los pases postmodernos, como antao "el hombre blanco" asuman directamente sus "responsabilidades" en la gestin de pueblos ms primitivos reconstituyendo un orden imperial.

Con todo, la liquidacin del orden jurdico no se para en las fronteras del mundo postmoderno. Tambin los Estados europeos tienen sus jerarquas internas, como se puede apreciar en la actual gestin de la deuda de los pases del sur de Europa, pero, sobre todo, estn sometidos todos ellos a la potencia hegemnica norteamericana, cuyas rdenes, incluso administrativas o policiales, adquieren rango y fuerza de ley. Existe as lo que Cooper denomina un "imperialismo voluntario" con instituciones como el FMI y el Banco Mundial, que deciden tambin la suerte de los pases desarrollados, pero lo que el discurso de Cooper oculta es la asimetra profunda de la relacin con los Estados Unidos. La transparencia, para los Estados Unidos, es meramente unilateral: ellos, como soberano efectivo de ese ficticio mundo postmoderno, tienen pleno derecho a vigilar a administraciones y personas en Europa y lo tienen con el pleno reconocimiento y la plena aceptacin de las autoridades europeas. De este modo, la poltica cuasi-totalitaria de espionaje masivo de las comunicaciones -que practican los Estados Unidos en las ltimas dcadas y que supera con creces a la de la Stasi en la Repblica Democrtica Alemana- puede extenderse a Europa. Adems, puede incluso extenderse a las autoridades pblicas de los Estados europeos, las cuales estn dispuestas, en nombre de la "transparencia" y la "confianza" entre aliados, a dejarse espiar, tal vez para mostrar as su absoluta fidelidad al nico soberano que reconocen. Deca Gramsci que el liberalismo se equivoca en la teora y nos engaa cuando nos hace creer que la sociedad civil y el mercado deciden: "dado que en la realidad efectiva -la realt effettuale- sociedad civil y Estado se identifican, hay que establecer que tambin el liberalismo es una "reglamentacin" de carcter estatal introducida y mantenida por medios legislativos y coercitivos: es un acto de voluntad consciente y no la expresin espontanea, automtica del hecho econmico". ( Q13 18, pp.1589-1590).

El liberalismo mundializado tambin necesita un soberano: en la mayora de los pases este soberano son los Estados Unidos. Tal vez para deshacernos de l -y del neoliberalismo- como han empezado a hacerlo muchos pases latinoamericanos sea necesario crear nuevas formas de soberana basadas en una democracia federal europea de los comunes. El neoliberalismo impone la propiedad por encima de los comunes, pero la creacin de Europa como realidad federal y democrtica no puede basarse en una propiedad capitalista que solo una potencia soberana exterior puede tutelar, sino en el despliegue de los comunes productivos materiales e "inmateriales" europeos que ya existen. De ello depende nuestra libertad as como la posibilidad -hoy bloqueada- de que todos puedan acceder a unas condiciones de vida dignas.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.gr/2013/07/snowden-y-el-nuevo-imperio.html


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter