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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2013

Una lectura de "Elega en Portbou"
Deber de memoria y esperanza

Arturo Borra
Rebelin


Slo sobre un muerto no tiene potestad nadie deca Benjamin (1) antes de suicidarse en Portbou, sin advertir la inminencia de la frontera que le hubiese permitido, como un salvoconducto, zafar de la persecucin nazi. En esas circunstancias, su muerte constitua una forma desesperada de sustraerse a la potestad del fascismo. El drama singular de este intelectual judo encarna, no obstante, la historia annima de millones. Es el punto de condensacin en el que se entrecruza una multitud. Tras ese rastro no sobrevive el resplandor de un relato pico, sino la estela de los ausentes, de aquellos a los que se les arrebat de forma ignominiosa su existencia.

En Elega en Portbou (2) de Antonio Crespo Massieu se hace ntida, precisamente, la materia de lo ausente, trazando un puente entre ese pasado desgarrado y un presente que se pretende indemne, a salvo de la sombra de estas historias interrumpidas. En vez de un acto conmemorativo, entregado a las liturgias, Crespo Massieu reconstruye fragmentariamente -como no podra ser de otra manera- un inventario de la derrota que sobrevuela nuestras cabezas como un fantasma conjurado.

Ms tranquilizador sera que todo fuese una historia clausurada, el recuerdo terrible de una pesadilla de la que estaramos, afortunadamente, ya liberados. Pero Crespo Massieu veda esa coartada. Las ruinas de la historia aplastan el presente. Sus escombros se multiplican. Contra la concepcin estereotipada del fascismo como un movimiento confinado a la Alemania hitleriana en las bisagras de la Segunda Guerra mundial, Elega en Portbou hace su trabajo crtico, diseminando las manchas rojas, extendindolas sobre playas alambradas, los interrogantes de una infancia desposeda de forma violenta, el dolor del superviviente atestiguando una aniquilacin que sigue levantando polvaredas. Puede que quienes estuvieron en el infierno quieran olvidarlo de una vez. Reclamar su derecho a sustraerse de ese campo, salir de una vez de la jaula de lo acontecido que acorrala nuestro presente. Y sin embargo, cmo podramos nosotros traicionar a todas esas figuras que regresan a la orilla de lo recordado como tablas de un naufragio? Cmo no reivindicar, an, un deber de memoria?

En ese desfiladero se mete Antonio Crespo Massieu. Y, era previsible desde un principio, no puede salir ileso. La escritura se desgarra, se hace frgil, se convierte en un ro cada vez ms caudaloso que arrastra todo, incluso esos cuerpos ahogados de la historia que desembocan en la actualidad y sus documentos de barbarie. Porque el fascismo no es historia, sino ms bien, porque estamos todava en la historia del fascismo -multiplicado, fragmentado, convertido en poltica cotidiana- este poemario hiere cualquier blsamo metafsico o poltico. Seguimos asediados. Deca Benjamin que tenemos que leer la historia a contrapelo. Es lo que Crespo Massieu procura, como ese ngel de la historia que se aleja del pasado sin dejar de mirarlo con ojos desorbitados, sin mesura posible.

No se trata, sin embargo, de una celebracin de la derrota. Ms bien, abrazo a quienes lucharon por hacer posible lo imposible, ms all de las prcticas del sacrificio, el cementerio del mar, promontorio de ausencias en el que late, an, el deseo humano. Elega retoma, poticamente, ese programa crtico. Fuera de toda voluntad luctuosa y de todo abanderamiento. Puesto que la sombra del duelo persiste, no cabe ninguna complacencia (ni siquiera la que grita en nombre de las vctimas). Slo persiste la tentativa de reconstruir las mltiples figuras del horror, retratar su cada irretratable, toda esa legin de harapientos ejecutada a mansalva. Ante tanta devastacin, el llanto de ese Angelus Novus forma torrentes cada vez ms incontrolables. Esa torrencialidad no oculta, sin embargo, una carencia estructural: como discurso elegaco, el poemario invoca lo desaparecido y no puede sino presenciar la distancia entre el ritual de invocacin y los fantasmas que vienen de otro tiempo.

En ese contexto, la profusin de imgenes que estalla en este extenso poema suplementa un cierto realismo ingenuo que no podra ms que naufragar en la descripcin de una experiencia intransferible, inapropiable, que marca a esos otros desaparecidos, por ms identificacin que nuestra sensibilidad trace. Quizs por eso Crespo Massieu canta en voz baja, internndose en los pasajes de un tiempo saqueado, como si tras ese camino trunco pudiera abrir(se) un horizonte -un hueco si se prefiere- para los que estamos vivos, una brecha que haga imaginable la prosecucin de una esperanza que se levanta todava del suelo.

Volver sobre las ruinas, entonces, no se limita a una constatacin ms o menos irrevocable del pasado, sino que procura resucitar en l la promesa de una revuelta que se va gestando en algn rincn del corazn. No todo es cada. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza slo es inherente al historiador que est penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarn seguros ante el enemigo cuando ste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer (3). En esa tierra horadada, donde un cortejo triunfal desfila con su botn sobre los que yacen abatidos, la historia tiembla. Ni siquiera los vencedores pueden evitar que el temblor abra pequeas fracturas en la superficie del tiempo. La fragilidad de ese ngel que sobrevuela la escritura de Antonio no niega la firmeza del pulso que sigue mirando nuestro pasado ominoso con la expectativa de hallar alguna promesa en quienes no se dieron por vencidos. Es cierto que las alas se quiebran ante el vendaval de la historia, pero qu otro camino podran seguir quienes desean poner a salvo a sus muertos?

A travs de esa aoranza la poesa de Crespo Massieu crece como texto polifnico: una multitud espectral murmura en sus pginas. Por eso no se trata de hacer centro en algn nombre (ms o menos clebre): lo que se inscribe en estos surcos es la huella de lo que fue borrado con violencia. Hablar en nombre de un gran Otro sera olvidar la distancia innombrable, fijar en presencia la materia de lo desaparecido. Slo un ejercicio temerario podra convertirnos en su portavoz mesinico. Puede que una de las dimensiones ms valiosas de Elega resida en no prestarse a ese ejercicio. Cmo escribir con nosotros pregunta el poema y no hay respuesta que no sea diferida. Conjugar las voces, entremezclarlas al punto en que ya no importa quin habla, abre camino para un arte que no cierra los ojos ante lo reprimido. El libro (de los ausentes) se hace entonces poemario-convocatoria: se cita -ms all incluso de las citas expresas- con otros, se hace llamado, desembocadura en el que una pltora de murmullos hurfanos resuenan con insistencia desde el fondo de una fosa comn. En el oscuro fulgor del exilio, esos murmullos abren grietas para respirar en el espacio desgarrado de la representacin. Y aunque nadie responda, es desde ese exilio como mejor se puede seguir preguntando al siglo.

Los tres libros que componen el poemario (Libro de los pasajes, Libro de la frontera, Libro del descenso) podran interpretarse como variantes del desplazamiento, pero sobre todo como punto de fuga, trnsito hacia una regin clandestina, arqueologa de las prdidas. No hay tierra para tanta belleza herida; apenas destierro, partida hacia otra vida.

Tal vez la memoria del fro nos permita vislumbrar la promesa de un abrigo, urdido con retazos de respuestas. Ningn recuerdo puede surcar la constelacin del mundo. El silencio de los muertos -lo que no pudieron decir- es como una estrella apagada. Apenas captamos su luz remanente que sigue viajando en el vaco indiferente.

La peculiar magnitud del viaje hacia atrs que encarna Elega de Portbou no impide adivinar la violencia de una interrupcin. Lo irrepresentable est ah: el presentimiento de los nios en Terezin, las alambradas rodeando una playa de refugiados, el instante previo al suicidio desde un puente, la desesperacin del que corre escapando a sus verdugos La enumeracin no podra ser completa. Reconstruir el espanto no niega esos otros discursos interrumpidos que slo pueden ser re-tomados a condicin de no pretender continuarlos.

Llegados a este punto, la historia no es un escaparate (un museo) en el que se exhiben los botines de guerra, sino ruina, esplendor saqueado, inscripcin de luchas sofocadas: huellas an del desastre. En el oscuro pasaje de los cuerpos, puede haber algn lugar de restauracin o reparacin? una comunidad de los desamparados? Ms radicalmente: cabe esperar todava la hora de consuelo para todo ese pesar acumulado en el lomo de la historia? Crespo Massieu arriesga sus versos. Incluso si no pudiera deslindarse de un tiempo humillado, lo venidero se erige sobre esa deuda: la de abrazar a los muertos que no estn a salvo an. En vez de proclamar aqu la noche, all el amanecer, estas elegas abrazan el claroscuro y, como un jorobadito que avanza en un paisaje desolado, quieren librarse del lastre de las culpas sin olvidar. Hermanarse con los latidos arrebatados que todava pulsan sobre el da: lavar la vida. La piedad insomne de los rboles -como se dice con una belleza tan persistente como punzante- ensea a respirar.

No por azar Crespo Massieu recupera esa esperanza (impronunciable) que slo es dada por los desesperados, los desahuciados, todos aquellos que en circunstancias completamente adversas alzaron la dignidad de su negativa, su decir no, su resistencia a todo cuanto se afirma de manera irrestricta y dogmtica. Slo entonces puede irrumpir en el horizonte la secreta apertura, aquella que desafa la amenaza del cierre totalitario. Ah est

() lo an indecible, todo en mnimos signos negros, apretados,

coagulados en la pgina, en su lmite, su pequeo margen,

como una acotacin, una casi ilegible verdad al trasluz

de la historia, en el temblor de la paciente espera:

para negar o irradiar, para abrir espacio o deslizar

nuevas preguntas, como letras de un siempre inacabado alfabeto.

La promesa de convertir el destierro en una experiencia que ilumine otro porvenir sobrevive entre escombros. Como destacaba Laura Giordani en ocasin de su presentacin del poemario en Valencia: En Elega en Portbou, los vencidos son conducidos a travs de la palabra potica del destierro (lugar de la prdida) al transtierro, lugar casi imposible de reunin, de reparacin de la utopa para que siga alumbrando el presente. Transtierro a un lugar comn, reunin de la memoria hecha aicos. Imposible condensar mejor esa experiencia del pasaje del desierto (en el que sobrevivimos) a la promesa de una tierra porvenir.

En ese sentido, la escritura de Antonio se hace cobijo en el que todos y todas caben, como un margen inmenso de lo no dicho, de lo dicho y lo no escuchado, de lo indecible que acuna todas las derrotas y llama una justicia porvenir (y cmo viene el porvenir, cmo lo convocamos?). Ese inacabado alfabeto nunca fue forjado fuera de la escritura agonstica de la historia: su sintaxis arrastra el signo del desastre. No sin desconsuelo uno quiere saber para cundo un descanso para todos esos tiernos habitantes de los mrgenes. No sabemos responder. Quizs en su muerte en la que ya nadie tiene potestad. O puede que en la fiesta de los oprimidos, el instante en que la reparacin parece posible. Tal vez nunca podamos saberlo. Pero no es en esa incerteza donde ms se afianza el llamado de un porvenir distinto, que slo viene si lo traemos?

Descender por el abismo, entonces, para llegar al punto lmite del mar, esa frontera del desamparo, ese ir ms all de una patria obscena, desafiando la amnesia (lrica, poltica) que se queda arriba, ajena al espanto. Crespo Massieu deja piedritas en el trayecto de una dignidad germinal, superviviente, a pesar del genocidio, siempre de este lado en que los muertos (leves como nombres cados) dejan el duro, difcil aprendizaje de un legado que incita a una reflexin incesante.

Los nombres estn borrados. Como una insignia opacada por el xido, sus tentativas no sern registradas con cuidada caligrafa en el libro de los muertos. Y, sin embargo, slo ellos, los que tocaron fondo, pueden darnos fuerza para retomar la promesa de lo diferente, en la extraa fidelidad de la memoria.


Notas:

(1) Benjamin, Walter, Discursos interrumpidos I, trad. Jess Aguirre,Taurus, 1987, Madrid, pg. 7.

(2) Crespo Massieu, Antonio, Elega en Portbou, Bartleby, 2011, Madrid.

(3) Benjamin, Walter, Imaginacin y sociedad. Iluminaciones I, trad. Jess Aguirre, Taurus, 1987, Madrid, p. 180-181.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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